Portada de la novela ¡Jefe, pronto seremos tres!

¡Jefe, pronto seremos tres!

9.3 / 10.0
Tras una noche inesperada, Olivia debe confesarle a su jefe Owen Kewlyn que esperan un bebé en ¡Jefe, pronto seremos tres!. Este romance novel de temática billionaire narra cómo un embarazo cambia sus vidas, llevando a Owen a proponer matrimonio. Lee esta free online novel en nuestra plataforma.
Resumen de ¡Jefe, pronto seremos tres!
Lo que Olivia Damschroder consideró un encuentro fugaz tras una noche de copas, terminó por transformar su existencia a los veinticinco años. Un embarazo inesperado la obliga a enfrentar a Owen Kewlyn, su gélido jefe, para revelarle la verdad. Sorprendentemente, el distante empresario oculta una profunda devoción por ella. Al enterarse de que será padre, Owen le propone matrimonio, seguro de que Olivia es la única persona que puede darle un nuevo sentido a su mundo.
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¡Jefe, pronto seremos tres! Capítulo 1

Olivia Damschroder

Despierto sobresaltada me siento en la cama al oír un ruido en el baño. El sol entraba por la ventada pegando de lleno en mi cara. Escucho el agua correr, me levanto por completo y veo que estoy desnuda, mis pies tocan con una suave alfombra. Veo alrededor y me doy cuenta que no estoy en mi casa, mi tapete es de uso rudo no tan suave como esto que están pisando mis pies.

¿Rayos, qué hice ayer?

Con el último que estuve antes de caer en la inconciencia fue con mi jefe, no sabía dónde me encontraba, ¿acaso había bebido tanto que no me acordaba que había pasado?

¿Cuántos mojitos había bebido la noche anterior? No logro recordar, tuvieron que haber sido muchos para sentir la cabeza a punto de estallar y la garganta reseca. Miro alrededor buscando mi ropa y veo un bulto de prendas al pie de la cama. Alcanzo a distinguir solo la ropa de mi jefe, el pantalón, la camisa y el saco, un zapato a mitad de la habitación.

Justo en este momento me doy cuenta que estoy metida en un gran problema. No podía simplemente haberme despedido de él después de la cena y ya. Me encontraba en mitad de la habitación y no había ni rastros de mi ropa, tomé la camisa y cubrí mi cuerpo, levanté la sabana esperando encontrar mi vestido y no lo hallé. Necesitaba salir de aquí lo antes posible.

Busco debajo de la gran cama y al fin lo encuentro junto con el brasier, me despojo de la camisa y con rapidez me visto, las bragas definitivamente no la hallo, tomo los zapatos y voy en busca de mi bolso y el abrigo, escucho que el agua deja de correr y entro en pánico, lo que no quería era verlo antes de salir, el corazón va a salir de mi caja torácica.

Trato de tranquilizarme, porque cuando estoy nerviosa tiendo a tirar todo a mi paso, respiro profundamente varias veces, escucho que se abre la puerta del baño lentamente.

¡Mierda, estoy perdida! ¡Has que no salga del baño por favor, te lo ruego!, pero no soy escuchada.

‒ Vaya, veo que por fin despertaste-su voz es ronca y sexy.

Hago como que no lo oigo y tomo mi bolso, pretendo no voltear. Mi cara de seguro esta de color granate, siento las orejas calientes y me sudan las manos.

‒ ¿Está todo bien?-me pregunta, le digo que sí con un movimiento de cabeza sin atreverme a voltear.

‒Sí, sí, ehh, tengo que irme, se presentó algo urgente en casa-mi voz sale como la de un ganso al que están ahorcando.

‒ ¿Olivia, puedes voltear?

Volteo y paso saliva con dificultad, su cuerpo apenas lo cubre una pequeña toalla, como esa con que me seco la cara, ¿tiene que ser tan apetecible? Su torso está desnudo y unas cuantas gotas se deslizan por él, subo la mirada directamente a los ojos, esos orbes de un azul aguamarina, me miran con algo de deseo aún.

‒Espera que me vista y te llevo a tu casa-me sonrió levemente, no lo hagas que me derrites.

‒No es necesario, tomaré un taxi-digo apresurada.

‒Por lo menos desayuna antes de irte, ya pedí que nos prepararan el desayuno, en un momento estará listo.

Definitivamente estamos en su casa, ¿no podíamos estar en alguna habitación de un simple hotel?, así no me vería tan expuesta. Deben estar sus padres en su casa o sus hermanos. ¡En que lio me he metido!

‒Gracias, pero no tengo tiempo, nos vemos mañana.

‒Hasta mañana ‒ me mira con extrañeza.

Abrí la puerta y salgo como rayo de la habitación, por suerte no me encuentro con nadie en mi camino hacia la salida. Siento frio en mis piernas, tampoco encontré las pantimedias, me pongo el abrigo y espero a que pase un taxi, el frío en las mañanas está como para no salir de tu casa.

Se detiene el taxi y subo, le digo la dirección y no miro hacia atrás, solo puedo recordar cuando al salir de la cena fuimos a una discoteca cerca, no le había visto nada de malo, lo hacíamos de vez en cuando; si la cena terminaba temprano aprovechábamos y nos íbamos a divertir un rato, pero nunca habíamos llegado tan lejos ¿qué pudo haber ocasionado el que termináramos en su cama?

Definitivamente, no volvería a ingerir nunca más una gota de alcohol. La resaca me duraría todo el día, la cabeza ya no la aguantaba, la sentía a punto de estallar. Pero no era tiempo para lamentarse, lo hecho, hecho estaba, solo quería llegar a casa para poder darme una ducha, tomar algo para aliviar este dolor de cabeza y para ver si se me quitan estas ganas de vomitar. Si por lo menos hubiera aceptado el desayuno, no me sentiría tan mal. Miro por un momento hacia afuera, las calles están vacías.

Cuando el taxi llegó a mi destino, pagué el importe del servicio y corrí hasta llegar a la entrada del edificio donde vivía, lo bueno era que vivía sola y no tenía que explicarle a nadie porque no llegué anoche anterior a dormir a mi casa. Al pasar la puerta del departamento empieza a sonar mi móvil, miré la pantalla y aparece el nombre de mi jefe. Owen, tomo la llamada y contesto.

‒Hola.

‒Hola, Olivia, ¿ya llegaste a tu casa?

‒Sí, acabo de llegar.

‒Estaba preocupado, saliste muy apresurada, ¿lograste llegar a tiempo, por tu urgencia?

‒Así es, mi gato se escapa si no estoy temprano en casa y es un gran problema para localizarlo - mentí, yo no tengo gato.

‒Ok, espero que todo esté bien.

‒Sí, gracias, no te preocupes.

‒Nos vemos en la oficina.

Colgué, no tenía otra cosa que decir. No me preocupaba por las consecuencias que pudieran presentarse, vi una caja de preservativos en la mesita de noche, por lo menos alguien se acordó de la protección. Esto debe quedar en el pasado, espero que no se vuelva repetir. Yo nunca me comportaba de esa manera, era muy precavida, la responsabilidad es de suma importancia.

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