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Portada de la novela Irresistible tentación, relatos eróticos

Irresistible tentación, relatos eróticos

Bajo la influencia del deseo y la urgencia de la carne, estos relatos exploran encuentros que van desde lo prohibido hasta vínculos predestinados. El objetivo central es alcanzar el clímax absoluto, permitiendo que los sentidos se dejen llevar por una pasión sin límites. En este espacio, el anhelo y el ardor se fusionan para buscar el punto máximo del placer. Sumérgete en historias donde la única regla es saciar la sed de un orgasmo liberador y profundo.
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Capítulo 2

RELATO 1: Un invitado en casa.

-Primo -dijo Simón con una voz cargada de masculinidad que pareció vibrar en las paredes del estómago de Camila...

En las paredes de su estómago y también en las paredes de su vientre.

El abrazo entre los hombres fue breve, pero cuando Simón se giró hacia ella, el tiempo pareció dilatarse. Él no le dio la mano, sostuvo su mirada con una intensidad que Camila sintió como un contacto físico real. 

Como si la quemara. 

Sus ojos recorrieron el rostro y su cuerpo cubierto por esa ropa de ama de casa, con una curiosidad que rayaba en la insolencia.

-Camila... -pronunció su nombre como si estuviera probando una fruta prohibida-. Estás distinta a las fotos. Que gusto conocerte. 

Lorenzo soltó una risa seca, ajeno al peligro andante que acababa de cruzar por su puerta.

-Simón. Pasa, te enseñaré tu habitación... estoy bastante cansado, pero te aseguro que mañana luego del trabajo nos tomaremos unas copas para celebrar tu llegada. 

Lorenzo subió con él y detrás de ellos Camila quien no podía disimular con la mirada ni un poco. 

Era mucho más joven que ella, era el primo de su esposo. Pero mirar no era pecado.

La habitación de Simón estaba justo frente a la de ellos. 

Lorenzo se despidió de él y se fue a dormir llevando a Camila a la habitación. 

Como la mayoría de las noches, él revisaba y luego de un rato le daba la espalda y dormía. 

Pero esa noche Camila no pudo continuar con su rutina, no pudo dormir tan pronto él agarraba su teléfono. 

La imagen de Simón era algo que no podía sacar de su cabeza. Ella se puso de pie, necesitaba beber algo... la falta de sexo la estaba volviendo loca. 

Al llegar a la cocina, su boca se abrió por completo. Simón estaba sin camisa y con sus pantalones lo suficientemente bajo como para no dejar nada la imaginación. 

Él estaba sirviendo una copa de vino tinto dejando ver sus músculos.

Él se giró luego de percatarse que ella estaba ahí y le dio una sonrisa. 

-¿Una copa? -preguntó con voz gruesa. 

Ella tragó fuertemente saliva y movió su cabeza un par de veces afirmando. 

Ambos se sentaron el uno frente al otro, los ojos de ella no paraba de admirar lo que tenía enfrente. 

Simón, abrió sus piernas, y con su mirada puesta en ella bebió un poco de licor. Su miembro se marcaba por encima de su pantalón queriendo salir de allí. 

Por instinto, al sentir el calor apoderarse de su cuerpo, ella soltó el nudo de su bata dejando que ese corto pijama quedara a la vista.

Ella terminó su copa, estaba sedienta... y no solo por beber algo. 

Él se puso de pie y dejó su cuerpo a poco centímetros de ella, el rostro de Camila quedó justo en su abdomen, sintiendo el olor amaderado que se filtró por sus fosas nasales con facilidad. 

Él tomó la botella y en lugar de servirla en su copa, derramó algunas gotas en el pecho de ella que no paraba de subir y bajar. 

Las gotas bajaban por la curvatura de sus senos, ella siguió el rumbo de cada una de las gotas con la mirada y luego lo observó a él. 

-A mí también se me acabó el vino en mi copa... y da la casualidad que esta vez quiero beberlo de otra forma. 

Ella puso su cabeza hacia atrás dándole más espacio, dándole permiso. 

Él subió una de sus cejas y continuó derramando algunas gotas de vino, esta vez en mayor cantidad. 

Él dejó la botella a un lado y lentamente soltó los primeros botones de la camisa que cubría el pecho de Camila. 

Sus senos quedaron al aire. 

Ella miró hacia atrás, las luces de la escalera, y de cada rincón de la casa continuaban apagadas. 

Él tomó la botella y continuó colocando el líquido sobre su piel. 

Ella gimió al sentir el frío tocar sus pezones. 

Una sonrisa ladeada salió de la boca de Simón, quién no desaprovechó la oportunidad y comenzó a pasar su lengua lentamente. 

La lengua de Simón pasó por su clavícula, y luego sin descaro alguno bajó hasta sus senos. Ella puso una de sus manos en su entrepierna.

 Apretando el palpitar que en esos momentos comenzaba a sentir en su vagina. 

Simón lamió los rastros de vino que iban secándose en la piel de ella. Metió uno de sus senos a su boca y lo saboreó como el mejor manjar. 

Ella tapó su boca al jadear, se excitó con rapidez. Cerró los ojos al sentir los dientes dando pequeños pellizcos en sus pezones erectos. 

Simón usaba su lengua con agilidad, con una precisión exquisita. Ella puso su mano en la cabeza de él, evitando que pudiera despegarse de sus senos. 

Sintiendo esa necesidad de que él siguiera chupando sin parar. 

Su otra mano quiso tocar, pasar por su abdomen y tal vez... solo tal vez tocar su falo que se veía realmente duro. 

Él se separó, con sus labios hinchados. Y sus pupilas completamente dilatadas. 

-Para mí será un placer quedarme en esta casa una temporada... disfrutando de tu compañía. 

Él bebió un poco directamente desde la botella y luego hizo que ella hiciera lo mismo. 

Él pasó la mano por los labios de Camila, sin dejar de verla a los ojos, recorrió la línea de su boca, despertando mucho más eso que ella solía ocultar. 

De pronto, la magia del momento rápidamente se borró cuando ella escuchó la voz de Lorenzo. 

-Camila ¿Estás ahí?

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