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Portada de la novela INSUPERABLES

INSUPERABLES

Tras siete años separados, Aubrey Channing y Dominic Blake se reencuentran convertidos en adultos. Sin embargo, la estabilidad que ambos construyeron se tambalea ante la fuerza de su antiguo vínculo. Ella guarda secretos peligrosos que intenta ocultar, mientras que Dominic, ahora un valiente bombero, está decidido a desentrañar el misterio que la rodea. Entre la acción y el peligro, él luchará por reavivar una pasión que se niega a desaparecer.
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Capítulo 2

Al terminar la reunión no puedo ni siquiera ir a mi oficina a descansar cuando ya tengo que salir directo a la construcción. Cole y mi abogado vienen conmigo.

La construcción del restaurante está en el sur de la ciudad, un barrio elegante y prestigioso. Cuando bajo del coche me permito mirar todo sin dejar un solo detalle sin inspeccionar. El abogado de la señora Thompson llega para mostrarnos los supuestos errores que cometí en los planos.

Cole, mi abogado y yo nos ponemos los cascos blancos necesarios para que nada nos parta la cabeza.

—Un fallo en los caños del gas, conectados por una habitación donde no deberían—explica mientras señala donde hubo un derrumbe—. Mi cliente...

—Disculpe, disculpe —interrumpo de inmediato y me río sin ganas.—Yo no soy el gasista, soy la arquitecta así que me gustaría saber cual es el problema de mi trabajo, no el de los demás.

Mi abogado suspira frustrado, me había dicho que trate de no hablar mucho, porque todo puede sacarse de contexto y tomar unas simples palabras para darlas vuelta en el juzgado y que queden en mi contra.

— La señora Thompson quería la cocina junto al refrigerador...como cualquier local de comida— aclara como si fuera obvio.— Los planos que usted entregó a los constructores no fueron como mi cliente lo quería. La cocina no está bien ubicada, esta pared debería estar diez centímetros más atrás y así los caños del gas pasarían sin problemas. Además, el segundo piso no tiene el material adecuado. Mire esto, señorita Channing—me señala el techo con un agujero, los albañiles van y vienen con materiales por nuestro alrededor—, esto es un desastre, si usted hiciera su trabajo como corresponde esto no hubiera...

— Mire...—me detengo al no saber su nombre, así de insignificante es para mí.

—Porter, agente Porter.

—Porter —repito—. Mi trabajo es estricto, delicado y detallado. Le dediqué el tiempo que no tenía a este trabajo, por lo tanto no tiene el derecho a denigrarlo. Si este restaurante se cae no es por mi, yo escribí detalladamente qué material y cuál no usar en los pisos superiores, me encargué personalmente de medir centímetro por centímetro para que la cocina estuviera junto al refrigerador. Los diámetros de las paredes donde pasarían los caños de gas estaban bien redactados, no es mi culpa que quien lo hizo lo haya hecho mal. De hecho, quisiera hablar con el encargado de la construcción.

El abogado Porter se queda mirándome como si le hubiera faltado el respeto a su madre. Luego sacude la cabeza y asiente.

—Síganme.

Seguimos al abogado por el interior del establecimiento hasta salir de este. Mi teléfono suena a medio camino y Cole me muestra la pantalla, se lo había dejado a él porque no quería distracciones, pero que me lo muestre me hace tomarlo.

—Disculpe, tengo que atender— les digo. Dejo a los dos abogados conversando y a Cole. Me alejo del lugar unos metros y descuelgo la llamada—. ¿Qué quieres? Estoy ocupada.

—Hola a ti también —responde Alisa, mi amiga, y realmente suena como si acabara de levantarse.— Acabo de levantarme.

—Hola, me di cuenta. ¿Qué sucedió anoche?

Salimos de fiesta. Yo volví temprano, pero ella… bueno, no lo sé, la perdí a mitad de la noche y lo único que supe fue lo que me mandó a través de un mensaje de texto. "Me iré con el hombre aeropuerto, no me esperes".

—No lo recuerdo...creo que me drogaron—susurra.

De inmediato dejo de pensar con claridad. ¿Cómo que la drogaron?

—¿Qué?

—No recuerdo nada...no lo sé, tal vez me volví loca.

— Bebiste demasiado, es normal. ¿Dónde estás, Ali?— comienzo a preocuparme más de lo que me gustaría.

—En...en...a ver, espera—escucho como se mueve, camina y luego la oigo suspirar. Miro en dirección a dónde los abogados están charlando, el mío me señala su reloj apurado, le hago señas para que me espere un segundo más.— No lo sé, hay una estación de tren del otro lado de la calle, creo que son los suburbios...oye, tú puedes...

—Iré por ti. Espérame en una calle y dime cada detalle, pregunta a alguien que pase donde estás. ¿Hay alguien contigo?

—Mhmm, no. Estoy sola.

—Bien, lárgate de ahí.

Cuelgo y voy rápido con quienes me esperan.

—Tengo un asunto urgente que arreglar, ¿Podemos dejarlo para...?

—¿Ahora quiere irse? Que conveniente, señorita Channing— bufa el abogado Porter.

—Es de suma urgencia.

—Usted pidió hablar con el encargado de la construcción, está aquí y con el subcomandante de la estación de bomberos que tiene varias acotaciones que hacerle a los arquitectos, es decir usted.

—Pues, todos tendrán que esperar. Cole, nos vamos.

—Si, señora—siente y de inmediato agarra la carpeta que tenía el abogado que era nuestra.

Me giro para salir de aquí pero choco de frente con un cuerpo duro. Me quejo y retrocedo, pero me quedo plasmada cuando veo al hombre de traje azul y casco amarillo.

—¿Aubrey?—su sonrisa me deslumbra.

Joder, ¿en serio? ¿De todas las constructoras del país tenían que contratar a la suya?

—¿Blake?

—El mismo—creo que me va a extender su mano, pero no, él me abraza tan fuerte que siento que me va a dislocar los brazos—. Que bueno verte, estás fascinante.

—Disculpe, ¿se conocen?— pregunta el abogado Porter listo para anotar algo útil que pueda usar en mi contra.

«No, abrazo así a los desconocidos.»

Idiota.

—Si, ella es...fue...es decir...—Jordan siempre me dió ternura cuando no encuentró las palabras correctas. Todos los Blake dan ternura cuando no están en su faceta fuckboy irresistible.— Fuimos...

—Conocidos— respondo para salvarlo de que alguien sepa que se puede sonrojar como una persona normal—. Hace mucho tiempo ya. En fin, no viene al caso. ¿Tú eres el encargado de la construcción, Blake?

—Si, dime que tú no eres la irresponsable arquitecta—cierra los ojos casi lamentándose.

—Irresponsable no, arquitecta sí.

—Bueno, si se conocen esto será más rápido de arreglar—dice el abogado Porter confiado.

Suelto una risa por la nariz y rodeo los ojos. Conozco a los Blake y sé que no son fáciles de llevar, son orgullosos y jamás aceptará que su empresa cometió errores a la hora de la construcción. Y yo no aceptaré la culpa de algo que no fue mi culpa. Así que esto no será rápido ni sencillo.

Por suerte el abogado no capta mi risa irónica. Jordan sí y me da una mirada cómplice.

—Si me disculpan, señores, tengo un asunto importante que atender, me gustaría que agendaramos una reunión para charlar esto con más calma—digo y miro a Cole, me entiende con una sola mirada y saca la agenda.

—¿Qué les parece el martes a las...?

—¡¿Alguien quiere decirme qué desastre es este?!—lo interrumpe una voz gruesa y varonil— ¡Esto se caerá a pedazos y no quiero a mis hombres metidos rescatando a imbéciles que se creen que armar casitas es cosa de niños! ¡No están jugando con Legos, señores!

Esa voz. Esa desagradable voz que creí que ya había olvidado.

Miré al Blake que tenía enfrente, Jordan, y él me sonrió inocentemente. Con los ojos en blanco me giré para ver al hombre que caminaba entremedio de los barrotes caídos y bolsas de material. Trae un traje de bombero que le queda como modelo. Un pantalón con dos cintas reflectivas en las piernas, una camiseta negra con el logo de su estación y una campera grande. Dos bomberos más lo seguían y un hombre que identifiqué como albañil por el casco amarillo y los guantes.

Maldito sea el minuto en que decidí levantarme de la cama hoy.

Su caminata se detiene en seco cuando sus ojos se conectan con los míos. Luce igual de sorprendido que yo. Las personas con quien venía también se detienen y lo miran raro, en especial uno que casi choca con él.

Mierda, carajo, miércoles, caracoles, demonios, diablos...y todos los insultos posibles.

Estaba tan sorprendida que no podía mantener mi boca cerrada.

Hace siete años había salido con un chico. Si, con un chico, como cualquier otra persona que sale con un chico. Pero no, no éramos los mejores. Terminamos a los tres meses de salir. Él era un idiota. Yo tampoco era una santa. Pero él era más idiota. La cuestión es que...

Es mi ex.

Mi estúpido, innombrable e inexplicable ex-novio.

—Carajo—susurro, lamentándome por respirar hoy.

Cuando sus compañeros le dicen algo, él sacude la cabeza, se concentra y retoma su camino hasta nosotros otra vez. Miro a Jordan una vez más y lo veo sonreír muy divertido, cuando se da cuenta que prácticamente le clavo dagas en el cuello deja de sonreír y se pone serio.

—Vaya, vaya...pero miren que jodido que es el destino—canturrea la irritante voz de mi ex.

Quiero que ese restaurante se derrumbe encima mío.

—Señorita Channing, le presento al subcomandante Dominic Blake —habla el abogado.— Subcomandante, ella es la arquitecta al mando de la edificación, la señorita Aubrey Channing.

No puedo mirarlo a la cara. Nuestra relación no terminó mal, ni bien. Solo terminó. Pero es incómodo ahora, el hijo de puta está más bueno que hace siete años. Se ve más varonil, tiene una ligera barba en su mandíbula cuadrada, su nariz es recta y envidiable, sus cejas pobladas y sus ojos destellan brillo. Su cabello está aún más negro que antes y su cuerpo se ve mucho más… atendido.

—Un gusto—digo, desinteresada.

Miro al hermano mayor de Dominic. Jordan tiene los labios apretados para no soltar una risa.

—Igualmente— dice Dominic, siguiéndome la corriente. Como si fuéramos dos completos desconocidos.

Jordan está muy divertido con la situación.

El silencio incómodo se prolonga unos minutos. Para mi suerte, mi teléfono suena. Lo miro de inmediato y veo un mensaje entrante de Alisa con las indicaciones del lugar donde se encontraba. Diablos, la había olvidado.

—Caballeros,—llamó la atención de todos rompiendo el silencio— tengo que irme. Mi secretario puede agendar una reunión.

—Señorita Channing, no puede irse ahora, tenemos que...—el abogado empieza con su palabrerío pero lo interrumpo girándome en seco para enfrentarlo a la cara.

—Tengo problemas más importantes que resolver que esta ridiculez.

Mi abogado carraspea en un acto de hacerme callar, pero yo no lo hago.

—Si no quiere asistir a una reunión es aceptable. Me manda los detalles de la demanda a mi correo electrónico privado y con gusto lo veo en el juzgado. Con permiso—saludo a todos con un movimiento de cabeza y me giro para irme, pero me topo de frente con Dominic. Me miraba directo a los ojos con una sonrisa que no entendí.

Había olvidado lo grises que eran sus ojos.

Ninguno dijo nada. Él hizo una reverencia burlona para dejarme el paso. Rodé los ojos y me fui de allí lo más rápido posible.

Sus ojos eran como dos esferas nubladas, como ese humo grisáceo, casi blanco que emanan las cenizas del fuego cuando está apagado.

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