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Portada de la novela Infelizmente casada

Infelizmente casada

Danna, heredera de una linaje prestigioso, pierde su vida de opulencia cuando un robo bancario hunde a su padre en la miseria. Daniel aparece como el único salvador capaz de saldar las deudas, pero exige una boda a cambio de su ayuda. Presionada por sus parientes para recuperar el estatus perdido, la joven se debate en una encrucijada dolorosa. Ella debe decidir si cumple con su deber familiar o lucha por el hombre que realmente ama en medio del caos.
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Capítulo 3

Danna estaba leyendo un libro en la biblioteca del colegio, tenía un lápiz en su mano izquierda que daba vueltas entre sus dedos, había un libro que reposaba abierto en la mesa circular, miró a su alrededor y siguió leyendo, después de tres minutos sintió que alguien le tapó los ojos con sus manos, ella dejó salir una sonrisa:

—Me parece que alguien necesita un descanso- le susurró la voz de un joven, una hermosa muy dulce y varonil.

Ella soltó una risita, después el joven le descubrió los ojos, Danna volteó y encontró a un muchacho de unos veinte años de edad, cabello negro y ojos cafés.

—Fernando, pensaba que no vendrías —sonrió la joven sonrojándose y poniendo un poco de su cabello detrás de su oreja derecha.

—No te dejaría plantada —se sentó en la silla que estaba al lado de la joven— disculpa la tardanza, tuve que arreglar un trabajo con unos amigos, aunque ya estoy aquí y veo que has estudiado mucho— se levantó rápidamente de la silla.

—¿Qué estás tramando? —preguntó dudosa Danna mientras sus mejillas se ruborizan.

—Quiero que me acompañes —le extendió su mano derecha, ella lo miró fijamente a los ojos y soltó una sonrisa aceptando la invitación.

Danna se levantó y dejó salir una risita traviesa, tomó sus cosas y las metió en su bolso, recargó el objeto en su hombro derecho mientras salían de la gran biblioteca.

Mientras bajaban las escaleras Brenda los vio a lo lejos, frunció su ceño y se detuvo de tope, estaba tan metida en el asunto de Daniel que se olvidó del mejor amigo de su hermana, él había estado por fuera del país por unos años y ahora que había vuelto, estaba enamorado de Danna y al parecer quería tener una relación con ella; Brenda esperó a que la pareja se alejara hasta no verla en el paisaje.

Caminó rápidamente saliendo de la universidad, miraba a todos lados para no ver a su hermana, al percatarse de que ellos ya no estaban se embarcó a su nuevo plan.

Llegó a un lujoso restaurante donde se sentó en una mesa para esperar a Daniel, a los quince minutos que le parecieron eternos divisó a un guapo joven que venía con dos hombres algo mayores a cada lado.

Si dijera que a Brenda no le gustó lo que vio, mentiría, ella pudo sentir que aquel joven era la solución a sus problemas, se notaba a simple vista que estaba forrado en dinero.

—¿Brenda? —inquirió Daniel.

—Sí, me imagino que debes ser Daniel —ella mostró una sonrisa retorcida. Su mente en esos momentos empezaba a darle grandes ideas para juntar a aquel hombre junto con su hermana.

—Así es —respondió Daniel; se sentó en la silla que quedaba frente a Brenda, ellos se repararon mientras se mostraban una sonrisa algo seria.

Era ver a dos leones en cacería, veían a su presa a punto de caer en la trampa:

—Pide lo que desees, la casa invita —expresó con amabilidad Daniel.

Ella sonrió amablemente, en ese momento supo que el restaurante le pertenecía a Daniel. “Vaya, así que este joven es quien arreglará mis problemas, mi hermanita tiene muy buena suerte” pensó Brenda

Mientras que Brenda estaba junto con Daniel, por otro lado, Danna iba caminando tomada de la mano de Fernando, recorrían un parque muy tranquilo el cual la joven amaba.

—¡Cielos!, ¡no puedo creer que te acordaras de eso, pasó hace años, bueno, yo también recuerdo que ese mismo día lloraste porque no quise ir contigo! -—se burlaba Fernando muy animado.

—No seas malo, me avergüenza saber que recuerdas esa parte —se sentó en una banca.

—Me gusta recordarlo porque estuve mucho tiempo fuera del país y ellos me traen nostalgia —Fernando se sentó al lado de Danna y se acurrucó en ella—. Ahora que puedo estar a tu lado no quiero separarme jamás Danna —le confesó tranquilamente, rodó su mirada hacia ella y notó que Danna estaba ruborizada.

—Por favor Fernando, vayamos paso a paso —ella se apartó un poco del joven ya que al mirarlo fijamente notó la cercanía que tenían sus rostros.

—Sí, claro —él también se acomodó un poco para darle espacio a su amiga.

Brenda estaba comiendo mientras Daniel se tomaba una copa de vino:

—¿Y cómo piensas ayudarme con tu hermana? —preguntó, Brenda lo miró fijamente mientras se limpiaba su boca con un pañuelo blanco.

—Bueno, tú lo has dicho, soy su hermana, conozco sus intereses y lo que mira en un hombre, además; ella me cuenta todo, es una gran ventaja.

—¿Qué le gusta en un hombre? —preguntó Daniel interesado, su mirada se tornaba algo seria y observaba hasta lo más mínimo en Brenda.

—Los detalles, cosas como... Chocolates, vestidos, joyas —dejó de hablar y mostró una sonrisa algo traviesa— pero, lo que llega a conquistarle es que el pretendiente sea atento y no se dé por vencido tan fácilmente, —Brenda recordó la fiesta—, por cierto; ella va a ir a la fiesta de esta noche ¿vas a ir? Puede que por cosas del destino se vuelvan a encontrar.

—¿Estás segura que Danna irá?

—Si tiene un vestido nuevo y unos hermosos tacones no tendrá pretexto para no ir.

Daniel respiró hondo y soltó una sonrisa al darse cuenta que ella lo empezaba a manipular. Se encaminaron a un centro comercial cerca de allí donde buscaron el vestido indicado, Brenda se medía cuánto traje le llamara la atención y él sólo analizaba la situación.

—¡Qué lindo! De seguro le gustará —expresó ella al tomar un vestido negro estilo sirena que había en una tienda, corrió a medírselo, Daniel sólo se redujo a sentarse en un sillón que vio en un rincón mientras esperaba a Brenda.

A los minutos, Brenda salió del vestidor, se miró en un espejo, no se podía negar que se veía muy bien con él, era ajustado, algo corto y resaltaba mucho su esbelta figura.

—¿Cómo me veo? —preguntó Brenda mirando a Daniel.

—Bien, pero ¿le quedará a tu hermana? —Daniel estaba algo molesto con la situación

—Claro, si me queda a mí a ella también le quedará —la joven mostró un rostro descuidado.

A las dos horas Daniel caminaba con dos bolsas en cada mano por todo lo que había comprado para Brenda y Danna; desde tacones hasta vestidos y un par de joyas.

Danna estaba comiendo un helado cuando la alarma de su celular empezó a sonar, ella apresuraba buscó el objeto en su bolso, miró la hora y sus ojos se abrieron como platos:

—¡No puede ser! —gritó, volteó a mirar a Fernando quien se acomodó en la banca— lo siento, me tengo que ir, se me hizo muy tarde.

Danna se levantó de la banca y caminó rápidamente por el parque, se le había olvidado que debía ir a su nuevo trabajo.

—¡Danna espera! —gritó Fernando mientras corría para alcanzarla.

—¡Hablamos después Fernando, ahora me tengo que ir! —ella se detuvo algo afanada.

—Habías dicho que tenías la tarde libre.

—Se me había olvidado que tenía que hacer algo, lo siento —ella sonrió y después retomó su camino, Fernando sólo veía como se marchaba.

Brenda se estaba montando en el lujoso carro de Daniel, ella estaba embobada con lo millonario que era este apuesto joven, eso le daba motivos para seguir con su plan y nadie se lo iba a impedir, al menos eso era lo que ella creía.

Miró a su derecha y vio un carro gris que se estaba estacionando, al abrirse las puertas del auto se bajó un joven como de su edad, muy apuesto en realidad, a su lado apareció una señora que se le hacía muy conocida, Brenda puso toda su atención en aquella mujer, pronto supo que se trataba de su madre.

Ella observó a la pareja que se tomó de la mano y la señora soltó una risa por algo que él susurró en su oído:

—Esto no puede ser posible —dijo para sí Brenda.

¿Cómo podía su mamá serle infiel a su padre? Y lo peor, con un amante que parecía su hijo.

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