Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Illicit Affairs

Illicit Affairs

Desde la secundaria, Steve y Eddie han ocultado su amor al mundo. Sin embargo, su vínculo clandestino enfrenta un desafío cruel: para proteger su integridad, Eddie se ve obligado a presenciar cómo Steve contrae matrimonio con otra persona. Esta historia explora el sufrimiento de una pasión prohibida y el sacrificio extremo. Entre promesas rotas y miradas silenciadas, surge un dilema: ¿cuánto dolor puede soportar alguien antes de romperse por completo?
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

De aquel inesperado encuentro surgieron más salidas, en las que fueron conociéndose más, Steve sabía que le gustaban los chicos, aunque nunca había besado o salido con alguno hasta que Eddie llegó y fue tan comprensivo con él durante ese nuevo proceso. 

Ahora, nueve años y seis meses después, seguían juntos, aunque no podían ser libres todavía. Eddie se dispuso a lavar los platos pese a las quejas de Steve, hasta que sintió unas conocidas manos posarse en su cintura con firmeza. 

-Tengo mucha suerte de tenerte a mi lado, amor - susurró besando el lóbulo de su oreja - la cena estuvo deliciosa, siempre preparas platillos distintos para mi. 

-Me gusta hacerlo - respondió suspirando por las atenciones que su novio tenía con él, se sentía tan bien con sus manos explorando por encima de su camisa sin pudor alguno - ¿que pretendes, chico travieso?

-Te necesito tanto, Edd - gimió rozando su erección en el trasero del rizado - Deja eso, yo lo lavaré después ¿si?  

Eddie rió ante la desesperación de su novio, a pesar de los años seguía siendo tan caliente y hormonal. Dio la vuelta rápidamente para darle un beso que subió rápidamente de intensidad, su lengua rozaba la otra mientras sus manos torpemente buscaban un mayor contacto, sintiendo el cuerpo ajeno, ambos se dirigieron hacia la habitación  en la que Eddie posó al castaño con algo de brusquedad, lo cual le gustó.

Lo ayudó a quitarse su camiseta y pantalones, después hizo lo mismo con la suya. Admirando al hombre que tenía frente a él, su fornido cuerpo, su espalda ancha y los vellos en el pecho eran un espectáculo digno de apreciar.

-Eres tan guapo, cariño - susurró antes de colocarse encima suyo. Empezó un movimiento suave y marcado, moviendo sus caderas debajo de su novio, quien no dejaba de gemir ante la placentera fricción que creaba. 

-Mierda, amor, me estás matando- gimió Steve moviéndose de acuerdo al ritmo de Eddie.

-Entonces mejor paro - dijo bromeando, a lo que el castaño sostuvo sus muslos con fuerza.

-Por favor sigue - pidió mordiéndose el labio.

-Como usted ordene, su majestad - jadeó moviendo sus caderas más rápido. Le gustaba tanto sentir a su novio retorcerse debajo suyo, no negaría que le prendía tener el control en momentos así, saber que sólo él era capaz de satisfacer a Steve Harrinson en la cama lo excitaba más que nada. 

-Eddie, mi amor, por favor-le pidió mientras apretaba su trasero.

-¿Qué quieres, cariño? Usa tus palabras.- preguntó a la vez que sus manos presionaron sus pezones, amaba tanto escucharlo gemir. 

-Móntame, mi amor, por favor - dijo en apenas un hilo de voz. 

-Como usted ordene, su majestad -Eddie sonrió con lujuria para bajar del regazo de su novio, lo empujó para que se siente contra la cabecera de la cama, y Steve tiró de él trayéndolo de vuelta a la cama. 

-Déjame prepararte, bebé, ¿puedo hacerlo?

Eddie asintió tomando posición, y gimió al sentir los largos y gruesos dedos de su novio entrar en él cubiertos de lubricante mientras repartía besos húmedos por su cuello, sin temer en morder la piel o dejarle marcas. Lo acompañó con sus caderas hasta que lo vio quitarse la prenda restante. 

-¿Estás listo, mi amor? - preguntó mientras alineaba su miembro en la entrada de su pareja. 

Lo escuchó gruñir mientras ingresaba, jamás se acostumbraría a él, era tan grande que ocupaba todo en él. Cada vez que Steve entraba en él se sentía tan lleno. El castaño sostuvo sus caderas hasta que estuviera listo para moverse. Eddie empezó con movimientos circulares lentos, pero profundos mientras jadeaba el nombre de su novio, al mismo tiempo, Steve no dejaba de gemir en su oído mientras alcanzaba el ritmo del rizado. Jaló su cabello para buscar su rostro y empezar un desordenado beso. 

-Steve… Cariño, no voy a durar mucho -advirtió cuando sintió cerca su orgasmo, y el castaño aprovechó el tomar su miembro con una de sus manos para masturbarlo -Mierda…

-Eso es mi amor, te ves tan hermoso, tan mío, solo mío - gimió y supo que estaba cerca- Joder Eddie, te amo, te amo tanto - gruñó hasta sentir cómo se corría fuerte llenándolo por completo.

Ambos permanecieron en la misma posición en silencio mientras se reponían de su orgasmo. Eddie disfrutaba tanto de los momentos que venían después de hacer el amor con Steve, cuando sólo estaban ellos dos abrazados, disfrutando de caricias tiernas, besos cortos en el rostro, y sonrisas cómplices. 

-¿Ducha o cama? - le preguntó Steve. 

-¿Segunda ronda en la ducha? - propuso el rizado obteniendo un largo beso como respuesta. 

Una sesión apasionada bajo la ducha más tarde, la pareja se acomodó en la cama para ver una película antes de dormir, Steve lo tenía abrazado por la cintura mientras apoyaba su cabeza en su hombro, le gustaría que pudiera ser así siempre. 

-Te amo, Eddie, eres el primer y gran amor de mi vida, por favor no dudes de eso ¿si? Sé que es un gran sacrificio el que estamos haciendo ahora, pero prometo que valdrá la pena, solo serán unos cuantos meses más y podremos ser libres - dijo buscando los labios de su novio. 

-Eso espero, cariño, eso espero. 

La mañana siguiente Steve fue el primero en despertar, con mucho cuidado se levantó de la cama para dirigirse hacia la cocina y preparar el desayuno, mientras buscaba los ingredientes para cocinar, se entretuvo leyendo la correspondencia, aunque hubiera deseado no hacerlo. 

La gran mayoría de cartas eran deudas y recordatorios de pagos vencidos, ¿por qué Eddie nunca aceptaba su ayuda en momentos así? Se supone que ambos eran un equipo, sin embargo, el rizado jamás permitía que le dé dinero bajo ninguna circunstancia. 

En parte lo entendía, desde muy pequeño Eddie aprendió a ganarse las cosas con su propio esfuerzo, pero Steve nunca pretendía ofenderlo, simplemente era un fiel creyente que todos necesitamos un poco de ayuda algunas veces. 

Era otra motivación implícita para aguantar el tiempo necesario hasta que pudiera reclamar la herencia: deseaba ayudar a Eddie a alcanzar sus metas personales, y ayudarlo un poco en su agobiada vida financiera - así este no lo quiera admitir-. 

Dejó todo tal cual lo encontró en cuanto sintió los pasos de su novio. Para Steve, ver al rizado a primera hora del día debía ser considerado como una maravilla del mundo, jamás podría cansarse de admirarlo. Era simplemente perfecto. 

-Despertaste temprano - dijo aún con la voz ronca antes de besarlo. 

-Es mi turno de cocinar, amor, siéntate, verás que terminaré en un minuto - dijo y Eddie aprovechó en salir a la pequeña terraza a fumar un cigarro pese a sus quejas, ¿cómo pretendía curarse de la terrible gastritis que padecía si lo primero que hacía al despertar era fumar?

Terminaba de servir la comida en platos cuando sintió que el teléfono de su novio vibraba incesantemente una y otra vez en la encimera de la cocina, frunció el ceño extrañado, Steve no era un novio excesivamente celoso, mucho menos cuando Eddie y él tenían confianza plena en el otro, sin embargo, no era usual recibir tantos mensajes seguidos. 

-¿Amor? Tu teléfono no deja de sonar - le avisó, esperando que pronto Eddie viniera y confirmara que se trataba de un asunto sin importancia. 

-Debe ser el banco, deja que suene, ya se cansarán - respondió desde la terraza. Pero el aparato siguió vibrando, y no lo resistió más, no estaba desconfiando en sí, sólo quería saber quién le escribía con tanta vehemencia a su novio. Apretó la mandíbula al leer las notificaciones de mensajes.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela amor sin límites
8.7
La fusión de Morgan's Technology y Smart Fox es vital para eludir la ruina y honrar un pacto antiguo. Este vínculo exige el matrimonio entre Isabella y Trevor, los respectivos herederos. Ella, una mujer de talla grande marginada, no entiende el interés del atractivo magnate hasta que descubre su homosexualidad. Aunque el enigma se resuelve, Isabella queda atrapada en una encrucijada emocional: ¿cómo podrá ignorar sus sentimientos ante un amor imposible?
Portada de la novela Cuando éramos jóvenes
8.8
Tras sufrir un cruel acoso en Pekín por su intersexualidad, Fei se traslada a Los Ángeles buscando sanar junto a su madre. En este nuevo entorno, su camino se cruza con el de Victoria Campbell, una heredera millonaria que desarrolla una fijación inmediata por ella. A pesar de los traumas de Fei y las barreras sociales, Victoria está dispuesta a todo para asegurar un futuro a su lado, desafiando prejuicios en una intensa historia de superación y entrega.
Portada de la novela El sustituto
8.1
Dylan, un joven huérfano bajo la tutela de su tía, termina encadenado a una antigua promesa y a una sombría maldición. Su vida cambia al ser obligado a casarse con el implacable presidente de una firma tecnológica, un hombre autoritario que lo culpa de su propio tormento sobrenatural. Este romance LGBT profundiza en un matrimonio forzado donde el rencor, el poder y un misterio místico definen el destino de ambos en un entorno hostil.
Portada de la novela La obsesión de los Abagnale
9.5
Bajo su rostro inocente, Katrina Abagnale esconde una letalidad que choca con la vida de Marlon, un carnicero, iniciando un vínculo obsesivo. En paralelo, el despiadado Freddy asedia a la oficial Antonella, quien lo repudia tras un pasado trágico. La tensión crece cuando Jason doblega a Arlin bajo amenazas, mientras el frío Maximiliano se obsesiona con Logan, un agente de la ley decidido a capturarlo. Cuatro historias de dominio y peligro se entrelazan.
Portada de la novela La Reina y la Usurpadora
9.1
Isabela Durán, la implacable líder del gigante inmobiliario Durán Global, ve su autoridad amenazada por la irrupción de Valeria Cruz. Esta audaz empresaria inicia una ofensiva agresiva que desata una feroz guerra corporativa, marcada por choques legales y una tensa hostilidad. No obstante, entre estrategias y rivalidad, brota una atracción inesperada. Ambas mujeres se enfrentan al dilema de ceder a la pasión o aniquilarse por el control absoluto.
Portada de la novela Nadie puede elegir a quien amar
8.3
Este relato presenta el encuentro inesperado entre dos mujeres de diferentes países, cuyas vidas se entrelazan por azar. Mientras su conexión se fortalece, la lejanía física surge como el desafío principal para su romance. En un viaje de autodescubrimiento, amor y lealtad, las protagonistas lidian con la incertidumbre del alejamiento. Se trata de una reflexión sobre cómo el afecto genuino intenta prevalecer frente a las barreras geográficas.