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Portada de la novela Humanamente tuya

Humanamente tuya

Selena busca el anonimato universitario para olvidar su pasado, pero su destino cambia al conocer a los trillizos Blackwell, influyentes hombres lobo. Aunque el Alfa identifica a la joven como su compañera, decide rechazarla por su condición humana. Sin embargo, un asalto brutal obliga a una mordida desesperada que revela el secreto oculto en la sangre de Selena. Entre rivalidades, celos y conflictos, ella decidirá si perdona al Alfa o elige su propia libertad.
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Capítulo 3

La fiesta había perdido su brillo, el sudor y el cansancio se notaban en algunos rostros. Mientras otro grupo continuaba divirtiéndose como al inicio. El salón común ardía de gente y de humo artificial cuando Selena decidió que necesitaba salir a tomar aire. Daniela quiso acompañarla, pero ella no quiso, negó con la cabeza y salió hacia el patio sin compañía, un poco pálida.

En el exterior el aire estaba fresco y húmedo, algunos restos de vasos y platos al descuido estaban sobre las mesas. La música se oía menos fuerte y sintió alivio. Se apoyó en la baranda y dejó que la brisa secara el sudor de su nuca. Se puso el cabello a un lado y cerró los ojos disfrutando de la noche. Estimó que unos quince minutos bastarían para volver a sentirse cómoda para entrar.

No llegó al minuto.

El portón del patio se abrió y entraron los tres, como si la noche estuviera comenzando. Luciano con su sonrisa pícara, Elías con la calma que lo caracterizaba y entre ellos, Adrián, quien con apenas su presencia se abría camino sin necesidad de decir nada.

-¿Huyes?, ¿qué haces acá sola?-le preguntó Luciano, acercándose lo suficiente para que su perfume le rozara la piel.

-Solo estoy tomando el aire, no estoy huyendo de nada ni de nadie -contestó Selena sin soltar la baranda.

Elías se mantuvo atento observando la naturaleza y Adrián se detuvo frente a ella, apenas la miró sin decir nada y ella sintió que el espacio se reducía entre ellos. Sin embargo, aguantó sin moverse.

Selena se puso nerviosa, tragó y evitó su mirada. Sintiéndose inquieta y segura a la vez. Una contradicción muy extraña para ella.

-No deberías estar con nosotros -le repitió Adrián- creo que ya te lo había dicho.

Selena levantó la barbilla.

-Y, sin embargo, ustedes están aquí, yo llegué primero.

Luciano soltó una suave risa. Elías bajó la vista, luego de verla.

Adrián se acercó un poco más e inspiró.

-Mate -dijo. La palabra no era para ella, sino para sí mismo.

Selena frunció el ceño.

-¿Qué quieres decir con eso? -preguntó.

Luciano chascó los dedos. Elías trató de ponerse entre ambos para evitar una confrontación.

Adrián le sostuvo la mirada y, por un instante, Selena vio su duda.

-Quiere decir que hay un vínculo entre nosotros. Pero es un error. No puede ser. Entre nosotros no puede existir nada.

-¿Un error? Yo no soy un error.

-Claro, apenas eres una humana. No puedes ser mi Mate. ¿No lo entiendes?

-Una broma del universo -bromeó Luciano.

Elías apretó la mandíbula.

Adrián no apartó los ojos de Selena.

-Te haría daño estar cerca de mí, es otro mundo -agregó Adrián.

La rabia se apoderó de Selena.

-Tú no decides a qué mundo pertenezco -le gritó ella.

-Lo decide el destino, pero esta vez se equivocó.

Selena recordó todas las veces que había sido ignorada en su vida.

El silencio duró unos minutos. Adrián respiró por la nariz como si su olor fuera una provocación.

-No puedes andar con nosotros, no te mezcles.

-No me puedes prohibir andar en los espacios comunes.

-Es solo un consejo. Te recomiendo escuchar.

-Está bien, no te preocupes, no me mezclaré con ustedes.

Caminó entre los tres, rozando a Adrián en el brazo sin siquiera mirarlo. Sin pedir permiso ni disculpas. Llegó a la puerta del patio y entró de nuevo a la fiesta.

Luciano soltó una risita chocante entre dientes.

-Es un encanto -comentó saboreándose.

-No es para ti -le dijo Adrián, seco.

-Ni para ti, hermano -replicó buscando pelea.

Selena atravesó el salón buscando la salida. Daniela la alcanzó cerca de la escalera.

-¿Qué pasó? ¿Adónde vas?, es temprano.

-Nada, me voy a casa. No quiero estar aquí.

-ok, te acompaño.

-No, quédate, te escribo al llegar, no te preocupes.

Daniela se quedó pensativa, pero no quiso contradecirla.

Corrió hacia el pasillo de la residencia, tenía la impresión de que la miraban y cerró rápido la puerta de su cuarto, colocando el seguro. Se apoyó en a madera y respiró cuantas veces fueron necesarias para calmarse.

Estaba molesta, no tenía ganas de llorar.

Se lavó la cara con agua fría y se puso frente al espejo, se miró y recordó las palabras de Adrián.

-No soy un error.

Apagó la luz y se metió a la cama y, como la noche anterior, soñó con el bosque. El aullido y la luz se sintieron más cerca, como si estuviera observándola. Caminó descalza sobre la tierra fría y húmeda y miró cómo sus pies se hundían. Olía a lluvia y a vainilla y el viento batía su cabellera suelta.

-No eres para nosotros, no perteneces a este lugar -dijo una voz a lo lejos.

-No lo soy, no he dicho eso. Basta con eso.

En el momento en que lo negó se quebró la imagen y despertó.

*

En la fiesta, los trillizos seguían en el patio.

Luciano revisaba los mensajes sin mucho interés. Elías caminaba dando patadas a los vasos en el piso. Adrián se apoyó justo donde tenía las manos Selena unos minutos antes.

-Fuiste cruel con ella -reclamó Elías.

-Fui claro, no cruel -respondió Adrián.

-A veces decir las cosas de ese modo es ser cruel.

La noche siguió su curso, como si nada. Selena en su cama abrió los ojos sintiendo un extraño latido que no parecía ser suyo.

Se aferró a la sábana sintiéndose mal por la manera en que había sido rechazada.

Y sin saber por qué se propuso empezar de nuevo, porque detrás de ese rechazo existía miedo, pudo sentirlo. Era apenas el comienzo.

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