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Portada de la novela Hijos de la Luna

Hijos de la Luna

La existencia monótona de Caleb, un joven de veintitrés años, se transforma por completo durante un almuerzo casual. La entrada de una enigmática mujer de mirada esmeralda y cabello azabache desata en él una conexión profunda e instantánea. Ella no es una civil común, sino la alfa de alfas que comanda a su estirpe. Este cruce de caminos revelará un destino asombroso: Caleb es el compañero predestinado, el mate, de la líder más influyente de su especie.
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Capítulo 2

EMMA.

Me encuentro en una de mis casas temporales revisando unos papeles en mi despacho sobre mi manada, se llama MoonWhite en honor a mis padres por su apellido, white. Esta se encuentra en Alemania, pero tuve que viajar a Londres para resolver unos problemas que surgieron en una de mis empresas, las cuales me fueron heredadas luego de la muerte de mis padres.

Son varias las que me pertenecen, en distintos áreas. Tengo unas relacionadas con la moda, arte, finanzas y arquitectura.

Viaje con mi beta, Alexander, si bien él podría hacer solo este viaje, me gusta hacer las cosas por mi misma, sobre todo si son en otros países ya que puede ser útil para encontrar a mi mate. Tengo 600 años y aun no he podido encontrarlo, recorrí todas las mandas y pueblos de Alemania, pero no tuve éxito.

Mi loba Lía nunca se ha interesado en otros hombres sentimentalmente, si bien, no somos vírgenes nunca hemos mantenido relaciones de mas de una noche con nadie.

Nuestros besos, caricias y amor están destinadas a mi mate y no pretendemos entregar amor a nadie que no sea él.

Mi teléfono suena desviando mi atención, observo la pantalla y la imagen de una cara bien conocida me da ha entender que es mi beta. Tomo el celular llevándolo a mi oreja mientras contesto la llamada.

– ¿Qué sucede? – hablo seria mientras sigo revisando mis papeles

– Mi alfa linda, hermosa, preciosa – ¿me esta adulando? Ay no, ahora que hizo – la alfa más honorable de todas las alfas ...

– ¿Qué hiciste? – lo corto mientras toco el puente de mi nariz.

– ¿QUEEEEEEE? Me ofende que solo creas que te digo cosas lindas cuando algo malo sucedió.

– Solo dime que hiciste – le hablo ya molesta.

– Pinche una rueda – ay este hombre me sacara canas – necesito que me vengas a recoger porfis.

– Dios... ¿Dónde estás? – pregunto mientras me levanto y ordeno los papeles.

– A dos cuadras cuadras de la facultad central, frente a una pizzería.

– Okey, en 15 minutos estoy ahí.

Le cuelgo mientras salgo del despacho y camino hacia el garaje de la casa, agarro el primer auto que encuentro, me acomodo dentro colocando la ubicación en el GPS para no perderme y poder volver rápidamente a mis quehaceres y salgo hacia el encuentro de mi beta. Llevo aproximadamente 10 minutos de camino siguiendo las indicaciones del GPS, es una suerte que el trafico hoy no este colapsado, ya que me quedan menos de 3 minutos para llegar a mi destino cuando siento a mi loba removerse inquieta.

– Lía ¿qué sucede? – le pregunto por el enlace que compartimos.

– No lo sé Emma, tengo un presentimiento que algo sucederá – dice inquieta.

– Okey mantengámonos alertas por cualquier cosa – le digo y cierro el enlace.

・•✾⚜✾•・

Llevamos 30 minutos esperando a la jodida grúa para que remolque el auto de Alex y puedan llevarlo a la casa, ya que tampoco tenia una rueda de cambio. Miro mi reloj y ya son las 5 de la tarde, debería estar de camino a una reunión con los proveedores de la empresa.

Le doy una mirada irritada a Alex la cual el no percibe ya que esta concentrado en su celular. Saco el mío del bolsillo de mi chaqueta para revisar correos, pero caigo en cuenta que debo posponer la reunión.

Llamo a mi secretaria para que avise que la reunión se aplaza hasta mañana temprano explicándole la situación en la que me encuentro. A los 15 minutos puedo distinguir al servicio de grúa que llega hasta estacionarse frente a nosotros, le indico el auto y la dirección para llevarlo, mientras me encamino al mío para marcharnos de aquí.

– ¿Podemos comprar una pizza para llevar? – pregunta Alex mientras se sube al auto.

– Estuvimos 45 minutos esperando y ahora se te ocurre pedir una pizza? – le digo al mismo tiempo que me giro a mirarlo enojada.

– Antes no tenía hambre – dice – además se iba a enfriar con la espera – se cruza de brazos mientras mira por la ventana.

Joder, es un crío.

Tomo mi cartera del asiento trasero rebuscando dentro de ella.

– Ve, apúrate – le paso la tarjeta – me quiero ir rápido de aquí.

Me mira con ojos de cachorro y ya se lo que quiere, empiezo a negar con la cabeza.

– Ve tú, eres la alfa te atenderán enseguida.

– ¡Tú eres el que quiere pizza! – le grito mientras lo apunto con la mano.

– Oh vamos, yo siempre voy, te toca.

– Eres el beta, es tu deber complacerme – le digo con superioridad mientras sonrió.

– Que te den... no te cuesta nada – hace pucheros – ¿siiiiii? – me dice con una voz mas aguda de lo normal y batiendo sus pestañas, nadie pensaría que tiene 600 años o que es el beta más temido con la actitud de niño que se gasta.

– Está bien – digo mientras le quito la tarjeta de las manos con un movimiento brusco y bajo del auto dando un portazo emprendiendo camino hacia el local.

– ¡QUE SEA SIN PIÑA! – grita por la ventana, ruedo los ojos y sigo caminando mientras lo ignoro.

Antes de entrar el local bloqueo los olores, ya que al ser una pizzería son demasiados olores combinados y si le sumamos el olor del montón de estudiantes que se ven desde fuera, generará un gran dolor de cabeza más tarde.

Me abro paso como puedo entre las mesas para llegar a la barra, este lugar esta que revienta de adolescentes. Me acerco al dueño del lugar, que reconozco que es un hombre lobo, me observa mientras abre sus ojos como platos y hace una simulada reverencia.

Si, una reverencia, creo que no les conté pero soy la alfa de todos los alfas, ya que mis padres fueron los reyes alfas y el lugar cedió a mí luego de su muerte .

Converso un momento con él y ordeno unas pizzas en forma de cono para que sea más fácil ir comiéndolas en el auto, le menciono que estoy con mi beta el cual me espera afuera, para que se apure con el pedido, hace un asentimiento de cabeza y se retira a la parte trasera del local, imagino que debe ser la cocina.

Veo unas flores ubicadas en el mesón y decido desbloquear los olores ya que son mis favoritas, flores de cerezo y quiero impregnarme de su olor.

Al momento que los desbloqueo me golpea un delicioso olor a chocolate y cerezas alterando mis sentidos y los de mi loba.

– ¡MATE, MATE! – grita Lía, quedo en trance mientras escucho esas palabras – !¿QUE HACES PARADA BUSCALO!? – vuelve a gritar volviéndome a mis sentidos, comienzo a olfatear y mirar a mi alrededor para encontrar la fuente de ese exquisito olor.

Y es cuando lo veo, sentado prácticamente en el fondo del local, con otro chico.

Nunca había visto un chico más lindo que él, tiene unos rizos castaño claro rodeando el rubio, unos labios no tan gruesos pero que me llaman a besarlos y sus ojos heterocromáticos azul y verde los cuales podría observar toda la vida, su nariz respingada y su mandíbula marcada dándole un toque masculino.

Soy incapaz de romper el contacto con sus ojos, me pican los pies por acercarme, pero hasta aquí puedo oler que es humano.

Sus ojos conectan con los míos y una corriente eléctrica avanza por mi espalda, el tampoco aparta la vista de la mía y puedo sentir como su pulso se encuentra mas alto de lo normal, quiere decir que el vinculo le esta afectando tanto como a mí ya que mi pulso igual esta más acelerado al igual que mi respiración.

Pero debo ir despacio, por más que quiera lanzarme a sus brazos y besarlo hasta quedarnos sin aire, reclamarlo como mío él no sabe sobre nosotros o sobre el vínculo. Es humano.

Siento un carraspeo a mi lado, vuelvo mi vista y veo al dueño del local con una bolsa de papel con mi pedido dentro, le agradezco, inhalo una vez más ese aroma que me lleva a las nubes y salgo del local sin volver a mirarlo para adentrarme en el auto y largarme de aquí.

Me adentro rápidamente en el auto prácticamente lanzándole las bolsas a Alex, agarro con fuerza el manubrio escondiendo mi cabeza entre mis antebrazos calmando mis sentimientos.

– ¿Qué te sucede? – escucho que pregunta rebuscando dentro de la bolsa.

Inhalo un par de veces hondo para calmarme y no volver a entrar en ese local para reclamarlo.

– Mañana vendremos a la facultad – hablo saliendo de mi escondite, Alex se gira a mirarme extrañado mientras enciendo el auto.

– ¿A la facultad? – pregunta con desconcierto.– ¿A qué?

Suelto un suspiro,– Encontré a mi mate y necesito información sobre él.

– ¡NO ME JODAS! – grita haciendo que me sobresalte en mi asiento mirándolo feo – ay perdón, ¿estaba ahí en ese local? – voltea para mirar por la ventana como lo dejamos atrás – ¿Por qué no te acercaste?

– Es humano, no podía – digo mientras siento a Lía saltar de alegría por haberlo encontrado.

– Entiendo – asiente – bueno, mañana será otra oportunidad.

– Mañana será otra oportunidad – repito mientras sonrío.

Ya estoy ansiosa por sentir ese olor nuevamente.

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