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Portada de la novela Hielo Y Fuego

Hielo Y Fuego

Traicionada el día de su boda, una influyente magnate renuncia al amor para erigir un imperio basado en la frialdad y el deseo efímero. Sin embargo, cuando un peligro acecha su legado, surge Stephan, un protector que desafía su coraza emocional. Rodeados de conspiraciones y riesgos constantes, ambos se sumergen en una trama de misterio donde la pasión renace. Ahora, deberán enfrentar oscuras verdades para salvar su futuro y lo que queda de sus corazones.
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Capítulo 1

La ropa está esparcida por todas partes.

La falda negra ajustada descansa descuidadamente sobre una pila de documentos, y los zapatos de tacón alto están al otro lado del escritorio. Una chaqueta negra, una camisa y un pantalón negro están tirados en uno de los sillones cubiertos de cuero blanco. En el otro sillón se encuentra una mujer casi desnuda besando apasionadamente a un hombre alto y fornido. Antes de que las últimas prendas de ropa lleguen al suelo, el teléfono empiezó a sonar. Los delgados dedos de la mujer tocaron delicadamente la pantalla del teléfono.

— Vístete y sal, tengo trabajo que hacer— le ordenó al hombre desde el sillón.

— Gabriela pero... ni siquiera logramos hacerlo— dijo el hombre confundido.

— No es mi culpa que te muevas lento. Ahora vístete, el señor del teléfono sigue esperando que le conteste.

Sin objetar, el hombre se vistió avergonzado y salió de la oficina. Sola, la bella mujer también comenzó a arreglarse, estaba un poco despeinada y siempre le gustaba lucir impecable. Se puso la falda ajustada negra y luego buscó sus zapatos. Frente al espejo parecía una reina. Su largo cabello castaño cubría sus hombros y resaltaba sus ojos marrones. Tenía cintura de avispa, piernas largas y delgadas, era todo lo que un hombre podía desear. Pero la verdad era que ella no quería a ninguno de ellos. Tan hermosa como era por fuera, era tan negra y fea por dentro.

Una de las secretarias llamó suavemente a la puerta blanca de la oficina. Sabía que no podía molestar a su jefa cuando estaba con alguien, pero tenía que darle una noticia importante. Tocó un poco más y finalmente se escuchó la fina voz de ella.

— ¡Basta ya, Merlina, entra! Ese bastardo se fue hace mucho tiempo.

Entonces la puerta se abrió y una mujer rubia asomó la cabeza. También era muy hermosa, con ojos tan azules como el cielo, una nariz pequeña y labios carnosos. Al final, abrió la puerta de par en par y corrió desesperada hacia su jefa.

— ¡Estoy embarazada! ¿Puedes creerlo? Dios, estoy tan feliz.

— Bueno, felicidades, espero que esté feliz con ello.

— Tú también podrías ser un poco más feliz por tu amiga de la infancia, vamos, yo sé que puedes.

— Me alegro por ti, sabes que lo único que quiero es que mi única amiga sea feliz. Tú y Jasper van a ser padres maravillosos.

— En algun momento todo será bueno para ti también, un día te olvidarás de Orlando y entonces serás verdaderamente feliz.

— La felicidad no es para mi, ya estoy acostumbrada. Ahora tengo que irme, pero pasaré por tu casa por la noche para celebrarlo.

Sin darle tiempo a su amiga para reaccionar, salió de la oficina llevándose varios archivos con ella.

Aunque estaba feliz por su amiga de la infancia, no pudo evitar admitir que hubiera querido las mismas cosas que ella estaba viviendo. A la salida del enorme edificio en el corazón de Nueva York, solo los paparazzi pululaban aquí y allá. Todos querían una foto de la famosa Gabriela Ross y un hombre con el que pasaba el tiempo, pero nadie logró conseguir una. Todo el mundo había oído hablar de cómo trataba a los hombres, pero nadie tenía pruebas, era demasiado astuta para dejarse fotografiar en poses que no le quedaban bien. Con un simple movimiento de la mano, cuatro guardaespaldas le abrieron paso hasta la limusina negra que la esperaba. Dentro se encontraba nada menos que Azael Volk un famoso empresario de la industria de los videojuegos.

— Entonces, ¿qué era tan urgente Azael? Estaba haciendo un pequeño recado cuando de repente decidiste llamarme— dijo sirviendo un poco de champán en su copa.

— Si era pequeño, significa que no debería sentirme mal por llamar. Escucha, quiero hacer un trato. Tienes un montón de edificios por todo Nueva York y todo lo que quiero es poner algunas vallas publicitarias. A cambio, guiaré a los jugadores que crucen mi umbral para que celebren sus eventos en tus hoteles, y creeme que hay muchos eventos.

— ¿Y que mas quieres? Nunca se trata solo de publicidad.

Ella conocía a Azael desde hace muchos años, había sido socio de Orlando. Era un hombre astuto, el tipo de persona que espera que le des la espalda para clavarte un cuchillo. Siempre había querido una noche con ella, pero nunca la tendría. Desde un punto de vista estético, Azael era impecable. Su cabello rubio, siempre arreglado, cubría parte de su frente, y simplemente te perdías en sus ojos azules. Era bien formado y alto, pero no lo suficiente para ella. Después de un período de silencio, Azael se sirvió un poco de champán y miró a la mujer frente a él.

— Quiero que aparezcas en uno de los comerciales de mi próximo videojuego, eso es todo. Estos son los documentos que se deben firmar.

— Se los daré a los abogados para que los estudien y si todo está en orden cerramos el trato. Te llamaré mañana por la tarde. Ahora, si no te importa que baje aquí, dile al conductor que te lleve a donde quieras y luego venga por mí.

Azael observó confundido cómo descendía a un vecindario no tan familiar.

XXX

Ella solpia ​​venir aquí con Orlando para alejarse de toda la locura. No había venido desde aquel fátidico día, y pensó que era hora de enfrentar su pasado. Los dos tenían un apartamento a unas cuadras de distancia, así que se dirigió hacia él. Ya estaba oscuro y por primera vez sintió miedo.

Tenía el presentimiento desde esa mañana de que algo malo iba a pasar, pero como de costumbre optó por ignorarlo. Trató de mantenerse a la luz de las farolas todo el tiempo, acelerando el paso. Finalmente llegó a su destino, a pesar de que sus pies le dolían terriblemente por los enormes tacones que tenía puestos. Estaba frente a un bloque modesto, pequeño y amarillo. Recordó que Orlando estaba en el comité que eligió el color cuando se renovó el bloque. En el segundo piso había una cortina morada con palomas, eso fue lo que ella eligió. Se acercó a la puerta, usó su tarjeta de acceso y entró. No había nadie en las escaleras del bloque, probablemente porque era bastante tarde. Aquí no había ascensor, así que subió las escaleras con gracia. Cuando finalmente llegó al segundo piso, un gato apareció en su camino. Lo reconoció de inmediato, era Meal, el gato que los residentes alimentaban y cuidaban.

— Yo también te extrañé Meal. Lo siento, me enganché con otras cosas y no vine aquí.

Luego sacó un trozo de pan de su bolsa y se lo dio. Ya lo había preparado desde la oficina, aunque sabía que llenaría su bolsa de migajas. Se acercó a la puerta con la llave en la mano, pero cuando trató de abrirla, notó que ya estaba abierta. A pesar de que cada partícula en su cuerpo le decía que saliera de allí lo más rápido que pudiera, irrumpió en el interior. Con pequeños pasos se dirigió hacia el dormitorio.

Un hombre de la misma edad que ella estaba acostado en la cama, profundamente dormido. Cuando trató de dar un paso atrás, el hombre abrió los ojos. En el momento en que la vio, saltó sobre sus pies.

— Por favor no me hagas daño— dijo asustada.

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