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Portada de la novela Hasta que se acabe el verano

Hasta que se acabe el verano

Debido al reciente romance de sus padres, las hermanas Drumam deben veranear en la Granja 3 estrellas. Anuk, indignada con su madre, desprecia el clima de las sierras cordobesas y la vida rural, pues solo desea estar en la playa. No obstante, la convivencia con sus atractivos hermanastros transformará por completo su actitud. Entre risas y vínculos nuevos, este viaje demostrará que sus padres no serán los únicos en encontrar el amor en la granja Spellman.
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Capítulo 1

El balanceo del autobús por las diversas curvas de la ruta hace que abra mis ojos y mire a mi alrededor. Me quito los auriculares de los oídos y muevo mi cuello de un lado a otro para descontracturar.

Apenas hay pasajeros en el autobús a esta altura del camino. Se han ido bajando a medida que pasábamos de pueblos en pueblos, luego de un viaje de doce horas, La granja 3 estrellas Spellman, a nueve kilómetros de Carlos Paz, es mi destino. El mío y el de esas tres personas que me van a acompañar este verano. Mi hermana y dos hermanos postizos, mellizos. ¿Por qué postizos?

Porque nuestros padres se habían conocido en una conferencia de autoestima y amor y se gustaron. El destino, lo llamaron. ¿Y qué han hecho para profundizar su amor? Irse a las cataratas de Iguazú, sí, para el lado de Brazil. ¿Y qué han hecho con nosotros? Mandarnos a una granja perdida en las montañas y en las botas del Diablo.

Fabio parece ser el hombre ideal para mi madre después de su divorcio. Mis padres no se soportaban y por el bien de todos, decidieron empezar una nueva vida por caminos separados.

Aunque no sé si mi madre está preparada para conocer a alguien, solo hace cinco meses desde que pasó eso y cuatro desde que dejó de insultar a mi padre cada vez que se acordaba de él.

No somos millonarios, su nuevo novio tampoco lo es, así que, tendré que serlo yo para mejorar mi calidad de vida porque así no es como pensaba pasar el verano con 20 años.

Alguien se deja caer en el asiento de mi lado y me sobresalto un poco. Ethan me enseña su perfecta dentadura y me tiende un sándwich de embutidos.

— ¿Tienes hambre?

— Sí, gracias —lo cojo y no tardo en quitarle el plástico y darle un bocado— ¿Queda mucho? —le pregunto.

— No, ya casi estamos —muerde su sándwich.

Es un camino largo, por eso me he sentado sola, porque he dormido y he puesto las piernas en el asiento de al lado, pero Ethan no se va, así que, apago la música y miro por la ventana. Montañas, campos y más montañas, eso es lo único que llevo viendo desde hace dos horas.

Esos chicos son agradables, simpáticos y no les molesta que su padre tenga una novia con dos hijas, a nosotras tampoco, mi madre tiene que hacer su vida y respeto con quien esté siempre que sea un buen hombre. Lo que no me hace mucha gracia es esta excursión cuando podría estar en casa tumbada en el sofá con el aire acondicionado.

— ¿Vienes todos los veranos? —Le pregunto.

— Lo intento.

Su familia vive en Córdoba en la granja y es con quien vamos a pasar este verano. Ethan y Evan han terminado la universidad, mientras que a mí me quedan dos y a Alicia —mi hermana—, le queda uno. Sí, soy el resultado de una cuarentena post parto incumplida.

— Ya estamos —su voz me sobresalta de nuevo porque me he quedado traspuesta mirando por la ventana y guardo los auriculares en mi pequeña mochila negra.

Me bajo después de Ethan y Alicia me sigue. Evan ya está cogiendo todas nuestras maletas y cuando el autobús se va, deja un rastro de polvo que me hace cerrar los ojos.

Y me encuentro allí, en medio de la nada al lado de una señal de parada de autobús que no anda hace miles de años, con una maleta y una mochila colgada a mi espalda.

— ¿Y ahora? —Pregunta Alicia.

— Ahora tenemos que caminar —Evan señala hacia su izquierda—, no queda muy lejos.

Mi hermana me mira y rueda los ojos porque esto le gusta incluso menos que a mí. Somos bichas de ciudad, siempre hemos vivido en una y esto de estar en un pueblo con casi 2 mil habitantes no nos hace gracia, aunque Alicia ha estado feliz porque es otra experiencia y ya podría tacharla de su lista de "cosas que hacer antes de morir". En mi lista no está pasar un verano aquí con este insoportable calor.

Mientras arrastro mi maleta por la calle de tierra, me doy cuenta que me sobra toda la ropa, y menos mal que escogí unos pantalones cortos para el viaje porque sabía que iba a enfrentarme a este bochorno; aunque no pensé caminar todo esto.

— Tienen suerte, no hace tanto calor —dice Ethan con una sonrisa.

— ¿Qué no hace calor? —Murmura mi hermana a mi lado— Esto es insoportable.

A pesar de que ya se está atardeciendo, aún hace calor y yo, que tengo condición física -20, ya estoy agotada. Por suerte, la ropa de verano no ocupa mucho en la maleta, pero eso significa que llevo mucha ropa.

Escucho un coche a lo lejos y me aparto de la carretera para que no me atropelle, básicamente. Me echo a un lado, a la arena con los demás y sigo caminando.

La camioneta pasa por nuestro lado y toca el claxon. Los dos chicos que van delante de nosotras miran a la camioneta y mueven sus brazos. Miro a Alicia cuando la camioneta se para y la cabeza de una chica aparece por el techo.

— Vengan, vamos —nos dicen, apresurándose hacia la camioneta.

Meto el turbo porque no me quiero quedar atrás y

Ethan mete las maletas en la parte de atrás mientras

Evan abre la puerta del copiloto.

— ¿Pero qué hacen ahí, infelices? —Saluda esa chica pelinegra.

— Regresamos a casa en verano, ¿no estás contenta de vernos? —Le sonríe Evan.

— Por supuesto que sí, aquí solo caben dos —dice refiriéndose a la cabina—. Dejen aquí a las señoritas y suban ustedes dos atrás.

Alicia es la primera que sube y yo miro a la parte de atrás. La camioneta es naranja y óxido, también muy vieja. Y a vieja me refiero que no sé cómo milagro sigue en funcionamiento.

— Quiero montarme atrás, si puedo —le digo a Evan.

— Oh, claro, si es lo que quieres —empieza a caminar delante de mí y abre la puerta trasera donde está Ethan entre las maletas encendiéndose un cigarrillo.

— Ayúdala a subir, quiere ir detrás.

— Oh, ¿cómo dices? —Ethan sujeta el cigarrillo entre sus labios y me tiende una mano.

La acepto y él tira de mí mientras Evan pone sus manos en mi cintura y también me ayuda.

— Gracias.

— Siéntate ahí —me señala Ethan una de las esquinas que está pegada a la cabina—. Es el mejor sitio si no

quieres irte volando a la mierda por un frenazo de Sabrina. iEh, Sabrina! —Golpea el cristal de la cabina— ¡intenta conducir mejor que la última vez!

La chica le saca el dedo de en medio y arranca. El motor hace un ruido que no me gusta un comino y uf, me encanta ir en la parte de atrás. Veo como dejamos el atardecer detrás y el aire me viene bien porque estoy sudando.

Los hermanos tienen el cabello castaño, un castaño muy claro y una tez tostada que envidio. Ethan tiene los ojos azules o quizá sean verdes, no lo sé. No soy capaz de verlo bien porque no quiero quedarme mirando mucho tiempo; y Evan tiene los ojos color miel, como yo y como Alicia.

Nuestros hermanastros son altos, igual que su padre y están desarrollando una musculatura envidiable.

Alicia dice que están "en su punto". Ni pasados ni poco hechos, y es cierto, aunque Evan tiene más anchura que Ethan.

— Tendrías que haber dejado que Evan se montara detrás —tira el cigarrillo a la carretera.

— ¿Por qué?

— Porque siempre se libra —me señala con el dedo— No sé cómo lo hace, pero siempre acaba en la cabina —pasa una mano por su barba incipiente.

— Es genial ir aquí atrás.

— No cuando vas borracho o Sabrina frena de golpe.

Dicho y hecho. La chica frena en seco y el cuerpo se me va hacia atrás y después hacia delante. El brazo de Ethan se pone debajo de mi pecho y me agarro al borde de la camioneta y a su brazo.

— Te lo dije —dice y aparta su brazo para dar con su mano en la cabina— ¡Sabrina! ¡Por el amor de Dios, vas a matarnos!

El corazón me va a cien por hora porque podría haber salido disparada hacia delante y darme un buen golpe.

— ¿Dónde se ha sacado el carnet?

— No tiene.

— Ah, eso me deja más tranquila —suelto una risa nerviosa porque podría morir en mi primer día de viaje y todavía no hemos llegado.

— Nunca ha tenido ningún accidente, y por aquí no hay muchos coches. No hay muchos habitantes.

— Lo sé, me he informado antes de venir.

Ethan sonríe y Sabrina vuelve a frenar pero esta vez, con menos brusquedad. Veo como Ethan se pone de pie y abre la puerta trasera. Se baja y me hace una seña para que vaya. Hago lo que me pide y me tiende una

de sus manos. La sostengo y doy un salto para bajarme. Empieza a bajar las maletas y miro extrañada a Alicia. Todavía no hemos llegado al pueblo. Lo único que hay a nuestro alrededor es campo. Sabrina toca el claxon a modo de despido y cuando la camioneta se va, lo veo.

— Ya estamos aquí —dicen los gemelos a la vez.

( Hola lectoras, muchas gracias por leerme. Espero que les guste mucho y dejen sus hermosos comentarios, saben que pueden encontrarme en Facebook como Viviane Hermann Stumm ( logo Oscar Murci) o al WhatsApp y armamos un grupito, vale. Muchas gracias ±54 9 3546458144 )

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