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Portada de la novela Habun, Amor árabe

Habun, Amor árabe

En una Afganistán dominada por la opresión masculina y un estricto control social, Afsana sobrevive bajo la rigurosa vigilancia de su familia. Su destino cambia drásticamente cuando Abdul, un influyente político talibán con un pasado violento, fija su atención en ella. Para forzar su unión, él propone cancelar las deudas familiares, dejándola atrapada en una red de poder. ¿Podrá Afsana huir de este hombre implacable que está decidido a poseerla?
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Capítulo 3

Estos últimos días habían sido toda una tortura, mientras mis días últimamente se resumían en estar en la cama mientras había una chica que Abdul había contratado para llevar todo esto de la fiesta de compromiso, para mí esto era una completa locura, deseaba con locura el poder liberarme de la locura que estaba viviendo.

Mi “nueva vida” se había convertido es dormir antes de que él llegase del lugar donde trabajaba, nunca había querido saber nada referente a él, y normalmente me despertaba cuando él se había ido.

Pero una vez paso algo muy extraño… una mañana entro a mi habitación a paso lento y silencioso, pero noté su presencia, mi cuerpo notaba su presencia con muchísimo miedo; él acarició mi rostro por algunos minutos y después se fue.

—¿Señorita Afsana? — escuché la voz de la chica que se encargaba de la decoración de aquella fiesta—, ¿me está escuchando?

—No, lo siento que decía.

—¿Me gustaría saber qué tipo de tul le gustaría para la decoración del lugar? —ella metió la mano en su bolso y saco unos retazos de tela —. Este es Tul liso, tul de dos o más cruzamientos, tul bordado sobre cruzamientos, tul con cruzamiento de punta de blonda, tul labrado, tul imitación de encaje de Bruselas. Todos estos son realmente hermosos.

A pesar de que me molestara aquella chica, quería ponerme en su lugar, ya que era el único trabajo que podíamos tener las mujeres con una buena paga que no fuese de costurera, ama de llaves, chica de limpieza y demás.

—¡Por Ala! —exclamo bastante molesta por su necesidad de querer que yo hiciese parte de esto de casarme, cuando eso no estaba en mis planes —, No me interesa ser partícipe de esa fiesta.

—Pero esa “fiesta” como dices, es tu fiesta —esta vez la persona que me respondió fue Abdul quien se encontraba parado en el marco de la puerta.

A pesar de que la mitad de las veces me intentara mostrar rebelde, el miedo todavía hacía que mi cuerpo temblara, pero mantuve mi mirada en sus ojos verdes.

—Ya estoy cansado de que no pongas de tu parte y que evites mi presencia, soy tu prometido, no me puedes evitar —continúo diciendo —, Más bien agradece que estoy de buen humor y que sería mal visto que te viesen con un moretón en la cara, pero recuerda que hay lugares donde no necesariamente se tienen que ver.

Aquello hizo que me aterrorizara, este hombre tenía la gran habilidad de mirarte y hacerte sentir como que estabas muerto en vida y bajo miles de metros de profundidad.

—Buenos días, señor, vengo a arreglar a la señorita —se escucha que habla una voz detrás de él, por su parte, él rueda los ojos molesto y retrocede dándole espacio a aquella chica a la cual no le podía detallar el rostro a causa de la tela sobre negra sobre este.

—Te quiero lista a tiempo —espeta —, lo mejor es que no me hagas enojar, ¿entendiste?

Sin esperar respuesta Abdul sale de la habitación y aquella chica entra a la habitación segundos después.

—Buenos —Ada, la chica que se encargaba de organizar todo este circo de la fiesta de compromiso se levantó de la silla donde se encontraba sentada —, Espero que te guste mi trabajo esta noche.

—Espero que sí, buena jornada —me despedí.

—¡Buena jornada! —nos devolvió la despedida para después salir de la habitación.

Cuando la puerta se cerró, mi vista se concentró en la de la chica que todos estos días se estaba encargando de cuidarme al no poder usar mis tobillos.

—Buen día, señorita, ¿lista para organizarse?

Me encojo de hombros en respuesta sentándome en la cama para después sentir como aquella chica me quitaba el hijab y mi largo cabello negro caía por mi espalda.

—Tienes un hermoso cabello negro, parece la oscuridad, hacen un hermoso contraste con tus hermosos color miel y tu piel aceitunada —ella empieza a cepillar mi cabello.

Cuando por fin salgo de mis pensamientos, evitando vivir la realidad vuelvo a mirar mi reflejo en el espejo y me veo con el cabello peinado, aunque lo decoran unas margaritas y las ondas que se hacen naturalmente.

Far, la chica que me estaba ayudando, me ayudo a vestirme con un vestido rojo de mangas largas y decoraciones doradas, de la zona del cuello y las mangas caía una clase de cola hasta el suelo.

—¡Se ve hermosísima señorita! —Far se aleja de mí para empezar a detallarme— Es momento de que se ponga su hijab y vaya al lugar de su gran fiesta. Usted debe de estar muy feliz de tener un esposo tan millonario y poderoso, mis padres me casaron con un afgano de nuestro barrio, pero siempre tuve las ganas de casarme con alguien poderoso y vivir en la burguesía, vestir un hermoso vestido y telas de alta costura.

—El dinero no siempre es felicidad Far, ¿acaso me veo feliz? —ella me mira fijamente, y es en ese momento donde entiende que esto no era lo que yo quería.

—Lo mejor que puedes hacer es empezar a amar al señor Abdul, si no todo este tiempo para ti será toda una tortura —Far toma mi mano— A pesar de que muchas veces me queje de mi esposo y me gustaría ser aquellas mujeres con las cuales iba a limpiarles su casa que pasaban por encima de todos, no hay nada mejor que llegar a casa y ver los ojos llenos de amor de mi esposo.

—Yo nunca tendré eso Far, lo odio, pero odio más a mi padre por haberme vendido.

—Así es la realidad actual Afsana, las mujeres valemos lo mismo que valdría un jarrón de la peor calidad, es mejor que te conviertas en la mujer sumisa, o si no, la próxima vez que tus padres te van a volver a ver será cuando no estés más en este mundo.

Aquello hacer que mi piel se erice y no pueda casi que respirar.

—Bueno, es mejor que te ayude a bajar a la plata principal antes de que el señor venga.

Me levanto lentamente de la cama, mi pie había sanado y a pesar de que desea a seguir lastimada para siempre, esa no era la realidad.

Cuando llegamos al primer piso, lo veo frente a la ventana con su celular en su oreja.

Su vestido blanco, de tela bastante cara y su kufiya de color rojo del mismo color de mi vestido adorna su cabeza.

Él empieza a acercarse a mí, mientras yo retrocedo un poco casi sin poder evitarlo, mi rostro se enrojece y mi respiración se entrecorta. Su mano acaricia mi cabello con suma suavidad, de cierto modo aquel acto me hacía sentir tan expuesta.

Todo el mundo se aparta, observando con una expresión de felicidad falsa, mi corazón late contra mi caja torácica y mi pecho se encoge.

—Te ves bellísima, no puedo esperar a estar casado para que seas legalmente mía.

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