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Portada de la novela Hablar de lo que ignoras.

Hablar de lo que ignoras.

Chantal Robinson evita el amor tras presenciar el fracaso matrimonial de sus padres. Sin embargo, su vida da un vuelco al ganar un certamen literario y recibir la oferta de liderar una sección de consejos sentimentales en Luxury Voices. Pese a su nula experiencia, asume el cargo y se cruza con los enigmáticos hermanos Derricks. Entre mentiras y una atracción creciente, ella descubrirá que los oscuros secretos de estos hombres podrían devastar su realidad.
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Capítulo 2

Chantal.

—¡Pero, Chantal, prometiste hacer algo nuevo con tu vida este año! —gritaba Amber, mientras recorría el departamento detrás de la rizada que, a paso apresurado se dirigía a la sala del lugar, ya que su ruidosa amiga no la dejaba leer en paz.

—¡Sé que lo prometí! —molesta se detuvo—. Pero no puedo hacer ese trabajo, no me veo escribiendo en una sección como esa —frustrada, se dejó caer en un sofá.

... Esa misma tarde Chantal recibió la grandiosa noticia de que, su cuento de misterio, había sido el ganador del concurso de escritura creativa. Como primer premio se le daba la oportunidad de colaborar en una de las revistas de la Universidad. No era cualquier revista la que pidió sus servicios. Se trataba de un nuevo y exitoso proyecto que desafiaba el mundo del marketing y la publicidad. Su nombre era: "Luxury Voices" y lo promovía Derek Derricks, un estudiante de segundo año, cuya carrera era Graduado en negocios.

Chantal se sintió feliz, realizada, nunca pensó que su historia, llegaría a ganar y, a su vez, brindarle tal oportunidad. Su alegría no voló muy lejos, pues el mismo director de la revista que había reclamado sus servicios, esa misma tarde, la había buscado para explicarle el importante papel que realizaría.

Al ver a Derek se quedó algo impactada. Sí que lucía bien ese chico. Era alto y su cabello bien peinado hacia atrás dejaba ver lo perfilado de su rostro. Cejas de un rubio oscuro y pestañas largas, exponían unos ojos azules claros con algunos matices verdes que brillaban de emoción al verla. El rubio recorrió su cuerpo con una mirada profesional. Le sonrió de lado y acto seguido la invitó a ir a un café cercano donde charlarían de los pormenores de su futuro trabajo.

Mientras caminaban, Chantal no pudo dejar de notar como la mayoría de las personas a su alrededor los miraban. Mejor dicho, la miraban, y con una extrañeza enorme. No era para menos, teniendo en cuenta que semejante hombre la acompañaba, y ella, que no llegaba a los 1.65 metros, obviamente se vería como un alien al lado de él. Un alien algo desaliñado, pues sus cabellos rizos azabaches estaban un poco sueltos, le caían largos y rebeldes sobre sus anchas cejas.

Se sentaron en el café, uno delante del otro. Derek pidió Capuchinos para ambos. La miró y Chantal pudo notar como el aire del chico que, antes era divertido y algo despreocupado, se convertía en uno totalmente profesional, mientras con un semblante serio, pero encantador, le decía:

—En serio estoy impresionado señorita Robinson —aquel chico hablaba como si ya fuera un exitoso empresario—. Usted tiene un currículum impresionante —¿curriculum?, se preguntó mentalmente, solo llevaba un mes y medio ahí—. Sí, no me mire extrañada. He investigado su trayectoria en este corto tiempo: tiene notas muy buenas, asiste siempre a clases y se destaca en estas, además tomó el curso de escritura creativa, en el cual dejó boquiabiertos a todos cuando ganó el concurso con su cuento: "Aferrado al mar de los susurros", un título muy creativa, por cierto.

—Gracias... —se limitó a decir Chantal. Aunque no sabía si debería dárselas cuando aquel joven hablaba de su monótona vida, esa que había logrado crear en el campus, y que a él le parecía un trofeo de guerra.

—Lo que más admiré en tu historia —prosiguió el rubio—, fue la forma en la que desarrollaste los personajes. Fue como si fueras ellos y te lograras meter en ese "mar susurrante", consiguiendo además, que cada lector lo hiciera contigo —los ojos azules del joven la miraban con fascinación—. Me imagino que se deba al hecho de que estás estudiado psicología, sin duda tienes una mente algo manipuladora...

—Disculpe —le interrumpió ella algo confusa—. Quisiera saber a qué se deben tantos halagos y el porqué de esta inusual "reunión" —ella también sabía como jugar con vocabulario formal.

—Tienes poca paciencia, ¿eh?, eso me gusta —le dijo enfocando sus ojos azules en los negros de ella—. Mi equipo y yo queremos que trabajes en nuestra revista: "Luxury Voices", específicamente en la parte de sociales. Necesito alguien que interactúe con los lectores. Escribirán a la sección "Charming Girl" y tú les darás consejos amorosos, basándote en tus experiencias y además en lo que has aprendido de la psiquis y el comportamiento del ser humano...

Derek no pudo terminar la frase, pues noto que Chantal lo miraba extrañada. Su ceño estaba fruncido. La mente de la rizada se quedó detenida en una singular palabra: amor.

"Amor"

"Consejos"

"¿Experiencia?", casi ríe mentalmente.

Chantal lo miró. Se puso de pie rígida. Tomó su bolso y sin decir nada, se dirigió a la salida del local, quería irse lo más rápido posible de aquel café. Lo dejó con la palabra en la boca. A lo que Derek se quedó sin habla, ninguna chica, nunca, nunca en su vida lo había dejado de tal manera.

Chantal caminaba insultada. Parecía una loca dando zancadas largas. Cabizbaja, intentaba alejarse lo más rápido posible de aquella mesa. Internamente se reía de ella misma por lo absurdo de la situación. Justo iba a salir del café cuando un golpe violento contra algo duro frenó su paso. Se tambaleó un poco y casi cae, pero unos brazos fuertes la sujetaron por los hombros. Miró hacia arriba, había chocado con un chico alto de cuerpo esculpido. Unos ojos azules más oscuros la miraban fríos e inexpresivos. Sintió mucha vergüenza. Recompuso su equilibro y salió del lugar, desprendiéndose de las manos de aquel muchacho, al cual no le dio ni un simple: gracias...

—"Charming Girl", me gusta ese nombre. Se oye fresco y "encantador".

—¿Eh? —el comentario de Amber había sacado a Chantal de sus divagues mentales respecto a esa tarde—. Lo siento, no te estaba escuchando.

—No es novedad —dijo la sarcástica voz de Anne, quien se encontraba sentada en el mueble rosa fucsia que adornaba excéntricamente la sala. Allí con su cabello rubio platino recogido, una mascarilla verde, y sentada en su, "trono", como le decía ella al llamativo mueble, se dispuso a dar su opinión—. Creo que eres idiota "Chanty". Acabas de rechazar una oportunidad por la que cualquier chica mataría. Solo por tener de jefe a un Derricks —se ventiló con sus manos dramáticamente— yo limpiaría los pisos de esas oficinas a los que ellos llaman editorial.

"¿Un Derricks? ¿Hay más de uno?", se preguntó la rizada.

— Bueno, tampoco es que lo haya rechazado —espetó Amber—. No oyes que salió corriendo como si le hubieran propuesto matrimonio —se mofó la castaña, a lo que la rubia respondió con rizas escandalosas.

Chantal miró a ambas hermanas. Esas que le dieron alojamiento en el piso que sus padres les habían obsequiado, para que no se quedara en una beca común del campus. Era increíble lo similares y diferentes que eran. La rubia era despampanante. En cambio Amber era más sencilla, pero igual de hermosa que su hermana mayor. Ambas compartían unos expresivos ojos verdes, y una sonrisa amplía y provocativa si se miraba de otro punto de vista.

Se sentía bien en compañía de ambas. Sabía que se preocupaban por ella, la querían y le deseaban lo mejor. Los comentarios de ambas hermanas la llevaban a un punto sugestivo donde se planteaba si de verdad su lema de no creer en el amor, iba a ser más fuerte que los deseos de realización profesional. Por una vez debía dejar de ser tan egoísta consigo misma. Tenía que tomar riesgos en aras de intentar cambiar un poco su gastada vida. Era hora de crecer y no dejar las oportunidades que le aparecían en el camino.

Si entraba en el proyecto, sería capaz de enriquecer su currículum. Tendría al menos una moderada vida social. Además sería divertido ver los absurdos comentarios de las "desesperadas" que escribirían a la revista. Haría que sus consejos cambiaran esas mentes melosas con instinto reproductivo que le pedirían ayuda.

"Todo sea por el bien de una sociedad mejor...", se dijo.

—Bien, basta de risas —expresó mirando a ambas hermanas que, aún divertidas, le prestaban atención—. Lo haré. Me disculparé con el tal Derek y le pediré otra oportunidad. Mañana lo buscaré y comenzaré este nuevo capítulo en mi vida. Hablaré, como una experta, de lo que más ignoro.

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