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Portada de la novela Gemelos malditos

Gemelos malditos

Bajo la apariencia perfecta de la poderosa familia Brycer se esconde un legado de oscuridad y secretos inquietantes. En esta historia de suspense moderno, el amor y el peligro convergen mientras los protagonistas lidian con una relación retorcida. Cada elección es vital en un entorno donde las reglas son tan sombrías como las verdades ocultas. Atrévete a descubrir qué hay detrás de la fachada y el destino incierto que aguarda a estos gemelos malditos.
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Capítulo 3

Clover se dio cuenta de que su nuevo hogar era más bonito de lo que había imaginado, estaba algo alejado de la ciudad pero era una gran mansión rodeada de naturaleza y espacio. El suficiente espacio para recorrer si se aburría. Ella resistió el impulso de sacar sus zapatos y correr por el pasto.

Observo dos autos más estacionados, preguntándose por qué la señora Brycer necesitaba más de un vehículo. Pero no le dio importancia, se notaba que la mujer tenía dinero.

-Le diré a uno de mis niños que te ayuden con las maletas, vuelvo en un segundo.

Clover asiente, enganchando sus gafas a su escote. El frío comenzaba a penetrar su piel tostada, la adolescente comenzaba a extrañar California. Apenas había traído ropa que pudiera abrigarla, masticó con velocidad su chicle para centrarse en algo que no sea la baja temperatura que parecía congelarla poco a poco. Decidió que en transcurso de que la señora Brycer volviera, iba a tratar de sacar su maleta.

-Maldita cosa -Clover tiró con más fuerza de la maleta rosa decorada con flores, su largo cabello rosado caían a los lados de su rostro con cada esfuerzo, estorbandola.

No sé dio cuenta del lobo que comenzó a acecharla como su presa detrás de ella, silencioso y examinador. La mirada masculina se dirigió por todo su cuerpo, dándole aprobación antes de hacer notar su presencia.

-Parece que necesitas un poco de ayuda allí.

Clover miró sobre su hombro, viendo un alto cuerpo masculino, desde su posición la cara del individuo era tapado gracias al techo del auto. Puso los ojos en blanco y siguió empujando de la maleta, soltó un bufido.

-¿Tú crees, Sherlock?

La chica finalmente triunfo en sacar la maleta, pero la fuerza logró tirarla hacia atrás. El cuerpo de Clover impactó contra algo duro, sintió dos manos sujetar su cintura y un dulce aroma a perfume masculino se filtró por su nariz.

Y algo más.

-Déjame ayudarte con esto -una ronca voz habló cerca de su oído, las manos cayeron de su cintura y él chico se movió para agarrar la maleta.

Frente a ella estaba el chico más atractivo que probablemente había visto en su vida, y vaya que había visto bastantes. Era alto y de contextura robusta, su cabello era de un color rubio sucio, un rostro de bebé que enmarcan una mirada grisácea opaca y pálida que parecían no querer moverse de ella.

-Es bueno saber que sigue existiendo la caballerosidad.

El chico río con modestia, ajustando la maleta en su brazo izquierdo como si fuera poco peso para él. Los músculos de sus brazos se marcaron pero no llamaron la atención de Clover, se mantuvo mirando su rostro con una leve sonrisa.

Él chico estaba serio, pero de pronto sonrío como si alguien hubiera contado algún chiste. Clover en cambio, estaba sería. Él tendió una mano en su direccion.

-Soy Paxton, Paxton Brycer.

Clover le estrechó la mano, el chico llamado Paxton le acarició la mano con su pulgar, sintiendo la suavidad de la piel femenina. Un deseo comenzó a quemar en las entrañas de Paxton al sentir la piel lechosa, como seda, lisa y perfecta.

Lo suficientemente perfecta como para dibujar sobre ella con un cuchillo.

Paxton sintió un insaciable deseo de solo imaginarlo, un musculo de su mandíbula se movió. Pero siguió sonriendo con frigidez.

Clover asintió, retirando la mano devuelta a un lado de su cuerpo y haciendo un poco de espacio entre los dos. Por mucho que en ese momento ella quiera un poco de contacto con él sexo masculino, definitivamente no lo quería con él chico frente a ella.

No le gustaba, o al menos había algo en el que no lograba convencerla del todo.

-Soy Clover Dawson -sé presento descuidadamente, tirando su cabello sobre su hombro-.¿Eres el sirviente o algo así?

La sonrisa de Paxton casi se borra, casi. Algo que Clover había notado, además de su malintencionado intento de caerle bien. Él era hermoso, pero se veía artificial y robotico, como si todos sus movimientos fuesen cuidadosamente pensados y sin ninguna falla.

Clover desconfiaba de la gente que no cometía errores.

-Futuro heredero de la casa, pero siempre que quieras estoy a tus servicios Clove. Paxton le dio la misma sonrisa que le daba a los maestros para que lo voten como mejor estudiante-.¿Puedo llamarte Clove? Tú nombre es realmente adorable.

Clover arrugo su nariz, adorable no era el termino con el cual le gustaba ser asociada. Pero ella tenía que ser amable.

-Sí eso té hace sentir bien, hazlo. Gracias por no dejarme caer o lo que sea.

Clover se cruzo de brazos, su contextura era pequeña y tampoco era muy alta. Su cabello rosado llegaba hasta sus caderas, tenia un rostro en forma de corazón con mejillas hundidas y grandes marcados ojos marrones.

-No té preocupes, Clove. Puedo hacer cualquier cosa para que tu estadía sea mas placentera -la voz de Paxton sé arrastro dándole doble sentido a sus palabras-. Y mí madre recién me pidió ayuda con las maletas, puedo subirlas a tú cuarto y luego mostrarte la casa. Ya que ella debería hacer reposo.

Clover frunció el ceño por sus palabras, cada vez sé encontraba mas confundida con la familia que habitaba esa casa. Había pasado por alto la insinuación sexual del chico pero solo por que estaba demasiado desconcertada por no entender absolutamente nada.

-¿Vives aquí? -sé le ocurrió preguntar, con la esperanza de que él chico diga que no.

La sonrisa de Paxton sé amplio, cuando abrió la boca para responder Marylin había vuelto a la escena.

-¡Oh, allí estas! Té he buscado por toda la casa, Clover, este es mí hijo Paxton -ella habló con orgullo. Paxton levanto la mano en forma de saludo, la pelirosa quiso rodar sus ojos.

Definitivamente Paxton parecía ser mas bien adoptado que hijo de Marylin, los dos eran físicamente diferentes al igual que su personalidad. Clover suponía que los rasgos de Paxton probablemente debían ser heredados por otro lado.

-Nos estábamos presentando, madre -la expresión de Paxton sé suavizo alado de su progenitora, sus facciones delicadas solo lo hicieron ver como un chico inocente-. Estaré encantado de llevar sus maletas a su cuarto, bienvenida a los Brycer Clove.

Con una ultima mirada a la pequeña adolescente atónita, Paxton guiño disimuladamente un ojo en su direccion antes de comenzar a caminar a la casa con las maletas rosas en su mano.

-Gracias, cariño. Le daré algo de comer a Clover mientras subes él resto -su madre le acaricio el hombro brevemente.-Que coincidencia, lo estuve buscando por toda la casa para pedirle que ayude llevando tus cosas. Paxton es muy atento, él puede ayudarte en lo que sea -Marylin rodeo los hombros de Clover.

La chica miro hacía la casa por un momento, captando la pequeña mentira que el chico había dicho, pero sin saber que intenciones había detrás. Sé encontró con Paxton observándola desde la ventana, una lenta sonrisa de complicidad sé deslizo por los labios del chico. Como si supiera que el tema de conversación era él.

Paxton empujo con él pie la puerta de la habitación de la invitada, su madre lo había pintado de un rosa que le hacía doler la vista. Dejo la maleta sobre la amplía cama cubierta de una sabana blanca, sabiendo que su madre no iba a dejar escapar a la chica sin hacer que ella coma algo, Paxton decidió aprovechar ese lapso de tiempo.

Abrió la maleta, encontrándose con los artefactos femeninos. Primero había una perfume en forma de labios de plástico, habían muchos labiales de la misma tonalidad rojiza, un espejo en forma de corazón, Paxton tomo una pequeña caja azul en sus manos, adentro habían cintas de seda.

Sus dedos tomaron una, sintiendo la misma suavidad que la piel de la chica, lo llevo a su nariz absorbiendo él olor femenino a rosas y algo mas dulce. Sus jeans negros sé tensaron en la altura de su entrepierna, miro ese punto de su cuerpo con una mueca de disgusto.

Sé encontró mas que contento con su nueva visita, él pensaba que iba a pasar todo ese invierno tratando de deshacerse de la chica pero ahora no podía estar mas agradecido con su madre por traerla. Era como un pequeño conejo. Pero sentía que no era tan inocente como parecía.

No había pasado por alto que la chica lo había estudiado de la misma forma que el a ella, su terquedad logro enfurecerlo pero excitarlo al mismo tiempo. Iba a ser divertido, demasiado divertido para él. Incluso especial, por que podía notar que ella era diferente a las personas a las que estaba acostumbrado.

Pobre Clove Dawson, si ella pensaba que él infierno existía, no se dio cuenta que acababa de entrar en él.

-¿Que demonios se supone que estas haciendo?

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