Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Gemelos malditos

Gemelos malditos

Bajo la apariencia perfecta de la poderosa familia Brycer se esconde un legado de oscuridad y secretos inquietantes. En esta historia de suspense moderno, el amor y el peligro convergen mientras los protagonistas lidian con una relación retorcida. Cada elección es vital en un entorno donde las reglas son tan sombrías como las verdades ocultas. Atrévete a descubrir qué hay detrás de la fachada y el destino incierto que aguarda a estos gemelos malditos.
Capítulos
Compartir

Capítulo 1

•El comienzo•

Las pestañas de Madison Mervey revolotearon sobre la sonrisa que comenzó a tirar de sus labios, resaltando sus mejillas redondas y rellenas. Un gesto que hacía a menudo en las últimas tres semanas que conoció a la persona que según ella le confesó a Sarah Kelly un día sentadas en él porche, iba ser su futuro esposo y que pasarían él resto de sus vida juntos.

"-¿Y quién es? -preguntó Sarah, tratando de contener la emoción que surgía de su interior de ver por fin y luego de tanta insistencia, a su mejor amiga enamorada.

-No puedo decírtelo, prometí qué no se lo diría a nadie hasta el baile de Invierno -dijo Madison.

-Pero falta un año para eso -se extrañó Kelly.

-El va a oficializar nuestra relación frente a toda la escuela, todavía no decidí que vestido ponerme.

Sarah no discutió. Lo cierto era que Mervey nunca había estado enamorada o en una relación formal, ante la insistencia de su amiga que no dio frutos hasta ese verano antes de que comenzarán las clases, Sarah estaba feliz de que Madison por fin sea testigo de las grandes sensaciones que un amorío traía. Y sí faltaba un año para saber quién era el, ¿Quién era ella para juzgarla?"

Paxton Brycer dejó un beso húmedo sobre la mandíbula femenina, provocando otra risilla por parte de Madison, que taladro los oídos del rubio. Se aparto de ella mientras la observaba con una encantadora sonrisa.

-Ya basta, Paxton. Recogí las respuestas de la casa de Brey, el dijo que eran para mañana. Deberías comenzar a copiarlas, puedo dictar si quieres.

Paxton soltó un suspiro, poniendo su mentón sobre el hombro de Madison. Su piel se erizo al sentir la respiración contra la delicada piel de su cuello.

-No le dijiste que venías hacía acá, ¿lo hiciste? -cuestiono Paxton con suavidad.

-No, no le dije a nadie. Queríamos que sea especial para el bailé de Invierno, ¿lo recuerdas? -Mervey mordió la punta de su lápiz, fingiendo estar ajena a las caricias proporcionadas sobre su rostro.

-Muy bien, sí sí lo recuerdo. -el sonrió, complacido y apartándose de ella.

Distinta a la razón a la que Mervey creía que lo hacía, para ella, un gesto que lograba enamorarla cada vez más.

¿Para Paxton Brycer? Un gesto que hacía cuándo sabía que su coartada estaba cubierta.

-¿Lo recuerdas tú? ¿Brey no te hizo olvidarlo? -el rubio se separó de Mervey, cruzando sus brazos sobre su pecho y frunciendo los labios.

Madison de pronto se puso en alerta.

-¿A qué te refieres, Paxie? -su voz sonó llena de pánico.

Paxton mordió su lengua para frenar él vomitó que amenazaba con subir por su garganta al escuchar su nombre cuidadosamente elegido por su madre ser modificado por una ingenua chiquilla un grado menor que el.

-Quiero decir, Brey luce como un buen partido. Pasaste mucho tiempo en su casa en la última semana.

Madison abrió mucho sus ojos, sus manos delicadas se agarraron a los bíceps cubiertos de su novio.

-¡Lo hice por ti! ¡Dijiste que tus notas eran demasiado bajas y que no sabías cómo acercarte a Breyson para que el pudiera darte las respuestas! -Madison habló con tanta rapidez que apenas podía respirar. Dándole la respuesta que el rubio esperaba, pero sin haber hecho la verdadera pregunta-. No hicimos nada, solo me dio un vaso de agua y luego las respuestas, después me fui. No quiero que pases las vacaciones de verano en la escuela por reprobar, Pax.

Paxton quería besarse a sí mismo si eso era posible por al igual que siempre armar un plan tan estructurado como sólo él podía hacerlo. Había estado observando a las chicas del grupo de Mervey hace un tiempo, tratando de elegir cuál de ella se adapta a mejor a sus planes.

La vulnerable Madison fue la elegida, inexperta en el amor, por ende fácil de enamorar y manipular. Hacer creer que lo que tenían era especial y que nadie debía enterarse era solo el comienzo.

Cuándo Mervey había mordido el anzuelo, el le aseguró que no podrían verse en las vacaciones de verano nunca más ya qué sus notas eran bajas. Cosa que era mentira. Le dijo a Madison que Breyson Bikerson era el mejor de la materia y él único que podía ayudarlo, pero no sabía cómo hacerse amigo de el.

¿La respuesta de Madison ? Fue acercarse a su compañero todos los días por una semana con la excusa de que las respuestas eran para ella.

Lo que Madison ignoraba era que Paxton era junto con su hermano gemelo él mejor de su clase, con notas impecables y promedios sobre diez. Su esfuerzo fue en vano, por qué lo único que hizo fue arrastrar al pobre Breyson al plan de Paxton.

El sería el último que vería con vida a Mervey, ya que nadie sabía de su relación con el rubio. Iba a ser él sospechoso y culpable por la desaparición de Madison.

Entonces Paxton junto con su hermano Astyrian ni siquiera tendría un ojo sobre ellos. Por qué nadie sabía sobre la relación de Madison y Paxton. Por qué iban a revelarlo a fin de año para que sea especial y frente a todos.

Por eso nadie debía enterarse. Mervey fue fiel a esa única regla.

-Esta bien, Mads, te creo. Solo quería asegurarme de que tú amistad con Brey fuera sana.

-Lo es, lo prometo.

Paxton volvió a sonreír antes de unir sus labios con lo de Madison, ella cerro sus ojos dejándose llevar, sin ver la mano estirada de su novio tirar voluntariamente la jarra de limonada al suelo. Rompiendo el vidrio en mil pedazos.

-Iré a buscar algo para limpiar esto, si mamá ve este desastre estaré castigo hasta fin de año. No te muevas, Mads.

Depositado el ultimó beso que Madison Mervey experimentaría antes de su muerte, Paxton dejo él cobertizo que se encontraba a metros de su casa. Madison estiró su falda. Sonriendo hasta que luz se cortó, dio un pequeño salto.

La luz de la luna se filtró a través del único hueco del cobertizo del techo, él corazón de la adolescente comenzó a latir con rapidez a medida que daba un pequeño grito cuando la luz volvió y Astyrian Brycer estaba apoyado en él marco de la puerta, con los brazos cruzados.

-Astyrian, me asustaste -río nerviosa, evitando la mirada que sin duda a pesar de ser idéntica a la de su novio, era más penetrante e intimidante.

-Yo té...¿Asuste? -Astyrian preguntó, moviendo la paleta de su boca a la esquina de sus labios.

-Si, apareciste de la nada.

Madison de pronto ya no se sentía cómoda, él ambiente cálido y acogedor que su novio había creado para ella ya no estaba.

A menudo se sintió así cuando Astyrian estuvo cerca de ella.

-Estaba aburrido y ustedes chicos parecen tener bastante diversión aquí -dijo Astyrian, dándole una mirada a todo el cobertizo como si nunca lo hubiera visto. A pesar de que era suyo-.¿Estoy en lo cierto?

-Si, bueno, no -las mejillas de la pelinegra se sonrojaron cuando Astyrian sonrió-.¿Has visto a Paxton? Se fue hace un momento.

-Y ahora ha vuelto -dijo Paxton, adentrándose al cobertizo y trayendo alivio a Madison de que por fin no estaba sola con el extrañó gemelo de su novio.

Paxton trajo consigo una caja pequeña, un par de guantes y finalmente un encendedor.

-¿Por qué trajiste... -Madison se inclinó hacia adelante, para ver el contenido de la caja-. ¿La caja de bisturíes de tu padrastro? Solo eran vidrios, Pax.

Astyrian tiro su cuerpo con pereza sobre el sillón en una esquina, dejando una de sus piernas sobre el reposabrazos del sofá y prendiendo un cigarrillo. Mirando a Madison como si fuera él show mas aburrido que encontró en su plasma.

-Tendremos una fiesta hoy -contesto Paxton, tirándose a su lado y pasando su brazo sobre su hombro.

Madison podía sentir un cambió de aire, culpaba la presencia de Astyrian por eso.

Ese fue su último error.

-¿Una fiesta? Nunca dijiste nada sobre una fiesta -su voz decaía cada vez mas, como un globo desinflándose.

-Oh, Paxie, siempre tan olvidadizo -se burló Astyrian, a lo lejos. Aunque la pareja lo ignoro.

-¿No te lo dije? Tu serás la anfitriona y el entretenimiento de esta noche -Paxton se rió, como si hubiera contado un chiste. Al ver la mirada brillosa de Madison, su rostro cayó-. Relajate, Mads. Solo nos estamos divirtiendo. Nada de otro mundo.

-No recordaba saber nada de una fiesta, solo es eso.

-Ty también estará, si eso no te molesta.

-Asuste a Mads, hace un rato. Creó que a ella si le molesta -comento Astyrian, cambiando de posición en el sofá, acostándose y fumando mientras miraba él techo.

-No, no lo haces -mintió Madison, sintiendo sus manos transpirar cada vez más.

Froto la palma de sus manos contra su falda en un intento de encontrar calidez.

-¿Estás mintiendo, bebé? -la voz de Paxton salió mas melosa de lo habitual-. Los mentirosos deberían merecer un castigó cada vez que lo hacen. Pero estas perdonada. ¿Té gustaría escuchar música?

Madison ya no podía seguir disimulando la tensa sonrisa que llevaba en su rostro para disimular su falta de confort. No sabía a quien tenía en frente, pero ese no era su novio. Una suave música rompió la tensión de la noche, la voz de Elvis Presley lleno el cobertizo.

-Yo, creo que debería irme Paxton-trato de mantener firme su voz. Fallando en el intento-. Se está haciendo tarde.

Astyrian giró su cabeza hacía ella, con el cigarrillo entre sus labios y moviendo sus piernas que colgaban del sillón. Paxton se puso de pie, tendió la mano hacía Mervey y la puso de pie. El vestido de la chica se sacudió ligeramente.

-Paxton, el piso -susurro Madison, sintiéndose por primera vez acojonada bajo la mirada de su novio.

Esto no le gustaba, pero era demasiado tarde para arrepentirse de haber venido. Pero algo le decía que no saldría de ahí.

-No te preocupes por eso, Mads. -dijo Paxton, agarrando sus dos manos-. Luces muy tensa. Deberíamos bailar, recuerda que deberíamos estar divirtiéndonos.

A lo lejos, Astyrian puso los ojos en blanco, tal vez era por la impaciencia la irritación y la falta de humor. O una combinación de todos esos factores juntos.

-Creo que debería irme a casa, mamá debe estar esperándome para la cena.

Mervey quería irse, todo comenzaba a ponerse pesado y tan tensó como una cuerda. Cuándo Asytiran se levanto levanto tan sigiloso como una pantera y se puso detrás de ella fue cuando los ojos de Madison se llenaron de agua, por fin, dándose cuenta de que no tenía escapatoria.

-Dijiste que tú madre trabaja está noche, además-Paxton recordo vagamente -. ¿Por qué irte? Recién estamos empezando.

Cuándo Madison abrió la boca, algo atravesó su garganta, perforando piel, músculo, carne y todo lo que estaba en él caminó del trozo de vidrio roto. Trató de gritar pero nada salió, un segundo ataque vino a su cuello.

A través de su último parpadeo, Madison vio sonriendo a la única persona que amó y estuvo segura de amar.

También te puede gustar

Portada de la novela CASADOS SIN AMOR
8.7
Arnaldo Ferreira se ve obligado a contraer matrimonio con Madison Capetillo, una joven sencilla, para no perder su herencia. Ella acepta la unión por lealtad a su mentor y para costear la salud de su abuelo. Aunque su convivencia es un torbellino de conflictos y deseo, Madison huye al quedar encinta. Tras descubrir traiciones familiares, regresa años después como una influyente figura de la moda, desafiando al hombre que alguna vez la subestimó.
Portada de la novela El Destino Nos Ha Unido
8.9
Lo que debía ser un festejo ideal por sus veintidós años se transforma en la peor pesadilla para Lola Li. En un solo día, la graduada en comunicación enfrenta la traición de su mejor amiga, el abandono de su novio y la quiebra absoluta de su familia. Tras una noche de caos, despierta en un hotel con el vago recuerdo de un extraño. Ahora, Lola debe descifrar si ese misterioso hombre es el aliado que necesita o un peligro mayor para su futuro destrozado.
Portada de la novela La Décima Vez Separación
8.9
Era la décima vez que Máximo y yo rompíamos. Estaba comprando un cochecito de bebé carísimo para su amante en una tienda de lujo. Él me llamó para ordenarme que me mudara a un apartamento de servicio y me preparara para cuidar a su futuro hijo con ella. Escuché su desprecio, su risa, su afirmación de que yo era tan patética que aceptaría cualquier cosa. Luego, Sabrina, su amante, exigió la pulsera de mi abuela. Máximo me la arrancó de la muñeca, hiriéndome, y se la dio como un trofeo. Ella la tiró al suelo, llamándome "niñera" antes de atropellarme con su coche. Desperté en un hospital, la enfermera me dijo que había perdido a mi bebé. Máximo entró, sin preguntar por mí, solo por Sabrina. ¡Me obligó, aún convaleciente y habiendo perdido a mi hijo, a donarle sangre a la mujer que me había arrollado! ¿Cómo podía alguien ser tan cruel, tan vacío de alma, tan cegado por el egoísmo? Mientras mi sangre fluía, el hombre destinado a cambiar mi vida apareció, y con él, un plan para mi venganza.
Portada de la novela Madre sustituta
8.5
Tras la separación de sus padres, las gemelas Dalia y Mariana crecieron en mundos distintos. Al fallecer Mariana, su esposo Damián, un gélido y poderoso director ejecutivo, se sume en la amargura. No obstante, la vida lo pone frente a Dalia, una madre soltera de origen humilde. Impactado por el idéntico físico que comparte con su difunta mujer, Damián decide contratarla para que cuide de su pequeño hijo. ¿Podrá Dalia derretir el hielo del CEO?
Portada de la novela Momento Indicado
8.6
Marcelo, sucesor de un poderoso imperio bancario, vuelve a su tierra natal con una misión clara: recuperar el amor de Daina, su antigua pareja. Aunque él anhela redimirse de sus errores pasados, ella no olvida las traiciones y la arrogancia de quien fuera un incorregible mujeriego. Con el apoyo de su amiga Lucia Meller, el heredero deberá demostrar una transformación real para sanar viejas heridas y ganarse de nuevo la confianza de la mujer que marcó su vida.
Portada de la novela Soy el villano ¿Y que? - Verdades
9.2
Mientras el GEU persigue a Valentina Lorens, Santiago encara una decisión vital previa a su matrimonio. Oliver Lorens resiste con firmeza y Alan se rebela contra su progenitor, jugándose su destino. Calina experimentará el dolor del afecto, a la vez que Edward afronta una verdad demoledora. Entre rumores sobre la supervivencia de Sebastián, brotan traiciones y pactos quebrados. En esta pugna de poder, todos pelearán por sus afectos, aunque la realidad los distancie.