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Portada de la novela Gemelas contra la mafia

Gemelas contra la mafia

Las hermanas Patricia y Fabiola se enfrentan a una peligrosa organización criminal que trafica con oro y reliquias. En medio del caos, Fabiola vive un amor apasionado, mientras Patricia sufre un matrimonio forzado y deslealtades. Buscando consuelo, ella conecta con un poeta enigmático que la comprende. Juntas, estas gemelas unidas por la justicia deberán sobrevivir a una persecución implacable, llena de giros, humor y acción contra la mafia.
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Capítulo 3

Dolida como estaba, volví a entrar al portal de poesías y me puse a leer los versos de "Tornado" , buscando alguna composición que se apiadara de mis decepciones y frustraciones. Habían muchos poemas y todos me parecían súper lindos y románticos. Yo mordía mis labios para no llorar porque me sentía muy lastimada y dolida, decepcionada de mí misma, pensando que quizás el amor no era para mí. Entonces encontré "Amarte".

-Toma mis manos, Patricia,

para sentir la tibia tersura

de tu piel

y compartir tu fuego, mujer.

Besa mis labios, Patricia,

para que tu pasión y ternura

corran por mi ser

y disfrutar de tu amor, mujer.

Juntemos nuestros latidos, Patricia,

para oír la música

que brota de nuestros corazones

enamorados, mujer.

Solo quiero estar contigo, Patricia,

entregarme a tus caricias

y amarte

por siempre, mujer-

Hummmmmmmmmm me sentí en las nubes, extraviada en el espacio sideral. Excitada y extasiada, me volví una gran antorcha de fuego y me percibía deliciosa y maravillosa. Me jalaba los pelos, meneaba la cabeza, suspiraba y gemía pensándome idolatrada como esa Patricia a la que "Tornado" cantaba sus versos muy enamorado y rendido a su belleza y encanto. ¡¡¡Ansiaba que me haga suya y fuera yo la musa que lo inspiraba!!!

Estaba tan emocionada que no dudé en escribirle al imbox de "Tornado". Busqué un pseudónimo para no delatarme y elegí "Gaviota" porque así me sentía leyendo sus poemas, siempre en las nubes, surcando el espacio, disfrutando de los luceros y sus fulgores y quería, además, anidar en el pecho de ese poeta tan sutil, audaz y tan erótico que quemaba mi piel, me excitaba demasiado y desataba muchas descargas eléctricas en todo mi cuerpo remeciéndome y haciéndose sentir deseada. -Me encantan tus versos, desatas la candela de mis entrañas-, le escribí bastante atrevida, mordiendo mi lengüita. En realidad eso era lo que yo sentía. Hubieron muchos otros comentarios algunos a favor otros en contra, críticas, mofas y loas, pero eso no me importaba. Yo solo quería la respuesta de él, que me dijera algo de lo que había escrito.

Pasaron casi dos horas cuando al fin él respondió a mi mensaje. Mi laptop timbró y sentí mi corazón alborotarse en el busto. Golpeaba mis rodillas con insistencia y me jalaba los pelos febril y afanosa, sin embargo "Tornado" solo escribió una sola y miserable palabra: "Gracias", nada más. Me puse roja como un tomate y chasqueé la boca defraudada. Esperé otra hora y no hubo ningún ningún otro mensaje.

Pensé entonces que ese poeta tan adorable que me sacaba de mis casillas, tenía novia, una amante o que quizás esa Patricia que competía conmigo por él, era su esposa. Me sentí muy furiosa, tanto que ni vi televisión, simplemente me metí a la cama, me hundí en mis edredones y me puse a llorar.

A la mañana siguiente, me di cuenta que había dejado mi laptop abierta, víctima de la decepción que me provocó la misita tan escueta, fría y ruin de "Tornado", y cuando me dispuse a cerrarla, vi que había un mensaje. sentí curiosidad. ¡¡¡Era él, "Tornado"!!!

-Cuán hermosa debes ser "Gaviota" que te sueño surcando mi cielo, grácil y maravillosa, cual fulgor de una estrella iluminando mis pensamientos-, fue lo que escribió. ¡¡¡Aaaayyyy!!! grité emocionada, pataleando el suelo, emocionada, rodeada de miles de luces y colores.

*****

Mi padre era doctor y quería que yo siguiera sus huellas en el apasionante mundo de la medicina, pero soy demasiado sensible y tengo escalofríos cuando se trata de inyecciones, agujas y jeringas y por eso elegí estudiar arqueología. Mi hermana gemela Fabiola tampoco siguió las huellas de papá y debido a ello ingresó a la universidad a estudiar derecho porque ansiaba convertirse en abogada igual que mamá.

-Tus hijas tienen sus propios sueños-, reía mi madre viendo la desilusión de papá de que ninguna de las dos hubiese optado por abrazar la medicina. Mamá era una renombrada mujer de leyes, muy solicitada para casos penales y verla ganando muchísimos casos, bastante complicados, apelaciones a gritos, y discusiones enfervorizadas, impresionó muchísimo a Fabiola. Ella, entonces, quería ser como mamá y convertirse, igualmente, en una abogada conocida y exitosa.

Yo en cambio, siempre fui muy curiosa. De pequeña, quedé impactada por las películas de Jones y la Croft tanto que no dudé en convertirme en arqueóloga para decepción de mi padre que soñaba y ansiaba en verme convertida en doctora. Me gustaba escarbar en el jardín, en el closet y muchas veces encontré bastante moneditas lo que me daba ínfulas para convertirme en exploradora como en esas películas de acción. -Descubriré el eslabón perdido-, le prometía a papá riéndome, celebrando mis hazañas, pensando en alcanzar grandes titulares en la prensa y que, incluso, hagan una película de mis hazañas.

-Al menos tiene mucho afán por investigar , quizás encuentre, algún día, un gran tesoro-, se consolaba papá.

Tener gemelas fue también un gran dolor de cabeza para nuestros padres. Mi papá siempre nos confundía a Fabiola y a mí y no sabía, jamás, quién era quién. Las dos éramos demasiado traviesas y revoltosas, igualmente. -¡¡¡Esas dos niñas son dinamita!!!-, rebuznaban nuestros papás cuando encontraban las paredes de la casa pintadas y garabateadas con plumones y crayolas, las sillas rotas, las ventanas tumbadas, los vitrales hechos añicos y los cuadros descolgados, vueltos trizas también. Nos la pasábamos jugando, viendo televisión, haciendo bulla y nos volvimos en el terror del barrio. Como nos encantaba el fútbol rompimos mil ventanas de las casas contiguas y los vecinos desfilaban por la casa reclamando a nuestros padres, exigiendo que nos pongan camisa de fuerza.

Los profesores ya ni sabían qué hacer con nosotras porque las hacíamos rabiar, nos peleábamos con los compañeros, no hacíamos las tareas y cambiábamos de lugar a cada instante para evitar suspensiones y castigos o para disgustar a las tutoras. La directora exigía que mamá nos pusiera listoncitos de diferentes colores pero nosotras, apenas llegábamos al colegio, nos hacíamos la misma trenza y así podíamos hacer mil travesuras aprovechando nuestra idéntica fisonomía, para disgusto de los profesores.

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