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Portada de la novela Follando con el Jefe

Follando con el Jefe

Mauricio Rinaldi no busca una relación estable a pesar de su edad, de hecho le gusta mucho la soledad de su hogar, por esa razón nunca en su vida había llevado a alguna de sus amantes a su casa, ya que este era un santuario. Todo cambia en su vida cuando es contratada una empleada nueva debido a que sus otras dos no cumplían correctamente sus funciones en la casa. Esta chica lo cautivo desde el primer momento que la vio salir por la puerta, todo su cuerpo se excito tan solo ver esa cara de inocencia y aquel cuerpo tan natural. Cansado de follar con modelos, plásticas y falsas. Pero al ver a Amber todo cambia en su interior, desde ese primer instante deseo a morir a esa mujer. Su ambición era tan grande que se ideo un plan para poder tenerla a ella sola en su casa y llevarla a la cama. Follaba con Amber en cualquier momento, mancillando ese cuerpo virginal que lo ponía cada vez más adicto, pero de lo que no se estaba dando cuenta este pervertido millonario era que su obsesión por ella estaba tomando otro rumbo diferente. El camino del amor se hacía paso y él se adentraba sin darse cuenta de que lo estaba haciendo.
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Capítulo 3

—¿Se le ofrece algo más señor Rinaldi? —Gracia le pregunta a su jefe quedándose muy cerca de él. El aroma de ese hombre la enloquecía.

—Quiero que llames a tu madre, necesito conversar con ella.

Ella observa como el rubio le responde sin siquiera mirarla, tomaba su café de una manera como si ella no existiera. Y eso que esa mañana se había puesto una de sus mejores prendas para ir a trabajar.

Aun con eso, ese hombre no volteo a verla.

—Claro señor, en seguida.

—La veo en mi despacho después del desayuno —añade seriamente lo que preocupa enormemente a la morena.

[…]

Esa mañana Mauricio se encontraba en su oficina analizando unos documentos cuando recibe una llamada a su teléfono personal. Al mirar la pantalla del mismo se da cuenta que era Rebeca.

El CEO pone los ojos en blanco, sin embargo decide atender la llamada.

—Rebeca.

—Hola cariño, disculpa que te interrumpa, pero me preguntaba si deseabas tomar el desayuno esta mañana en mi apartamento.

—Sabes que ya he desayunado.

—Entonces, ven por un postre.

El rubio medio sonríe, esa mujer era insaciable y bastante tentadora cuando se lo proponía. Mira la cantidad de trabajo que yacía sobre su escritorio, sin embargo, para un rato con Rebeca ayudaría a aliviar la tensión.

Esa mañana tenía muchísimo trabajo. Pero pensó que podía escaparse un par de horas, de ese modo haría más llevadero su día.

—De acuerdo, iré…

El tiempo que le tomó al rubio llegar al apartamento de Rebeca no fue mucho, luego de aparcar el coche y bajarse del mismo el rubio echa la vista hacia la otra acera por la cual observa pasar a una joven de cabello castaño.

Aquella chica miraba atentamente un papel en sus manos pareciendo bastante perdida, el CEO mira la hora en su reloj dándose cuenta de que no podía perder más el tiempo. Avanza al interior del edificio un poco excitado.

[…]

Amber se detiene a mitad de la calle, mira hacia todos lados y supiera. Estaba perdida, la dirección que su tía le apunto no era de mucha ayuda, no tenía idea a donde debía ir.

Le había dicho que si iba en esa dirección podría encontrar un trabajo como el de ella, pero la verdad es que no le estaba resultando nada aquellas indicaciones.

—Mierda, tendré que regresar.

[…]

En lo que Rebeca le abre la puerta al Mauricio el rubio queda impresionado por el recibimiento que aquella rubia le da. Así que sonríe al mirar a Rebeca llevando una muy atrevida ropa interior.

—¿Qué clase de recibimiento es este? —ella lo toma por la corbata para jalarlo al interior de su casa.

—El que te mereces, cariño.

Mauricio envuelve la cintura de la rubia con cierta posesión para luego juntar sus labios con los de ella. Introduce su lengua en el interior de la boca de ella llenándola por completo de él.

En ese instante oye como Rebeca jadea llevándola a estrechar su cuerpo contra el de él, seguidamente el CEO toma posesión de una de sus piernas elevándola del suelo. Aquel movimiento los acerco un poco más.

Rebeca medio sonríe y Mauricio lo percibe, segundos después la rubia salta sobre él y es cuando el CEO comienza a caminar con ella en brazos hacia la habitación. En cuestión de nada ambos se tumban sobre el colchón sin despegar sus labios.

El CEO desliza una mano por un costado del cuerpo de la modelo hasta coronar una de sus tetas la cual aprieta con fuerza. Rebeca gime de placer y termina por llevar sus brazos por encima de su cabeza.

Mauricio libera una de sus tetas del sujetador, visualiza el pezón rosado y erecto que lo saludaba y termina por metérselo en la boca. Ejerce un poco de fuerza para bajar el sujetador y dejar un poco más libre el seno de Rebeca.

Empieza a chupar con ímpetu consiguiendo que la rubia arqueara su cuerpo y comenzara a jadear. Mauricio termina por deslizar las tiras del sujetador por sus hombros hasta deslizarlo hasta la altura de su ombligo.

Al mirar ambas tetas libres sujeta una con su mano y la otra se la lleva a la boca. Entre tanto succionaba el pezón de una, la otra estaba recibiendo un masaje erótico.

—¡Ahhhh! Mauriciooooo… no te detengas, ¡ahhhh!

Ella solo jadeaba y suplicaba por más, así que los besos de Mauricio se desviaron por el centro del cuerpo de Rebeca. Los vellos del cuerpo de esa mujer se erizaron por completo entre tanto el conducía sus besos hacia su coño.

Lentamente ella comienza a separar sus muslos sin esperar que él lo hiciera, Mauricio empieza a repartir besos por encima de la tela de la pantaleta lo que provoca en ella una reacción esperada.

Arquea su cuerpo permitiéndole a él poder deslizar la prenda de abajo por la curva de su culo. Al mirar el coño de esa rubia libre de ropa, el CEO muerde sus labios entre tanto va acercándose a él.

Con los dedos separa los labios inferiores de su vagina seguidamente pasa la lengua por el centro de una carne rosada y húmeda.

—¡Ahhhh! Joderrrrr…—Rebeca jadea con fuerza al sentir que su coño era atacado por la lengua de ese hombre, era el mejor en el sexo oral, de eso no tenía dudas.

Mauricio abre un poco más los labios de su coño para poder meter la punta de su lengua en aquel pequeño hueco que pedía a gritos atención. Sorbe el interior del mismo probando cierta dulzura que lo incitaba a quedarse allí un buen rato más.

De un momento a otro, siente que la mano de Rebeca sobre su cabeza impulsándolo a que se quede allí por más tiempo. El CEO se aferra a los muslos de la rubia entre tanto le chupa el interior del coño.

Con su habilidosa lengua hace círculos en ese botón rosado logrando que Rebeca diera respingo. La sujeta de los muslos para que no se moviera y es cuando ella sube una de sus piernas a su espalda.

Él empieza a acariciar la misma con suavidad mientras que se afinca contra el coño de ella, su objetivo era hacerla correrse en su boca.

—Ya no puedo más, quiero sentirse dentro de mi Mauricio.

Pero él no estaba dispuesto a complacerla, él deseaba saborearla.

—Mauriciooooooo…. —él levanta la mirada ya que Rebeca recoge su cuerpo alejando el coño de su boca.

Seguido de eso la rubia se arrodilla ante él para empezar a desvestirlo con prisas, siempre era así, a las prisas con ella, que se tomara su tiempo para tener sexo con él era verdaderamente difícil.

Y por otro lado, nunca le permitía hacerla llegar en su boca. Quizás eran detalles, pero esos detalles marcaban mucho la diferencia. Observa como ella le saca la ropa con apuro hasta dejarlo simplemente con los pantalones puestos los cuales le llegaban a las rodillas.

La rubia se tumba en la cama con las piernas abiertas como esperando que él hiciera el resto, no podía decir que se sentía utilizado para darle placer a esa mujer, sin embargo, no le satisfacía del todo que las cosas sucedieran de esa manera.

—Ven aquí, te estoy esperando ansiosa —lo incita con una sonrisa traviesa.

El CEO afina la mirada y piensa que si ella quería jugar de esa manera lo haría, total, con ella no deseaba tener nada serio… hace girar el cuerpo de Rebeca bruscamente y con la misma rudeza jala su ropa interior hasta volverla trizas.

—¡Mauricio! ¿Pero qué demonios haces? Rompiste mi ropa interior.

—¿Te gusta rudo? —musita contra su oreja.

Ella ensancha la mirada, cuando ese ponía como una fiera nadie lo detenía. Lo que le resultaba extraño era que lo sentía un poco enojado y no entendía la razón.

Mauricio separa los muslos de Rebeca y mientras masajea su polla de la cual brotaba un líquido transparente de la ranura de su uretra conduce su pene hacia el culo de la rubia. Ella automáticamente eleva la pelvis para poder recibirlo gustosa.

El CEO antes de penetrar su coño se detiene en seco a mirar su polla desprotegida, rápidamente saca un preservativo de su cartera para cubrir su polla velozmente. Con dos de sus dedos frota el coño de Rebeca sintiéndolo húmedo e hinchado.

Estaba más que lista…

Muerde sus labios al conducir la punta de su pene hacia la entrada de la vagina de ella, al sentir como su pene va penetrando entre cierra los ojos. Toda su vida había cogido con condón, era molesto, pero necesario.

No deseaba hijos, y usar preservativos lo salvaba de eso. La sensación de disfrute no era tan placentera, sin embargo no dejaba de ser buena.

—Quítate el condón, Mauricio. Ya te he dicho que yo me cuido.

—No —gruñe mientras en una embestida penetra el coño de Rebeca por completo.

—¡Ah! mierda —jadea aferrándose a la almohada —. Quiero sentir como se siente follar contigo sin condón.

—Eso no pasara…

El rubio penetra con rudeza el coño de la rubia consiguiendo mover su cuerpo hacia adelante, sujeta su cabellera amarilla enrollándola en su mano.

—¿Te gusta? —la mira de medio lado

—Sí, me gusta, quiero más…

Separa un poco más sus muslos consiguiendo ver el hueco de su ano, el CEO humedece su dedo pulgar con saliva para luego ejercer presión en aquel orificio palpitante.

—¡Ahhhhhhh! Espera…

—No. Haré lo que me plazca contigo.

Hunde un poco más su dedo en su ano provocando que ella comenzará a gemir fuera de control, arquea su cuerpo y oculta su rostro contra la almohada.

Mauricio continua sujetándola por el cabello mientras penetra su coño con fuerza y masturba el orificio de su culo. Observa claramente como su dedo empieza a perderse en su ano provocando que se excite mucho más.

—Joder Rebeca, quiero follarte el culo.

—No, Mauricio no —objeta.

En ese instante ella empezaba a jadear y a menear la cadera contra la pelvis de él, los gemidos de Rebeca eran más intensos y cada vez más sonoros. El nivel de calentura de sus cuerpos fue en aumento.

No transcurrió mucho tiempo hasta que la oye gritar, su cuerpo comenzó a estremecerse, sus caderas se meneaban de una manera que lo incito rápidamente a correrse dentro de su cuerpo.

Cierra los ojos al sentir como explota vaciando los fluidos de su pene dentro del condón. Suelta el cabello de ella para posicionar la mano sobre su cadera, mientras follaba su culo con el dedo con su pene penetraba su coño.

—Mierda que bueno estuvo esto —musita al tiempo que inclina la cabeza hacia atrás.

Su respiración era muy agitada, pero se sentía liberado, aunque siempre quedaba como siempre… vacío e insatisfecho.

Al separarse de Rebeca esta en seguida se lanza sobre sus brazos para besarlo.

—Eso ha estado muy bien, como siempre quedo encantada contigo —la mujer continua repartiendo besos por toda su cara, cosa que a él le parece muy extraño de Rebeca.

—¿Qué es lo que pretendes? —sujeta su cuerpo por los hombros para enfrentarla con la mirada.

—Nada —responde, pero le resulta dudosa su respuesta —. Estoy siendo cariñosa contigo, no me digas que eso no cuenta como parte de nuestros encuentros.

—Prefiero que sea de ese modo.

Con aquellas palabras se aleja de ella dejándola sola en cama.

Ella lo ve meterse en el cuarto del baño mientras que se siente frustrada, era muy difícil ese hombre, ¿Cómo diablos lo iba a hacer cambiar de parecer? Era como si no le interesara una mierda.

Aprieta la mandíbula y decide seguir en pie con tus técnicas, sigue al CEO al baño para intentar retenerlo un poco más en su casa. Su meta era que pasará el día entero con ella… lo ve quitarse toda la ropa para tomar un baño y eso le da una idea.

Cuando Mauricio se posa bajo la ducha su cuerpo se lo agradece, relaja sus músculos y disfruta de la misma. De pronto siente que unas manos de se deslizan por su espalda llevándolo a ponerse tenso.

Mira de reojo a Rebeca y frunce el ceño.

—¿Qué estás haciendo?

—Tomare una ducha contigo, ¿Qué si no?

De todas las cosas que odiaba en el mundo ese era la primera, nunca le gusto compartir la ducha con nadie. Y el que Rebeca no respetara su espacio lo cabreaba.

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