Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Familia Rota: El Reencuentro de Almas

Familia Rota: El Reencuentro de Almas

Traicionada en el registro civil, una mujer encara el retorno de su peor verdugo. Su esposo, un mariachi que en una vida pasada masacró a sus hijos y la condenó a morir en un pozo, planea ahora desposar a su prima. Ella, dotada con el Mal de Ojo, simula sumisión mientras aguarda un rescate. Tras ser secuestrada, descubre que su prima también recuerda el ayer y es su rival. En el momento más crítico, Cuauhtémoc y su pueblo irrumpen para salvarla.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Las lágrimas que él esperaba no llegaron, mi corazón, que en otra vida se habría roto en mil pedazos, ahora se sentía como una piedra lisa y fría en mi pecho. Lo vi alejarse, su silueta recortada contra la luz sucia de la tarde en la Ciudad de México, y no sentí la punzada de la pérdida, sino el alivio de una carga que por fin me quitaba de encima.

Un hombre se me acercó, un funcionario del registro con cara de aburrimiento.

"Señorita, ¿está bien? ¿Quieren… reagendar?"

Negué con la cabeza, recogí mi bolso y me levanté. La silla hizo un ruido desagradable al raspar contra el suelo.

Afuera, el ruido de la ciudad me golpeó como una pared, el rugido de los coches, los gritos de los vendedores, el murmullo incesante de la gente. Era el sonido de la libertad, pero también el de la soledad. En mi vida pasada, este ruido me aterraba, me hacía sentir pequeña y perdida, aferrándome a la mano de él como si fuera mi única ancla en este mar de concreto.

Ahora, solo quería alejarme.

Pero él había pensado en todo.

Mientras caminaba hacia la estación de metro, dos hombres corpulentos, vestidos con chamarras de cuero a pesar del calor, se interpusieron en mi camino. No los conocía, pero reconocí la mirada. Eran de su gente.

"Señorita Xochitl," dijo uno de ellos, su voz era una mezcla de respeto falso y amenaza. "El señor nos pidió que la cuidáramos. Por favor, venga con nosotros."

No me pidieron, me ordenaron.

Intenté rodearlos, pero me bloquearon el paso.

"No, gracias. Puedo cuidarme sola," dije, tratando de que mi voz sonara firme.

El otro hombre sonrió, una sonrisa sin alegría.

"El señor insistió. Dijo que usted es muy importante para él y que no quiere que le pase nada en estos siete días."

Siete días. Esa cifra otra vez. Quería reír. Él no me estaba cuidando, me estaba encarcelando. Estaba asegurándose de que su juguete no se perdiera antes de que él decidiera volver a jugar.

Me tomaron de los brazos, no con brusquedad, pero sí con una fuerza que no dejaba lugar a la resistencia. Me guiaron hacia un coche negro con los vidrios polarizados que esperaba en la esquina. La gente pasaba a nuestro lado, indiferente, cada uno metido en su propio mundo. Nadie vio el secuestro silencioso que estaba ocurriendo a plena luz del día.

Me metieron en el asiento trasero. El coche olía a aromatizante barato de pino y a peligro. Mientras arrancaba, vi cómo la ciudad se desdibujaba a través de la ventana.

Él no solo me había traicionado, me había subestimado. Pensaba que yo era la misma joven indígena, inocente y asustadiza, que lo había seguido ciegamente la primera vez. No sabía que el pozo seco no solo me había matado, también me había enseñado.

El dolor en mi sien se intensificó. Era una buena señal. Mi gente ya estaba en camino. Podía sentirlos, una vibración lejana en la tierra, el susurro de mis ancestros en el viento.

Cerré los ojos, ignorando a los dos hombres que me flanqueaban. No me concentré en el miedo, sino en la rabia. Una rabia fría y paciente.

Él quería casarse con su prima para salvarla de la deshonra, para limpiar su conciencia. Qué noble. Pero no recordaba, o quizá nunca le importó, que en nuestra comunidad, la deshonra de una mujer recae sobre el hombre que la causó. La verdadera deuda no era con ella, era con las leyes de sus propios antepasados.

Y no recordaba el precio que yo pagué por su amor. No solo los hijos que me arrebató. Para estar con él, para que mi "Mal de Ojo" no delatara mi huida, tuve que realizar un ritual dolorosísimo. Tuve que clavar siete espinas de maguey sagrado en mi propia carne, una por cada día de la semana, un sacrificio de sangre para silenciar el llamado de mi pueblo. Las cicatrices, pequeñas lunas pálidas, todavía estaban en mi piel en mi vida pasada cuando morí.

Él nunca supo de ese dolor. Nunca supo del precio que pagué por cada día de un amor que resultó ser una mentira.

Ahora, él hablaba de siete días como si fuera un simple trámite. Siete días para él, una eternidad de agonía para mí en el pasado.

El coche se detuvo frente a una casa en una colonia acomodada. La reconocí al instante. Era la misma casa donde vivimos, donde nacieron y murieron mis hijos, donde empezó mi infierno.

Los hombres me hicieron bajar y me llevaron adentro. Una sirvienta, una mujer mayor llamada Elvira que también había estado en mi vida pasada, me miró con sorpresa.

"Señorita Xochitl… ¿Y el señor?"

"Volverá en unos días," dijo uno de los guardias. "Asegúrese de que no le falte nada. Y de que no salga de la casa."

La última frase fue una orden directa para Elvira, y una advertencia para mí.

Me dejaron en la sala de estar. Todo estaba igual. Los mismos muebles pesados de madera oscura, la misma alfombra persa, el mismo cuadro de un paisaje desolado en la pared. Era un museo de mi sufrimiento.

Me senté en el sofá, el mismo sofá donde le anuncié mi primer embarazo. Él me había besado entonces, lleno de alegría. Una mentira. Todo había sido una mentira.

Elvira se acercó, tímida.

"Señorita, ¿quiere un poco de té?"

"No, gracias, Elvira."

Me miró con lástima.

"El señor volverá pronto. Ya verá. Los hombres a veces hacen tonterías."

Asentí, sin ganas de explicarle que esto no era una tontería, era una sentencia.

Él se casaría con su prima. Y yo, aquí, prisionera en la casa de mis peores recuerdos, solo tenía que hacer una cosa.

Esperar.

El dolor en mi sien era mi reloj. Tic, tac. Cada punzada era un paso más de mi gente acercándose.

Tic, tac. Estaban cruzando las montañas.

Tic, tac. Ya sentían mi llamado.

Cuauhtémoc. Su rostro vino a mi mente. Un hombre de piel curtida por el sol, de ojos serios y profundos. El líder que mi pueblo respetaba. El hombre que, según los ancianos, era mi alma gemela, mi destino. Un destino que yo había escupido por un mariachi de la ciudad.

En esta vida, aceptaría mi destino. No por resignación, sino por elección. Porque mi destino era mi libertad.

Miré por la ventana. El sol se estaba poniendo, tiñendo el cielo contaminado de la ciudad de un naranja sucio.

Para él, esta era una noche de celebración, el inicio de su redención.

Para mí, era la última noche de mi vieja vida. Mañana, todo cambiaría.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Cambio Esposo, Cambio Destino
7.8
Elvira Montoya aparece exigiendo mi boda con Ricardo, pero su presencia detona recuerdos brutales de mi vida anterior. No he olvidado cómo me traicionó, robándome a mis hijos y mi propia vida. Tras mi renacimiento, el rechazo a su propuesta desata la furia de Ricardo e Isabela, quienes me humillan públicamente. Sin embargo, ya no soy una víctima débil. Decidida a cambiar mi destino, uso mi don para salvar a Javier, un matador herido, y así cobrar mi venganza.
Portada de la novela Comprada a la Mafia.
8.5
Emilia Monti siempre ha sufrido el desprecio de su madre y las imprudencias financieras de su hermano. En un acto desesperado por saldar deudas, su progenitora decide subastarla al bajo mundo. Ruyman Bencomo, el implacable heredero de un clan mafioso, la adquiere bajo el nombre de Andrómeda tras quedar prendado de ella. Ahora, convertido en su protector, Ruyman deberá resguardarla de sus rivales mientras una atracción peligrosa florece entre ambos.
Portada de la novela Conquistando la ley (Romanov).
8.4
Dasha Romanov, heredera del líder de la mafia rusa, vive bajo el constante control de su linaje. Su destino cambia al conocer a Dimitri Korovin, un agente del FSB, en una galería moscovita. La chispa entre ambos es inmediata, pero el romance los sitúa en bandos opuestos. Mientras el agente persigue al padre de Dasha, ella debe decidir si confiesa su origen. En este peligroso juego de traición y deseo, su lealtad será la prueba definitiva frente a la ley.
Portada de la novela El Lobo Amado Por Aisha
7.9
Alan anhela el amor de Aisha, pero su pasado romance con la pareja del Alfa le ha dado una reputación que sabotea sus intenciones. Tras ser rechazado, opta por una amistad estratégica para conquistarla. Sin embargo, el Alfa clama venganza y usa el vínculo entre su hijo y la hermana de Aisha para intensificar su hostigamiento. En una manada llena de rencores y abusos de poder, la pareja deberá resistir para salvar su relación y sus propias vidas.
Portada de la novela La Esposa Marcada del Capo: Un Regreso Implacable
9.0
Elena Villarreal, sucesora del Cártel de Monterrey, sufre la traición de Luca y Mateo, sus protectores. Tras ser quemada en un ataque de Sofía Ramírez, sus aliados la abandonan para socorrer a la culpable. Herida física y emocionalmente, Elena busca amparo en Dante Moreno, el implacable Capo de Ciudad de México. Bajo su ala, ella se transforma para enfrentar a quienes la fallaron. Ahora, sus antiguos guardianes suplican una redención que no llegará.
Portada de la novela Matrimonio Flash: La Esposa Vengativa
9.1
Lauren Sterling renunció a su carrera por Julian Drake, cayendo en una trampa de falsa privacidad. Tras ser traicionada y sustituida por su mejor amiga el día de su boda, Lauren se casa por despecho con Alexander Ashford. Él le otorga tres meses para culminar su venganza. Rodeada de peligros, misterios y traiciones, ella deberá luchar por su vida mientras busca hacer justicia contra quienes la humillaron en este oscuro entorno de ambición.