
FACHADA MORTAL Me Volví Su Obsesión
Capítulo 2
POV de Lenny
-¿¡Explicarlo!? -escupí, lanzándole mi bolsa de plástico-. ¿Cómo demonios vas a explicar esto?
La esquivó -siempre había tenido unos reflejos sorprendentemente rápidos- y soltó un gemido mientras se subía los pantalones y se abrochaba el cinturón a toda velocidad.
-Sofía es una amiga.
-Estoy segura de que sí -siseé mientras él se acercaba.
Todavía tenía el descaro de llevar esa sonrisa. Esa sonrisa que normalmente me derretía por dentro y me hacía aceptar cualquier disculpa mediocre que quisiera ofrecer.
Esta vez no.
Y nunca más.
-Len... mira, soy un hombre -se señaló a sí mismo como si no fuera obvio-. Tengo necesidades. Sofía es solo una distracción.
Lo decía con tanta convicción que, si hubiera tenido un poco menos de amor propio, quizás hasta le habría creído.
Me pasé una mano por la cara mientras las lágrimas comenzaban a acumularse en las comisuras de mis ojos.
Ya conocía la respuesta a la siguiente pregunta, pero aun así la hice.
Quizá una pequeña esperanza seguía aferrada a mi corazón mientras este se hacía pedazos.
-¿Por qué no me llamaste ni una sola vez? ¿Por qué nunca fuiste a visitarme? Te esperé todos esos años. Te esperé y no recibí nada... ni una sola llamada.
Se rascó la nuca con incomodidad y de repente elevó la voz.
-¿Qué demonios? Llegas aquí irrumpiendo y solo hablas de ti. ¿Y yo qué? ¿Sabes por todo lo que tuve que pasar durante estos cinco años por tu metida de pata?
Sentí que el suelo giraba bajo mis pies.
Avancé hacia él.
-¿Mi metida de pata? ¡Tú fuiste quien atropelló a alguien!
Le clavé un dedo en el pecho mientras mi tristeza se transformaba en rabia.
Me observó y su expresión se volvió extrañamente vacía.
-Bueno, eso no es lo que dice tu confesión... ni lo que dice el tribunal.
Mis rodillas se volvieron agua.
Me costó todo lo que tenía no derrumbarme allí mismo.
-Rico, maldito...
-Ya no importa lo que pienses de mí.
Se agachó, recogió mi bolsa de plástico y me la lanzó de vuelta.
-La persona con antecedentes penales eres tú, no yo.
Fue como si me hubieran arrojado un cubo de agua helada encima.
No había ni una pizca de vergüenza o culpa en sus palabras.
Solo arrogancia.
Quería marcharme.
Solo escuchar su voz me revolvía el estómago.
Pero me agarró de la muñeca y me obligó a mirarlo.
-¿Y a dónde crees que vas? -preguntó.
Había algo en su tono que me puso la piel de gallina.
-Lejos de esta locura... ¡Lejos de ti! Recuperaré mis ahorros y...
Se echó a reír.
Una carcajada áspera y desagradable.
-¿Qué tan estúpida puedes llegar a ser? -se burló-. No queda nada de esos supuestos ahorros tuyos. Me los gasté.
Esta vez sí me derrumbé.
O lo habría hecho si él no siguiera sujetándome con aquella fuerza de hierro.
-Rico... sabes cómo conseguí ese dinero...
Todo mi cuerpo temblaba.
Había trabajado hasta el agotamiento día tras día.
Aceptando empleos que nadie más quería ni tocar.
Pasando hambre.
Comiendo apenas lo suficiente para mantenerme en pie.
Todo eso no podía haber sido para nada.
No podía aceptarlo.
-Bueno... todavía queda algo.
Por fin me soltó.
Fue hasta la cocina, rebuscó en unos armarios y regresó con un sobre.
-Te quedan unos ocho mil dólares.
Eran siete.
-¿Cómo conviertes doscientos mil dólares en esto?
Aferrándome todavía a una última esperanza, pregunté:
-¿Fue para cuidar a tu Nonna?
Se echó a reír.
-De verdad que eres tonta. ¡Ni siquiera he conocido nunca a mi Nonna!
Lo dijo con orgullo.
Como si engañarme hubiera sido un logro.
Y yo empecé a recordar todas las veces que le presté dinero.
Todas aquellas noches que pasé sola porque él estaba supuestamente cuidándola.
Y cuando asumí la culpa por él.
Pensando que estaba salvando una familia.
Pensando que protegía un vínculo que yo misma siempre había deseado tener.
Le pedí conocerla muchas veces.
Siempre había una excusa.
Por supuesto que no existía.
Sus manos encontraron mis hombros.
-Mira, cariño, ahora que he sido sincero, podemos dejar todo eso atrás y...
No pudo terminar.
Mi puño impactó contra su mandíbula.
Era más grande que yo.
Probablemente más fuerte.
Retrocedió tambaleándose hasta chocar contra la misma encimera donde acababa de engañarme.
La sangre cubrió sus labios.
-¿Pero qué demonios...?
-¿Sabes? El dolor no fue lo único que aprendí en prisión.
Apreté el sobre contra mi pecho.
Mis ojos recorrieron el apartamento.
Parecía caerse a pedazos.
Al igual que mi vida.
Mis ahorros habían desaparecido en el aire.
En ese instante, mi cuerpo entero era un terremoto de emociones.
Pero reuní lo poco que me quedaba.
Mi fuerza.
Mi dignidad.
-Ojalá nunca te hubiera conocido, Rico. Eres un hombre despreciable y horrible. Maldigo el día en que te conocí.
Me marché antes de que pudiera ver mis lágrimas.
Llorando por un amor que nunca existió.
Ese día vagué sin rumbo por las calles de Florida hasta que cayó la noche y el aire se volvió frío y pegajoso sobre mi piel.
En mi mano sostenía un sobre.
Una miserable migaja comparada con lo que alguna vez tuve.
El hombre al que había amado durante ocho años era una basura irreparable.
Todos mis sueños.
Nuestro futuro.
La familia que siempre había deseado.
Todo se había hecho añicos.
¿Adónde voy ahora?
Solo quiero rendirme.
Nada me sale bien.
Perdida en mis pensamientos, una explosión de luz me golpeó de frente.
Escuché el chirrido de unos neumáticos.
Y aun así no fui capaz de moverme.
Las luces cegaron mi visión.
Y en un instante...
Oscuridad.
También te puede gustar





