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Portada de la novela Ex Novio

Ex Novio

Clara llega a una lujosa finca de viñedos con el plan de casarse y unirse a una familia poderosa. Sin embargo, su prometido desaparece sin dejar rastro apenas dos días antes de la boda. Para evitar el escándalo, se ve obligada a contraer nupcias con el hermano mayor del novio, un millonario frío y misterioso. Entre secretos oscuros y una tensión creciente, Clara deberá navegar por traiciones familiares que decidirán su ruina o su ascenso al poder absoluto.
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Capítulo 1

El coche avanzaba lento por el camino de tierra que atravesaba los viñedos. A ambos lados, las vides parecían extenderse hasta donde alcanzaba la vista, un mar ordenado de verdes y ocres que olía a promesas y secretos enterrados.

Martina, mi hermana menor, apretó mi mano con una mezcla de ilusión y nerviosismo. Ella, con sus sueños intactos; yo, con los míos ya bien empaquetados en cajas de cinismo y ambición.

-¿Sabes? -susurró, con esa voz que todavía creía que lo bueno siempre llega-. Este lugar es increíble. Todo parece sacado de una película.

Sonreí, sintiéndome triunfadora, aunque mi boca no quiso delatar lo que sentía. Lujo, sí. Pero también jaula. Esa finca no era un castillo de cuentos de hadas, sino una trampa disfrazada de elegancia y muy  pronto yo estaría al  mando.

-Hermosa prisión -le dije con sarcasmo-. Dos meses aquí, Martina. Dos meses para conocer a la familia, antes de la boda.

Ella me miró, confundida.

-¿Por qué?

-Porque para mí esto no es conocer a la familia. Estoy aquí para ganar terreno y disfrutar de todo lo que algún día será mío. El anillo, la fortuna, el apellido. No me importa si Marco me gusta o no.

Martina tragó saliva y desvió la mirada hacia el paisaje que parecía eterno.

La finca Leone era un monumento al control. Cada piedra, cada rama podada de las vides, cada cortina de terciopelo en los ventanales, estaba ahí para recordar quién mandaba y quién obedecía. Yo estaba a punto de convertirme en un engranaje más.

Al llegar a la enorme puerta de hierro forjado, una mujer de expresión impasible nos recibió. Su uniforme impecable y sus ojos fríos no ocultaban un juicio que nadie, al igual que ella,  se molestaba en disimular.

-Bienvenidas a casa, señoritas -dijo con una voz que intentaba ser amable, pero que se quedaba en lo apenas cortés.

Mientras me acomodaba en la habitación que me asignaron, noté que Martina no podía dejar de observar cada detalle: los muebles antiguos, la alfombra que amortiguaba el sonido de nuestros pasos, los candelabros colgando con luces tenues que iluminaban con un aura casi espectral.

Apenas salimos al comedor, la familia ya estaba reunida. No era un grupo muy numeroso, pero sí suficiente para sentirse observado.

Marco estaba ahí, perfectamente vestido, con una sonrisa contenida que no llegaba a sus ojos. Al verme, me saludó con un ligero movimiento de cabeza, sin acercarse demasiado.

La tensión entre nosotros era casi palpable, aunque la mayoría de los presentes parecían no notarla o preferían fingir que todo era normal.

Entre susurros y miradas cruzadas, la conversación giraba en torno a los preparativos de la boda, el menú, el vestido y las horas que faltaban para el ensayo general.

Pero yo no podía dejar de observar. No a ellos, sino a mí misma en ese reflejo roto de lo que quería ser. Clara, la mujer que aceptaba casarse con un hombre que apenas conocía, no por amor, sino por una promesa de estabilidad y poder.

De repente, un hombre alto y silencioso entró en la sala. Sus pasos eran firmes, su porte imponente. Era Nicolo, el hermano mayor de Marco. Su mirada cruzó la habitación y se detuvo en mí como si pesara cada una de mis palabras no pronunciadas.

No habló, no sonrió, solo asintió con una gravedad que me heló la sangre.

-Así que esta es la prometida -musitó alguien a mi lado-. Clara, ¿verdad? Bienvenida a Leone.

Sentí cómo el sudor frío comenzaba a recorrer mi espalda. No era el calor del verano italiano, sino la presión invisible de un juego que apenas comenzaba.

Esa noche, mientras la finca dormía bajo la luna, mi mente no dejaba de darle vueltas a todo lo que había visto: las miradas, los silencios, las risas forzadas y el aire denso de secretos a punto de explotar.

Sabía que esta historia no terminaría en un "y fueron felices para siempre". Algo oscuro se escondía tras esos muros.

Y yo estaba dispuesta a descubrirlo. Aunque eso significara convertirme en la peor versión de mí misma.

La mañana siguiente amaneció con un sol tan intenso que parecía intentar lavar los rincones oscuros de la finca. Pero ni el aire fresco podía disipar la sensación de que estábamos siendo observadas, juzgadas.

Martina y yo nos levantamos temprano. Ella, encantada con la idea de explorar los jardines, yo con la intención de trazar mentalmente mi plan de juego.

Al bajar a la cocina, la casa ya bullía con los empleados preparando todo para la recepción de ese día. Un aroma a pan recién horneado y café fuerte me hizo pensar en algo distinto a la jaula que me esperaba, pero era solo un instante.

Mientras observaba a los sirvientes, noté que algunos desviaban la mirada cuando los cruzaba, como si tuvieran secretos que no querían compartir. Y entonces escuché murmullos, fragmentos de palabras: "Marco", "último ensayo", "todo debe salir perfecto".

Un escalofrío recorrió mi espalda. Aunque aún no lo sabía, las piezas empezaban a caer en su lugar.

De pronto, apareció Nicolo en el umbral de la cocina, su figura recortada contra la luz del patio. Vestía de forma sencilla pero impecable, y su mirada me atrapó de inmediato.

-Clara -dijo con voz baja, casi en un susurro-. Espero que estés encontrando la finca a tu gusto.

Respondí con un simple "sí", ocultando el temblor que sentí. Había algo en él, en la forma en que sus ojos no dejaban de buscar una respuesta en mí, que me inquietaba.

Mientras él se alejaba, el aire se volvía más denso. Mis sentidos se agudizaron: sentí el sudor en mis manos, el ritmo acelerado de mi respiración, y un nudo en el estómago que sabía era miedo disfrazado de anticipación.

Durante el día, Martina y yo recorrimos la propiedad, pero no pude evitar lanzar miradas furtivas hacia las ventanas, esperando ver a Marco aparecer en cualquier momento.

Esa noche, en mi habitación, el silencio fue interrumpido solo por el latido acelerado de mi corazón. Mis pensamientos me llevaron a un recuerdo borroso, fragmentos de una conversación con mi madre donde se mencionaba algo que no entendí en ese momento: "Él no es quien parece...".

La memoria rota me dejó con más preguntas que respuestas. 

Sabía que ese "él" era Marco, el prometido que estaba a punto de convertirse en el eje de una tormenta que ni siquiera podía imaginar.

Y mientras la luna iluminaba la finca, me preguntaba si realmente quería formar parte de aquella historia... o si era simplemente una pieza más en un tablero de mentiras.

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