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Portada de la novela Estúpido y sensual CEO

Estúpido y sensual CEO

Richard, un ejecutivo de alto nivel, forma parte de la extravagante Asociación de CEOs encuerados, donde sus compañeros buscan a la sumisa ideal. Al ser el único soltero del grupo, soporta constantes mofas de sus colegas por no hallar al amor de su vida. Harto del asedio, decide abrir una convocatoria para contratar a una secretaria en su empresa con la esperanza de cambiar su destino. ¿Hallará finalmente a su mujer ideal o el azar lo sorprenderá?
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Capítulo 3

Primero fueron a una tienda de zapatos muy chic que, en circunstancias normales, Macarena nunca iría porque cada par costaba lo mismo que el alquiler de su piso. La joven señaló un bonito par de tacones rojos, pero Richard se burló diciendo:

- ¡Esos solo los usaría María la del Barrio! ¡Te compraré un par de tacones dignos de una Kardashian!

Y la chica de la tienda le mostró un par de tacones aguja fina, de un tono rojo pero con diamantes incrustados en las orillas. Y unos hermosos rubíes cosidos al centro era lo que le otorgaban un brillo especial.

De inmediato, Macarena sintió que se le caía baba en la boca. No podía creer que aquel desconocido le compraría unos tacones que ni en sueños pensó usarlas. Desde el fondo de su mente, se propuso conquistarlo a como dé lugar.

- ¡Son hermosos! ¡Gracias, señor!

Richard, de inmediato, se sonrojó. Era la primera vez que se sentía cómodo con una mujer ya que, por lo general, siempre se comportaba tímido con ellas. Y es que siempre se sentía intimidado por ellas ya que, apenas lo veían, sentía que éstas lo juzgaban duramente con tan solo una mirada. Pero Macarena era diferente: espontánea, sincera y directa. Todo eso lo adquirió gracias a su falta de educación y necesidad de sobrevivir en un mundo donde el dinero era lo que mandaba.

- Llámame Richard. ¿Y tu nombre es..?

- Macarena.

- Bien, Macarena. Ahora vamos a cenar. Tengo una oferta que puede interesarle.

- ¡Por supuesto, señor Richard!

Salieron de la tienda y se dirigieron a un restaurante de lujo, cuyo nombre es tan extravagante que no lo voy a escribir aquí. Solo decir que era muy chuchi, donde sirven caviar y platillos hechos con carne de unicornio o algún ser mitológico ya que los precios eran tan exorbitantes que se necesitaría donar un riñón para degustarlos sin culpa.

Cuando el mesero vio a Macarena, alzó una ceja y la miró de arriba y abajo, como si fuese un esperpento. Pero luego se fijó en Richard, quien estaba prolijamente vestido como todo CEO de empresa prestigiosa y, al instante, aligeró su expresión diciendo:

- Bienvenido señor, ¿ha hecho una reserva! Permíteme mostrarle el mejor asiento para usted y su… ¿esposa?

- Gracias, buen hombre. Nos gustaría iniciar con las bebidas, así es que tráigame el mejor vino de la casa

- Enseguida, señor.

Fueron guiados a una mesa, mientras que Macarena no paraba de mirar a los alrededores. Al ser un restaurante de lujo, habían muy pocas personas, pero todas ellas estaban bien vestidas y elegantes. Cerca de su mesa, vio a una dama con un vestido negro al cuerpo, un collar de perlas que rodeaban su cuello y un hermoso anillo de diamantes, cuyo brillo le hacía recordar a una estrella.

El mesero se acercó con el vino y sirvió primero a Richard para que lo degustara. El CEO lo probó y murmuró:

- Perfecto. Dime, Macarena, ¿bebes?

- ¡Si, claro! – respondió Macarena, saliendo de su ensimismamiento.

- Sírvele un poco de vino a la dama, por favor.

- Enseguida, señor.

Una vez que Macarena también tuvo su vino, ambos brindaron y bebieron a gusto.

- Esto es más de lo que había soñado – dijo Macarena - ¿No será algún traficante de personas?

- ¡No! ¡Claro que no! – dijo Richard, entrando en pánico – en realidad, estoy compensándola por casi haberla atropellado y… además…

Richard enmudeció de pronto, ya que no estaba segura de si decirle la verdad de su extraña afición siendo una desconocida. Macarena, por su parte, lo miró expectante para saber qué más quería decirle, dispuesta a aceptar cualquier oferta que la llevaría a mejorar su calidad de vida.

Tras un breve silencio, Richard dio un suspiro y decidió sincerarse con ella, explicándole:

- Estoy en un serio aprieto. Verás, soy un CEO y pertenezco a la Asociación Cultural de CEOs Encuerados. No sé si escuchó sobre eso.

- Sí, escuché rumores. Pero no los tomé en serio.

- Pues los rumores son ciertos: ahí, los CEOs nos reunimos para dar informes de avances en nuestras empresas... y relaciones amorosas. Y estoy en mala racha porque ya llevo tiempo a la asociación y no tuve suerte en el amor.

- ¡Oh, qué lástima!

- Y entonces decidí abrir una vacante de secretaria para, luego, que podamos tener una “relación prohibida” y consumar nuestro amor. Ese tipo de romances es lo que más atrae a la asociación no sé por qué. Quizás por el tema de que lo prohibido siempre atrae, ja ja ja.

Richard, repentinamente, se puso nervioso. No sabía por qué le estaba contando todo cuando ni siquiera sabía quién era. Así es que esperaba que ella lo viera como bicho raro, se levantara y lo dejara plantado ahí con la cuenta en mano.

Pero, repentinamente, vio que Macarena cruzó las piernas, las frotó y, con ojos vidriosos, le dijo:

- ¡Ay, que casualidad! ¡Justo estaba buscando un puesto de secretaria porque me despidieron en mi trabajo de mesera!

Eso último era mentira, pero pensaba que si quería causar un mayor impacto, debía dar una imagen de lástima a su futuro novio millonario. Y, de paso, largarse de ese lugar tóxico, lleno de clientes pervertidos y compañeras de trabajo fastidiosas que eran más falsas que DVD vendido en la calle.

- ¡No te imaginas lo que me pasó! – continuó Macarena, tomando una servilleta que estaba sobre la mesa para enjugarse sus ojos con ella – Yo estaba trabajando tranquilamente en mi trabajo hasta que un niño se cruzó por mi camino, tropecé y derramé la comida a un cliente. El jefe me despidió y ahora vivo en una pieza de una residencia de mala muerte. Pero si sigo así, terminaré viviendo en las calles. ¡Ay, con lo difícil que es conseguir trabajo! ¿Qué será de mí, si solo soy una pobre huérfana solitaria que no tiene dónde caerse muerta? ¿Acaso mi destino es ser mendiga… o prostituta? ¡No! ¡No quiero prostituirme! ¡Quiero entregar mi virginidad solo al hombre de mi vida!

“Pobre, huérfana… ¡y virgen! ¡Es la sumisa perfecta!” pensó Richard, con optimismo.

- Oh, no llores. Si quieres, puedo recomendarle a mi empresa que te den el puesto de secretaria. Les hablaré muy bien de ti. Hasta falsificaré tu CV para que te acepten más rápido.

- ¿De verdad harías eso por mí?

- ¡Claro! Dije que te recompensaría por casi haberte chocado. Y a la vez, me ayudarás a ser el ídolo de la asociación. ¿Trato hecho?

- ¡Trato hecho!

Se estrecharon las manos en señal de cerrar el acuerdo y, mientras cenaban caviar venido de las místicas tierras de la India, cada uno en sus mentes pensaban que habían ganado esta partida:

“Por fin tengo a mi sumisa. ¡Dejaré de ser la burla de la asociación! Aunque es muy alta para mi gusto, pero no importa. A estas alturas, no me conviene ser tan exigente. Por lo menos está guapa, quizás pueda contratar a un asesor de imagen para que la oriente en su vestimenta y quedará perfecta”

“Al fin saldré de la pobreza. No será apuesto y es más bajo que yo pero… ¡a quien le importa! Lo que importa es lo que lleva entre sus piernas… y sus bolsillos. Se ve algo ingenuo, así es que podré manipularlo para que se enamore de mí y quedarme con su fortuna”

Salieron del restaurante, tomados de las manos. Richard la acompañó hasta su casa y Macarena le dijo:

- Muchísimas gracias por su generosidad, señor Richard. Mañana me presentaré en la oficina.

- La estaré esperando, señorita Macarena. Hablaré con los de Recursos Humanos para que te acepten de inmediato.

Macarena entró a su cuarto rentado, se sacó sus tacones recién comprados y comenzó a saltar de la alegría. Todavía no podía creer lo que le acababa de suceder, pero sucedió. Y estaba dispuesta a todo para no perder esa oportunidad de al fin poder salir de la pobreza.

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