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Portada de la novela Esta Vez, Me Caso Con tío del Prometido

Esta Vez, Me Caso Con tío del Prometido

Traicionada por Ricardo y la impostora Ximena, Ana muere tras ver cómo su tío Mateo es herido. Inesperadamente, despierta un día antes del ataque con sus recuerdos intactos. Decidida a evitar la tragedia y desenmascarar a la falsa heredera Fernández, contacta a su hermano Javier para ejecutar un plan de venganza. En esta nueva oportunidad, Ana dejará de ser una víctima para tomar el control total y dictar las reglas frente a quienes la destruyeron.
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Capítulo 2

Me desperté en una bodega abandonada y fría, el olor a humedad y polvo me llenaba la nariz. Tenía las manos y los pies atados con una cuerda áspera que me lastimaba la piel. Frente a mí, Ximena me miraba con una sonrisa torcida, una expresión que nunca había visto en el rostro de la chica que yo creía era mi amiga.

"Ana, ¿por qué pones esa cara?"

Su voz era dulce, pero sus ojos estaban llenos de un odio que me heló la sangre.

"¿No entiendes lo que está pasando? Te lo diré claramente, tú no eres la verdadera hija de la familia Fernández, yo lo soy."

Me quedé en shock, sin poder procesar sus palabras. ¿De qué demonios estaba hablando? Yo había crecido como Ana Fernández, la hija consentida de una de las familias más ricas de la ciudad. Ximena era la hija de una sirvienta de nuestra casa, siempre tímida y callada, la había tratado como a una hermana.

"La verdad es que nuestras madres nos intercambiaron al nacer."

Continuó Ximena, su voz ahora llena de un placer cruel.

"Tú, la supuesta señorita, no eres más que la hija de una sirvienta. Y yo, yo soy la verdadera heredera de todo."

Mi mente daba vueltas. Esto no podía ser real, era una locura, una broma de muy mal gusto.

"Estás mintiendo."

Logré decir, con la voz temblorosa.

"¿Por qué dices algo así?"

Ximena soltó una carcajada, una risa aguda y desagradable.

"¿Por qué? Porque mi mamá me lo confesó antes de morir. Ella lo dijo, así de pasada, que yo era la verdadera hija de los Fernández. Dijo que te robó la vida que me pertenecía."

La absurdidad de sus palabras me golpeó. ¿Una confesión "de pasada"? ¿Y por eso me había secuestrado? La rabia empezó a superar mi miedo.

"¡Estás loca! ¡Eso no tiene ningún sentido!"

Le grité, luchando contra mis ataduras.

"¡Llámale loca a tu madre! ¡Ella fue la que me robó mi vida por veinte años!"

Ximena gritó de vuelta, su rostro contorsionado por la furia. Luego se calmó y me miró con frialdad.

"Pero ya no importa. Ahora todo volverá a su lugar. Y para que no estorbes, mis hombres se encargarán de ti."

Señaló a dos tipos grandes y con cara de pocos amigos que estaban parados en la esquina. El miedo volvió a apoderarse de mí.

"Los contraté para que te llevaran lejos, muy lejos. Te atarán a una piedra y te tirarán al mar. Nadie volverá a saber de la falsa señorita Fernández."

El pánico se apoderó de mí. Iban a matarme. Empecé a gritar, a suplicar, pero Ximena solo me miraba con desprecio.

Justo en ese momento, la puerta de la bodega se abrió de golpe. Era Ricardo, mi prometido. Un rayo de esperanza se encendió en mi pecho.

"¡Ricardo! ¡Ayúdame! ¡Ximena se volvió loca, quiere matarme!"

Corrí hacia él, o más bien, intenté correr, tropezando con mis pies atados. Pero Ricardo no se movió. Su rostro estaba impasible, frío. Miró a Ximena y luego a mí.

"Ana, ya basta de dramas."

Su voz fue como un balde de agua helada.

"Ximena ya me lo contó todo. Me mostró la prueba de ADN. Ella es la verdadera hija de los Fernández."

Me quedé paralizada, el corazón hecho pedazos. La traición dolía más que las cuerdas en mis muñecas.

"¿Tú... tú le crees a ella?"

Tartamudeé, sin poder creerlo.

"Los hechos son los hechos, Ana. Y ahora, la fortuna de los Fernández le pertenece a ella. Mi compromiso, obviamente, es con ella."

Él, el hombre que decía amarme, me estaba abandonando en el peor momento de mi vida, aliándose con mi secuestradora por dinero. La desesperación me ahogaba.

De repente, la puerta volvió a abrirse. Era Mateo, el tío de Ricardo. Un hombre bueno y amable, que siempre me había tratado con cariño. Era conocido por su frágil salud, pero en ese momento, su rostro mostraba una determinación feroz.

"¡Suéltenla!"

Gritó, corriendo hacia los matones.

Mateo luchó con todas sus fuerzas, pero era un hombre enfermo contra dos bestias. Lo golpearon y lo tiraron al suelo. Aproveché la distracción para intentar escapar, arrastrándome hacia la puerta. Mateo, viendo mi intento, usó su último aliento para taclear a uno de los hombres, dándome unos segundos preciosos.

Pero no fue suficiente. Ximena me alcanzó y me empujó con fuerza. Caí, y mi cabeza golpeó contra una viga de metal. Todo se volvió negro. Lo último que recuerdo fue el sonido de un auto acelerando y el grito de Mateo. Luego, un silencio absoluto.

Abrí los ojos de golpe, jadeando. Estaba en mi cama, en mi habitación de la mansión Fernández. La luz del sol entraba por la ventana, todo estaba en su lugar. Mi corazón latía a mil por hora. ¿Había sido una pesadilla?

Toqué mi cabeza, no había herida. Miré mis muñecas, no había marcas de cuerdas. Me levanté y corrí al espejo. Era yo, ilesa.

Tomé mi celular de la mesita de noche. La fecha... era el día antes del secuestro.

Había vuelto.

De alguna manera, había regresado.

El alivio fue abrumador, pero fue reemplazado inmediatamente por una furia helada. Recordé la traición de Ricardo, la crueldad de Ximena, la muerte de Mateo. Esta vez, no sería tan ingenua. No cometería los mismos errores.

En mi vida pasada, cuando Ximena me confrontó, entré en pánico y traté de razonar con ella. Fue un error fatal.

Esta vez, no le daría la oportunidad.

Sin dudarlo un segundo, busqué el número en mi celular y marqué.

"¿Bueno?"

La voz profunda y protectora de mi hermano Javier sonó al otro lado.

"Javier, soy yo, Ana. Necesito que vengas a casa ahora mismo. Es urgente."

Mi voz era firme, decidida. Ya no era la niña asustada. Era una mujer que había vuelto de la muerte para reclamar justicia.

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