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Portada de la novela Esclavo por equivocación

Esclavo por equivocación

Con 263 años, el vampiro Jin vive camuflado como diseñador hasta que un despertar amnésico en un hotel lo cambia todo. Por error, ha marcado sexualmente a un humano, transformándolo en su fuente vital exclusiva. El dueño de esa sangre es Víctor, su implacable y frío jefe. Atrapado por una necesidad biológica que su cuerpo no puede ignorar, Jin se enfrenta a un dilema letal: someterse a un simple mortal para sobrevivir o elegir la muerte antes que la humillación.
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Capítulo 2

Su pullover de rayas blancas y rojas, su jean azul desgastado y zapatillas deportivas, ese era el  conjunto preferido de Jinsu para ir al trabajo. La razón, no llamar la atención en ningún sentido y como en su trabajo el área de diseño supuestamente era la más extravagante y él era supuestamente ¨joven¨ como que no le decían nada por su vestuario.

Se dio una última revisión en el espejo. Sus ojos todavía estaban exaltados por lo ocurrido esa mañana en el hotel, ahora en su casa todavía no había se había podido calmar absolutamente nada. Por lo que los cubrió con sus espejuelos fondo de botellas que ocultaba sus orbes. También lo hacía porque estos tenían la tendencia a cambiar de color cuando menos se lo imaginaba o veía sangre u olía, aunque ahora no sabía cómo reaccionaría dado que había creado un esclavo de sangre.

Por último se pasó la mano por el cabello de color cenizo, un color entre el gris y el negro que no estaba ni para allá ni para acá. Lo odiaba, y eso que no contaba que era prácticamente indomable por la cantidad que tenía ya demás solo hacía que se viera más pálido de normal.

Una vez delante de su asiento se dejó caer pesadamente.

-Otra vez con esas fachas, así no te casarás nunca- uno de los diseñadores que se sentaba al lado de él le preguntó.

Jin no podía decir que realmente le gustara su vestuario, era...práctico. Prefería la ropa ajustada de cuero oscuro mate y el maquillaje en su rostro, ojos delineados y bien marcados haciendo que el dorado de ellos se viera más sensual, ropa que usaba de noche cuando necesitaba algo de sexo y algunas veces sangre de más. Pero no podía ir a trabajar con esas fachas, sobre todo porque no quería que nadie reconociera su doble identidad o como él lo llamara.

-¿Oye, te sientes bien?-

Jin no recordaba su nombre, apenas llevaba trabajando dos meses en aquella empresa y no tenía buena memoria para detalles como esos, al final, era una pérdida de tiempo, los humanos siempre se morían. Aprender los nombres creaba un tipo de lazo, lazo que él no quería, prefería ser un alma libre.

-Si, por qué lo preguntas- hizo una sonrisa incómoda.

-Porque te vez como una mierda. Incluso tu forma de caminar, por no decir tu piel. Se te ven las venas-

En primera que sutileza tenía ese hombre. En segunda. ¿SE LE VEN LAS VENAS? ¿YA? Pero si apenas habían pasado unas pocas horas. Los síntomas de deterioro no podían aparecer tan rápido.

-Con permiso- agarró su bolso y corrió en dirección al baño sin importarle chocar con cualquiera que se le metiera en el medio.

Cerrando la puerta con pestillo del cubículo se sentó sobre a taza de uno de los retretes y rebuscó en su bolso. Específicamente en un bolsillo secreto que él mismo había diseñado cuando confeccionó su bolso. De allí sacó una pequeña bolsa del tamaño de su mano con un líquido rosado claro y casi transparente.

Hizo una mueca con el rostro. Sangre reforzada químicamente. Lo único que le permitía a los vampiros poder sobrevivir bajo la luz del sol y ocultar sus acostumbrados ojos rojos y colmillos. Y la muy maldita mercancía costaba un ojo de la cara y la mitad del otro. Sudaba todo el desgraciado mes para poder pagar cuatro bolsas que tenía que distribuirlas durante todo el mes.

Normalmente tomaba sangre día de por medio fuera de las bolsas normales que guardaba en la nevera o de alguien que pudiera sacarle un poco sin que se diera cuenta, y una vez por semana la reforzada. Lo que ocasionaba que a veces estuviera más débil de lo normal y pudiera ser presa fácil para algún otro vampiro regado por ahí, pero no podía darse el lujo de que lo descubrieran. Y comprar más sangre en el banco secreto donde mismo conseguía la reforzada, era un lujo que no podía darse. El dinero no le llegaba por tubería.

Resopló y abrió el pequeño tubito de donde comenzó a tomar el líquido que esta vez le resultó amargo e incluso asqueroso. Casi tuvo el reflejo de vomitar. Pero mantuvo el contenido en la boca y lo tragó. No podía darse el lujo de escupirlo y menos dado su estado.

Pero si la cosa seguía así estaría en problemas, esa era la dosis de la semana venidera. Y de paso tuvo que tomársela completa pues los síntomas no parecían desaparecer. Una vez que toda la sangre estuvo en su sistema se dejó caer hacia atrás. Su cuerpo picaba pero al menos la piel comenzaba ser más humana.

Sintió alivio ante esto y esperó no tener más problemas, por lo menos a lo largo de la semana. Ya tenía suficiente con tener que pensar como compraría la bolsa de final de mes.

Una vez que regreso a su asiento el hombre de al lado volvió a clavar sus ojos sobre él.

-¿Te pusiste maquillaje?- volvió a preguntar y Jin se molestó por su insistencia. No le gustaba la gente que se metía en asuntos ajenos.

-Sí, me maquillé- respondió con una sonrisa forzada.

-JIN- alguien gritó su nombre desde la puerta de la gran oficina. El nombrado se giró exaltado viendo que una mujer lo llamaba. Era la directora de toda esa planta- El Presidente desea verte-

El vampiro no fue el único que palideció. Victor Niles, un hombre de unos 32 años era conocido por su carácter tan frío que podía congelarte con la mirada o al menos eso era lo que había escuchado Jin. Sus caminos nunca se habían cruzado. El tipo podía controlar su multimillonaria empresa desde el asiento de su oficina y así producir más dinero. Era todo un misterio.

Pero que fuera llamado así no parecía nada bueno. Rezó para que no lo expulsaran. No recordaba haber hecho algo mal ¿O sí?

Caminó detrás de la mujer seguido de la mirada de lástima de los demás trabajadores hasta el elevador. Ella solo marcó el último piso y le hizo pasar mientras ella se quedó en la puerta.

-Su secretario está allá arriba. No hables más de lo necesario- le advirtió ella.

Jin cerró los ojos y asintió con la cabeza. Tratar con humanos no era tan difícil hace 200 años atrás. Recordaba que los vampiros habían estado en la cima de la cadena de alimentación.

¿Qué demonios había ocurrido en los últimos años?

¿Era él ahora la presa?

Parecía que sí.

Esperó que el elevador se detuviera y la puerta volviera a abrirse y efectivamente un humano alto, trajeado, de cabello negro y ojos marrones lo esperaba allí. A él si lo había visto, pocas pero contaban. Aunque de cerca era más alto y corpulento y hasta apuesto.

Jin, céntrate que te van a botar y nunca más lo vas a ver. Se dijo para sí mismo y siguió al hombre que lo guío hasta una enorme puerta de madera más pulida que el piso. El secretario la tocó con los nudillos y una voz grave se sintió desde adentro.

Jin pudo jurar que tembló ligeramente pero no pudo saber el por qué.

Pasó detrás del secretario hacia una oficina que era del tamaño de toda la planta prácticamente. Toda acristalada por donde entraba tanta claridad que los ojos de Jin molestaron aun con los anteojos y los cubrió con el borde de la mano.

Al sentir la mirada del secretario sobre él recobró la compostura pero tuvo que bajar la cabeza para que sus ojos no se frieran. Era una copia barata de humano después de todo.

-¿Es él?- la misma voz que oído antes retumbó en las paredes.

Jin no pudo evitar alzar un poco la vista para saber quién era su Presidente y se sorprendió. Esperaba que fuera alguien estirado o algún humano de belleza común, pero este hombre era una bestia.

-WOW- se le salió y hasta el hombre detrás del mueble de madera y cristal separó la mirada de los papeles que revisaba.

Jin se mordió la lengua mientras era testigo de todo su aspecto. Tenía un rostro masculino que no dejaba de ser hermoso y salvaje que llevaba completamente afeitado. Gruesas cejas encima de un par de orbes azules Prusia, ni oscuros ni claros. Una nariz delgada y unos labios que le hizo morderse los suyos. Bendita la persona que los hubiera podido besar.

Su cabello lo llevaba en un estilo completamente diferente a los hombres de su edad, era más corto atrás rozándole la nuca mientras adelante era más largo, aunque lo peinaba relajadamente hacia atrás, había algunos finos mechones que acariciaban sus altos pómulos. Y de un color oscuro con reflejos rojizos y marrones que completaba su perfecta imagen.

Y si hablaba del cuerpo, lo que podía al menos ver era unos hombros amplios y un fuerte pecho bajo un elegante traje negro  y su corbata roja a juego con su cabello. Hacía años que Jin no veía a nadie así por lo que casi le levanta el dedo dándole el aprobado pero se contuvo.

La mirada del tipo era peligrosa. Lo había dicho. Parecía una bestia en un cuerpo humano.

-¿Tú fuiste quien hizo estos bocetos?- Victor alzó la barbilla y lanzó sobre la mesa un sobre con algunos dibujos detallados de una idea que se había propuesto a los diseñadores a desarrollar.

Jin asintió con la cabeza.

Victor alzó una ceja interesado en el sencillo chico pero que tenía talento. Mucho realmente.

-Voy a usar tu concepto para la próxima campaña de maquillaje. Tráeme una propuesta de producto final- le dijo volviendo a leer el resto de documentos pendientes.

-Para cuando lo necesita- Jinsu se atrevió a preguntar.

-Para mañana-

La vena de la sien de Jinsu palpitó en su sien y se aguantó una buena dosis de palabras obscenas para decirle al hombre. ¿Qué se pensaba que era el diseño? Necesita al menos una semana para tener todo como a él le gustaba. Maldito explotador. No le pagaban horas extras. 

Pero antes de protestar la voz de Victor se volvió a escuchar.

-Para mañana tráeme aunque sea la muestra de color y la distribución de las recursos sobre los soportes que usaremos- Jinsu volvió a respirar- Y llega a las cinco de la mañana-

El vampiro frunció el ceño tras sus gafas.

-¿A las cinco?-

-Iremos al estudio donde se preparan las fotos. Quiero un trabajo que no tenga que estar pagando por gusto y no tengo tiempo para errores. Así que irás con nosotros- alzó su ojos y lo miró por debajo de sus espesas y largas pestañas- Compórtate cuando estés allí y...- lo repasó de arriba abajo- Lleva un traje, estarán personas importantes-

Jin pestañeó y se tensó. Al notar esto el secretario a  su lado se inclinó hacia él.

-¿Qué ocurre?-

Jin no puedo mentir.

-No tengo uno-

-¿Un qué?- el hombre no pareció entender.

Los ricos y su poca cabeza. Jinsu quiso golpearlo.

-No tengo un traje-

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