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Portada de la novela Esclava del enemigo de mi Ex esposo

Esclava del enemigo de mi Ex esposo

Tras soportar tres años de indiferencia, Lissandra abandona a Marcus. Un encuentro íntimo con un desconocido la deja embarazada y, tiempo después, su hijo Erick requiere una transfusión de sangre vital. Sin opciones, ella recurre a Ashton Gardner, el feroz adversario de su antiguo esposo. Para asegurar la salud del pequeño, Lissandra firma un pacto implacable: convertirse en la esclava y mujer de Ashton por cinco años, rindiéndose a su gélido dominio.
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Capítulo 2

Eran las 12 de la noche y sentí su auto, bajé las escaleras ansiosa, al entrar dejó su abrigo y me lanzó la misma mirada despectiva de siempre. Yo usaba una bata negra trasparente y el babydoll rojo de encaje.

- Hola Marc

- Que haces vestida así, te ves ridícula.

- Hoy es nuestro aniversario, quería...

- ¿Aniversario? ¿Querías? Que querías Lissandra, ¿qué me ablandara y te tocara?

- Te preparé una cena.

- Ya comí.

- Marcus... - Me acerqué a él, dejando todo mi orgullo de lado, suplicando un beso, una caricia, pero él me tomó de los brazos y me tiró al sofá

- Entiende Lissandra, me das asco, no podría tocarte, eres fea, eres asquerosa, no puedes compararte a Carolina, ella si es una verdadera hembra.

Mi corazón terminó de romperse esa noche, él terminó con todo el amor propio que algún día pude tener, pude ver en sus ojos solo odio, asco y desprecio.

- Está bien Marcus, esta fue la última vez que te ruego - tomé la carpeta con los papeles de la mesita y se la puse en su pecho con fuerza - estos son los papeles del divorcio y el traspaso de la empresa, no quiero nada, solo firma, ya no está el abuelo así que no hay razón para que sigas encadenado a una mujer tan asquerosa como yo.

Tomé mi abrigo dejándolo helado, me lo puse, tomé las llaves de mi auto y me fui, conduje por horas mientras lágrimas mojaban mis mejillas, por qué Marcus no me amaba, le había entregado todo, por qué me tuvo que ayudar ese día en la preparatoria, por qué tuve que enamorarme de él, no podía parar de llorar, estacioné el auto en la orilla de la carretera y dejé salir mis gritos de dolor, sentía que el alma se me estaba partiendo en mil pedazos, yo lo amaba, solo quería que me diera un poco de su amor, no aspiraba tanto, solo un poco.

Recordé cuando el abuelo de Marcus me adoraba, yo era una genio en matemáticas, pronto me pidió que trabajara en la empresa junto a Marcus, pero mi felicidad fue enorme cuando le dijo a Marcus que me tomara como esposa, ese día algo cambió, Marcus dejó de ser ese joven dulce y atento para transformarse en un hombre frio que no perdía la oportunidad en humillarme... ese dia...

- Fue tu idea ¿cierto? Tú le pediste al abuelo que me casara contigo.

- Marcus, no, te juro que no fue mi idea, pero si tanto te molesta casarte conmigo, rompamos el compromiso, yo no te obligaré a estar conmigo. - Marcus me tomó de los brazos en su mirada solo había odio y desprecio.

- No te hagas la inocente Lissandra, no finjas, sabes que mi abuelo me amenazó con quitarme la empresa si no me casaba contigo, ganaste, pero créeme, tu capricho se convertirá en tu castigo.

Ese día quedó grabado en mi mente, pensé que con todo el amor que le tenía a Marcus sería suficiente, haría que me amara, que tonta fui.

En nuestra noche de bodas, me preparé, compré un conjunto blanco, le entregaría todo mi ser, le daría mi virginidad como mi muestra de amor y devoción, pero él fue una bestia, me dejó adolorida en la cama, me tomó con rabia sin siquiera prepararme, sin siquiera dejar que lo besara o tocara, estuve adolorida por dos días enteros, esa noche después de tomarme se fue y desde ahí dormimos en habitaciones separadas.

Jamás debí creer que con todo mi amor él me llegaría a amar, él nunca me amó y nunca lo hará, y aquí estoy llorando sola, él dolor es tan grande.

Después de llorar por más de una hora, conduje a un bar de señoritas, donde puedes alquilar a un amante, todos los muchachos usan antifaz, así que no sabes quién es, solo eliges su cuerpo, entré y me senté en el bar.

- Que le sirvo señorita.

- Whisky doble - El barman me entregó mi trago y lo bebí al seco. - Otro. - El obedeció y me dio otro.

- Que hace una chica linda como usted bebiendo sola a estas horas.

- Chica linda - sonreí - yo no soy linda cariño, soy fea y asquerosa.

- No digas eso, mírate, tu cabello es rojo como el atardecer y tienes unos hermosos ojos verdes.

- Pero aun soy asquerosa, imposible de ser deseada, ningún hombre me desearía. - Di una sonrisa triste.

- Yo no diría eso... - Un hombre alto, cabello negro me tomó de la cintura y me volteó hacia él, usaba un antifaz, era uno de los chicos que se rentaban.

- Eso no es válido, a ti te pagan para hacer sentir a las mujeres deseadas. Aunque con mi suerte, es a lo único que puedo aspirar, dime guapo, cuál es tu tarifa.

- Para ti, gratis - Su voz era tan varonil, su cuerpo se veía trabajado debajo de esa camisa blanca desabotonada en los dos primeros botones, trataba de mirar sus ojos, pero la oscuridad del bar me lo impedía.

- Hazme olvidar. - Le dije y en ese momento sentí sus labios devorar los míos, una pasión que jamás había sentido, ese era mi primer beso, la única vez que me besó Marcus fue en el altar y solo fue un beso fugaz sin contacto.

Pero este hombre, me devoraba con una pasión que me dejaba sin aliento, me abracé de su cuello mientras él me tomaba en sus brazos y me llevaba a una de las habitaciones que usaban para esto, sacó una llave que sonó con un pitido abriendo la puerta.

Me dejó en el piso, la luz era tenue, había una cama en el centro y un pequeño bar en la esquina, un mueble con juguetes sexuales para intensificar la experiencia, él me volteó y abrió mi abrigo dejándolo caer, me había olvidado que debajo solo traía un pequeño babydoll transparente rojo, y unas bragas de encaje, él dejó salir el aliento.

- Malditamente Sexy, no sé quién te hizo creer que no eras hermosa pequeña, pero eres sexy y muero por perderme entre tus piernas.

El hombre se sacó la camisa, y dejó caer su pantalón solo quedando en ropa interior, su hombría se marcaba, tenía un cuerpo trabajado, sus músculos se marcaban perfecto, sus brazos fuertes me hacían desear estar entre ellos, se acercó y me besó, tomó mi mano y la llevó a su entrepierna y estaba tan dura, era la primera vez que tocaba a un hombre y se sintió tan bien.

- esto es lo que provocas pequeña, eres deliciosa y te lo demostraré esta noche.

El hombre me levantó en sus brazos y me llevó a la cama, me acariciaba con hambre sus manos recorrían mi cuerpo encendiéndolo, jamás había sentido esta pasión, jamás me había sentido deseada, mis manos recorrían su espalda, su pecho mientras él besaba mis labios, mi cuello y devoraba mis pechos, en poco tiempo me tenía desnuda aplastada por su cuerpo, empezó a bajar por mi vientre, separó mis piernas.

- ¡Que haces! - Exclamé, jamás nadie había llegado ahí.

- Saborearte pequeña, que más. - Sentí su lengua perderse en mi pliegues haciéndome gritar y retorcerme, las sensaciones me golpeaban con fuerza, jamás había sentido tanto placer, se notaba que era un maestro con la experiencia de atender tantas mujeres.

En poco tiempo sentí como mi cuerpo temblaba y una sensación de electricidad me consumía llevándome a el primer orgasmo de mi vida, si la habitación no fuera insonorizada, apostaría que mis gritos se habrían escuchado por toda la ciudad.

Al terminar conmigo subió devorando mi piel pude sentir su miembro rozar mi entrada.

- Mi turno pequeña - Dio un empujón entrando en mí sin piedad, era mucho más grande que Marcus, sentía como si estuviera perdiendo mi virginidad una vez más, lancé un gemido.

- Mmm Diooos.

- Estás tan apretada cariño, dime desde cuándo que nadie te toca. - Yo jadeaba mientras él me embestía moviéndome completa.

- Años - Logré balbucear.

Podía sentir su respiración agitada, sus gruñidos en cada embestida, sus besos electrificaban mi piel, estaba tan sensible, el placer me consumía, una vez más llegue a mi orgasmo, mientras él se dejaba ir dentro de mí.

Cuando pensé que había terminado, volvía cambiándome de posición, ahora estaba boca abajo mientras el mordía mi cuello y se metía dentro de mí profundamente, sus grandes manos apretaban las mías mientras yo gemía contra la almohada.

Después de 4 orgasmos al fin se calmó, me acurruqué en su pecho, me sentía abrumada por todo el placer que había sentido, acaricié su pecho dejando algunos besos y pasando la yema de mis dedos por sus abdominales.

- ¿Me dirías tu nombre?

- Erick

- Gracias Erick

- Gracias por qué pequeña.

- Por hacerme sentir deseada, por devolverme la vida.

- Quien te hizo tanto daño cariño, eres hermosa.

- Mi esposo, o mejor dicho mi ex esposo, me enamoré de él en la secundaria, un día unos chicos me dieron un pelotazo tan fuerte que perdí el conocimiento, y él me llevó en sus brazos a enfermería, ese día me enamoré de él, era mi vecino y me dediqué a amarlo en silencio, hasta que lo obligaron a casarse conmigo.

Antes era dulce, pero cuando lo comprometieron conmigo, él empezó a odiarme, hace poco supe que su Ex le dijo que iba a volver con él, pero como yo le había enviado un mensaje que nos íbamos a casar, se sintió traicionada y no volvió.

- ¿tú enviaste el mensaje?

- Jamás. Yo ni siquiera sabía dónde estaba ella.

- Dijiste ex esposo, ¿te divorciarás?

- Así es, le dejé los papeles para que los firmara, además de los derechos de su empresa, que su abuelo me heredó.

- Pero eso te corresponde.

- No quiero nada de él Erick, si mantengo la empresa tendré que verlo a diario y no quiero, quiero irme lejos, donde nadie me conozca y empezar desde cero.

- Entiendo, una chica linda y lista como tú sin duda lo logrará. - Me levanté y pude ver sus ojos, eran azules llenos de una dulzura que jamás había visto, eran del mismo color que el cielo.

- ¿De verdad crees que soy linda? - él sonrió y acarició mi mejilla.

- Eres hermosa, totalmente deseable - se acercó y me besó, con la misma pasión con la que habíamos empezado, nuevamente empezamos a hacer el amor, porque eso era, este hombre enmascarado me hacía el amor, no era sexo, era hacer el amor, me hacía sentir deseada, amada, aunque fuera una mentira, lo actuaba muy bien.

No sé a qué hora me quedé dormida, cuando desperté había una rosa en la almohada, su mascara y una nota.

«Gracias por una noche inolvidable, eres la mujer más hermosa que he visto en mi vida, Erick»

No pude evitar sonreír, nadie había sido tan dulce conmigo jamás, miré y en la mesita de noche había un vaso de jugo un sándwich y un chocolate, con otra notita.

«Come, debes recuperar energías»

No pude evitar emocionarme, este hombre me había hecho la mujer más feliz, aunque fuera por una noche, comí y me puse mi abrigo, no encontré mis bragas así que ajusté bien mi abrigo y Salí, había un silencio como si todas las habitaciones estuvieran vacías, en el primer piso estaba el barman de la noche anterior.

- Señorita, espero que lo haya pasado bien.

- Demaciado gracias.

- Déjeme acompañarla.

- Gracias.

El hombre me acompaño a mi auto, subí y conduje a mi casa, iba derecho a recoger mis cosas, pero en el sofá estaba Marcus, con una mirada sombría con más odio que el normal, podía sentir su mirada clavándose en todo mi cuerpo, aunque yo estaba con una sonrisa llena de placer.

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