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Portada de la novela EPIFANÍA

EPIFANÍA

Epifanía narra ese momento de iluminación donde lo inesperado altera la existencia. En este relato, las fronteras entre el azar y la predestinación se esfuman, cuestionando si gozamos de libre albedrío o si respondemos a un poder oculto. Entre sentimientos de amor y aversión, brota una sospecha: ¿y si nuestro porvenir ya estuviera trazado? Cada elección parece conducirnos, sin escapatoria, hacia un desenlace que fue redactado mucho antes de nacer.
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Capítulo 2

👑Chloe👑

Suelto un bufido de desesperación y cierro mi cuaderno con rabia. Llevo más de tres horas tratando de hacer un informe sobre “El amor en los tiempos del cólera” pero tengo un bloqueo. Me pasó una vez en la secundaria y nunca más, pero luego de la discusión que tuve hace una hora con Tristán, no consigo pensar en nada más que en mis ganas de matarlo con mis propias manos. No puedo creer que el chico con quien estuve dos años y medio de mi vida venga a hacerme una escena de lo más ridícula sólo porque no quiero casarme a los veintidós. Es decir, amo a Tristán, pero apenas estoy en la mitad de mi carrera y ni siquiera estoy en el primer cuarto de mi vida, por qué querría casarme tan pronto. Tristán lo sabe, sabe que tengo muchos planes y le he dicho que él puede ser parte de ellos, pero hace un par de meses que en lo único que piensa y de lo único que habla es de casarnos muy pronto, suena tan desesperado cada que me lo propone. Me frustra tanto y la frustración hace que mis ganas de matar a alguien aumenten y lo único que me quita esos deseos homicidas es el café, así que una vez llegada a esta conclusión decido salir en busca de un cappuccino frío. Tomo mi celular del escritorio y le envío un mensaje a mi madre diciéndole a donde voy. La llamaron de urgencia por una operación que se complicó y tuvo que, de nuevo, renunciar a sus días libres por eso. Mi madre es la doctora en jefe de toda el área de cirugía del mejor hospital de la ciudad, incluyendo cirugía pediátrica, que es precisamente la razón por la que fue. De los pocos detalles que mi madre me dijo, sé que llegó un niño de cuatro años, víctima de un incendio que se había llevado a su abuela, tenía los pulmones llenos de humo, una pierna y tres costillas rotas y una contusión con posible hemorragia cerebral. No culpo a mi madre por acudir al hospital, siempre ha sido una mujer increíblemente fuerte, en especial por el hecho de haber tenido que criar sola a una niña. No conozco a mis abuelos, mi madre nunca me habló de ellos, pero sé que murieron cuando mamá era joven, y sobre mi padre, pues nunca tuve que preguntar, mi madre era ambos para mí y desde pequeña no nos hizo falta, aunque no he visto ninguna foto de una antigua boda o un romance, a veces pienso que seguramente era un idiota y mi madre solo quería olvidarse de él y sacarlo de su vida, así que eliminó todo rastro suyo.

Al asomarme por la ventana veo que el cielo empieza a oscurecer así que decido ir por un abrigo. Aunque la cafetería no está lejos decido ser precavida. Al salir del edificio, saludo con la mano y una sonrisa a Frank, el portero. Camino por la calle hasta llegar a mi cafetería favorita. Está solo a tres calles de mi casa así que voy allí cada semana unas cuantas veces. Entro y el olor a café hace que sueñe despierta con vivir en un lugar así. Me acerco a la cajera y me decido por un cappuccino caliente en lugar de frío debido a la lluvia que indudablemente se aproxima. Lo pido para llevar junto con un pastel de naranja, el favorito de mamá, y salgo de la cafetería.

Al llegar a la esquina de la calle veo a tres hombres en el callejón, de estatura promedio, con ropas desgastadas y sucias. Me conmuevo de su situación y quiero acercarme a ellos para dejarles el pastel que compré, pero sus ojos se fijan en mi presencia y sus miradas me provocan escalofríos. Esquivo la vista y ruego por que el semáforo cambie de una vez, pero no lo hace y eso me pone más nerviosa. Me debato entre si es buena idea cruzar ahora o esperar, pero el constante tránsito hace que desista de la primera opción. Decido seguir caminando una calle más, aunque luego tenga que caminar dos calles atrás y darme una gran vuelta por el vecindario, aun así, es mejor idea que ser asesinada y tirada en un basurero. Pero lamentablemente mi cerebro actuó demasiado tarde y cuando me percaté, los hombres estaban frente a mi bloqueando mi camino.

- Disculpen- digo tratando de sonar lo más firme posible. Tengo miedo, pero trato de no pensar en eso. Tomé clases de karate por cinco años y sé cómo defenderme.

- ¿A dónde vas linda? Apenas nos conocimos. Quédate un rato a charlar ¿sí? - dice el hombre que está al frente mío.

- No, lo siento. Debo irme – trato de avanzar con paso firme con la esperanza de que se quiten de mi camino, pero en lugar de eso, se juntan más y caminan hacia mí tratando de acorralarme hacia el callejón.

- Es una pena – dice el hombre de mi derecha. – Porque enserio queremos conocerte mejor, hermosa. – El hombre de mi izquierda me toma del brazo y me arrastra hacia dentro de la calle. La comida se me cae al piso, pero es la menor de mis preocupaciones en este momento. Me pegan a la pared mientras el tipo que estaba a mi frente se relame los labios y me dirige una sonrisa que me provoca náuseas.

- Suéltenme y déjenme ir-digo parándome lo más derecha que puedo y con el tono más temerario que me sale.

- Claro preciosa-dice el hombre de mi frente- luego de que nos conozcamos un poco.

En menos de un segundo, los dos hombres de mis costados me toman de los brazos y el otro me tapa la boca con una mano y la otra la dirige hacia el bordillo de mi falda. Al siguiente segundo el miedo y la desesperación me embargan por completo al pensar en lo que me puede pasar si no reacciono de forma oportuna, pero mis instintos y unas útiles lecciones de karate toman el control de mis acciones al instante. Lanzo una patada a la entrepierna del hombre frente a mí, que tapaba mi boca y cuando me suelta grito pidiendo ayuda con todas mis fuerzas mientras el hombre de mi derecha me suelta el brazo para cubrir mi boca. Aprovecho que tengo mi brazo libre y le lanzo un puñetazo en la nariz, lo que hace que se tambalee y retroceda unos pasos. El último hombre dobla mi brazo izquierdo hacia atrás y lo sujeta junto con el derecho por detrás de mi espalda, mientras los otros dos empiezan a reincorporarse. El hombre al que golpeé en la entrepierna me mira con odio.

- Ahora ni creas que voy a ser amable contigo, muñequita- dice y empieza a acercarse.

En mi desesperación, le proporciono un cabezazo al hombre detrás de mí, lo que hace que me suelte y corro mareada por el golpe hacia la calle transitada, pero no logro llegar al final y siento unas manos rodearme un pie, y caigo de bruces al suelo. Me doy la vuelta sintiendo el sabor metálico de la sangre en mi boca y veo a uno de los hombres levantarse y colocarse a horcadas sobre mí. Lanzo patadas, golpes y gritos tanto como puedo, pero nadie me escucha y en un momento siento una mano impactar sobre mi mejilla y otra posarse sobre mi boca evitando que siga gritando. Veo el perverso rostro del hombre, que asoma una sonrisa y levanta su mano con la intención de proporcionarme otra bofetada, y luego cierro los ojos.

Estoy segura de haber visto una luz brillante alrededor y luego de no sé cuánto tiempo, siento que el peso que había sobre mi cuerpo desaparece. Abro lentamente los ojos y me reincorporo. No tengo ni idea de qué fue lo que pasó, pero a mi lado están un montón de cenizas formadas como la silueta de una persona. Metros más allá de mí, en donde estaban los otros dos hombres, el panorama es mucho más escalofriante. Los cuerpos de los hombres están tendidos en el suelo, pero casi no parecen hombres. Su piel está carbonizada y los huesos de su cráneo se notan por encima de las cenizas. Su cuerpo está igual. Parecen los esqueletos de la facultad de medicina, pero cubiertos de tierra. No sé qué fue lo que pasó, pero me asusta que haya sido yo. No sé qué hacer. Llamo a la policía y les digo que me atacaron un segundo y al siguiente estaban carbonizados o puedo solo salir corriendo y esperar a que alguien crea que es solo basura del Halloween pasado. Asumo que mi shock duró demasiado, pero se acabó en el momento que escuché una motocicleta acercarse y detenerse frente a mí. Un hombre alto, demasiado diría yo, se para en frente de mí. Lleva la típica ropa de chico malo de los libros: pantalones negros con una camiseta azul marino, unos tenis del mismo color y una cazadora de cuero negra, junto con unas gafas oscuras que completan su look de fuckboy. Es alto y casi puedo jurar que sus músculos se marcan a través del cuero de su cazadora. Me observa de pies a cabeza, posa sus manos sobre mis hombros como comprobando que no esté lastimada o algo.

- ¿Se encuentra bien? - asiento y antes de poder siquiera agradecerle su ayuda, continúa- Debemos salir de aquí, tiene que acompañarme. Hay algo que debe saber.

- ¿Qué? - digo algo desconcertada por las palabras del hombre

- La he estado buscando por más de cuatro años y ahora que la encontré tiene que escucharme y hacer todo lo que yo le diga. Vámonos- me toma de la mano y trata de llevarme tras de él, pero consigo zafarme.

- Espera- digo y me detengo- ¿Qué te hace pensar que voy a seguirte, así como así? Ni siquiera te conozco y aunque agradezco que me hayas ayudado, yo debo irme a mi casa.

- Si alguien viene y nos encuentra aquí con dos cadáveres y uno desintegrado va a hacer preguntas y usted no tiene idea de qué debe responder, así que vámonos de aquí.

- No pienso ir a ningún lado contigo- me cruzo de brazos poniéndome firme. Este día no puede ir peor. Primero tres abusadores y ahora un secuestrador con una extraña táctica.

Me observa fijamente, de nuevo, de pies a cabeza, sonríe de lado, se acerca a mí y dice:

- No es una opción. Es mi obligación protegerla y lo voy a hacer con o sin su permiso, así que si no quiere venir conmigo por las buenas- saca las manos de sus bolsillos- entonces será por las malas.

Eleva su mano izquierda con la palma hacia arriba y la derecha hacia el frente a la altura de su cuello y pronuncia algo que no puedo entender, pero hace que mi visión se oscurezca y que me desplome. Antes de caer completamente y perder la conciencia, logro sentir dos brazos que me sujetan en el aire. Luego, me quedo dormida.

👑🌟👑🌟👑🌟

Me despierto por el calor de mi habitación. Me bajo de una enorme cama y salgo corriendo hacia el pasillo, en busca de mis padres. Es extraño que me sienta tan pequeña cuando soy ya una adulta. Siento como si fuera una niña otra vez. Veo mis pequeños pies correr por el pasillo y siento mucho calor en el suelo. Cuando llego a la escalera, veo fuego por todas partes y a mamá y papá en el recibidor tendidos en el suelo sin moverse.

- ¡Mami! ¡Papi!

Corro hacia ellos escalones abajo, pero al cuarto peldaño, siento mis pies hundirse y a mí, cayendo hacia el primer piso. Veo las escaleras sobre mí, alzándose cada vez más, y un dolor intenso me atraviesa la espalda. Solo veo rojo a mi alrededor y luego ya no. Todo se volvió negro.

🌟👑🌟👑🌟👑🌟👑

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