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Portada de la novela ¡Entre el Amor y el Odio!

¡Entre el Amor y el Odio!

Luis Fernando regresa a sus orígenes con el alma endurecida por el dolor, decidido a ejecutar una venganza pendiente. En este escenario hostil se cruza con María Victoria, una joven de alta alcurnia que intenta adaptarse a la dureza del campo tras abandonar la ciudad. Aunque ella desprecia el entorno rural, termina hechizada por el misterio de un apuesto empleado. Entre ambos nacerá una pasión peligrosa rodeada de traiciones y deudas de sangre.
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Capítulo 3

La ira, los celos y el alcohol son muy malos consejeros.

Los Araujo se bajaron de sus monturas y se acercaron a la pareja de recién casados.

Los tres hermanos pertenecían a unas de las familias más poderosas de la región. Don Lorenzo Araujo era dueño de numerosas tierras y casi de todo el pueblo de San José y sus alrededores, él gozaba de gran prestigio y respeto; adonde llegaba un Araujo era causa de admiración; los hijos del hacendado eran los hombres más admirados por las jovencitas, no había ninguna que se resistieran a sus encantos, todas suspiraban por ellos, eran varones recios y su imponente presencia robaban suspiros por donde pasaban.

Antonio era el que causaba mayor admiración entre las muchachas y las no tan jovencitas, más de una casada y alguna que otra viudita disfrutaron de una canita al aire.

No obstante, como pasa constantemente en la vida, aunque tengamos todo el mundo a nuestra disposición, siempre hay algo que deseamos y no podemos tener y para Antonio había una obsesión que tenía nombre y apellido, Micaela Mattordi.

Estaba enamorado de ella y era uno de esos amores que enferman, que no dan paz ni sosiego, la deseaba con tal desesperación que casi rayaba en la locura.

Cada vez que tenía oportunidad se le acercaba y siempre recibía la misma respuesta y el mismo trato.

—¿Cuántas veces tengo que decirte Antonio que no quiero ir contigo a los toros coleados*? —le preguntó Micaela, cansada del asedio del joven.

—Esta noche voy a participar y quiero es estés allí, para dedicarte el trofeo que ganaré para ti, mi reina.

—No quiero que me dediques nada, yo tengo novio y no le gustan esas cosas.

—Ese patiquín es un imbécil que no sabe cuidar como se debe a su hembra, tú lo que necesitas es a un hombre —la agarró por la cintura y la pegó a su torso y la besó a la fuerza, ella forcejeó con él por unos segundos luego se relajó en sus brazos y él fue soltando el agarre y comenzó a disfrutar de esa boca deliciosa con la que soñaba noche y día, acarició ese cuerpo que lo buscaba en cada mujer con la que estaba, la ensoñación se le terminó cuando sintió el mordisco en su labio inferior seguida de una cachetada que le dejó la mejilla ardiendo como las ganas por esa potra.

—No quiero que vuelvas a tocarme —le gritó enfurecida Micaela. —La próxima vez te va a ir peor.

—Tú vas a ser mía como que me llamo Antonio Araujo. —Le respondió él con

resentimiento, la única mujer que le calentaba el cuerpo y el alma, pero también la que lo despreciaba.

Una noche estaba bebiendo en el bar de Clara, el lugar donde se reunían los hombres del pueblo, después de un arduo trabajo en el campo iban y se relajaban, no solo se le ofrecían unas cervezas bien frías, sino también lo usaban para jugar bolas criollas*, Dominó, Ajiley*, inclusive el juego de Truco* cuando se encontraba en el establecimiento el oriental* Eustaquio, como ese momento, ya que los gritos ensordecedores se escuchaban hasta en la plaza del pueblito.

—Ven a mí que tengo flor — dijo Eustaquio en un tono moderado a su compañero, que entendió la seña y lanzó una carta que sutilmente le pedía.

—Flor tengo —respondió el contrincante imponiendo fuerza en su voz.

 —La mía quiere y envía 5 piedras —contesta Taco soltando su carta, ya todos en el bar saben que están jugando Truco.

—Quiero la falta—contraataca el jugador.

Unos cuantos minutos después:

—Truco —soltó el oriental a toda voz, había tal griterío que cualquiera que los escuchara pensaba que estaban a punto de armarse la Sampablera*

—Quiero y retruco, cabeza de playa — Los insultos eran parte importante del juego y ponía la cuestión más interesante.

—Quiero y vale nuevo, pata en el suelo*— Ya en este punto hasta la expresión del rostro les cambiaba y los espectadores alrededor de la mesa no se hacían esperar.

—Quiero y juego, cabeza de hacha — gritó el oriental y el lugar retumbó con su voz y luego lo acompañaron las risas de los espectadores.

Antonio se encontraba jugando dominó cuando escuchó la noticia que era la sensación del momento.

—Hay casorio en el pueblo, la hija del alemán se va a cazar con don Gustavo Montenegro. —Gritó un hombre.

Para el Araujo aquella noticia le cayó como un balde de agua fría y sintió como si el alma se le hubiera salido del cuerpo y en su lugar le entrara un espíritu malo, porque desde ese instante dejó de pensar racionalmente.

El día del matrimonio ahogó sus penas en alcohol y retozó en los brazos de una mujer que repartía cariño en el bar de Clarita, donde no solo había la diversión de los juegos.

Al día siguiente seguía con el cuerpo en llama y con la sensación de perdida devastadora.

Sus hermanos lo invitaron a ir un pueblo aledaño a revisar un ganado para comprarlo. Pasaron todo el día en esa labor, pero Antonio no había dejado de beber, aun el casorio de su catira lo tenía despechado. Al regresar se encontraron en el camino a un carro accidentado y cuando el hombre vio a Micaela, solamente un pensamiento rondó por su alcoholizada mente, hacerla suya tal como se lo prometió una vez.

—¿Qué pasó patiquín se te dañó tu nueva adquisición? —le preguntó Ulises Araujo en tono de burla.

El cuerpo de Gustavo se tensó al ver a los hermanos, ellos habían tenido un par de encontronazos por la que ahora es su esposa, ya que Antonio no perdía oportunidad para tratar de arrebatársela y él, como hombre que era, salía al ruedo a defender lo que le pertenecía.

—Nada que no pueda repararse —dijo Gustavo levantando la cara.

Antonio se había acercado a Micaela y le dijo:

—Has cometido un gran error catira, te casaste con este mequetrefe que con sus juguetes te compró, pero sin ellos es un pobre imbécil, tú lo que necesitas es un hombre de verdad.

Gustavo al escuchar las palabras de su rival se le encendió la sangre.

—Tú a mi mujer no le faltas el respeto de esa manera infeliz —dijo acercándose también.

Víctor y Ulises soltaron sonoras carcajadas, estaban tan ebrios como su hermano.

Antonio se le encimó a Gustavo.

—¿Y qué vas a hacer para que me calle?

—Esto —dijo el Montenegro impactando su puño en el rostro del Araujo.

Sin embargo, en el momento que el alcohol está metido en la sangre de los hombres, estos dejan de pensar con sensatez y el animal que habita dentro de ellos toman el control y cuando vuelven en sí, se dan cuenta de lo que han hecho y ya es demasiado tarde.

Los hermanos agarraron a Gustavo para que Antonio pudiera descargar toda la ira que sentía e inclusive lo animaban para que lo golpeara más y aunque el joven Montenegro intentó defenderse le fue imposible ante la arremetida brutal de su contrincante y luego la de los otros que aprovecharon la oportunidad para desquitarse.

Micaela al ver lo que le estaba haciendo a su esposo se le guindó por la espalda a Antonio y  

comenzó a jalar su cabello y hacerle daño, desesperada para que parara el feroz ataque a cambio recibió un golpe en su delicado rostro que la dejó semiinconsciente, instantes después reaccionó cuando escuchó un disparo, buscó con la mirada de donde había salido aquel ruido y sus ojos se quedaron estancados en el arma que  Antonio llevaba en su mano y de la cual aún salía humo del cañón luego muy despacio vio la dirección adonde apuntaba la pistola y observó a su amado Gustavo tirado en el suelo con su cara bañada con la sangre que brotaba del orificio que tenía en su frente.

A Micaela no le dio tiempo a reaccionar o quizás todo se paralizó para ella en ese momento, aunque si sintió que la tomaron de la cintura, la llevaron a un matorral y Antonio le arrancó la ropa y la ultrajó de una manera vil y despiadada. No luchó, no lloró, lo hacía su alma.

El mayor de los Araujo posteriormente de haber saciado su hambre y cuando los efectos del alcohol se dispersaba de su cuerpo, miró lo que había hecho y sintió asco de sí mismo y la aborreció a ella. Todo ese amor que sentía por la joven se convirtió en desprecio desde ese instante. Se acomodó la ropa y la dejó allí tirada, desnuda en medio del monte, tomó su caballo y se largó sin mirar atrás.

Lo que Antonio no supo fue que sus hermanos también quisieron deleitarse del cuerpo de la mujer más deseada del pueblo y abusaron de ella toda la noche mientras el cadáver de Gustavo Montenegro yacía tirado en medio de la carretera.

*Los toros coleados o coleo: es una técnica y deporte ganadero que consiste en derribar a un toro o res, a caballo o a pie, jalando de la cola.

*Las Bolas criollas: es un deporte practicado en Venezuela y en la ciudad colombiana de Cúcuta. Guarda cierto parentesco con los deportes europeos de las bochas y la petanca. El juego proviene de Europa.

*El Ajiley: es un juego de cartas originario de Venezuela. Es la versión criolla del póquer.

*Oriental: es una persona que es originario del oriente de Venezuela.

*Juego de Truco: es un juego de naipes jugado en Venezuela. Es bastante similar al Truco argentino, pero se diferencia en algunas reglas y cantos.

* ¡Se armó la Sampablera!: Esta frase venezolana se refiere a un problema colectivo enorme o algún tipo de desorden público.

* Pata en el suelo:  se le llama así al que va descalzo, sin zapatos ni alpargatas, por ser "pobre, pobre"

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