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Portada de la novela ENREDOS DEL CORAZON

ENREDOS DEL CORAZON

Jazmín lidia con una cardiopatía grave y la traición de un joven que, tras despreciarla, expone su intimidad ante toda la universidad. En medio de este dolor y con su salud en riesgo, aparece William, un productor radicado en Londres y amigo cercano de su hermano. Surge entre ellos una conexión inmediata y profunda, pero el camino no será fácil. Ambos enfrentarán desafíos externos que pondrán a prueba la fuerza de su amor. ¿Lograrán salvar su relación?
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Capítulo 2

Los días pasaban demasiado rápido, pues ya habían pasado 4 meses, llegué al instituto y me enteré de que sería el último día de Alan, el chico de último año.

— Papasito — dijo Rita, cuando iba pasando Alan.

Él le sonrió y levanto una ceja.

— Ups. — ¿Qué fue eso? — preguntó Mayra.

— ¿No sabias, que estábamos saliendo? — dijo.

— ¿Enserió?

— Así es me ha comenzado, que le escribiste diciéndole que te gusta, y fue algo tan ridículo, porque él jamás se fijaría en ti, solo mírate, eres rogona y ofrecida.

— Cállate Rita — dijo Mayra enojada.

No quería ni siquiera ver al muy estúpido, el juraba que le dije que me gustaba, solo por un estúpido mensaje que decía: <> hash maldición, es un puto cobarde.

— Supongo que pasará ¿no? — dijo Mayra preocupada.

— Pues, si me gustaba, pero no le dije que me gustaba.

— Lo se linda, ¿Has visto la cara de Rita?

Las horas pasaban y yo solo quería irme a casa, porque solo con verlo sentía paz y tranquilidad, esa tranquilidad que perdí desde el día que murió mi padre ya nada fue igual, y su rostro, todo de él me hacían sentir bien.

— ¿Qué haces aquí a esta hora? — pregunté a Mario.

— Hoy regresa William de Londres.

— ¿Quién es?

— Como no recuerdas a mi mejor amigo.

— La verdad estaba pequeña cuando tenías amigos, ¿Cuántos años crees que tengo?

— Cierto recuerdo, que tenías como 12 años.

— Y bueno, ¿será fiesta?

— De hecho, no, nos uniremos en la cafetería del padre de William, Alan pasara por mí.

Trago grueso, porque él dijo el nombre de Alan y al único Alan que conozco es ese…

— ¿Alan?

— Si, Alan, de hecho, me comentó que estaba en tu instituto.

— ¡¡Ay!!, mierda ¿enserió?

— ¿Pasa algo?

— Nada.

Corrí rápidamente a mi habitación, ¿Qué mierda acaba de pasar?

— Bueno, pequeña debo irme Alan esta abajo.

— ¿Aquí en la sala?

— ¿Qué pasa con Alan te gusta?

— Ay no que asco — dije haciendo una mueca de asco.

— Más te vale, porque solo usa a las chicas.

Me quedé muda y me fui a ver, y si era ese Alan, el cobarde ese que dijo que era ofrecido, aunque bueno solo lo vi de espalda.

— Jaz, ¿no iras al instituto? – pregunto mi hermano.

— Hoy no habrá clases.

— Entonces salgamos, hace mucho que no salimos.

— Vale, me alistó y salgo.

Mi hermano era lo mejor que podría tener en la vida, por él aún estaba viva, desde que perdimos a papá él trabaja día y noche para lograr pagar todo y que no, nos embarguen.

— ¿Lista, cielo?

— Si, vamos.

Me puse una falda corta de lona, camiseta, unos botines y una gorra de colores.

— Quiero presentarte a alguien.

— ¿A quién? — pregunté.

— Es mi mejor amigo.

— ¿Así?

De una camioneta se bajó un tipo de 1, 85 de altura, su cabello largo y negro, te-nía puesto un pantalón de ejercicio y una camiseta que marcaba sus cuadros, sus ojos negros y su piel morena, le complementaban su rostro.

— Hermano, cuanto tiempo sin verte, ayer no pude llegar, Mariana y Alan no deja-ban de molestar y mi padre me ha pedido que grabara un video para su cafetería.

— No te perdiste de nada igual, Alan llegó por mí, pero tuve que ir a ver a May.

— ¿May? No me digas que es mi mejor amiga, tienes 27 y ella tiene apenas 17.

— ¿Y que tiene? — preguntó el amigo de Mario.

— Se que tengo que contarte, pero después, por ahora quiero presentarte a…

— Enserió, es tu novia Mario, no me jodas esta súper chica para ti.

— ¿Qué? Ella es Jazmín, mi hermana menor.

El tipo, se quita la gorra rápidamente.

— ¿Jazmín, la niña que le decía a Alan que sería su novia?

Rápidamente borre mi sonrisa, ¿cómo es posible que yo dijera eso?

— Oye, has crecido mucho, te juro que si te encuentro a solas no te reconozco.

— Hace mucho que no te veía – dije con vergüenza.

— Claro tenías como 10 años, si no recuerdo mal, desde entonces te gusta Alan.

— No me gusta ese tal Alan.

— ¿Cómo no me recuerdas enana? — dijo desde lejos

Cuando me volteé vi que no era el mismo Alan, él es ojos marrones, piel blanca y mide 1, 69, es guapo, pero me alegro saber que no es el mismo.

— Así que ella es mi novia — dijo con risas.

— Eran locuras de niña, no me gustas ridículo.

— Que grosera — dijo William.

— Bueno, ya demasiado de tanta platica, vámonos ya.

— ¿A dónde iremos? — pregunté.

— A una cafetería queda cerca de tu instituto de hecho.

— ¿Nos iremos caminando?

— Como se te ocurre princesa — dijo William.

Sus ojos chocaban con los míos de vez en cuando, su mirada era muy hermosa y a la vez daba tranquilidad.

— Sube — dijo William detrás de mí.

Camine para subir en los asientos de atrás, me sentaría con Alan.

— ¿Puedes poner música?

— ¿Qué género te gusta? — preguntó William.

— ¿Puedes poner Auto Rojo?

— Oye, Mario tu hermana me encanta.

Lo mire con nervios, mis manos sudaban, no me gustaba, pero sentía su voz muy seductora, era muy agradable estar entre tres caballeros porque los conozco de años.

— Ya llegamos.

— Tu padre debe de estar bien enamorado, porque mira como diseño esta cafetería parece como para una cita.

— Sonrió — Claro. — respondió.

Alan y Mario se bajaron de la camioneta, yo seguía dormida con los audífonos puestos, mi cabeza estaba cerca del asiento de William, pero una voz me despertó, era como cuando te cae agua helada.

— Princesa ya hemos llegado — dijo quitando los audífonos.

Estábamos tan cerca que sentía su olor muy seco.

— ¿Dónde están los chicos? — pregunté, alejándome.

— Ya se fueron, solo faltamos nosotros dos.

— ¿Entonces que esperamos?

— Bueno primero estaba esperando que despertarás y segunda, porque me cambiaré de comisa — dijo, dejándose sin camisa.

— Saldré te espero afuera — dije.

— Claro — respondió.

Él se bajó de la camioneta y juntos salimos para la cafetería, era la misma a la que nos trajo Arthur el otro día.

— ¿Conoces a Arthur? — pregunté.

— Claro, él es mi hermanastro.

Era como el juego “los enredados” todo parecía salirse del plan.

Dicen que hay secretos que con el tiempo se revelan, porque ningún secreto se va a la tumba.

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