Portada de la novela Enemigos del Amor

Enemigos del Amor

9.6 / 10.0
Tras la desaparición de su madre, Bea rechaza el romance en esta historia de misterio y modern novel. Al cuidar de su padre, se une a Kevin para sanar traumas del pasado. Descubre cómo el afecto transforma sus vidas en este relato de romance stories y superación personal.
Resumen de Enemigos del Amor
Tras ser raptada por un maníaco, la embarazada Emily desaparece, dejando a su esposo Noah y a su hija Bea sumidos en la incertidumbre durante diez años. Bea crece rodeada de dolor y desconfianza hacia el amor, pero la enfermedad de Noah cambia su destino al obligarla a convivir con Kevin. Él es un joven marcado por sus propias heridas que asume su protección. Juntos, enfrentan sus traumas y forjan un vínculo capaz de sanar sus almas en la adversidad.
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Enemigos del Amor Capítulo 1

-Hoy has dormido mucho, demasiado diría yo.

Noah abrió sus ojos de par en par.

-¡Las seis en punto! - dio un gruñido y parpadeó

somnoliento mirando a Emily. -Ahora vuelve a la cama. -Una luz

pálida entraba por la ventana del dormitorio. -Ven aquí. -susurró

con urgencia.

-¡Qué malcriado estás! -Ella sonrió y se inclinó sobre su

torso. Deslizó un dedo por su boca, tirando del labio inferior

ligeramente hacia abajo. Un brillo surcó rápidamente por sus ojos y

ambas manos se aferraron con fuerza las caderas de Emily.

-Eres una mamacita muy sexy, créeme, bien lo sé.

-De eso no me cabe duda. -Suavemente y con intención de

llegar a más, Emily le acarició la camiseta y pasó las yemas de

sus dedos por su torso. Sus delgados dedos se deslizaron más hacia

abajo, llegando hasta el dobladillo de sus calzoncillos.

-¡Para, mujer, basta! -dijo Noah un instante después, con la

respiración un poco entrecortada. -¿Quieres que Bea se despierte?

-Se apoyó en el codo. -Vamos, amor, haznos un desayuno de esos

bien deliciosos que nos llene de verdad. -Tras estas palabras se

produjo un incómodo silencio.

Luego Noah respiró profundamente con fuerza mientras le temblaba

el labio superior. Se acarició la barbilla, y se perdió en sus

pensamientos.

Ofendida, Emily se levantó y clavó los ojos en él. «Cielos,

¿por qué sonreía ahora?» Descalza, se dirigió al armario, y lo

revolvió un poco con ambas manos tratando de encontrar algo que

ponerse. Siempre le pasaba lo mismo, era incapaz de decidirse.

Pasaron los segundos y los minutos.

-¿Te has quedado dormida frente al closet? -le preguntó Noah

sin quitarle los ojos de encima. -No estás dormida, ¿verdad?

¿Estás dormida?

Sacudiendo la cabeza, Emily sacó algo. Se puso una blusa y cogió

sus grandes gafas negras cuadradas. Luego se metió en sus pantalones

de tiro alto acampanados, aunque le apretaban un poco, y examinó su

reflejo frente al espejo por todos los ángulos.

-Mira Noah.

-¿Qué? -le preguntó él bostezando.

-Estoy segura de que voy a hacer todo un show con este pantalón.

-dijo, girando su barriga con una sonrisa traviesa en los ojos.

-Te ves bien, amor. -le dijo Noah tiernamente.

-¡Estoy gorda! -Emily pegó un gruñido chillón y afectuoso

como de niña pequeña.

Noah le lanzó una ojeada, entonces su feroz rugido estomacal le

hizo romper el silencio. -Acaba de ir a la panadería. -murmuró,

pasando su mano suavemente por su abultado vientre.

-Gracias por echarme en cara que estoy gorda. -le dijo Emily y

salió.

Qué calor hacía. La brisa caliente rozaba sin compasión su piel

ligeramente bronceada. «Será mejor que vayamos a pasarnos el día

en la playa con este clima tan asfixiante. Relajados, tomando algo

refrescante en una tumbona con vista al mar.»

Siguió caminando con buen humor por una calle estrecha y larga,

tarareando una de sus canciones favoritas y se metió entre las

florestas de lavanda en flor pasando por delante de una pista de

tenis vacía. Allí, un vecino saludó amistosamente, con una amplia

sonrisa en el rostro y una alegre inclinación de cabeza. Continuó

subiendo por calles angostas, prestando atención a las hermosas

vista de la ciudad cada vez que doblaba una esquina.

Ya casi sin aliento, por fin llegó a la panadería que para su

sorpresa había sido remodelada y amueblada con cosas nuevas y

modernas. Aquí venía siempre porque podía encontrar muchas

delicias y elegir los dulces más increíbles.

-¡¡¡Vamos!!!-Con esfuerzo, Emily empujó la puerta de

entrada.

Inmediatamente, un olor celestial la envolvió. El olor del dulce

aroma despertó en ella recuerdos de la infancia y también se le

llenó la boca de saliva, estaba muy hambrienta.

Qué emocionante era en aquel entonces, cuando no podías esperar

a sacar por fin los dulces de la bolsa. Dicen por ahí, que, si una

mujer embarazada come muchas cosas dulces, tendrá una niña. Así

que, en este momento, con ese pensamiento aumentaron más sus ganas

de dulces y seguro que tendría otra dulce princesa.

Emily esperó en la fila, lo que le pareció una eternidad y luego

de un largo rato, por fin le tocó su turno.

Con el café y una bolsa de papel en la mano, se dirigió de

camino de vuelta a casa. Bebió un sorbo de su té helado y sintió

que el líquido se esparcía lenta y deliciosamente por su cuerpo.

-Simplemente perfecto. -murmuró Emily y notó que su estómago

rugía vigorosamente. En ese momento tenía antojo de devorar un

montón de deliciosos y crujientes panecillos. Sonrió, con ansias de

tener un desayuno abundante y dilatado, y, completamente perdida en

sus pensamientos, pasó por alto un hombre con entradas que se

apoyaba despreocupadamente en un árbol.

En la parte superior de su fuerte brazo tenía un nombre escrito

en verde azulado. Todo el tiempo se quedó allí, sonriendo. Pero, de

repente, estiró el brazo izquierdo, miró brevemente a su alrededor

y, cuando vio que no venía nadie, cogió a Emily por la espalda.

Con fuerza, los brazos de él se prendieron a su enorme vientre

desde atrás y la tiró hacia él con fuerza. Ella gritó fuertemente

de dolor. El vaso de té helado se le escapó de las manos y el

fresco líquido marrón se extendió hasta sus pies.

-¡Dios mío, por favor, no! -suplicaba inútilmente.

Una mano le tapó la boca. Ella la mordió. Algo tenía que hacer

y trató de defenderse con uñas y dientes.

-¡Perra! -maldijo el hombre. -Te vas a arrepentir.

Un quejido escapó de su garganta cuando un paño húmedo con

cloroformo se acercó a la punta de su nariz. Furiosa, echó la

cabeza hacia atrás y hacia delante para escapar del fuerte hedor.

Pero él la sujetaba despiadadamente, le agarraba la cabeza y le

apretaba más el paño contra su nariz.

Al principio, Emily todavía agitaba los brazos, se balanceaba de

un lado a otro sobre sus pies y aspiraba profundamente, sin querer,

el olor con pánico.

Su bolsa cayó al suelo. Furiosa, siguió intentando darle una

patada al desconocido, pero todo lo que hizo resultó en vano.

Aturdida, estudió la escritura garabateada tatuada en su brazo y

leyó la palabra "Freedom". Entonces, sin poderlo evitar, sintió

como el olor cada vez más penetrante nubló sus sentidos y se quedó

dormida.

Lucas se sentó en silencio, esperando. Poco a poco, el

nerviosismo disminuyó y ahora podía pensar con más claridad. No

importa lo mal que se veía toda esta historia. Solo pensaba en el

sitio de entrega. Eso era lo único que le importaba ahora. Eso era

lo más importante.

Rápidamente, recorrió el camarote principal del barco, con los

ojos fijos en la mujer tendida sobre la cama personal. La luz del día

aún se filtraba por las ventanas del casco. Aún estaba dormida.

Sostuvo un cenicero en la mano, lo acarició y sopló con una

sensación de malestar en el estómago. Había llegado el momento.

Brian esperaba que estuviera listo para la acción en cualquier

momento y no se negaría. Su trabajo era simplemente secuestrar a la

mujer, atarla y navegar hasta el punto entrega, nada más.

Bostezó brevemente, pensando en Brian. La conversación con él

retumbaba en su cabeza como un eco de complacencia.

-No puedo olvidarla, Lucas. Simplemente no puedo. Nadie la

quiere como yo.

«Falso, siempre hay alguien que la quiere en alguna parte. Eso

era exactamente lo que temía.»

-Brian, ¿vamos a hacer esto otra vez? ¿No hay una manera más

elegante de manejar esto?

Lucas sabía que Brian se había quedado atrapado en sus fantasías

y locamente le había apuntado a la cara con su pistola como

respuesta: -¿Esto es lo suficientemente elegante para ti?

«¡Maldito gringo! Qué pierdes los estribos fácilmente cuando

te sientes amenazado. Sí, ahí es donde entra la rabia a jugar su

mejor papel.» Lucas frunció la boca despectivamente.

La pistola le había tapado la fosa nasal izquierda. La expresión

de la cara de Brian no presagiaba nada bueno. No se puede jugar con

él. Tenía el sartén tomado por el mango. Siempre. La luna

proyectaba una sombra transparente sobre el mar en calma.

Con la mano, Lucas agarró con fuerza el volante dos horas

después, mientras con la otra se acariciaba ampliamente su rostro

sudado.

-Es ella. Así que esta vez sí es ella. -murmuró, y sus

labios formaron una sonrisa dudosa. -¡¡¡Por fin!!!

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