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Portada de la novela Encuentros Secretos

Encuentros Secretos

Tras licenciarse en Idiomas Modernos, Andrea decide dar un giro radical a su vida trasladándose a Nueva York. Bajo la guía de su primo, logra consolidar una carrera brillante y llena de éxitos. No obstante, el destino la sorprende en una cena de negocios al cruzar su camino con Peter, un antiguo amigo. Esa noche, una chispa imprevista renace entre ambos, planteándoles el dilema de si su intensa relación debe mantenerse en el más absoluto secreto.
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Capítulo 3

Andrea programaba la página web de una de sus clientes más importantes. En la tarde tendría una reunión con el señor Da Silva, conocerse en otras circunstancias y averiguar el porqué de la actitud de su amiga. Parecía un tipo agradable, aunque otra cosa es que lo fuese. Hizo algunas llamadas de rutina. Su papá, hermanos y sobrinos.

Andrea deseaba traerse a sus sobrinos para que crecieran en un ambiente diferente, pero las visas en su país las estaban negando, además eso le causaría un terrible dolor a su padre. Extrañaba tanto a su madre, 19 años de su muerte ese dolor seguía intacto en ella. Sentía que no había disfrutado nada de su mami, la necesitaba tanto.

Todos los 10 de junio desde que estaba en Nueva York encendía una vela en su nombre. En su apartamento le tenía un pequeño altar, no podía creer como pasaba el tiempo, el recuerdo aún estaba vivo en su mente. Su familia se había desintegrado. Dicen que las cosas pasan por algo, tal vez su madre quería fortalecerlos, todos dependían de ella.

Sin darse cuenta soltó algunas lágrimas.

—Te extraño tanto, mamita. —dijo a la nada, pero se vio interrumpida cuando su teléfono empezó a sonar. Limpió sus lágrimas y atendió la llamada.

—Hola querida, ¿Cómo vas con mi página? —saludó cariñosamente Tiffany Evans.

—Tiffany, estoy en ello, lo más pronto podrás utilizarla. Sólo estoy renovando ciertas cosas, espero que sean de tu gusto, si no, sabes que con una llamada soluciono lo que no te gusta.

—Si cariño tranquila. Tu trabajo siempre es impecable. Te llamo para anunciarte que me caso en seis meses, estoy tan ilusionada. Te voy adelantar por si mi organizadora no las ha llamado. Exigí que mis fotógrafos fueran ustedes y bueno uno de la agencia de mi primo que también es muy buena en su trabajo.

—Bella que buena noticia, me alegro. ¡Enhorabuena! Gianna tenía una reunión hoy con una compañía, ¿de casualidad es Marriot?

—Sí, hablé con Diane la semana pasada. —Hablaron durante unos minutos de banalidades.

Pasaría el día solo con los chicos, Gianna estaría ocupada en la boutique. Su amiga posee mucho talento, y ella es consciente de eso. Han llevado muy bien la agencia, pero una mano demás no caería mal.

Cada una tenía cosas distintas que hacer. Andrea fue hasta hace algunos meses profesora en una academia de idiomas muy conocida ahí, ahora impartía clases en otra academia. Amaba los idiomas para que negar, le apasionaba la fotografía y moría por la ingeniería en sistema. Toda su trayectoria la había logrado con mucha dedicación y el apoyo de sus familiares.

No sólo extrañaba a sus familiares, sino también a sus viejos amigos. May, Mich, Peter, Robert.

¿Qué sería la vida de Peter?

Desde que se fue no supo más nada de él, ni siquiera sabe si seguía con vida. A pesar que las cosas entre ambos no se dieron en buenos términos, terminaron como amigos, pero vino lo de su viaje y perdió todo tipo de comunicación hasta... ladeó la cabeza para no pensar en eso.

No quiso buscar información sobre él porque se sentiría como una psicópata. ¿Ya para qué? Cuando el destino quisiese ponerlo en su camino ahí se hablarían y limarían asperezas.

Tocaron la puerta de su oficina, su agencia tenía en un edificio rentado un salón de estudio.

—Pase. —dijo y entro Megan.

—Andre, afuera está un señor de apellido Da Silva. Dice que tiene una reunión contigo.

—Déjalo pasar Meg, asegúrate que los muchachos vayan a descansar y nos vemos mañana. Ya no queda nada por hacer hoy. Hasta mañana guapa.

Megan salió de la oficina y varios segundos después entró el hombre que le pone de punta los pelos a su amiga.

—Señor Da Silva, un placer verlo —saludó cordialmente estrechando su mano y sonriendo—. Siéntese por favor.

—Señorita Rodríguez. Igualmente es un gusto verla de nuevo—anunció este. Andrea le hacía un escrutinio disimuladamente, ¿qué tenía ese tipo para que Gianna reaccionase así? Si más bien era todo amigable y la amargada aquí era ella.

—Escucho su propuesta, ¿le puedo decir Fabian? Si vamos a trabajar juntos ya deberíamos entrar en confianza.

—Claro, Andrea. Puede llamarme como usted quiera. Mi otro socio está Río de Janeiro y viene en unos días, si no es que pase algo que demore de su presencia allá.

—Perfecto, por cierto. Disculpe, pero esto lo estaba manejando Gia. Con tantas cosas en la cabeza se me olvidó el apellido de su otro socio. —manifestó mientras revisaba algunas cosas en el monitor.

—Su apellido es Ferreira.

Estuvieron reunidos alrededor de una hora hablando todo sobre las dos agencias. Se enteró que la otra agencia que estaría para la boda de Tiffany sería la de él.

Después que se fue aprovechó para investigar un poco más sobre él y parecía estar limpio. Nada de delitos, ni infracciones en su búsqueda se dio cuenta que es primo de la actriz.

Estaba empezando a caer la noche cuando se fue a su apartamento, pero primero pasaría por un supermercado. Necesitaba comida su alacena se lo pedía a gritos. Compró lo de siempre... Bastantes frutas, vegetales, huevos, salchichas, tocinetas, harina, pollo, carne. Todo tenía mucha grasa... No podía evitarlo ahí casi todos los días se comía comida chatarra y era tan buena. Últimamente tenía tanta ansiedad por comer comida chatarra que debía pasar dos horas en el gimnasio ejercitándose, si le daba tiempo.

Compró algunos tés, chuches. Su cuerpo añoraba azúcar y temía padecer de diabetes como su madre. La semana siguiente compraría todo sano. Variaba cada semana su menú para no prohibirse nada. Sí, tenía buena figura, pero bastante que se ejercitaba para eso.

En su departamento tenía un mini gimnasio. Llegó colocó todo en su lugar, se dio un baño, no tenía ánimos de ver una película le pidió a Alexa una canción que le hacía recordar su adolescencia. Por el alta voz de su habitación sonaba a toda mecha Summer.

Andrea bailó toda la canción y se dejó llevar por los recuerdos, cuando terminó, agarró un libro de programación de software de su biblioteca. Y se sumergió en su segunda pasión. Pasó horas devorando aquellas letras, cuando el reloj le indicaba que faltaba poco para las doce de la madrugada cerró el libro, mañana sería otro día, otra batalla que ganar y una conversación pendiente con Gianna.

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