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Portada de la novela Enamórate en 7 días

Enamórate en 7 días

Sofía Miller, una joven de dieciocho años, es víctima de una traición devastadora por parte de Alex, su mejor amigo. Ante la desesperación por costear el tratamiento médico de su madre, él decide entregarla a un temible mafioso italiano a cambio de una recompensa. Prisionera en una lujosa mansión, Sofía intenta escapar sin éxito debido a la estricta vigilancia. En medio del cautiverio, ella deberá luchar contra la peligrosa atracción que Ricardo ejerce sobre ella.
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Capítulo 3

Ricardo  

Después de que mis hombres salieran a llevar a Alex a su casa, subí las escaleras para llegar a mi habitación y darme una buena ducha, hoy Sofia me iba a conocer. Me decidí por un traje de una tienda italiana, es de color azul marino, junto con una camisa blanca y una corbata. Apliqué un poco de mi perfume favorito, peiné mi cabello con gel y bajé las escaleras.   

—Jefe, ya dejamos al chico en su casa. —Dijo Manuel.  

—Muy bien, ya se está haciendo la hora de que vayan al edificio en dónde vive Sofia. Espero que haya quedado claro que no deben maltratarla, quiero que llegue aquí sana y salva, sin un rasguño.   

—Si señor, como usted diga así será, ya me voy para informales a los chicos que preparen la camioneta. Nos vemos. —Contestó y luego caminó hasta llegar a la puerta de la casa.  

Me senté en el sofá y bebí un poco de whisky para intentar relajarme, en el fondo, algo me decía que esa noche no sería para nada fácil.  

Manuel  

Salí de la casa estresado, la verdad no entendía porque mi jefe, un hombre tan guapo, se había enamorado a primera vista de una chica menor de edad y que la verdad, no era tan atractiva como algunas de las modelos que estaban detrás de él.  

—Efraín, prepara la camioneta y dile a los demás que en cinco minutos salimos, vamos al edificio de la chica.   

—Está bien jefe, ahora mismo hago eso. —Me respondió y se fue al jardín a buscar a los otros.   

Después de diez minutos ya estábamos afuera del edificio de la señorita Sofia. Se suponía que cuando estuviéramos ahí, tendríamos que llamar a Alex, para que el hiciera que la chica saliera a la calle. Como cosa rara, la chica salió sin previo aviso por parte de nosotros, pero no nos quedaba otra opción que hacer el trabajo en ese mismo momento.   

—¡Hay que aprovechar! —Grité apenas vi que ya casi estaba por cruzar la calle para tomar un taxi.  

Nos pusimos manos a la obra, dos se bajaron y caminaron detrás de ella, Efraín y yo caminamos por adelante y antes de que me diera cuenta, Ernesto, uno de mis hombres ya la tenía cargada y desmayada. Todo había salido bien, ahora tendríamos que llevarla a la casa.  

—Buen trabajo muchachos, ahora hay que llevarla a la mansión, recuerden que el jefe dijo sana y salva, pónganla se tan manera que no vaya a golpearse la cabeza en el camino. —Les dije a los hombres que me habían acompañado. 

—Si señor.  

—Y dense prisa, no queremos que alguien nos vea. —Terminé de decir y subí a mi camioneta. 

Ricardo 

El estrés me comenzaba a pegar, miraba mi reloj cada cinco segundos, ya habían pasado dos horas desde que Manuel y los demás hombres se fueron a buscar a Sofía. Empecé a caminar por toda la sala con mi whisky en la mano, cuando de repente escucho varios carros llegar a la casa, era Manuel. Dejé el vaso sobre la mesa y salí de la casa de inmediato.  

—Jefe, aquí está su pedido. —Me dijo Manuel mientras se bajaba de una camioneta. 

—No seas estúpido, no le vuelvas a decir pedido, es mi futura mujer imbécil. —Dije después de haberle dado una cachetada, era increíble la manera en la que podía llegar a ser tan agresivo si alguien me hacía molestar. 

—Disculpe señor, aquí le trajimos a su mujer, sana y salva, como me lo pidió. —Me respondió con la cabeza abajo.  

—Llévala a la habitación que está al lado de la mía. —Le dije y entre a la casa molesto.  

Sofía 

Me desperté en una habitación que no me era conocida, asustada me levanté rápidamente de la cama. Mi ropa estaba intacta y no me sentía rara, al parecer nadie se había sobrepasado conmigo. Tardé dos minutos en recordar lo que había hecho antes de despertar, estaba saliendo de mi casa para intentar tomar un taxi e ir a la casa de mejor amiga. Tenía que salir de ese lugar, la puerta tenía seguro y solo había un ventanal que daba para un jardín, pero tampoco había manera de abrirlo.  

Resignada, me acosté en la cama, estaba más cansada de lo normal, quizás usaron una droga para poder secuestrarme y era eso lo que todavía estaba haciendo efecto. Al cerrar los ojos me quedé dormida.  

Ricardo 

Ya estaba estresado, quería ir a ver a Sofia, por primera vez en mucho tiempo estaba loco por una chica, para mí todas las mujeres eran iguales, uno con más atributos que otra, pero ninguna con algo que resalte. Sin paciencia, salí de mi habitación para ir a la de ella.  

Abrí la puerta sin hacer mucho ruido, desde la entrada se puede ver la cama matrimonial, ahí estaba ella dormida como toda una princesa. Solo me bastaría con sentarme al lado de la cama y verla dormir, era realmente hermosa. 

 Tiene unas pestañas naturales inmensas, su nariz era un poco gruesa, pero demasiado, acordé a su cara. Sus pómulos increíblemente lindos, sus labios parecían de muñecas, ni muy gruesos ni muy finos. Sin duda alguna, además de linda, hasta durmiendo me enamoraba. Estaba tan concentrado viendo cada detalle de ella que no me percate que ya había abierto los ojos y estaba mirándome. 

—¿Y usted quién es? —Pregunto con el ceño fruncido y acomodándose en la cama.  

—Soy Ricardo y tú eres Sofía. —Le respondí con tranquilidad. 

—¿Cómo sabe mi nombre? —Le aseguro que no sabe con quién se está metiendo, va a pagar por todo esto. —Gritó, en su rostro y en sus movimientos se notaba lo nerviosa que estaba.  

—No creo que alguien me haga pagar por secuestrarte, aquí el poderoso soy yo, nadie puede hacerme nada. —Le dije mientras me levantaba de aquel sillón.  

—No sé me acerqué. —Dijo después de haber corrido hasta el otro lado de la habitación.  

Me quedé quieto y ella igual, miro la cerradura de la puerta y luego me vio a mí, la giro e intento correr. En menos de lo que ella pudo imaginar ya yo la había agarrado del brazo y estaba contra una pared. 

—No me haga daño señor por favor. —Mi familia no tiene dinero como pagar un rescate, usted secuestro a la chica equivocada, déjeme ir se lo ruego. —Me suplicó. 

—¿De verdad crees que los secuestradores no investigan a sus víctimas primero? —Se bien que no vienes de una familia adinerada. —Le respondí. 

—¿Qué quiere de mí entonces? —Me preguntó con miedo, sus manos temblaban. 

—Que te enamores de mí.

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