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Portada de la novela ENAMORADO DE UN ÁNGEL CON CURVAS

ENAMORADO DE UN ÁNGEL CON CURVAS

Betzabeth cautiva con su imponente presencia a Calvin Gallagher, un distante magnate de la hotelería, mientras gestiona su librería en Montana. Tras compartir una noche de pasión desenfrenada, el destino los sorprende al revelar un lazo familiar: ella es cuñada de Skyla. Este descubrimiento sacude la realidad del frío empresario, quien ahora se debate entre sus miedos y el deseo. Calvin tendrá que arriesgarlo todo para no perder a la mujer que ama.
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Capítulo 2

Calvin

Me despierto de golpe de un sueño profundo y respiro aire en mis pulmones, observando mi entorno.

Despertar en un lugar desconocido no es nada nuevo para mí. Es parte de mi trabajo.

Estoy en Montana. Tenía previsto salir ayer, pero mi avión tuvo un problema y tuvimos que posponerlo hasta hoy.

Y entonces conocí a la mujer más hermosa que he visto en mi vida.

Miro hacia abajo y frunzo el ceño cuando veo que la cama está vacía, y un roce de mi mano sobre las sábanas me dice que ha estado ausente por un tiempo.

Aparto la manta y voy a la sala, donde encuentro a mi ángel de pelo oscuro acurrucado en uno de los sillones de cuero junto a las ventanas, con una manta sobre el regazo, mirando la nieve afuera. Lleva puesta mi camisa de antes, y le queda increíblemente sexy.

No sé cuándo empezó a nevar, pero los árboles ya están cubiertos de blanco y los copos que caen del cielo parecen del tamaño de mi puño.

-Es la primera nevada del año-, dice sin voltearse a mirarme. Su voz es ronca, su hermoso cabello largo está enredado, y necesito tocarla de nuevo más que respirar.

-¿Has dormido algo?-, le pregunto y frunzo el ceño cuando ella niega con la cabeza.

-No duermo mucho. Pero no diré nada más porque no estamos compartiendo cosas personales. -Me sonríe y sus ojos color whisky se abren de par en par al ver que estoy desnudo.

Quiero hacerle un millón de preguntas. ¿Por qué no duerme bien? ¿Qué le parece el café por la mañana? ¿Cuándo podré volver a verla?

¿Cuál es su sangriento nombre?

Si yo fuera un hombre que tuviera relaciones, reclamaría a esta mujer como mía.

Pero no lo soy.

Sin embargo, planeo disfrutarla al máximo mientras la tenga, así que me arrodillo frente a ella, saco la manta de su regazo y le abro las piernas, enganchando una de ellas en el brazo de la silla.

-Eh, ¿no tienes que hacerlo?

Antes de que pueda terminar ese pensamiento, me inclino y envuelvo mis labios alrededor de su clítoris, golpeteo el pequeño manojo de nervios con la punta de mi lengua y sonrío cuando sus manos se enredan en mi cabello y tiran.

Me encanta que ella no sea gentil.

Que ella no es frágil.

Y con un gruñido, empujo mi lengua dentro de ella y lamo sus jugos.

-Mierda -gime-. ¡Dios mío, qué bien se te da!

Con un gruñido, la saco de la silla, me siento y la monto a horcajadas sobre mí. Inmediatamente me mete mi polla dentro, hundiéndose hasta que quedo enterrado en ella. Rodea sus hermosas caderas antes de empezar a cabalgar.

Le desabrocho la camisa, me inclino y le chupo los pezones, los acaricio con los dientes, y con las manos plantadas en los globos de su fenomenal trasero, me cabalga hasta que siento que el orgasmo me alcanza, elevándome los testículos. Presiono su clítoris con el pulgar, asegurándome de que se corra conmigo.

Sus movimientos vacilan mientras grita, deshaciéndose en mi regazo, y una vez que termina, la levanto y bombeo mi polla hasta que me corro en gruesas cuerdas por todo su estómago y sus tetas.

-Sin condón -susurra, sonriéndome-. ¡Qué buena idea!

Todavía recuperando el aliento, me quedo con ella en mis brazos y nos llevo de nuevo a la cama.

-Vamos, vamos a trabajar en ese sueño-.

-Sabes, no soy una persona pequeña-, dice mientras me rodea el cuello con el brazo, aún recuperando el aliento al apretar su dulce rostro contra mi cuello. -No estoy acostumbrada a que me carguen-.

-Eres pequeña comparada conmigo-, le respondo. No quiero que piense que es otra cosa que perfecta, tal como es.

Me encantan las mujeres con curvas.

-No voy a dormir -me informa, pasándome un dedo por el cuello-. Y no quiero que te quedes despierto. Estoy bien en la silla.

-Estás bien en la cama y no me mantendrás despierto-.

Ella empieza a protestar, pero la silencio con un beso.

-Te quiero conmigo, ángel.-

La acuesto y, tras coger un paño tibio del baño y limpiarla, me acurruco detrás de ella, arrimándola contra mi pecho. Nos quedamos así un rato, mirando la nieve por las ventanas. Pero entonces, para mi sorpresa, se retuerce, aprieta la cara contra mi pecho, me rodea la cintura con el brazo y suspira mientras me rodea una pierna. Se acurruca contra mí con tanta fuerza, como si le preocupara que me escapara.

Beso su cabeza y la abrazo fuerte, respirándola.

Nunca había sentido una conexión tan instantánea con alguien. No recuerdo la última vez que me sentí tan atraído por una mujer. No suelo quedarme con alguien en la cama toda la noche, y no soy de los que les dan muchos abrazos.

Eso es demasiado personal.

Pero esta muchacha me tuvo atrapado en su hechizo desde el momento en que la vi.

Miro el reloj. Me voy en cinco horas.

Y paso cada minuto abrazándola. Se equivocó. Se durmió profundamente y se relajó contra mí. Le lavé la cara en la ducha antes, así que está sin maquillaje y aún más despampanante.

La nieve para sobre las seis, y es hora de prepararme para irme. Mi ángel duerme tan bien que no quiero despertarla.

Bueno la verdad es que si ella despierta no querré dejarla.

Y tengo que irme.

Así que voy al vestidor y me visto, agarro mi bolso, que ya estaba listo, y lo llevo hasta la puerta principal de la suite. Luego vuelvo con ella y la observo un momento. Todavía lleva mi camisa. Que se la quede.

Me pregunto, brevemente, si lo conservará o lo descartará.

-Cuídate, ángel-, susurro antes de salir de la suite y cerrar la puerta silenciosamente. Me detengo en recepción y pido que me traigan café y todo el desayuno en dos horas. Luego, un chofer la lleva a su auto cuando esté lista. Luego, me voy al aeropuerto.

Aunque sé que volveré a Bitterroot Valley a menudo para ver a mi hermana, también sé que no repetiré esta noche con esa mujer gloriosa, deslumbrante e ingeniosa.

Porque me perdería en ella, y no hay lugar para eso en mi mundo.

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