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Portada de la novela ENAMORADA DE SUS OJOS

ENAMORADA DE SUS OJOS

Zac Lombardi, un hombre íntegro que detesta la hipocresía, vive engañado por su prometida Sara Wilson, quien solo busca su patrimonio. En medio de esta red de ambición aparece Alaia Díaz, una joven de gran corazón dedicada a proteger a su hermano tras la pérdida de sus padres. Cuando sus vidas se crucen, la sinceridad de Alaia desafiará las manipulaciones de Sara. ¿Podrá el afecto real de Zac triunfar sobre la traición y los intereses financieros?
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Capítulo 3

PV ZAC

—¿Estás seguro de lo que estás diciendo hijo? — pregunta mi madre algo sorprendida por mi decisión.

—¡Claro que sí mamá! ¿Cuándo he tomado una decisión a la ligera?, mamá tú más que nadie me conoce, y sabes que amo ayudar a la gente que realmente lo merece y por lo que veo Alaia es una de esas personas. — le digo muy seriamente.

—Yo sé quién eres hijo, y estoy muy orgullosa de ti, pero aunque sé que ayudas a la gente no lo haces si antes investigar si realmente ocupa ayuda, ¿No vas a mover tus contactos para ver si ella la necesita?

—¿Me estás cargando?, mamá tú misma me acaba de contar la historia de Alaia y Henry, no dudaría de ti ni un momento, ellos necesitan ayuda, y yo se las voy a dar. — mi madre sonríe orgullosa. — ¿Crees que pueda ir hablar con ellos?.

—Por supuesto que sí, ven acompáñame. —como niño bueno obedezco y sigo a mi madre, cuando llegamos a la puerta mi madre toca suavemente.

—Adelante— su voz es tan dulce, sacudo mi cabeza al tener ese pensamiento. Alaia se encuentra acostada en una cama matrimonial, y Henry se encuentra al lado izquierdo de la cama, abrazado a ella.

—Querida, mi hijo Zac quiere hablar con ustedes. — los ojos de Alaia se posan en mi madre y luego en mí, por un momento me pierdo en esos ojos tan únicos y bellos, pero no se porqué siento que a alguien se me parece Alaia.

—Primero que nada, quiero darle las gracias por traer de vuelta a Henry a casa, él sabía que no podía salir, la calle está llena de gente mala, si algo le hubiera pasado no hubiera podido perdonármelo nunca, él es todo para mí. — dice Alaia con los ojos llenos de lágrimas. me acerco hasta ella, y me siento en una silla que hay a la par de la cama y le tomo su pequeña mano, y otra vez una extraña corriente me recorre todo el cuerpo.

—No fue nada Alaia, me preocupé al ver a un niño tan pequeño solo por la calle, al verlo triste y llorando de inmediato supe que ocupaba ayuda, me sorprendí cuando dijo que buscaba a mi madre, y fue cuando la llamé, y de ahí llegamos aquí — digo explicando un poco, la verdad me siento muy nervioso. —Alaia mi madre me ha contado por todo lo que ustedes han pasado, espero y no te moleste, pero quiero que sepas que yo quiero ayudarlos a partir de ahora. — Alaia abre sus ojos como platos, mira a mi madre, y luego me volvió a mirar a mí.

—¿Por qué quieres hacer algo así? — pregunta claramente sorprendida.

—Porque puedo y quiero hacerlo Alaia.

—Señor Lombardi.

—Dime Zac — la interrumpo.

—Zac... Gracias de verdad se lo agradezco, pero no puedo aceptar su ayuda. — la miro sorprendido.

—¿Qué? ¿Por qué? Sería una nueva oportunidad para ustedes.

—Lo siento pero no puedo aceptar su ayuda. — suelto su mano, y me levanto enojado, mi madre, que me conoce trata de apaciguar el ambiente.

—Alai, querida, acepta la ayuda de mi hijo, tú y Henry la necesitan.

—No puedo Marianne, lo siento pero no puedo.

La miro enojado, ¿cómo es posible que no quiera mi ayuda?

—Eres una desconsiderada, deberías agradecer y aceptar que alguien quiera ayudarte y deberías aceptar en especial por tu hermano, para que puedan estar mejor. — mi voz sonó más dura de lo que pretendía y sus ojos se llenaron de lágrimas, ¡mierda! creo que he metido la pata.

—¡Zac!, esas no son maneras de hablarle, Alaia debe estar muy agobiada con todo lo que le ha pasado y tu comportamiento no está ayudando para nada, además yo creo que debe haber alguna razón por la que no quieras, ¿Cierto? —dice mi madre mirándola.

—Marianne, de verdad les agradezco toda la ayuda que me han brindado, en especial tú que siempre has estado para mí y Henry pero lo mejor sería que ninguno vuelva a venir, y se vuelva a preocupar por nosotros. —ahora soy yo quién la mira muy sorprendido, observo a mi madre, y ella mira Alaia con dolor.

—¿Qué pasa Alaia? ¿Qué me estás ocultando? Tú nunca te has negado para que te ayude y mucho menos me habías pedido que me aleje, sabes que te veo como a una hija y que te conozco y sé que algo ocultas. — Anastasia baja la

cabeza, sumamente arrepentida, por lo que decido aprovechar, y hacerla reaccionar, si mi madre piensa que algo le oculta, debe de ser que en verdad sea así.

—Alaia creo que deberías pensar en lo que estás haciendo, tu hermano y tú estarían mejor en mi casa, les prometo que nada les faltara y que los cuidare, Henry tendrá educación y tú podrías terminar tus estudios, te prometo que solo quiero ayudar. —Alaia llora sin parar, y no se porqué mi pecho se oprime como si doliera. Observo cómo respira profundamente y nos mira a ambos.

—De verdad se los agradezco, a ti Zac por querer ayudar a alguien que no conoces habla muy bien de ti, tienes un gran corazón, eres un gran ser humano, como tú madre. — Alaia mira a mi madre con tristeza. —Lamento hacerte sentir mal, me conoces mejor que nadie Marianne, has sido como una madre para mi, sin ti no se que habría sido de nosotros, pero también sabes que no puedes hacer que cambie de opinión, no puedo aceptar más la ayuda que me das y mucho menos la suya— dice mirándome a los ojos — espero que me entiendas Marianne, puede ser que más adelante te pueda contar el porqué, pero justo ahora yo... yo no puedo. — mi madre la mira fijamente, con lágrimas en los ojos, pareciera que hablaran con la mirada, ya que mi madre asiente, y la abraza con fuerza.

—Recuerda que siempre estaremos para ti hija, y espero que algún día me expliques a quién le tienes tanto miedo. —Alaia se aferra, a mi madre, como si no quisiera soltarla nunca. — hablaré con Mariana, para que tampoco te moleste, y quiera tratar de sacarte las cosas de lo que te pasa. —¿Mariana? ¿Osea que Mariana también la conoce?.

—Gracias Mari, y a ti Zac. — dice separándose de mi madre. —Ahora quisiera descansar.

Mi ira va en aumento, ¿Por qué no quiere que le ayude? ¿Qué oculta? Sin despedirme salgo hecho una furia de ese lugar, si no quiere mi ayuda, allá ella. Pero tarde o temprano sabré que oculta.

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