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Portada de la novela ENAMORADA DE SUS OJOS

ENAMORADA DE SUS OJOS

Zac Lombardi, un hombre íntegro que detesta la hipocresía, vive engañado por su prometida Sara Wilson, quien solo busca su patrimonio. En medio de esta red de ambición aparece Alaia Díaz, una joven de gran corazón dedicada a proteger a su hermano tras la pérdida de sus padres. Cuando sus vidas se crucen, la sinceridad de Alaia desafiará las manipulaciones de Sara. ¿Podrá el afecto real de Zac triunfar sobre la traición y los intereses financieros?
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Capítulo 1

PV ZAC

—Hermanito, ¿estás en serio seguro que quieres casarte con esa "mujer"? — pongo los ojos en blanco cansado del tema.

—Mariana basta ya, ¿hasta cuando vas a seguir con esa desconfianza hacía mi prometida?

—Zac, hermano, ella no es buena, ¡te engaña! — yo la miro incrédulo, eso es lo peor que pudo haber dicho, me levanto muy molesto.

—Has llegado demasiado lejos Mariana, te amo, eres mi hermanita, pero también amo a Sara ella es mi prometida desde hace 6 meses y mi novia desde hace 8 meses y es la mujer más buena y dulce que conozco, ¿Qué es lo que te pasa con Sara? ¿Por qué la odias tanto? Sí al principio se llevaban muy bien. — de los ojos de Mariana salen lágrimas, y por un momento se perdió en sus pensamientos.

—Tienes razón hermano, lo que pasa es que tengo celos, tú y César siempre han estado para mí, nunca había tenido algo tan serio y formal, siento que cualquiera puede llegar a ocupar mi lugar. — oír las palabras de Mariana hacen que mi enojo se valla. De inmediato la tomo en mis brazos y la abrazo fuertemente.

—Eres nuestra hermana, nuestra princesa ¿cómo vas a creer tan siquiera que alguien va a llegar a quitarte tu lugar?— le digo cariñosamente.

—Lo sé, son celos estúpidos, pero tienes que entenderme.

—Te entiendo hermanita, pero eso de que Sara me engaña no fue algo agradable de escuchar.

—Zac, de verdad lo siento, solo quiero que mis hermanos siempre estén siempre conmigo.

— Y lo estaremos, te lo prometo.

—Zac, prométeme que siempre te vas a cuidar y no vas a estar tan confiado con la gente que te rodea.

—¡Mariana! — digo en modo de advertencia.

—Prométemelo, por favor.

—Está bien, Mariana te lo prometo. — el abrazo de Mariana se hace más fuerte. Me preocupa su actitud, ella no es así, tiene varios meses de estar extraña.

—Será mejor que me vaya a casa, me siento cansada.

—Está bien, vamos te acompaño abajo.

—No te preocupes, debes de tener mucho trabajo.

—Pues sí, soy Zac Lombardi, pero no te preocupes, porque por muy ocupado que esté, siempre tendré tiempo para mi hermanita. — le doy un beso en la frente y camino con ella, cuando paso por donde Lina mi secretaria y le digo que enseguida vuelvo, ella como con su profesionalismo me contesta con un "sí señor".

Cuando llegamos abajo, la abrazo y la beso con cariño, amo a mi hermana, ella es la luz de mis ojos, claro junto con mi madre y mi bella Sara.

—Te vas con mucho cuidado princesa, y llámame apenas llegues ¿De acuerdo?

—De acuerdo señor sobreprotector.

Mari se va, y yo observo cómo se va en su auto. Mi pequeña hermanita está deprimida, y algo asustada, tengo que averiguar qué le pasa.

Al girarme para volver a entrar al edificio choco con un pequeño cuerpo.

—Lo.. lo siento no te ví — digo algo sorprendido y asustado por haber votado a un niño, pequeño, puede tener 7 u 8 años..

El niño se levanta, con lágrimas en los ojos, y piensa seguir su camino sin decirme nada pero lo detengo, no es común ver a un niño bajar solo.

—¡Espera!, ¿Te hice daño? — el niño me mira con sus enormes ojos azules, y niega con la cabeza.

—¿Entonces por qué lloras?

—Mi mami me dice que no debo hablar con extraños. — lo que dice me deja sorprendido, ¿y dónde está esa mami, que no cuida de su hijo?

—Tranquilo, yo puedo ayudarte, ¿Dónde está tu mami? — fijo en algún lugar de mala muerte. El niño empieza a llorar más fuerte y eso hace que realmente me preocupe, Julio Brasile mi guardaespaldas llega hasta donde me encuentro.

—Señor Lombardi, ¿Ocurre algo? — el niño nos mira a ambos y frunce el ceño ¿ahora que le pasa?

—Eso quiero saber Brasile. – le digo a mi guardaespaldas, para luego girarme hacía el niño. — Dime, dónde está tú mamá, pequeño. — el niño vuelve a llorar.

—Enferma, muy enferma. — el niño empieza a llorar desesperadamente, y eso hace que empiece a preocuparme mucho, sin pensarlo alzó al pequeño y lo abrazo.

—Tranquilo, todo estará bien, ¿dónde está tu mami?

—En casa, no quería que fuera solo a buscar a la doctora Lombardi, mi mamá ella es la única persona que tengo, y me he aprendido el camino de la casa al hospital, así que cuando terminé de comer, porque enferma y todo no permite que me muera de hambre, así que espere a que ella se durmiera para salir de casa.

Me he quedado sorprendido, ella debe de ser una gran mujer, y más sorprendido es porque el busca a mi madre.

—¿A la doctora Lombardi dijiste? — él asiente con su cabecita. — Ella es mi madre, vamos te llevaré a tu casa y le diré a mi madre que vaya ¿Te parece? — Ahora es el niño quién me mira sorprendido.

—¿Tu mamá es la doctora Lombardi? — yo asiento — ¿No te estás burlando de mí? — yo frunzo el ceño pero niego con la cabeza. — Entonces eres mi otro Ángel. — dice para lanzarse a mis brazos y darme un fuerte abrazo.

Nos montamos al auto, para ir a la casa del niño, que me dijo que se llama Henry. De camino llamo a mi madre y habla con Henry y ella le dice que llegará cuánto antes. Brasile va lento y sigue el camino que el niño le indica.

Cuando llegamos a la casa, escuchamos gritos desde adentro.

—¡Henry!, Henry, cariño, ¿dónde estás? — una voz muy dulce y preocupada se escucha dentro de la casa.

—Oh, oh mi mami se levantó, se va a enojar, mucho por salir sin permiso. — dice algo nervioso Henry. Yo por mi parte me siento muy nervioso, ¿Por qué? No lo sé.

Cuando Henry va abrir la puerta, está se abre sorprendiendo nos a todos.

—¡Oh por Dios!, ¿Dónde estabas? — dice una mujer quien inmediatamente lo abraza y llora.

—Lo siento mamá, quería buscar a la doctora Lombardi, no llores. — la mujer alza la vista y sus increíbles ojos azules me miran quedó hipnotizado, son preciosos.

—¿Ustedes quiénes son? — dice mirándonos a Brasile y a mí.

—Mis nuevos ángeles Alai. — ella lo mira sorprendida. Pero de un momento a otro se desvanece, y yo corro agarrarla.

Al sentir su piel junto a la mía, una extraña corriente me recorre todo el cuerpo ¿Qué fue eso?

Henry me enseña cuál es su habitación, hay una cama grande donde la deposito, deseando que llegue pronto mi madre para que atienda a esta bella mujer.

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