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Portada de la novela En otra piel

En otra piel

La vida perfecta de Lía Michel, una autora de éxito casada con un reconocido abogado en Nueva York, está a punto de desmoronarse. Tras su aparente felicidad, se esconden secretos turbios y un pasado que intenta olvidar. Todo se complica con la llegada de Marianela, su hermana gemela de intenciones siniestras, quien amenaza con usurpar su lugar. En este juego de identidades y misterio, la verdad sobre sus orígenes revelará quién es la auténtica antagonista.
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Capítulo 3

A lo largo de un año, ya llevo estudiando finanzas y economía. Es una buena carrera para impulsar mi propio negocio cuando me decida, siempre me he movido entre tantos y tantos hombres dedicados a los negocios. De ellos me he contagiado a gustar de estás carreras que solo huelen dinero.

Estoy estudiando Finanzas en línea, pero los sábados acudo a estudiar en agrupaciones, este día hay un alumno nuevo, muy bien parecido para que, está muy sonriente, guapo, sus ojos son tono dorados miel, me excita mirarlo, es bastante raro, pues aunque todo este tiempo he trabajado con la profesión más Antigua de la tierra, no lograba un orgasmo certero casi la mayoría de veces, o como no me unía los sentimientos, yo dejaba que esto fuera lo más mecánico posible, sin empañar algún placer en el proceso.

A la hora de un receso, veo que él viene hacia mi, avanza, pero lo retiene otra chica coqueta, le está hablando y todo, pero él siempre me mira a mi, lo que hace que la otra chica me vuelva a ver.

Entonces él la deja y viene hacia mi, me dice entre susurros, sígueme el juego jovencita.

—¿Qué?—Hago el gesto con confusión.

—¡Les dije que éramos novios para que no siguieran intentando ligar conmigo! —Dice entre risas y me da un beso en la boca. —Eso sinceramente me prendió, porque me hizo sentir electricidad burbujeante hasta topar a mi corazón.

Había química, si había química, me sentí excitada y mojada, si lo sentí, y todo por un desconocido, y no era que yo no lo hiciera con hombres desconocidos, lo hacía, pero sin poner los sentimientos o lo que fuera decirse que se ponga el corazón.

Entonces necesitas mi ayuda, —pregunta con voz ronca.

—Si, mucha ayuda. —sus gestos son coquetos sensuales.

Me pongo de pies le tomó sus manos y salimos caminando ante la mirada de aquellas chicas mirándonos, esas chicas hijas de familias, doble moral es que son

Porque le quedan mirando Incluso el trasero al hombre guapo al hombre bonito.

¿Qué es esa locura creer que solo los hombres miran el c*** a una mujer?—las mujeres también lo hacemos y lo hacemos tanto como los hombres.

Cuándo nos alejamos lo suficiente de la vista de aquellas mujeres, trato de soltarme las manos de los suyos, Pero él lo evita, me dice :

—¿Tienes novio?—con sinceridad No tengo un novio Así que no no tengo pero si me acuesto con todos los hombres que me pagan, Cómo decirle que soy prostituta?

Es un perfecto desconocido, ¿porque darle razón de mi vida? Así que omito responderle con la verdad o bueno decirle que no tengo es una verdad.

—No no tengo novio, es un atraso para mis prioridades—respondo con entereza. En cambio el frunce el ceño en señal de sorpresa.

—¿Porque la sorpresa en tu rostro? ¿Acaso no es así?—cuestionó un poco enojada.

—tampoco es para que te enojes, solo que he conocido chicas que todo lo que quiere es tener un novio o un hombre a su lado. —Volteo mis ojos en blanco ese señal de desapruebo.

Se ríe de mí y es cuando más me enfado Y por locuras de él siendo un gran atrevido me besa, por supuesto eso me enoja, pero me gusta.

_¿Eres oriunda de aquí? —pregunta cómo que sí lo de hace un momento no fuera nada, me besa y actúa como que nada.

—¿Besas a todas las mujeres que conoces en el primer día?—le bateo con otra pregunta.

—¡Jaja, No!, es que tus labios son tan irresistibles, no pude contenerme.—lo abofeteo, para que aprenda a respetar.

Aún cuando fuera yo una mujer que se vende por dinero, elijo el cliente. No que un baboso me venga a besar y hacerme sentir que soy barata, facilona, perra o todo los sinónimos que quieran alegrarle a la lista.

Salgo corriendo de ahí y me voy lejos, pero un auto de esos lujosos me alcanza se detiene un poquito adelante de mí abre la puerta y es el mismo Chico joven, guapo, irresistible que se baja y se arrodilla ante mi pidiéndome perdón.

Yo aún no sé porque estoy tan encañonada a ofenderme, Usualmente no soy tan sensitiva.

—Para que aceptes mi disculpa, te llevaré a un restaurante fino, pedirás lo que desearas. —Me dice todo sonrojado y nervioso.

Y es que lo que no sabe este desconocido es que yo conozco todos esos restaurantes finísimos, es donde me llevan esos hombres amantes que lo que les sobra es dinero y mucho.

Tanto así que no quisiera realmente pisar un lugar tan elegante y ostentoso, solo quisiera una buena compañía que no me viese como carne para devorar luego.

—No es necesario que me lleves a un restaurante de esos, estaria más que contenta de comer en una de estas plazas de comida casera—Señalo.

—Está bien, —Observando mi cara con detenimiento, —me dice de nuevo.

—Nunca lo creí cuando te vi, nadie se imaginaria que la gran mujer que todos quisieran conocer y tener toda la atención, está conmigo comiendo un solomillo, carne suave aquí junto a mi. —Sonrie y no veo que esté bromeando.

Él está confundiéndome con alguien más, y ciertamente solo una persona me viene en la mente, que me está confundiendo, mi hermana gemela.

—Aha....—Digo tratando de no mostrar mi nerviosismo.

—Me gusta tu nuevo corte de cabello—Me dice entre risas nerviosas.

—Ah ¿si, y la otra no tanto?—Indago para ver si me dice algo que pueda saber de él.

—Ya, ya compré tu última colección de libros—Me dice entusiasmado, pero yo frunzo el ceño.

—No miento—Me asegura y va corriendo al auto a sacar una colección de libros, en las cuales miro mi cara plasmada. Y ese nombre que jamás olvidaría de ahora en adelante.

"Lía Michel"

Soy suspiros tras suspiros, pregunto entonces.

—¿Donde compraste los libros de la última colección? —El me mira algo confundido y me dice.

—Tu misma me lo diste?

—Olvidaste? Aún no salen a la venta.

—Ahh, sí, es que ando algo estresada, pero bueno entiendo, ¿Podrías prestarmelo de vuelta? Quiero revisar unos por menores, el editor me dijo que debía corregir algo y no he podido revisar—Miento con descaro.

—Ah, por cierto, lo de mi cabello, es peluca para pasar desapercibido. No lo menciones. —Apunto con un gesto juguetón.

Me levanta el dedo pulgar mostrando que está bien, me alejo y tomó un taxi, mientras pienso que el mundo va quedando en un pañuelo en la mano.

Una vez alejada de aquel chico, hombre guapo y joven, además se ve que es un hombre rico, suspiro mientras veo la foto de Lía Michel, mi hermana gemela.

Finalmente te he encontrado, hermana. Dije entre susurros.

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