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Portada de la novela En Mi Vida Solo Tú

En Mi Vida Solo Tú

Amadeo y Anahí crecieron unidos por un lazo especial que parecía inquebrantable, hasta que él se marchó a Harvard y el silencio se impuso durante un lustro. Al regresar a Milán, Amadeo lo hace con un compromiso formal junto a Antonella, pero volver a ver a su amiga de la infancia reabre heridas y deseos ocultos. Ahora, él deberá enfrentarse a la certeza de que Anahí es irreemplazable, cuestionando su futuro y descubriendo un amor que lo cambiará todo.
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Capítulo 1

Han pasado un poco más de siete años desde que me fui de Milán. Aquel chico de 18 años que dejó su casa para irse a estudiar a una de las mejores universidades del mundo ha quedado atrás al igual que ahora lo están quedando mis años en Harvard. Alejarme de mi familia y amigos a tan corta edad no ha sido fácil, eche mucho de menos a mis padres, a mis hermanas, y sobre todo a ella. Extrañe a horrores a mi mejor amiga, nuestras conversaciones al salir de la escuela, defenderla de los que la molestaban por cualquier cosa, y nuestras tardes encerrados en el taller de diseño de la empresa, donde ella soñaba con convertirse en una diseñadora de moda importante.

Me pregunto qué será de su vida, desde que le dije que me quedaría en Massachussets para hacer mi maestría en finanzas, perdí el contacto con ella. El día que no pude comunicarme más con Anahí, me desespere, comencé a preguntarle a mis padres si sabían algo de ella, o si podían darle el mensaje de que se comunicara conmigo, pero las respuestas que obtenía eran muy breves, “ella está bien”, “si hijo, no te preocupes, nosotros le daremos tu mensaje.” A pesar de esto, no puedo dejar de cuestionarme si realmente le han dado mis mensajes, o si ella verdaderamente estaba bien, pero, sobre todo, ¿Por qué no quiso hablar más conmigo?

“Vuelo número 1754 con destino a la ciudad de Milán, por favor abordar en la compuerta número 17” Escucho que llaman por el altavoz y este mismo mensaje es dicho en inglés e italiano.

—Baby, vamos, no quiero ser la última en abordar— me dice Antonella mientras que se abraza a mi brazo para hacer que me mueva.

—Vamos, igual no sé qué te preocupa, tenemos asientos en primera clase— respondo mirándola a esos ojos color mar que me sedujeron desde el primer día que nos vimos en aquella fiesta hace ya un año atrás.

—Sabes que no me gusta que me empujen ni que me lleven por delante con sus maletas— se defiende y sonrió.

—Está bien, vamos— accedo y de esta manera rápidamente vamos hacia la compuerta correspondiente y una vez que el personal de la aerolínea nos lo permite, abordamos el avión.

Mi novia toma asiento en el asiento que da a la ventanilla mientras que yo acomodo nuestro equipaje de mano en el portaequipaje superior y luego me siento a su lado —¿Cuándo le vamos a contar a tus padres? — me pregunta mientras extiende su mano para poder apreciar el anillo de diamantes que le di el día de la graduación de la maestría hace una semana atrás.

—Se darán cuenta cuando vean el anillo, no te preocupes— bromeo y ella sonríe.

—Me hubiera encantado conocerlos antes de ir a Milán— comenta un poco cabizbaja.

—Sabes que quisieron venir a la graduación, pero mi hermana pareció haberse puesto de acuerdo y dar a luz a mi sobrino un día antes— digo y con tan solo recordar la voz de mi padre al teléfono me rio solo.

—¿De qué te ríes baby? — inquiere y besa mi cuello.

—De mi padre gritando “¡viene el bebé!” —explico y ahora estamos riéndonos los dos.

—Pobre, es que también tu hermana…— comenta, pero al darse cuenta de la manera que la miro, ella guarda silencio. Si hay algo que no voy a aceptar nunca de alguien que este conmigo, es que juzguen a mi familia, mucho menos a mis hermanas.

—A cualquiera le puede suceder— declaro un poco más serio.

—Si, eso es verdad— Se limita a responderme mientras que de fondo comenzamos a escuchar las instrucciones de seguridad y nos sentamos correctamente para despegar.

[…]

Al día siguiente

Ha sido un vuelo extremadamente largo, o quizás son simplemente mis nervios los que me han jugado en contra; no estoy seguro. Lo que, si sé, es que mi corazón se ha acelerado de una manera demasiado fuerte con tan solo escuchar las palabras “benvenuti a Milano.”

—¿Te encuentras bien baby? — cuestiona Antonella mientras vamos caminando por los pasillos del aeropuerto después de haber pasado por inmigración y aduana.

—Solo un poco nervioso, no es fácil regresar a casa después de tanto tiempo, han cambiado muchas cosas desde que yo me fui— explico y su sonrisa me alienta.

—Todo estará bien baby, ya verás— me anima cuando ya estamos frente a las puertas dobles di vidrio que se abren apenas estamos cerca.

Respiro profundo, cruzamos las puertas, y allí están mis padres esperándome con una sonrisa tatuada en su rostro —¡Hijo! — exclama mi madre que se ve absolutamente deslumbrante como siempre con sus vestidos y su maquillaje a la última moda. Sin poder evitarlo voy rápidamente hacia ella soltando las maletas y a Antonella, para así abrazarla con todas mis fuerzas —¡Dios mío! ¡Estás todavía más alto! — se queja entre risas ya que prácticamente le llevo una cabeza y media de ventaja.

—No tienes idea de cómo te he echado de menos mamá— murmuro sin soltarla.

—Y yo a ti— responde mientras que ahora si nos vemos obligados a soltarnos un poco.

—Hijo, bienvenido a casa— saluda mi padre ya un poco más formal y me abraza —¿Nos vas a presentar a la pobre chica que has dejado sola por allí? — inquiere entre risas y de inmediato volteo a ver a Anto.

—Anto, ven— le pido haciéndole una ademan y ella rápidamente se acerca. Tomo su mano, deposito un leve beso en su dorso y miro a mis padres. —Papá, mamá, ella es Antonella Fiore, mi prometida. Mi amor, ellos son Valentina, y Alessandro; mis padres— los presento y en estos instantes la cara de mis padres es de sorpresa absoluta.

—Guau… felicidades— es lo único que es capaz de decir mi madre para después acercarse a ella y saludarla como se debe.

—Muchas gracias, señora— le dice formalmente y luego es mi padre quien nos felicita.

—¿Les parece si celebramos esta noticia en casa con el resto de la familia? — propone mi padre.

—Por favor, muero de ganas de ver a mis hermanas y de conocer a mi sobrino— les pido.

—No sabes lo hermoso que es— expresa mi padre —Me he convertido en un abuelo baboso— bromea haciendo que incluso Antonella se ría.

Si bien están haciendo sentir a mi novia como en casa, sé perfectamente que deben tener muchísimas preguntas, sobre todo, ¿Por qué tome la decisión de casarme cuando apenas les había hablado de ella? Soy consciente de las explicaciones que voy a tener que dar, y mucho peor aún la larga conversación que me espera con mi padre al respecto, pero por ahora, no quiero pensar en eso. Tan solo quiero disfrutar lo que más pueda de mi familia y de estos momentos de risas con ellos que tanto extrañaba. Me hace falta volver a estar con mis hermanas, abrazarlas, conversar con ellas, y claro, consentir a mi primer y único sobrino.

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