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Portada de la novela En los brazos de un dios griego

En los brazos de un dios griego

Miranda es una psicóloga atrapada en la inseguridad y la rutina tras su último fracaso amoroso. Su realidad se transforma cuando Alicia, su amiga experta en ocultismo, la persuade para realizar un ritual de invocación con un tomo ancestral. Al llamar a una divinidad griega, Miranda se sumerge en una espiral de deseo y pasión absoluta. Esta experiencia mística no solo despierta su sensualidad, sino que la ayuda a sanar sus traumas y enfrentar sus temores.
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Capítulo 1

— Vamos Miranda, ya han pasado cuatro años desde que ese idiota te dejo, debes buscar a otro hombre que te sacuda el piso, que te coja de la melena y te estampe contra la pared mientras te de como a control sin baterías.

El trago que le había dado a mi vaso de agua casi sale disparado gracias a el gran comentario de mi mejor amiga, miro a mi alrededor y noto que varios hombres escucharon el comentario de Alicia, nunca entendí cómo es que esta chica nunca puede reservar algo para ella sola. 

— ¡Alicia! — la reprendo. — baja la maldita voz. 

— ¿Qué? de pronto así alguno se anima a hablarte . 

— Escúchame bien. — me inclino hacia adelante. — prefiero ser la loca de los gatos, antes de volver a estar con otro hombre. 

En el pasado estuve con un hombre el cual abusó de mí de formas que ni siquiera yo conocía como psicóloga, diría que es uno de los hombres más inteligentes, porque pudo evadir y penetrar a alguien que alguna vez fue fuerte e independiente. 

Y no solamente eso, mi codependencia hacia él era tanta que si no lo tenía a mi lado sentía que iba a desfallecer, cuando ya me quise dar cuenta del daño que había hecho en mi era muy tarde. Me aleje de mis padres por todo el tiempo que estuve en aquella relación tan tóxica… mi madre falleció y tiempo después mi padre murió de soledad, todos los días me culpo de sus muertes, así que no me permito ser feliz. 

— No lo creo, leí las cartas por ti y me apareció un hombre tan guapo que muchas van a querer robartelo. 

— Sabes lo que pienso de eso. — colocó los ojos en blanco. — y deja de hacer eso, un dia de estos le vas a vender mi alma al diablo. 

Alicia me queda viendo, no sé qué es lo que pasa por su caótica mente. Ella y yo nos conocimos en la universidad, fue mi compañera de habitación, ella estudiaba filología y es una de las personas más inteligentes que he conocido en esta vida, tiempo después estudió historia y ahora tiene un doctorado. 

Conocí a toda su familia y puedo decir que son los más extraños, una de sus hermanas práctica el vudú y tiene otra hermana que es completamente gótica, y su hermana menor aparentemente es la más normal entre todos ellos, actualmente la doctora enfrente de mí trabaja como una tarotista en el viejo bazar de la calle Waller.

— Aquí tienen su cuenta. 

El mesero interrumpe mis pensamientos colocando la cuenta sobre la mesa, su mirada queda fija sobre mi y luego en su rostro se va dibujando una sonrisa, escuche a Alicia intentar no reirse, así que a regañadientes colocó un billete de 20 sobre la mesa.

— La propina puede ser su número. — se atrevió el muchacho. 

— Muchacho atrevido, yo podría ser tu madre. — Respondo abochornada. —Ves lo que ocasionas. — miro a mi amiga. 

— Pero no lo soy señorita. — El mesero insistía.

— Vamos Miranda, cumplele el sueño al niño. — Alicia insistió jugando. 

— Será mejor que levantes tu culo de la silla, ya debo volver al trabajo.

Más indignada que nunca me levanto tomando mi bolso y mi bata blanca de trabajo. Ambas salimos del restaurante bajo la mirada de varios hombres y de aquel joven mesero, me sentí un poco halagada, afortunadamente a mis 30 años me sigo conservando bien… o eso creo. 

El calor de la mañana impacta sobre mi cuerpo y de inmediato comienza la comezón por todo el cuerpo, eso ocurre cuando se cambia de clima bruscamente, Alicia saca su paragua de color negro y lo coloca sobre nuestras cabezas. 

— Pero ya hablando muy enserio, tú como psicóloga sabes que todo lo que estás haciendo está mal, no puede recluirte emocionalmente ¿Como harías si una paciente sufrió lo mismo que tú?

— Es diferente, porque este es mi trabajo. 

— Eso es ser hipócrita y lo sabes.

Claro que Alicia tenía razón, pero dársela sería  una larga sesión de limpieza para liberar mi alma del estado de negación en el que me encuentro desde hace ya cuatro años.

— Mira la cantidad de hombres que hay a tu alrededor. — Alice señala con su mano libre todo nuestro alrededor, hombres y mujeres caminaban de un lado a otro. — Mira ese. — señala a un moreno que justo cruzaba la calle, todo su brazos se encontraba tatuado y llevaba un estilo muy bueno. 

— Sabes, a veces no entiendo cómo es que estas casada si a toda hora y en todo momentos estas viendo otros hombres. 

— ¿Crees que Simon no ve a otras chicas? Aquí nadie es santo para rezarle. — Alicia bufa. 

giramos en una esquina y ya nos encontrábamos en pleno centro de la ciudad, donde mi amiga daba sus sesiones de espiritismo, lectura de cartas, lectura de palmas y limpiezas con huevo. Aún me costaba creer que una de las mejores mentes del siglo 21 está aquí, claro… respeto a todas las personas que hacen esto, increíblemente cuando Alice lo hace, todo lo que dice se cumple. pero aun soy un poco escéptica.

Entramos por el arco principal de la plaza donde trabaja, allí había otros puestos y restaurantes donde los turistas comían y probaban nuestra gastronomía, y también compraban recuerdos para llevar a sus casas. La ciudad de Loubrook es la combinación perfecta entre Louisiana y la arquitectura de Cartagena. Fue una de las ciudades donde la eclavitud y las mezclas de culturas se arraigo echando raíces hasta el último punto de la ciudad.

Inclusive hay una atracción atrapa turistas donde inventan que fue esta tierra donde los primero vampiros, también el famoso aquelarre de las hermanas Richardson, cuatro hermanas muy poderosas, ellas le enseñaron todo lo que sabían a sus seguidoras durante la época colonial, se dice que durante muchos años lograron embrujar a muchos aristocráticos hasta que se dio la masacre de las brujas.

Según los Lester, padres de Alicia, ellos son descendientes de Marie Richardson, la mayor de las hermanas y por eso en aquella familia el ocultismo y la magia eran un pilar. 

Alicia abre la puerta de su local y comienza a sacar una mesa y dos sillas, me ubico en una y dejo que la corriente de aire me refresque, el día estaba lo suficientemente caluroso como para derretirse. 

— Hola. — Susie, mesera de un restaurante al lado del local de Alicia. Sale con una bandeja vacía en su mano. 

— Hola Su. — respondo. 

— ¿Y Al? 

— Seguramente está encendiendo el aire acondicionado, aquí hace un calor del infierno.

— Le puedes entregar esto. — Del bolsillo de su pantalón saca un sobre perfectamente sellado. — Lo trajo un repartidor. 

— Su, la mesa 8 está solicitando un pedido. — Otra mesera se acerca a ella. 

— Ok, ya voy, hasta luego Miranda. 

Susie se aleja dejándome nuevamente sola, pero no por mucho tiempo, mi mejor amiga sale junto a dos té frío. 

— ¿Con quién hablabas? 

— con Su, te trajeron esto. — le entregó la carta a mi amiga, ella lo analiza y coloca los ojos en blanco. — ¿Qué sucede?

— La universidad me quiere como docente a tiempo completo, dicen que soy el mejor prospecto para dar la cátedra en historia. 

— Eso suena bien Al ¿Porque no lo tomas? 

— Me gusta mi vida tal como está, no quiero estar lidiando con un montón de chicos, calificar exámenes, tener reuniones con directivos y blah, blah, blah, aquí soy mi propia jefa. 

— Sabes, no vamos a tener esta conversación otra vez, así que tu eres la que sabes. 

Le doy un trago a mi té y dejar que el  frío me refresque un poco. 

— Compre una botella de vino para esta noche. — dice Alicia. 

— Cuando llegue a casa comprare la pizza, veremos Magic Mike y nos emborracharemos hasta el culo.

— Eso suena muy bien, pero te compre un regalo. 

Alicia se levanta de su asiento y corre nuevamente a su local, me preparo mentalmente para lo que sea que me compro, me puedo esperar cualquier cosa de esta chica y siempre será algo que me volara la cabeza. 

Sale y entre sus manos llevaba un libro, lo coloca sobre la mesa y sonríe en grande. 

El libro era de pasta dura cubierta por una piel de cuero roja, no tenía ninguna  inscripción grabada ni mucho menos dibujos que mostraran de que se trataba. 

— Espero que no sea el libro maldito del que me contaron tus padres. 

— ¿El codex? — asiento con mi cabeza. — ¡No! tú solo abrelo.

con desconfianza poco a poco lo voy abriendo, el primer título estaba escrito en lo que parecía ser griego antiguo. Estando con Alicia aprendí a identificar muchas cosas, sin embargo no sabía que decía. 

— ¿Qué dice? — le pregunto. 

— El que tenga en su poder este manuscrito podrá invoc… 

— No pienso invocar al diablo, íncubo, súcubo, genio, elfo, hada o lo que sea. 

— Déjame terminar. — Alicia coloca los ojos en blanco. — “El que tenga en su poder este manuscrito podrá invocar al esclavo sexual aquí descansa” 

— Al, hay veces en las que creo que no eres de este planeta. Igualmente no pienso invocar a nadie. 

— Oh vamos Mirando, debemos intentarlo, tú debes intentarlo. Para que te quites lo virginal que te has vuelto. 

— Me voy. — Cierro el libro. Una fuerte corriente de aire pasó por todo el pasillo, increíblemente la tapa dura del libro se levantó y las hojas comenzaron a moverse hasta detenerse en una imagen. 

Mi corazón comenzó a latir con fuerza y sentí como mis mejillas comenzaron a calentarse, aquella imagen era tan perfecta en todos los detalles que lo adornaban, un hombre completamente desnudo yacía allí mirándome fijamente, a pesar de que la imagen era a blanco y negro podia predecir que sus ojos eran de un verde parecido a una esmeralda, su tonificado cuerpo lucia impecable sin ninguna imperfección que lo dañase. Justo en la parte de arriba decía:  Jason de macedonia.

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