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Portada de la novela En los brazos de tu enemigo

En los brazos de tu enemigo

Lo que inició como un flechazo absoluto entre Dannia y Bruno durante un congreso médico culmina en un desastre nupcial. En plena boda, ella descubre la cruel traición de su prometido con Laila, su asistente. Alejandro, ex de Laila, irrumpe en el evento para desenmascarar el engaño y saldar cuentas con Bruno, su rival desde la niñez. Así, el idilio se desmorona, revelando una oscura trama de venganza y secretos que conecta sus pasados.
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Capítulo 2

Al amanecer, en el apartamento de Dannia, gritos se escuchaba, así como golpes en las ventadas, en las paredes y en la puerta, se levantó un poco desubicada por lo que podría estar pasando. Salió y abrió la puerta, sus amigas entraron consternadas, la miraban de forma extraña y no decían palabra alguna.

¿Qué estaba pasando? ¿qué significaba este escándalo?

Se sentó en el sofá, soltó un bostezo y las miró esperando alguna respuesta de su parte, una respuesta que tardaba en salir.

—¡Ay bueno ya! —dijo desesperada —me van a explicar que es lo que está pasando, están actuando muy extrañas y saben que eso me cae muy mal, díganme qué es lo que sucede que merita esos rostros serios y preocupados, hablen ya.

Sus amigas estaban tan asustadas, tenían miedo de haber arrastrado a Dannia a sus cochinadas.

—¿Dormiste sola? ¿aquí? ¿sin nadie? —cuestionó Fernanda, tomando el valor.

—Sí, dormí sola, aquí, sin nadie, ¿por qué? ¿qué pasa? —respondió sin entender nada.

Fernanda miró a Diana y luego a Karly sin decir una sola palabra, Dannia no tenía tiempo para esto, estar sentada en el sofá jugando a las miradas, no, debía comenzar por bañarse y desayunar.

Su celular sonó justo en el momento indicado, la maquilladora estaba por llegar y quería estar segura que todo estuviera en orden, sus amigas seguían mirándola de forma extraña mientras hablaba por teléfono.

—¿Me van a decir que está pasando? —cuestionó nuevamente, pero molesta.

—Creímos que habías amanecido con uno de los chicos de anoche —Anunció Fernanda avergonzada.

—No Fer, vine a casa, ustedes tres estaban muy ocupadas con aquellos chicos.

—Pero, y ¿el cuarto chico? —preguntó Diana

—Eran tres, no cuatro, creo que mucho alcohol las dejó un poco confundidas. Antonio me trajo a casa y se fue, no sé qué pasó en aquel lugar … —intentó hablar, mas Karly la interrumpió.

—Es mejor amiga, fue pura perversión, nada que ver contigo.

Las tres parecían avergonzadas, pero conociéndolas como Dannia lo hacía, lo habían disfrutado y mucho, podía imaginarse que cosas habían hecho la noche anterior para que estuvieran así y aún más cuando creyeron que la habían arrastrado a hacer lo mismo.

—Dejemos eso de lado y comencemos por bañarnos, la maquilladora ya va a llegar y necesitamos estar bañadas, así que las quiero ver moviditas muchachas —dijo Dannia tronando los dedos.

Minutos después unos golpes en la puerta la hicieron dejar el desayuno a medias, abrió la puerta y había un ramo de rosas blancas y una tarjeta “para la mujer más hermosa del mundo” y firmado por Bruno. Las tomó y las llevó adentro, las colocó en un jarrón y las contempló por varios minutos con una sensación extraña en el pecho.

—¡Son los nervios! —se dijo a sí misma o al menos eso quería pensar, pues, ¿Por qué Bruno enviaría rosas cuando sus flores favoritas eran tulipanes?

—¿Las trajo el novio? —era la voz de Angela, la maquillista.

—Sí, son hermosas ¿no? —preguntó Dannia con duda, mirando las rosas.

—¿No te gustan? —la cuestionó, viendo cómo dudaba.

—Son hermosas, pero me gustan más los tulipanes, esas son mis flores favoritas.

Dannia sentía un poco de nostalgia por las flores, pero Angela tenía razón en una cosa, la intención era lo que contaba y debía estar feliz por eso, a pesar que era la primera vez que Bruno no le enviaba tulipanes.

—Fuera tristezas, fuera dudas, fuera todo, tienes que estar tranquila, relajada, tú eres hermosa, divina, vas a ser feliz con ese hombre —decía Angela tratando de animarla y no perder su trabajo.

—¡Sí! —gritaban sus amigas desde la habitación.

Dejó su nostalgia de lado y Angela comenzó su labor, el maquillaje debía ser sencillo al igual que el peinado, su vestido era en corte A, era simple al igual que su ceremonia, era pequeña de unos doscientos invitados, familia, amigos y algunos colegas.

—Te dejaré hermosa Dannia, tienes una piel hermosísima.

Ella sabía que esas habladurías eran solo para hacer su trabajo, pero la hacían sentir bien, quería disfrutar de su día al máximo pues no habría una primera boda.

—Ve a ponerte el vestido, quiero ver como luce el maquillaje con todo el conjunto.

Fernanda le ayudó a colocar su vestido de novia sin estropear el trabajo de Angela, puso sus zapatos y caminó hasta Angela otra vez.

—¿Qué tal? —preguntó Dannia girando.

—Me gusta como luces, te vez hermosa Dannia, lo digo muy enserio, debes creer que mis palabras son por hacer mi trabajo, pero créeme que no, lo digo porque de verdad luces hermosa —anunció Angela.

Corrió a abrazarla, pues sus palabras la hicieron soltar algunas lágrimas de felicidad.

—Estás preciosa amiga —le siguió Karly, derramando algunas lágrimas de felicidad.

—Karly tiene razón, estas hermosa, me harás llorar —dijo también Fernanda.

—¡Chicas! —las abrazó con fuerza.

Ellas se habían convertido en hermanas, en el transcurso de estos años, las unía más que una amistad.

—No quiero verlas llorar, me estropearan mi trabajo y me enojaré con ustedes cuatro —las regañó Angela

Afuera de la casa había llegado la limosina que el padre de Fernanda mandó para las cuatro chicas, para él, Dannia era una hija más al igual que Karly y Diana, tanto que, a veces bromeaba diciendo que las adoptaría porque de su casa no salían

—Estamos listas ¿verdad? —preguntó Fernanda.

—Lo estamos —anunció —solo falta mi ramo.

—Yo lo llevó —Anunció Karly.

Fernanda le ayudó a salir hasta el jardín del que hasta hoy fue su hogar por dos años, un hombre mayor abrió la puerta de la limosina y le ayudó a entrar, allí adentro iban las cuatro rezando porque todo saliera bien y pudiesen disfrutar del día, tanto esmero entregó para su día que era lo menos que merecía.

—La iglesia está repleta amiga —mencionó exaltada Fernanda

—¡Ay no! estoy muy nerviosa amigas, que miedo, ¿es normal? —preguntó con angustia.

—Supongo que sí —dijo Karly aterrada.

—Eres la primera que saca, ¿nosotras que vamos a saber? —habló por primera vez Diana, aunque un poco molesta, un secreto se guardaba, uno que jamás debía revelarse.

—No la molestes Diana, la pobre esta nerviosa y tú no ayudas mucho —le gritó Fernanda, quién siempre defendía a Dannia.

—Ustedes dos no peleen —le ordenó la novia, a quien estaban poniendo nerviosa —debemos bajar, ya están desfilando.

El conductor colocó la limosina justo en la entrada de la iglesia, estaba realmente aterrada ahora que todo se estaba haciendo más real, se iba a casar con Bruno, el hombre que su corazón amaba y adoraba.

La iglesia estaba perfectamente decorada, los tulipanes eran las flores que más se destacaban en el lugar, así como los mantos que colgaban en las sillas.

Allí ya Bruno se encontraba, sin una pisca de remordimiento por lo que había hecho a solo horas de casarse, mucho menos le remordía lo que por más de dos años venía haciendo.

Cosa que Alejandro evitaría que pasara, así fuera el responsable de impedir esa estúpida boda, Dannia no se casaría con alguien que definitivamente no la merecía.

—Apúrate Antonio —le exigía él.

—Ten paz, Alejandro, llegaremos a tiempo —dijo con risa, disfrutaba de cierto modo, la idea de al menos una vez en sus patéticas vidas, arruinarle algo a Bruno, devolverle algo de todo lo que alguna vez le hizo a Alejandro.

—Necesito llegar a tiempo y estar allí, cuando el desfile, necesito que me vea y que sienta que es su día —dijo con sarcasmo Alejandro, dispuesto a hacer de este día un gran teatro.

Pero como no todo sale como se planea, el tráfico en San Francisco era un dolor de cabeza, y justo tenía que ser el día de la boda de Bruno Flores.

—¡Tenía que ser justo hoy! —se expresó molesto y lleno de desesperación, Alejandro.

—Ya, relájate —expresó Antonio, quizá más estresado que Alejandro —ya casi llegaremos, aunque para ser honestos, llegaremos para provocar un divorcio.

Alejandro le dio dos miradas consecutivas y soltó la risa, eso no lo había pensado, pero la idea sonaba bastante tentadora.

La ceremonia dio inicio, con el desfile de Bruno y sus padres Roger y María.

Todo estaba saliendo a la perfección, excepto por un dispositivo conectado al equipo de sonido, que revelaría ahora sí, la verdad que Bruno escondía.

Alejandro, llegó un poco tarde, pero al menos vería desfilar a su empleada y en la parte de: "¿Alguien se opone a esta boda?" ambos se pondrían de pie y gritarían a todo pulmón: "Nosotros nos oponemos" un acto muy dramático, pero debían dar una buena función.

.

.

Sus amigas desfilaron antes que ella tirando pétalos de flores sobre la alfombra donde desfilaría Dannia, justo en la puerta estaba su padre, Marc, con su rostro lleno de lágrimas al verla como la princesa que siempre soñó, aunque no con Bruno.

—Estás tan hermosa hija mía —la envolvió en sus brazos y llenó su mejilla de besos.

—Gracias papito, luces hermoso —respondió ella, aguantando sus ganas de llorar.

La melodía nupcial comenzó a sonar, tomó varios respiros antes de comenzar a caminar, su papá mantenía sus manos acunando la suya, dando pequeñas palmadas tratando de calmar sus nervios.

Frente a ella estaba Bruno, hermoso como lo imaginó, su traje azul marino ajustado lo hacían ver tan elegante, junto con su peinado que no tenía ni una hebra de cabello desacomodado.

Alejandro la vio desfilar y se dijo: —está hermosa, parece una reina más que una princesa.

La siguió con su mirada hasta que llegó al altar.

—Te pido que la hagas feliz, Bruno, que la cuides y la protejas como piedra preciosa —le ordenó Marc, sabiendo que en ese hombre había algo que no le cuadraba.

—Lo haré señor Marc, no se preocupe —le dijo con una gran sonrisa.

Bruno extendió su mano y su padre le entregó lo más sagrado que tenía en su vida, su hija, de la mano, la acercó a él y le dio un beso en la mejilla, se giraron hacia el hombre que los uniría en matrimonio y sonrieron.

—Sean todos bienvenidos —dijo el padre cuando fue interrumpido por lo que parecían unos gemidos de placer, allí estaba el plan que Laila había armado,, pues había pagado para que aquel que estaba encargado se hacer sonar la música, también reprodujera la grabación —quiten eso —ordenaba el sacerdote desesperado.

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