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Portada de la novela En la boca del lobo

En la boca del lobo

Al trasladarse con su madre a una nueva localidad, Lina Lane desconoce las amenazas que se ocultan en la oscuridad. Su existencia da un giro al cruzarse con su vecino, el chico más popular y admirado de la zona. Pese a su apariencia ideal, Lina percibe en él a un individuo oscuro y misterioso. Segura de que tanto él como sus allegados resguardan un secreto de origen sobrenatural, ella se jugará todo para exponer la realidad del enigma.
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Capítulo 3

               Dedicado a GabycgStyles ♥

Tenía encima a Paige, así se llama ésta, me di cuenta por como gritaban su nombre apoyándola. Se podría decir que el alboroto hizo que todos los que estaban en la cafetería vinieran a ver la pelea. Tiré de su cabello fuertemente haciendo que pegara un grito ahogado. Hice un movimiento rápido y ahora yo era la que estaba encima de ella. La tenía del cuello, no sé pero cuándo me enojo mucho no me puedo controlar.

—¡Suéltame...! —chilló ella, mientras con sus manos tiraba de mis cabellos. Estábamos igual, si ella no me soltaba yo tampoco.

—Te enseñaré a respetar. —espeté entre dientes.

Unos brazos me rodearon por la cintura haciendo que soltara a Paige.

—¡Suéltame! —pataleé.

Pero no me soltaba, me tenía agarrada.

Miré cómo el chico del auto auxiliaba a Paige, mientras ella lloraba sobándoce el cuello.

De pronto escuchamos sonar un silbato muy alto que casi nos dejaban sordos. Se hizo un absoluto silencio. La directora venía echando humo. Oh, no. Creo que estoy en problemas.

—¿Qué pasa aquí? —preguntó con voz autoritaria. Luego nos miró a ambas. —Esto no es un ring de boxeo para que se estén dando golpes a mitad del pasillo.

Miré a Paige, ella me estaba mirando. Había furia en sus ojos, demasiada, juraría que los veía negros, mucho más de lo normal. Ella miró mi desconcierto y dibujó una sonrisa maligna que me causó escalofríos.

—Ustedes dos, —señaló al chico que me sujetaba y al otro que tenía a Paige, que por cierto parecía furioso, pero no me miraba a mí, miraba en dónde el chico me tenía agarrada. —Tráiganlas a mi oficina. —ordenó y dio media vuelta.

Los demás alumnos volvieron a la cafetería hasta que sólo quedamos los cuatro en el pasillo. Forcejeé para que el chico me soltara hasta que lo hizo. Me giré para verlo y me acomodé el cabello.

Era guapo, alto, tenía un muy buen cuerpo y por lo que pude sentir es fuerte. Usaba una camiseta color verde y unos vaqueros negros. Su cabello estaba entre despeinado y revuelto, algo así como si se lo hubiera estado desarreglando él mismo. Lo miré a los ojos, también tenía una mirada muy profunda. ¿Qué pasa en este pueblo?

—Ven, tenemos que ir a la oficina de la directora. —tomó mi brazo, delicadamente. Lo aparté de inmediato.

Escuchaba lloriquear a Paige. El chico no le ponía demasiada atención. Caminé, adelantándome, hacia la dirección. Poco después escuché pasos detrás de mí, y el chico que me separó se posicionó a la par mía.

—No te había visto por aquí, ¿eres nueva? —preguntó, sonriendo.

—Otro... —murmuré más para mí. Joder, es obvio que soy nueva.

—Disculpa, no escuché. —objetó, acercándose un poco, poniendo su mano en la oreja.

Respiré profundo.

—Sí, soy nueva. —respondí. —Me llamo Carolina, por cierto.

Él sonrió.

—Soy Connor. —estrechó su mano. La tomé.

Llegamos a la dirección y me senté en una silla, Paige se sentó en otra a la par mía. Connor y el otro chico, que todavía no sé como se llama, estaban de pié.

—Muy bien, Señoritas, ¿porqué ha sido el pleito? —preguntó, tratando de no sonar alterada.

—Ella comenzó... —dijimos las dos al unísono.

Me enojé más.

—Ella me pasó empujando cuando ibamos por el pasillo y después me bofeteó sin tener motivos. —le dijo Paige.

Abrí mi boca del asombro. Qué mentirosa.

—Eso no es cierto, —le dije a la directora—Que mentirosa eres. —miré a Paige.

La directora resopló.

—¿Saben qué? Como ninguna me va a decir la verdad, yo misma lo averiguaré. —se dio la vuelta y tecleó algo en su computadora, de ella salieron unos cuadros como cámaras de seguridad. —Con estas nuevas cámaras ahora sí pondré orden en la escuela.

Salió la imagen del pasillo en que estábamos nosotras, la atrasó a la hora que tocaron la campanilla y la dejó. Se miró que los chicos estaban saliendo, luego me miré a mí con Anne, se miró donde Paige la empujó, yo la defendí, ella me cacheteó, le respondí y bueno... La pelea.

La directora apagó la computadora y nos miró.

—Su primer día, Señorita Lane. —me miró—. Serán suspendidas por hoy.

¡¿Qué?!

Mi mamá va a matarme.

—¡Pero, Señora Directora...! —chilló Paige.

Ella la cayó.

Yo no dije nada... ¿Y qué esperaba? ¿Que me dieran un premio?

Bufé.

—Kayler, —se dirigió al chico detrás de Paige. Con que se llama Kayler. —Lleva a Carolina a su casa, tengo entendido que son vecinos. Cuidala, ¿quieres?

¿Qué?

Hay, no. No puede ser.

—Connor, llevate a Paige. —finalizó ella y nos señaló la salida.

Me levanté a paso rápido y salí casi corriendo de allí, si tenía suerte podía escapar de Kayler y irme caminando yo sola. No quiero estar sola con él en un auto, me intimida, su mirada intensa hace que me olvide de todo y provoca muchas cosas en mi que, sinceramente, no quiero lidiar con eso ahora.

Conozco a los chicos como Kayler, arrogantes, manipuladores, celosos, mujeriegos. Me imagino que Paige es su novia. Todavía se atrevió a decir esa estúpida que ella y él son los que mandan en ésta escuela. Son ridículos.

Iba saliendo de la escuela cuando unos brazos me detuvieron, su agarre era fuerte, pero no para hacerme daño.

—¡¿Qué te pasa, idiota?! —espeté, sin mirar quién era.

Me giré. Era él. Kayler. Tenía una sonrisa burlona en su cara.

—¿Huyendo? —inquirió divertido, levantando una ceja.

Rodé los ojos.

—Por supuesto que no... Ah, y no te molestes, puedo caminar a casa, no necesito que nadie me lleve. Adiós. —me giré para seguir mi camino pero él fue mas rápido y me volvió a tomar del brazo.

Su toque era cálido.

—No creo que te quieras ir sola... El bosque no es muy seguro. —comentó arrugando la nariz, lo dijo como si sabía muy bien lo que había en él.

Me crucé de brazos.

—No me importa —espeté.

Su semblante se tornó serio. Apretó un poco la mandíbula, al mismo tiempo que también miré que apretaba los puños. Su mirada se estaba oscureciendo, tal y como había visto a Paige hace un momento. Me dio miedo, sí.

—Veo que eres indomable, no te gusta ceder, ¿verdad? —inquirió— Pero tú, mi querida Carolina, vendrás conmigo por las buenas o por las malas.

En un abrir y cerrar de ojos me encontraba flotando en el aire. Kayler me estaba cargando en su hombro.

Maldita sea.

—¡Bájame! —pataleé. Escuché la puerta de un coche abrirse, entonces Kayler me sentó en el asiento co-piloto y puso mi cinturón. Cerró mi puerta y él subió al asiento conductor. Éste era el jeep que había visto ayer. Sus asientos eran finos y estaban casi nuevos.

—Conozco a los que son como tú... —murmuré, mientras él ponía el coche en marcha.

—¿Ah, si? —cuestionó burlón, como si le divertía lo que yo decía. Encendió el auto y arrancó dejando la preparatoria atrás.

Asentí sin mirarlo.

—Les gusta que las personas hagan lo que les plazca. Pero yo no soy así, no me gusta obedecer a nadie. —espeté. —Tu noviecita es prueba de ello.

Él rió.

—Está bien, pequeña Carolina, como tú digas. —no sonó muy convincente.

Lo miré con el ceño fruncido, es como si no tomara en serio lo que yo digo. Me quedé en silencio observando el bosque, ya estábamos entrando en él. No sé porqué mamá tuvo que escoger una casa en medio del bosque. Me da cierto temor. Viene a mi mente el aullido que escuché ayer. Un escalofrío recorre mi cuerpo. Siendo sincera me da miedo estar sola en casa.

—¿En qué piensas que te pusiste tan pálida? —preguntó el idiota a mi lado.

Cerré los ojos por un segundo. No sé si debería de contarle lo del lobo, pero tal vez él sepa si hay o no, al fin y al cabo él ha vivido más tiempo aquí que yo.

—Tú... ¿Tú sabes si en este bosque hay animales salvajes? —pregunté. —¿Como lobos y eso?

Miré cómo se tensaba y apretaba el volante un poco fuerte.

—No lo sé... Nunca he visto uno. —respondió cortante. —¿Te asustarías si los hay? —me miró.

La respuesta era obvia.

—Sí, claro que sí. Vivo sola enmedio del bosque, y saber que estoy rodeada de lobos salvajes me aterra. —confesé.

Se quedó en silencio un momento, quizás meditando lo que le había dicho.

—Es lógico. —susurró. —Pero no te asustes, conmigo nada te puede pasar.

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