
Empezar de nuevo
Capítulo 2
Antes de que Eden pudiera procesar las palabras del pelirrojo, ella y sus amigas ya se encontraban en el interior del centro nocturno, cruzando entre un enjambre de cuerpos sudorosos que se mecían al compás de la música.
Sus ojos tardaron unos minutos en adaptarse a la tenue iluminación del interior y solo entonces pudo ver que el hombre con el que acababa de sostener el altercado se dirigía hacia el área VIP.
¿Qué se suponía que debía hacer? ¿Agradecerle por haberlas ayudado a entrar? '¡De ninguna manera!', pensó ella moviendo la cabeza de un lado a otro. Si bien era cierto que ahora se encontraban adentro y los dedos de sus pies y su trasero ya no se sentían tan entumecidos, no hubiera tenido problema en seguir esperando su turno, como todos los demás.
"¡Oh, santa Eden! Siempre estaremos en deuda contigo. ¡Las bebidas van por nuestra cuenta esta noche!", exclamó Cassandra inclinándose ante ella con las manos levantadas en un gesto de adoración.
Lydia se rio y exclamó con entusiasmo: "¡Sí! ¡Tómate una por el valor que demostraste! Quiero decir. Yo jamás me habría atrevido a acercarme a Liam".
"¿Así se llama?", preguntó Eden, sin prestar mucha atención a la conversación de sus amigas. En su opinión, 'el Pelirrojo' le sentaba mejor.
Acto seguido, ella estiró el cuello para examinar el local en busca de alguna mesa que pudieran ocupar, pero con la excepción de algunos taburetes libres en la barra, no había ningún espacio privado, siendo que ella comía ansias por sentarse. Y pese a lo lindos que eran sus zapatos y a lo bien que combinaban con su vestido negro, sus pies en verdad la estaban matando.
"Debes haber oído hablar de Liam. Es algo así como un miembro de la realeza en esta ciudad", dijo Sienna. "Es piloto de carreras y organiza las fiestas más locas que puedas imaginar. Además, es famoso por observar la regla de los tres meses: nunca sale con nadie durante más tiempo que ese".
"¡Vaya, qué tipo tan encantador!", dijo Eden asintiendo distraídamente, aunque la verdad era que nunca había oído hablar de él. Después de todo, eso no era extraño, ya que ella nunca le había prestado atención a la escena social de Rock Union.
Sus ojos se iluminaron al descubrir varios taburetes vacíos en la barra. Y aunque no era un lugar de primera, en especial porque todos los ebrios gravitaban por ahí, por lo menos tendría una oportunidad para descansar los pies.
"Vamos", dijo tomando de la mano a Sienna y abriéndose paso entre la multitud. En cuanto las vieron irse, sus otras dos amigas las siguieron de prisa.
"¡La primera ronda va por mi cuenta!", gritó Lydia tratando de hacerse escuchar por encima del estruendo de la música, al mismo tiempo que movía las manos para llamar la atención del cantinero.
Iniciaron la velada con una ronda de shots y algunos chismes, para seguir con unos cuantos cocteles rodeados de historias escandalosas. Lydia se estaba acostando con uno de los tipos del equipo encargado de la iluminación en la filmación donde estaba trabajando, y no tuvo el menor reparo en describir sus partes más recónditas y emocionantes a cualquiera que quisiera escucharla.
Cuando estaba a la mitad de su primer cóctel, el estado de ánimo de Eden había mejorado a tal grado, que comenzó a pensar que haber ido a ese club no había sido tan mala idea después de todo.
Cuando el DJ cambió el ritmo de la música para poner una pieza más rápida, Lydia y Cassandra gritaron que era su canción favorita y corrieron brincando como locas hacia la pista de baile. Mientras tanto, Eden se quedó sentada observando cómo se movían al ritmo de la música, mientras mostraban achispadas sonrisas en sus rostros.
"Ay, por Dios!", exclamó Sienna con una mirada llena de horror. "¡Esto no puede estar ocurriendo!".
El corazón de Eden se hizo añicos cuando su mirada chocó con la de Simon, quien se encontraba parado al otro lado del salón, con su antigua amiga Olive colgada de su brazo y ataviada con un ceñido vestido metalizado.
"No sabía que estarían aquí", dijo Sienna. "Estoy bien", replicó Eden.
Pero no lo estaba, pues su corazón seguía sangrando debido a que él había roto su compromiso con ella. Sin embargo, la ruptura en sí no era lo que más le dolía, sino la forma tan cobarde que Simon había elegido para dar por terminado un compromiso que llevaba un año entero. ¡¿Un mensaje de texto?! No solo la dejó destrozada, sino también con la pesada carga que significó el hacerse cargo de la cancelación de la boda y tener que pelear por los reembolsos.
Eden observó a la pareja caminar a través del salón, despreocupados y enamorados, sin importarles que ella estuviera rota y llena de moretones.
Durante las primeras dos semanas después de su ruptura, ella no podía salir de su incredulidad, además de estar demasiado ocupada tratando de explicarle a sus padres y a todos los que la rodeaban cómo era posible que su intuición hubiera estado tan errada con respecto a Simon. Sin embargo, tal vez lo peor de todo fue tener que llamar a sus cien invitados para comunicarles que podían usar sus invitaciones como papel higiénico, porque se cancelaba la boda.
Pasó las cuatro semanas siguientes flotando entre la incredulidad, la rabia y la más aplastante de las tristezas. De hecho, en esas pocas semanas atravesó por todas las etapas del duelo.
Y ahora, mientras observaba reír y divertirse a aquellas dos personas a quienes en cierta forma había confiado su vida, Eden se dio cuenta de que todavía se encontraba en algún lugar entre la ira y la aceptación.
"¿Crees que deberíamos ir a otro lugar?", preguntó Sienna.
La chica negó con la cabeza, ya que sentía que ella no había hecho nada malo; excepto confiarles su corazón a esos dos. Si había alguien que debía irse era Simon y su caprichoso corazón.
"¡Vamos, demostrémosles que no los necesitas!", la consoló Sienna, mientras bebían los tragos que estaban alineados sobre la lisa superficie de mármol de la barra; uno tras otro. "¡Ya te has arrastrado demasiado por él!".
Sienna tenía razón. Seis semanas eran demasiado tiempo para sentarse a llorar por un hombre que no tenía la menor intención de regresar, pensó Eden mientras bebía, en rápida sucesión, una serie de tragos kamikaze.
Su corazón, que había permanecido infernalmente entumecido hasta ahora, estaba agradecido. No así su hígado, que le gritó que se detuviera cuando sintió que el vodka la golpeaba con fuerza.
Sienna intentó advertirle que se tranquilizara, pero Eden había cruzado la línea de la sensatez y lo único que quería era beber hasta perder el sentido.
"Voy a bailar", dijo de repente entre hipos, mientras se dirigía hacia la pista decidida a elegir a un extraño al azar para que fuera su pareja. Ella no era quisquillosa, así que cualquiera estaría bien.
También te puede gustar





