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Portada de la novela Embarazo oculto

Embarazo oculto

Annabelle Vincent quedó devastada cuando el poderoso Matteo O'Connell la dejó tras creer en crueles calumnias. Mientras ella intenta reconstruir su vida en secreto, ocultando que está embarazada de él, Matteo descubre la falsedad de los engaños y se propone recuperarla para que sea su esposa. Atrapados entre el rencor y el deseo de perdón, él ignora que ella espera un hijo, mientras las dudas sobre la paternidad amenazan con cambiar su futuro.
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Capítulo 1

ANNA

Mi atención estaba centrada en la mancha rebelde del espejo que tardaba más en limpiarse. Había pasado de agacharme de espaldas y de rodillas a arrodillarme en el suelo y ocuparme de ella más personalmente. Era como un picor que no podía rascar.

Estaba tan perdida en la tarea que había olvidado dónde estaba. Sentí algo contra mis pies detrás de mí y cambié mi atención para investigar qué o quién era.

¡Uy!

Había hecho tropezar a alguien por error.

-Lo siento mucho-. Me disculpé mientras me levantaba del suelo y miraba horrorizada al hombre,

-¡Mantén tus pies fuera del camino!

-Lo siento mucho.

-Idiota-. Dijo el hombre mientras se daba la vuelta y se alejaba en dirección a las pesas del gimnasio.

Intenté quitarme de encima el insulto, una vez más. Uno pensaría que ser menospreciado e insultado casi a diario sería una norma para mí. Pero mi piel no se había engrosado lo suficiente como para deshacerme de él tan rápido como llegó.

Dejé escapar un suspiro y me giré hacia el espejo. Me quedé mirando la mancha que estaba más cerca del suelo y decidí que era mejor ocuparse de ella más tarde. Recorrí el espejo, que ocupaba toda una pared de un lado del gimnasio.

Buen trabajo, pensé cuando mi mirada se cruzó con la suya y me quedé helada.

Después de trabajar en el gimnasio durante más de cinco meses, se podría pensar que me habría acostumbrado a los miembros y no miembros que entraban y salían mientras yo trabajaba. Lo he hecho y lo hice, pero este hombre era simplemente...

No hay palabras para describirlo. Rezumaba confianza en sí mismo y clase, por no hablar de su atractivo. A veces casi me dolía mirarle e incluso me sentía culpable mirándole mientras hacía ejercicio, cosa que había hecho innumerables veces. Pero en cuanto me sentía cómoda mirándole, recordaba que yo estaba donde debía estar y él estaba donde debía estar.

¿Me está mirando o es mi imaginación?, me preguntaba mientras nos mirábamos en el espejo mientras él corría en la cinta.

Rápidamente aparté mi mirada de la suya insegura de si era una sonrisa lo que había visto justo antes de apartar la mirada. Sin perder más tiempo, volví al trabajo y seguí con mi jornada como de costumbre.

Terminé media hora después. Me aseé en el baño y recogí mis cosas antes de salir. Tenía que ir a Kat's, mi segundo trabajo, donde trabajaba de camarera.

Necesito dos trabajos porque uno solo no es suficiente para pagar las facturas de la casa y las facturas médicas de mi madre. Me faltaban unos meses para acabar la carrera cuando mis padres tuvieron un accidente de coche hace seis meses. Ese día perdí a mi padre y mi madre entró en coma.

Fue duro. Enterrar a uno de mis padres y esperar no tener que despedirme del otro.

Perdida en mis pensamientos, no oí el coche que se dirigía hacia mí mientras cruzaba el aparcamiento del gimnasio. El fuerte pitido llegó demasiado tarde y me quedé paralizada mirando el coche que se acercaba.

Nunca pensé que yo fuera esa chica que se quedaba en medio de la carretera y gritaba mientras un coche se le echaba encima. Pero mientras cerraba los ojos y esperaba el impacto, supe que yo era esa chica. Dicen que nunca sabes lo que harás en un momento hasta que ese momento llega. Y allí estaba yo, con los ojos cerrados con fuerza esperando todavía el impacto.

Oí un portazo que retumbó en mi corazón. Abrí un ojo y luego el segundo para descubrir que el coche se había detenido a pocos centímetros de donde yo estaba.

-¿Estás bien?

-Creo que...- Levanté la vista cuando el conductor se acercó a mí,

¡Oh, no! Es él.

Me quedé mirándole, una vez más, congelada y sin habla.

Todo el tiempo. ¡Despierta!

Me grité a mí misma.

-Soy yo.

Me miró a la cara con el ceño fruncido,

-¿Estás segura?

-Un poco agitado, pero viviré-. Intenté que mi ritmo cardíaco volviera a la normalidad sin saber si era por el casi accidente o por el hombre que tenía delante.

-Lo siento mucho.

Sacudí la cabeza,

-No miraba por donde iba.

-Yo tampoco-. Confesó con cara de dolor-Y toqué el claxon demasiado tarde.

-Al menos fuiste lo suficientemente rápido para actuar-. Dije casi sonriendo por mi estupidez-Me quedé aquí, congelada.

Sonrió y sentí que se me iba la respiración.

¿Cómo podía ser aún más guapo?, no se lo pregunté a nadie más que a mí misma.

Estuve a punto de desmayarme, pero salí del ridículo en el que me encontraba.

-Bueno, que tengas un buen día-Dije y escapé rápidamente de su hermosura-Y lamento... esto.

-No lo siento-Me llamó,

Me detuve a unos metros de él, no segura de haber escuchado bien. Me giré para mirarle, confusa.

-¿Lo sientes?

-No lo siento.

-¿Por casi atropellarme?

-Vale, quizá por eso. Pero no por tener una excusa para hablar contigo.

Definitivamente, estoy escuchando mal y definitivamente confundiendo la mirada en sus ojos con incertidumbre.

-¿Por qué querrías hablar conmigo?

Sacude la cabeza, con cara de confusión.

-¿Por qué no querría?

Su mirada recorre mi rostro como si buscara algo.

-Pareces confundido.

Lo miré en silencio casi debatiéndome con el hecho de que alguien ya me había atropellado y yo estaba inconsciente teniendo esta ensoñación.

-¿Anna?

Su uso de mi nombre me trajo de vuelta y fruncí el ceño.

-¿Cómo sabes mi nombre?

-Oh, he oído a Jim llamarte a menudo.

Jim era el director de operaciones del gimnasio.

-Ah.

-Soy Matt-. Me ofreció,

Parpadeé mientras le miraba fijamente, necesitando salir de la neblina en la que me encontraba. Era realmente surrealista tenerlo delante de mí y tener una conversación conmigo.

-¿Seguro que estás bien?

-Lo estoy. Es que... es raro que me hables.

-¿Y eso por qué?

-Bueno, porque yo soy yo y tú eres tú.

Sonrió satisfecho,

-Sería más raro si tú fueras yo y yo fuera tú.

-Solo quiero decir que yo limpio el gimnasio y tú...

-Será mejor que no digas lo que creo que estás a punto de decir.

Me quedé mirándole con la boca abierta.

-¿Eres miembro?

-¿Y hay alguna norma que diga que no podemos conversar?

-No, pero el único tipo de conversación que he tenido con miembros son insultos unilaterales-Le dije: -Así que esto es nuevo para mí.

-Lo siento-. La mirada de sus ojos la conmovió,

-Tú no has hecho nada. Además, estoy acostumbrada-. O intentando acostumbrarme.

Golpeé con el dedo mis vaqueros mientras esperaba a que pasara el momento.

¿Qué estoy haciendo?

-Uh, tengo que ir a trabajar-Dije retrocediendo. -Encantada de conocerte, Matt, oficialmente.

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