Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Embarazada de mi jefe gay

Embarazada de mi jefe gay

Tras una descontrolada fiesta de San Valentín, la vida de Reyyan Bennett cambia radicalmente. Un encuentro apasionado bajo los efectos del alcohol con su jefe, el atractivo pero insoportable Alexandros Cavalluci, resulta en un embarazo inesperado. Pese a la fama de mujeriego y el carácter déspota de este millonario, Reyyan enfrenta el desafío de gestar a su heredero. La gran duda surge: ¿podrá este hombre arrogante aceptar su paternidad al descubrir la verdad?
Capítulos
Compartir

Capítulo 5

Después de algunos días me incorporo a la empresa y no tengo ni una semana en mi nuevo empleo, cuando siento el impulso de querer envenenar el café de mi jefe, pero sé que darían con el responsable en un abrir y cerrar de ojos, además de que eso destrozaría a mis padres.

—¡Señorita Bennett! —grita desde su oficina, cierro los ojos y me concentro para no gritarle que use el maldito teléfono que tiene en su oficina para pedirme las cosas de buen modo, me levanto y toco a su puerta—, ¿por qué tardo tanto en llegar? Su escritorio solo está a unos cuantos pasos de mi oficina.

—¿Qué se le ofrece, señor Cavalluci? —pregunto ignorando su ponzoña de esta mañana.

—Esta noche tendré una cena con algunos posibles clientes, por lo que usted debe de acompañarme.

—No me había informado nada.

—Ahora ya lo sabe, ¿o es que no puede asistir? —inquiere con un tono de voz que no augura nada bueno si es que me niego.

—Para nada jefe, ahí estaré, como siempre me avisa a última hora —murmuro esto último tan bajo que no logra escucharme, ya que de lo contrario sus berridos serían como una explosión regándose por todo el edificio.

—Haga la reservación en el restaurante de siempre, después vaya al departamento legal y busque al abogado De Santis, pídale que prepare los contratos correspondientes.

—¿Quiénes son esos clientes? —inquiero anotando todo en mi tablet.

—Es una marca de vestidos de novia, debe de recordar el nombre —responde fulminándome con la mirada como si yo tuviese la culpa de su demencia senil precoz.

—Ya recuerdo es Bridal´s Romero & Dumont, ¿cuántas personas estarán en la cena? —pregunto forzando una sonrisa.

—Seremos cuatro, los dueños y usted quien debe de ir conmigo.

—Perfecto, cuando tenga todo listo le aviso, con su permiso jefe —cierro la puerta y hago como si lo estuviese ahorcando, después de mi pequeña fantasía casi orgásmica, una sensación de alivio me inunda el cuerpo, acomodo mi ropa y comienzo con mi labor.

Durante el resto del día la paso subiendo y bajando por todo el edificio, haciendo mil y un recados para mi jefe, de tal forma que cuando llega mi hora del almuerzo bajo a la cafetería de empleados y pido algo ligero, para llevarlo a mi lugar de trabajo y comerlo ahí, mientras continúo trabajando para el tirano del demonio quien si salió muy puntual rumbo a su restaurante favorito.

Al final de mi jornada laboral comienzo a estirarme como un gato de azotea en un intento por liberarme de la tensión del día, cuando mi jefe me frena con su odiosa voz de fondo.

—Quiere dejar de hacer eso en la oficina, da mala imagen, además, ¿se imagina lo que pensaría un cliente si la ve haciendo eso en horas laborales? Que usted no está calificada para tener el cargo que ostenta —pregunta y se responde él mismo con su lengua viperina, ahora entiendo por qué su anterior asistente huyo. Por muy guapo que sea, ¿quién aguantaría ese humor del demonio que se carga? Es como si odiase a todas las mujeres.

—Lo siento jefe, no volverá a suceder, al menos no cuando usted me vea —respondo en un murmullo.

—¿Qué dijo? —inquiere mirándome con el ceño fruncido.

—A esta hora es imposible que llegue algún cliente, ya son más de las siete de la noche —sin poder contenerme me defiendo apretando mis manos en puños.

—No entiendo cómo fue que la contraté, si en el poco tiempo que tiene trabajando para mí la he escuchado quejarse más de lo que lo hacían mis anteriores asistentes.

Estoy por responderle que solo lo soportaban, por qué deseaban saltar a su cama, pero cuando veo que sus ojos azules se vuelven casi negros debido a que su enojo está llegando a su máximo punto de ebullición, guardo silencio, he decidido que no es momento de tentar al diablo, por lo menos no hoy.

—Es hora de ir a la cena, la espero en el estacionamiento —comenta antes de darse la vuelta y encaminarse al ascensor.

En cuanto desaparece lanzó un grito y le dedico mis mejores malas palabras destinadas a este repugnante ser, que es tan insensible a tal extremo que encabeza el primer lugar de las personas que más odio, aunque de momento es el único que figura en ella.

Cuando llegó al subterráneo me apresuró a subir al auto de mi jefe y justo cuando me estoy acomodando en el asiento delantero comienza con sus reclamos.

—¿Por qué se sentó adelante, señorita Bennett? —inquiere fulminándome por el espejo retrovisor.

—Por qué no quiero que se me impregne el olor a azufre —murmuro tan bajito que me parece, nadie pudo escucharme, sin embargo, cuando Paolo lanza una pequeña carcajada la cual oculta, fingiendo toser, al instante lo miro mordiendo mi labio inferior con temor a que me vaya a delatar con nuestro querido jefe y conociéndolo es capaz de bajarme de su auto gritándome que estoy despedida, algo que no me gustaría, ya que no me apetece llegar a pie hasta mi casa. Llámenme interesada, pero me he acostumbrado a los lujos que me ha proporcionado mi jefe en estos pocos días.

—¿Estás bien Paolo? —le cuestiona nuestro jefe con evidente preocupación, demasiada diría yo.

—Sí, jefe. Lo siento es solo que creo que estoy por resfriarme —responde con naturalidad.

—Señorita Bennett, que espera para pasarse acá atrás, necesito discutir algunos puntos con usted sobre esta cena.

—Vamos, señorita Reyyan, atrás estará más cómoda —comenta Paolo con una sonrisa asomando por sus labios, se acerca a mí y me ayuda a desabrochar el cinturón, lo cual toma como excusa para susurrarme al oído—: tal vez el olor a azufre combine bien con su dulce perfume.

—¡Paolo! —gimoteo aferrándome al cinturón como si fuese una pequeña sanguijuela, este me lanza una sonrisa malvada y tan rápido como el aleteo de un pájaro arrebata el cinturón de mis manos para después abrir la puerta y darme un ligero empujón.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Ceo, no te fijes en mí
8.8
Sophia, una talentosa asistente quirúrgica, decide renunciar para proteger su amor por Noah y alejarse de su rival, Kate. No obstante, el romance se hace público y el padre de Kate conspira para arruinar la trayectoria profesional de la joven. Tras sufrir un accidente mortal, Sophia queda en el centro de una guerra de poder. Noah deberá elegir entre su imperio empresarial o arriesgarlo todo para salvar a la mujer que ama de una red de venganza.
Portada de la novela Demasiado tarde para tu segunda oportunidad
8.4
Bernardo Wise, sucesor de un imperio, destruyó una década de amor al proteger a Frida, responsable de la muerte de mi madre. Tras soportar su indiferencia, lo denuncié y busqué refugio en París para empezar de cero. Cuando logré la estabilidad, él volvió suplicando clemencia. Pese a que se arriesgó para rescatarme de un rapto violento, su sacrificio no borra el pasado. Aunque ahora sufra por mí, su tiempo terminó; mi futuro ya no le pertenece.
Portada de la novela Destinada a mi gran cuñado
8.0
Sophia es una Omega cuya vida se desmorona por una ley ancestral: si el Alfa rechaza a su pareja, su poder se desvanece. Aunque ella ama al hermano menor del líder de la manada Night Shade, el destino la vincula a Bryan Morrison, el despiadado y gélido Alfa. Este inesperado lazo entre una loba de bajo rango y el temido empresario desafía las normas sociales, amenazando con destruir el orden del linaje y el futuro de su comunidad licántropa.
Portada de la novela El Ceo que no quería amar
9.7
Quentin Valois encabeza un imperio corporativo mundial, pero su opulenta realidad se desmorona tras un fatídico siniestro en la carretera. Al recuperar la conciencia luego de un coma, el empresario enfrenta la devastadora pérdida de su mujer y sus hijos. Destrozado, el CEO se encierra en un frío aislamiento y promete renunciar al amor para protegerse de futuras heridas. No obstante, la vida desafiará su férrea voluntad de permanecer solo.
Portada de la novela El CEO y la segunda oportunidad con su ex
7.9
Javier se enfocó en su imperio hotelero para olvidar el doloroso pasado con Beatriz, pero el destino los vuelve a juntar. Ella regresa para dirigir un proyecto de remodelación en su compañía, reavivando sentimientos y arrepentimientos que él creía sepultados. Entre la presión profesional y las heridas abiertas, el CEO buscará reparar sus errores de antaño. Es su última oportunidad para vencer al orgullo antes de que el tiempo los aleje definitivamente.
Portada de la novela La Chica de mi Amigo
9.0
João Lucas Fagundes, un empresario de treinta y seis años acostumbrado al control, ve su vida perfecta tambalearse. A punto de casarse con Jasmine, su estabilidad se quiebra al reencontrarse con Georgia, la hija de su mejor amigo. Aunque los separa una diferencia de diecisiete años y el respeto a su amistad, una pasión prohibida estalla entre ambos. Mientras él intenta evitar el caos, la joven vuelve a Brasil dispuesta a todo por su amor.