Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Ella se llevó la casa, el auto y mi corazón

Ella se llevó la casa, el auto y mi corazón

Después de dos años de matrimonio, Kristian solicita el divorcio para volver con un antiguo amor. Freya accede sin súplicas, pero impone términos feroces: reclama su auto de lujo, la residencia principal y la mitad de su patrimonio. Al marcharse, Kristian comprende que ella no era una esposa común, sino el cerebro financiero de sus negocios. Tras perder su apoyo y su fortuna, él intentará desesperadamente recuperar a la mujer que construyó su imperio.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

La razón detrás de la negativa de Kristian era sencilla: antes de que Ashley regresara, necesitaba a alguien que gestionara la casa, por eso, Freya, adorada por sus padres y su abuelo, era la elección obvia.

Aun así, a veces Freya no podía evitar preguntarse si él de verdad pensaba que ella era tonta. De lo contrario, ¿por qué asumiría que jugaría a ocultar su aventura?

Ahora, tras su repentina demanda de divorcio, la frustración hervía dentro de la chica.

Incluso después de seis meses de prepararse emocionalmente para ello, un obstinado destello de emoción permanecía arraigado en su interior.

Exhalando, caminó hacia el sofá para agarrar su teléfono, y buscó el contacto guardado como "Fred".

Tenía dos años sin comunicarse con esa persona, pero ahora escribió: "Chequea si el Grupo Shaw tiene algún problema. Y averigua si Kristian sufre de alguna enfermedad grave".

La respuesta de Fred apareció en la pantalla al instante.

"¡Vaya sorpresa, Freya! ¡Nunca pensé que volvería a saber de ti! ¡Han pasado dos años! ¡Dos! ¿Dónde has estado?".

Sin molestarse en explicar, y de mal humor, ella respondió con una sola palabra: "Revisa".

"Bien, bien... ¡En eso estoy!", contestó Fred.

Con eso, la joven dejó el teléfono a un lado, y esperó.

Si Kristian quería divorciarse para evitarle alguna tragedia, lo perdonaría, tal vez incluso lo ayudaría. Pero si solo era un infiel descarado, lo dejaría sin pensarlo dos veces.

Pasada media hora, su teléfono vibró con la información de Fred. "Nada. No hay enfermedad ni crisis. De todos modos, ¿por qué rayos preguntas eso? Kristian es un tipo adinerado, guapo e inteligente; hacen buena pareja. ¿No te gustan los chicos guapos? ¡Dale una oportunidad!".

Ignorando la indirecta, ella respondió: "Estás ciego".

Acto seguido, silenció su teléfono.

Sin ninguna complicación externa, solo había una explicación: Kristian era un idiota.

Atónito, Fred se quedó mirando su pantalla. ¿Freya se había levantado con el pie izquierdo ese día?

Pronto, la mirada de la mujer se posó en los papeles de divorcio. Luego, agarró un bolígrafo, garabateó su nombre y los metió en un cajón antes de dirigirse a la ducha.

Cuando salió, ¡tenía docenas de mensajes sin leer y 32 llamadas perdidas!

No hacía falta adivinar. Era evidente que Frederick Price, alias "Fred", había contado sobre su resurrección al mundo entero.

Con la toalla sobre su cabello húmedo, la mujer alcanzó su celular solo para que volviera a sonar con una llamada de su padre.

Al ver eso, se puso tensa. Dos años de silencio, ¿y ahora aparecía de la nada?

Freya había abandonado la ciudad de Alerith debido a una situación que involucraba a su madre, y ni ella se había comunicado con su padre, ni él con ella.

Haciendo una breve pausa, atendió con frialdad. "Hola".

Silencio...

Nunca paciente, la chica estaba a punto de colgar cuando la voz ronca de Hugh Briggs cortó el aire. "Mina...".

Escuchar ese nombre arañó recuerdos enterrados.

"¿Qué quieres?", preguntó ella sin rodeos.

Dudoso, la culpa de Hugh se entrelazaba en sus palabras. "Frederick me dijo que te habías comunicado con él. Mencionó que estabas investigando a Kristian. ¿Necesitas ayuda?".

"No", soltó ella de inmediato, ya que no tenía interés en su participación.

Pasaron unos segundos antes de que Hugh se aventurara a preguntar: "¿Cuál es tu relación con él?".

"Somos una pareja...", comenzó ella. Dejó que esas palabras flotaran en el aire, y remató: "A punto de divorciarse".

La respiración de Hugh se entrecortó al oír eso.

¿Freya estaba casada?

"Mmm... ¿Tú?".

"Sí, y si eso es todo, he terminado".

Estaba claro que Freya no quería gastar más tiempo hablando con él.

"¡Espera!", exclamó Hugh.

Sin colgar, la chica guardó silencio.

En ese momento, la línea crujía por la tensión.

"¿Cuándo vas a volver?", murmuró él. "Esa mujer se ha ido".

Dicho eso, añadió a toda prisa: "Las pertenencias de tu madre siguen intactas".

Los dedos de Freya se apretaron alrededor del teléfono. Por un instante, la emoción cruzó su rostro, pero desapareció enseguida. "Entendido", dijo, y colgó antes de que él pudiera protestar.

La frustración invadió a Hugh cuando el tono de la línea indicó el fin de la llamada. Ni siquiera le había preguntado sobre su matrimonio.

En cuanto a Freya, no le dedicó otro pensamiento. En cambio, puso su teléfono en modo avión, se secó el cabello con la toalla y se desplomó en la cama.

Fue una larga noche de insomnio.

A las ocho de la mañana siguiente, ya estaba lista, vestida y desayunada.

Ese día había cuidado su maquillaje. Su piel brillaba; y sus labios, naturalmente carnosos, no necesitaban realce. Claro, sus ojos, agudos y luminosos, eran la verdadera arma letal.

Además, su brillante sonrisa aportaba una calidez que podía levantar el ánimo de cualquiera.

Cuando Kristian llegó, ella ya estaba esperando en el sofá. Llevaba el cabello recogido, y el flequillo barrido bajo una boina negra.

Se levantó con gracia al verlo, alcanzó un abrigo y lo puso sobre su hombro.

"Vamos", dijo en tono despreocupado, agarrando su cartera.

Inmóvil, Kristian, con un traje a la medida que enfatizaba su altura, respondió: "Hoy no. Tengo otros compromisos". Su voz sonaba indiferente. Luego, su mirada se detuvo demasiado tiempo en el rostro de la chica, y agregó: "Mañana".

"¡Kristian Shaw!", escupió ella en tono de advertencia.

Escucharla así lo disgustó al hombre.

"Hoy me maquillé", continuó ella, calmada pero claramente al borde de la histeria. "Si quieres que nuestro divorcio se lleve a cabo sin problemas el lunes, deja de lado cualquier plan que tengas ahora. No trato con personas que rompen sus promesas".

Esas declaraciones provocaron que Kristian entrecerrara los ojos.

Tras un cálculo silencioso, salió para hacer una llamada. Fragmentos de sus palabras flotaron hacia los oídos de Freya: "Ashley... hospital... seguimiento...".

Apretando los puños, la chica hervía por dentro. ¡Ashley ocupaba todos los pensamientos de Kristian!

Por otra parte, él pasó por alto la furia de Freya. Todo lo que vio fue la forma vibrante e indomable en la que brillaba. No se parecía en nada a la mujer apagada que conocía.

Al finalizar su llamada, le preguntó a dónde quería ir de compras. Freya mencionó el centro comercial más grande y lujoso de la ciudad.

Eso no era una simple ida de compra, ella quería irritarlo a propósito. A las 10 de la mañana, los cuatro guardaespaldas la seguían con los brazos llenos de bolsas: relojes, joyas, carteras de diseñador.

El teléfono de Kristian sonaba sin parar con alertas del banco.

Mientras Freya entraba en otra boutique, la mandíbula del hombre se endureció. Esa no era una "terapia de compras", sino una clara intención de hacerlo enojar.

También te puede gustar

Portada de la novela Contrato de matrimonio de 90 días con un multimillonario
8.5
Una mujer de negocios, decepcionada de los hombres y enfocada solo en su fortuna, acepta un pacto inusual: casarse durante tres meses con el poderoso heredero de Rainbow Company. El multimillonario accede a este vínculo temporal para satisfacer la voluntad final de su abuela enferma. Aunque su unión nace estrictamente de la conveniencia y el pragmatismo, la convivencia obligada podría transformar su frialdad inicial en un sentimiento real e imprevisto.
Portada de la novela Deseo Tenerte Entre Mis Brazos
8.7
Han pasado siete años desde que Rebecca se marchó estando embarazada, tiempo en el que Edmund no ha dejado de buscarla. Para recuperarla, se enfrentó con frialdad a su propia familia, eliminando los obstáculos de sus padres y su abuelo. Tras descubrir que su existencia carecía de propósito sin ella, Edmund finalmente la encuentra. Convencido de que solo Rebecca puede sanar su vacío emocional, está decidido a retenerla a su lado para siempre.
Portada de la novela El imperio que él le vendió a ella
8.6
Tras una cirugía secreta para rescatar su relación, la protagonista encuentra a Carlos, su marido, con otra mujer. Despreciada y tratada como mercancía, él intenta entregarla a su mayor rival para concretar un trato comercial. Sin embargo, Carlos comete el error de firmar documentos sin revisarlos, cediendo su fortuna y aceptando el divorcio. Con el apoyo del competidor de su ex, ella utiliza ese contrato para arrebatarle todo y liderar su imperio.
Portada de la novela El verano que me cayo en infierno
9.4
Tras años de dolor y traiciones, despierto de forma inexplicable en el verano de mis dieciocho años. Mateo, Lucas y Carla pretenden repetir sus brutales ataques y el sabotaje que arruinó mi futuro, confiando en el poder de sus familias para comprar el silencio. Pero ya no soy la joven ingenua de aquel entonces. Poseo información sobre sus crímenes y corrupción; usaré ese conocimiento para destruir sus imperios y ejecutar mi esperada venganza.
Portada de la novela El Viaje De Regreso Al Amor
9.4
Tras ser víctima de una cruel traición orquestada por su madrastra y hermanastra, Vivian lo pierde todo: su honor, su fortuna y al hombre de su vida. Sin embargo, el destino la cruza con Jeffrey, el misterioso padre de su hijo. Él le ofrece una alianza estratégica mediante un matrimonio por contrato para recuperar su legado. Decidida a cobrar venganza, ella acepta el trato, iniciando un audaz retorno para reclamar lo que legítimamente le pertenece.
Portada de la novela La Condena de tu Amor
8.0
Tras el fallecimiento de su padre, una joven debe mudarse al hogar del futuro esposo de su madre. Allí conoce a su nuevo hermanastro, un joven tan soberbio como cautivador que la recibe con hostilidad. Convencido de que ambas son oportunistas que acechan la fortuna de su difunta progenitora, él jura atormentarlas para proteger su legado. En este entorno de lujos y rencores, el desprecio mutuo y la desconfianza definirán una convivencia explosiva.