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Portada de la novela Ella era fea

Ella era fea

Keidys huyó marcada por la humillación de Josef, quien la despreció por su apariencia durante la niñez. Tras años de ausencia, regresa convertida en una cotizada modelo para ejecutar su venganza en el instituto. No obstante, el panorama ha cambiado: Josef es ahora un joven poco atractivo, pero mantiene un intelecto agudo y un desdén que complica los planes de ella. Entre rechazos y una belleza renovada, el rencor muta en un inesperado vínculo afectivo.
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Capítulo 2

Keidys entró al colegio y los profesores ayudaban a que los estudiantes no se acercaran a ella.

Después, ingresó a la oficina del director y vio que lo habían cambiado: ahora era un hombre calvo y bastante amargado.

El director miró a la joven de pies a cabeza.

—Buenos días, señor —saludó ella con una sonrisa bastante forzada; ese hombre no inspiraba buena vibra.

—Semejante revuelo has armado —refunfuñó.

Keidys se sorprendió al escuchar el vozarrón del hombre, sintió que su espina dorsal se erizó por completo.

—Bueno... Me tocará llevarte a tu salón de clases, de seguro todos esperan para verte.

—Sí, señor —dijo ella tragando en seco.

"Este hombre da miedo" pensó Keidys.

Salieron de la oficina y los estudiantes al ver a aquel hombre con aura negra, corrieron dejando el pasillo sin un alma. Keidys ya podía imaginar la reputación que debía tener el director Moreño (ese era su apellido).

.

Tomás, (el mejor amigo de Josef), estaba con su amigo Mateo esperando en la puerta del salón a que entrara la modelo que se había transferido al colegio.

—Este es mi gran sueño —decía Tomás en susurro.

—Oye... —dijo una joven cruzada de brazos detrás de él.

—¿Qué quieres, Alejandra? —preguntó Tomás bastante aburrido.

—Vayan a sentarse —pidió.

—Claro que no, quiero estar cerca de ella —Tomás mordió su labio inferior.

—La vas a ver todos los días.

—Ya... Ve a sentarte —soltó Tomás con bastante fastidio.

Alejandra lo tomó de una oreja y le dio un jalón.

—¡Ah...! —gritó Tomás y cayó al suelo—, ¿por qué siempre me molestas? Mateo también está mirando, ¿por qué nunca le dices nada a él y a mí sí?

Alejandra se ruborizó por completo.

—¡Mierda! —gritó Mateo—, ahí viene Oscoreño... —corrió a sentarse. Los dos jóvenes también lo hicieron así.

En ese momento entró Keidys con el director.

—Buenos días, jóvenes —saludó el hombre.

—Buenos días —contestaron todos.

—Bueno... —comenzó a anuncia el director—. Ya todos saben que a la institución se transfirió la señorita Keidys, —los pequeños gritos en el salón fueron evidentes—, ¡pero! —gritó el director: todos hicieron silencio— desde ahora deben verla como una estudiante normal ¡y! No quiero más revuelo de fans en el colegio, ¿entendido?

—¡Sí, señor! —respondieron, se notaba que le temían.

—Por favor, preséntese —pidió el director.

Keidys mostró una sonrisa y después empezó, poniendo su espalda rígida y escondiendo barriga; aunque no tenía nada de grasa en el abdomen: el uniforme que quedaba perfecto.

—Buenos días a todos, como ustedes saben, mi nombre es Keidys Gonzales y seré su nueva compañera de clases.

En ese momento llegó el profesor y el director salió del salón de clases, mientras que el hombre ahora encargado del aula saludó a Keidys bastante emocionado y le pidió que se sentara.

Ella vio que había un puesto libre a mitad del salón, estaba al lado de un chico de lentes (debía ser el nerd de la clase). Éste no se veía interesado en Keidys, aunque a ella no le importó, pero le mostró una sonrisa amable para que no se formara un momento incómodo.

Los estudiantes no dejaban de mirar a la joven, las chicas estaban impresionadas de ver cuán perfecto le quedaba el uniforme. Ella cruzó las piernas y los brazos mientras el profesor explicaba algo sobre la clase.

Mientras, la mente de Keidys estaba analizando la situación: debía empezar su plan, seguramente en ese salón de clases estaría Josef. Por lo mismo empezó a buscar con la mirada a candidatos perfectos que se parecieran a Josef.

Pero el profesor le hizo las cosas más fáciles: empezó a llamar a lista.

“Seguramente dice los nombres, claro, ¿por qué mi inteligente cerebro no me lo dijo antes?” pensaba la joven.

—¡Aragón Alejandra! —empezó a llamar el profesor.

—¡Presente! —contestó una chica. Traía lentes, su cabello era negro liso y le llegaba hasta los hombros, también tenía la piel trigueña con rasgos un poco indígenas. Parecía ser la chica aplicada del salón, pero era bastante agraciada, solo le faltaba algo de arreglo.

“Es una buena aliada para darme la información que necesito” pensaba Keidys, le hacía un tipo de scanner a la chica con sus ojos.

Después del profesor llamar a varios estudiantes, así como a ella también, un nombre hizo tambalear la mente de Keidys.

—¡Robles Tomás!

—Presente —contestó el joven.

Keidys sintió que su corazón se estremeció: era el mejor amigo de Josef ¡estaban estudiando juntos!

Trató de calmarse y mantener la compostura.

Aquel chico la había molestado mucho después de su declaración de amor, los días fueron horribles para ella por culpa de aquel joven. “Él me quitó el poco orgullo que tenía en ese tiempo, siempre que me veía me gritaba gordita llorona y otras cosas horribles, también lo haré pagar por lo que me hizo” pensaba Keidys.

—¡Salazar Mateo!

—¡Presente! —contestó el joven.

Keidys miró al muchacho y le pareció bastante guapo: era blanco, su cabello castaño oscuro, los ojos marrones oscuros y se veía muy amigable.

Mateo vio que la joven tenía su mirada puesta en él y se ruborizó por completo. Keidys le mostró una sonrisa por este acto, sin duda le agradó al instante; debía haber ingresado en el tiempo en el que ella no estuvo.

—¡Sandoval Josef! —llamó el profesor.

El tiempo para Keidys se detuvo en ese instante. Todo se había ordenado para que se vieran después de varios años, él estaba ahí, en ese mismo salón, lo iba a ver después de tanto tiempo. ¿Cómo estaría? ¿Ya sabía que era ella? Keidys no lo podía creer, estaban en el mismo salón.

La verdad es que nunca pensó estudiar junto a Josef (o sea, imaginaba que tal vez pasaría, pero verdaderamente, nunca lo creyó a ciencia cierta), no sabía cómo soportar la tensión de verlo a cada instante, tenía tanto odio por él que no sabía cómo controlarse en ese momento.

Cerró los ojos, después los abrió para ver cuál de todos los jóvenes allí presentes contestaría al llamado del profesor.

—¡Presente! —contestó Josef.

Pero lo más sorprendente fue lo que vio Keidys, Josef era...

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