Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela Elegida por el rey Alfa Maldito

Elegida por el rey Alfa Maldito

El Alfa Marcos es un monarca implacable cuya alcoba es sinónimo de muerte para cualquier mujer. Para sorpresa de todos, reclama a una omega marginada que, contra todo pronóstico, sobrevive a su primer encuentro. Aunque él intenta poseerla sin ataduras emocionales ni creer en el destino, ella guarda un poder oculto. Entre la pasión y el peligro, la joven posee la clave definitiva: tiene la fuerza para quebrar su oscura maldición o devastar su imperio.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

La puerta se cerró de golpe detrás de mí, el punto final de mi exilio.

Me quedé en el pasillo, mirando sin expresión el suelo de madera agrietada. Aún me ardía la mejilla por la bofetada de mi padre y tenía los dedos pegajosos de sangre, por lo fuerte que había apretado los puños.

Pero ese dolor no era nada comparado con lo que sentía en el pecho.

Traición. Soledad. Una rabia tan intensa que amenazaba con desgarrarme por dentro.

Me tragué el grito que se me había atascado en la garganta y caminé con rigidez hacia la fría y pequeña habitación del fondo de la casa. Solía ser el trastero, hasta que mi madre decidió que era el lugar perfecto para la desgracia de la familia: yo.

Abrí la puerta que chirriaba y me quedé en el umbral, mirando el patético lugar al que me habían relegado. Un colchón fino en el suelo. Una cómoda rota a la que le faltaba una pata. Un espejo agrietado.

Me lo habían robado todo: mi dignidad, mi derecho de nacimiento y mi futuro.

Pero no me habían arrebatado mi esencia.

Aún no.

Agarré la pequeña bolsa de tela que guardaba junto al colchón. Contenía algunas pertenencias: ropa, un libro viejo con las esquinas desgastadas y dobladas.

Lo metí todo dentro, ignorando el temblor de mis dedos. El reloj de la pared marcaba los segundos que me acercaban al anochecer.

Esta noche me enviarían al palacio del Rey Alfa, con las demás omegas, como ganado al matadero.

Todos decían que estaba maldito. Que la muerte misma lo había marcado. Que su cama era un cementerio de mujeres rotas.

¿Pero qué otra opción tenía?

Respiré hondo, temblando, con el pecho agitado, mientras estaba parada frente al espejo agrietado. Mi reflejo me miraba, pálido y fantasmal. Tenía los ojos enrojecidos por haber llorado en silencio noche tras noche. Mis labios estaban agrietados, y el moratón que se extendía en la mejilla resaltaba como una marca escarlata.

Y, sin embargo, en algún lugar profundo de ese reflejo, vi algo más, algo que ellos no veían.

Fuego.

Me limpié la sangre de la palma de la mano y apoyé los dedos contra el cristal.

'Sobrevivirás', me susurré para mis adentros. 'Sobrevivirás a esto, aunque te mate'.

***

El viaje al palacio lo hicimos en una furgoneta negra y oxidada que apestaba a perros mojados y metal viejo. Éramos seis en total, todas vestidas con el mismo sencillo vestido gris que se ceñía torpemente a nuestros cuerpos. Éramos sacrificios.

Reconocí a algunas de manadas vecinas. Algunas temblaban de miedo. Otras intentaban disimularlo con falsa bravuconería. ¿Y yo? Me quedé callada.

Miré por la ventanilla, observando cómo los árboles se desdibujaban al pasar, el cielo cada vez más oscuro y tragándose el sol en lentos y codiciosos mordiscos. Mientras más nos acercábamos al palacio, más frío se sentía el aire.

Decían que el palacio del Rey Alfa estaba excavado en la ladera de las Montañas Negras. Que nunca le daba la luz del sol. Que nunca resonaban risas en sus muros. Que estaba maldito... como el hombre que lo gobernaba.

No sabía qué esperar. Lo único que sabía era que no iba allí a morir.

Iba a vivir.

Cuando llegamos, la luna estaba alta y llena, colgando como un testigo silencioso en el cielo sin estrellas. El palacio se alzaba ante nosotros: piedra negra y torres puntiagudas, sus muros cubiertos de hiedra que se asemejaba más a venas que a plantas.

Salí de la furgoneta y se me cortó la respiración.

Los rumores no le hacían justicia.

Parecía una fortaleza construida por la propia muerte.

Los guardias estaban junto a las enormes puertas de hierro, vestidos completamente de negro. Sus ojos nos escanearon con desinterés mientras el conductor de la furgoneta entregaba unos papeles. Una lista, sin duda.

Nos alinearon, inspeccionándonos como ganado en el mercado. Uno de los guardias recorrió la línea, arrugando la nariz al observarnos.

Se detuvo frente a mí.

"Nombre", ladró.

"Emilia", respondí con voz estable.

Me miró con una ceja alzada. "¿Hija de?".

Apreté la mandíbula. "Alfa González de la Manada Luna Roja".

Eso lo hizo hacer una pausa. "¿Hija de Alfa?".

"Ya no", murmuré.

Volvió a mirarme y vi un atisbo en sus ojos. ¿Compasión? ¿Curiosidad? Desapareció tan rápido como apareció.

"Avanza", ordenó, señalando hacia la puerta.

Nos condujeron hacia adentro como ovejas.

Dentro, el palacio estaba inquietantemente silencioso. Las paredes de piedra eran frías al tacto, los pasillos largos y estrechos. El aire olía a cenizas antiguas y a algo metálico, tal vez sangre.

Una mujer con un vestido negro ajustado, ojos afilados y un tono aún más cortante nos recibió en el salón principal.

"Permanecerán en silencio a menos que se les dirija la palabra. No hablarán del Rey a menos que se les indique. No lo mirarán a los ojos".

Caminaba de un lado a otro frente a nosotras como un depredador.

"Si se les convoca, irán. Sin protestar. Sin vacilar. Si gritan... nadie vendrá".

Otra chica a mi izquierda gimió.

Los ojos de la mujer se clavaron en ella. "No pongan a prueba la misericordia del Rey... porque no tiene".

Se giró completamente hacia nosotras. "Ahora las llevarán a sus aposentos. Una de ustedes será convocada esta noche".

Se hizo el silencio mientras caminaba, mirándonos a cada una como si estuviera decidiendo quién sería la víctima perfecta para el matadero de esta noche.

Sus ojos se fijaron finalmente en mí.

No me inmuté.

Sus labios se curvaron en algo que no era del todo una sonrisa.

"Llévenla primero".

También te puede gustar

Portada de la novela Cicatrices de traición: La heredera que intentaron borrar
8.3
Daga escapa del gélido trato de su esposo, un capitán policial, pero termina prisionera de sus obsesiones. Mientras él busca imponerle la maternidad, ella desentraña una verdad perversa: su marido vive entregado a un amor prohibido por su hermanastra, Azahar. Al comprender que su matrimonio es solo una pantalla para este incesto, Daga planea su venganza. Durante un banquete familiar, aprovecha el anuncio de un embarazo para filtrar pruebas y destruir su máscara social.
Portada de la novela El hijo oculto que cambia todo
9.7
Un influyente director ejecutivo halla a su hijo adolescente, fruto de una relación antigua. Lejos de querer un vínculo emocional, el joven busca aniquilar el legado empresarial de su progenitor como represalia por su ausencia. En un marco de engaños y confidencias corporativas, el heredero se alza como el principal adversario del magnate. Ante el asedio de la prensa y enemigos externos, estalla una disputa donde el chico hará lo imposible por despojar de todo al padre que lo abandonó.
Portada de la novela Enamorada de un CEO de otro mundo
9.7
Sophie Robinson llega a Charleston, un gélido pueblo de montaña donde la niebla guarda oscuros secretos. Tras ser acechada en sueños por Valentín Von Strudel, se encuentra con este enigmático CEO, debatiéndose entre el terror y un deseo irresistible. Sophie ignora que la ciudad sostiene una frágil tregua entre vampiros y licántropos. Con la partida del clan de Valentín y la amenaza de Elian Blackwood, ella termina atrapada en una guerra sobrenatural que arriesga su vida.
Portada de la novela La Farsa de un Amor Perfecto
8.8
La vida de Isabella Montes, una chef de origen humilde, se transforma en un calvario tras su boda con el magnate Mateo Velarde. Al descubrir que su esposo oculta una familia con su antigua pareja, el impacto emocional le causa un aborto. Acosada por la amante y atrapada en un entorno de engaños, Isa comprende que no hay salida fácil. Para liberarse del control de los Velarde, decide fingir su fallecimiento en un siniestro aéreo y así comenzar una nueva identidad.
Portada de la novela La Verdad después de mi Muerte
9.4
Han pasado dos años desde mi partida y hoy observo, como un alma en pena, cómo Isabela recibe honores mientras Mateo, mi antiguo amor, la adora ciegamente. No obstante, el hallazgo de mi viejo teléfono cambia el destino. Pese a las calumnias de Mateo y el engaño de Isabela, la reportera Ana María revela mis diarios. Mi propia voz emana del terminal roto para confesar mi asesinato y destapar la oscura red criminal de quien me traicionó.
Portada de la novela Los misterios de mi novia fugitiva
9.7
El destino entrelaza a Helena con un influyente magnate, ocultando que tras su apariencia ingenua se esconde una experta con identidades secretas. Pese a que Charlie la protege de las élites, ella demuestra una fuerza capaz de doblegar a clanes poderosos. Tras huir de su dominio, comienza una persecución global donde él no busca atraparla, sino impulsarla a que alcance su máximo potencial mientras ella desafía a todo aquel que se cruce en su camino.