Portada de la novela El Socio de mi padre

El Socio de mi padre

8.9 / 10.0
En la novela El Socio de mi padre, Amaia Domínguez García se sumerge en un romance prohibido con Axel Vega Lazcano. Esta historia de modern novel explora una pasión que desafía el juicio social, convirtiéndose en una de las romance stories donde el deseo y la lealtad se enfrentan sin tregua.
Resumen de El Socio de mi padre
Axel Vega Lazcano comprende que Amaia Domínguez García es un límite que no debería cruzar, pero la atracción física que siente por ella es devastadora. Él acepta el riesgo de este vínculo prohibido, viéndola como una tentación irresistible. Amaia, entregada a una pasión que nunca imaginó, ha encontrado en Axel un fuego transformador. Decidida a ignorar las críticas y los obstáculos, ella protegerá su conexión frente a todo lo que intente separarlos.
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El Socio de mi padre Capítulo 1

Capítulo 1

Axel Vega Lazcano

León, Guanajuato México

Circulaba por una Avenida muy transitada de la ciudad, muy consiente que ya iba tarde a recoger a Amaia, la hija de Mauricio, mi socio del despacho. El denso tránsito vehicular, no me estaba ayudando a llegar a tiempo y cuando pensé que podía encontrar una salida, no la pude tomar y tuve que seguir en la fila de autos, que parecía ser interminable.

Cerré los ojos un segundo, tenía que tener un poco de paciencia, estaba tratando de gobernarme a mí mismo y pidiendo a cuanto santo conocía, para que Amaia, me esperara ahí, ella era bastante desesperada y se suponía que yo, ya tendría que haber llegado por ella. Estaba pensando eso, cuando ella me llamó a mi celular.

–Hola Amaia ¿Cómo estás? – La saludé al responder su llamada – Escúchame cariño, ya estoy cerca de llegar por ti, no te desesperes.

–Hola Axel, ese “cerca”, me ha sonado a que estás bastante lejos, o que apenas vienes, o que se te ha olvidado pasar por mí – Respondió ella bastante enfadada, como era su costumbre – Ya no quiero estar aquí, estoy en la calle, me salí de la reunión porque llegó una mujer que no soporto.

–Está bien, espérame ahí afuera del lugar. Llegaré en cuanto se muevan todos los autos de la fila en la que estoy detenido – Le expliqué – Por favor, no te vayas a ir a otro lado. Tú padre, me ha pedido que vaya por ti.

Mauricio Domínguez es mi socio y el padre de Amaia, se le había presentado un inconveniente y yo lo estaba cubriendo al venir por ella a su lugar de estudios, siempre que estuviera en mis manos lo ayudaba, éramos un equipo y nos apoyábamos en lo que pudiéramos y este era uno de los casos.

–Ya lo sé, él también me dijo que vendrías tú, lo que no me dijo es que ibas a llegar tarde. Pero ya que, aquí te espero.

Ella era demasiado impaciente y bastante intolerante, estaba seguro que se había levantado de su silla y se había retirado de la junta sin siquiera dar una explicación, porque de seguro pensaba que lo que dijera la persona a la que se refería, no sería de su importancia.

–Sí cariño, ahorita llego.

Un milagro divino, movió la fila y pude apresurarme para llegar por ella, fue tan rápido que ella misma, se sorprendió cuando yo llegué a donde se encontraba, a los pocos minutos de colgar la llamada. Estaba ahí afuera del lugar y por primera vez, la vi con mucho detenimiento, traía un vestido corto muy arriba de las rodillas de color azul marino, zapatillas de tacón alto y su cabello suelto, lacio y precioso, peinado con una diadema de piedritas.

Se veía preciosa y ya no era aquella niña que corría por los pasillos del despacho, ya era una hermosa mujer y que mujer. Dejaba con la boca abierta a más de tres. Pero no debía pensar en eso, era demasiado joven para mí y yo ya estaba fuera del mercado, por así decirlo.

–Ya no te estaciones, Axel – Me indicó recargándose, en la puerta de mi lado – Ya me quiero ir, vámonos que esto ha sido un asco.

Se movió hacía un lado de la puerta y pensé que se alejaría, debía bajar para ayudarla a subir al auto, me había quedado mal colocado y necesitaba estacionarme, así no estorbaba al que quisiera pasar.

–Me tengo que estacionar, para bajarme para abrirte la puerta, cariño, permíteme. – Le indiqué.

–Que no, he dicho que no – Hizo un puchero y rodeo el auto, enojada para subirse ella misma – Ya vámonos, Axel por favor.

Como ya lo había dicho era bastante desesperada y no me dejó cumplir con mi función de caballero, no quería que creyeran que ya había perdido mis modales.

–Está bien, pero esos no son modos de subirte al auto, Amaia – Le reclamé mirándola fijamente a los ojos – No sé, ¿Qué es lo que te ha pasado? Pero al menos, ten la educación de saludarme, que no dormimos juntos.

–Si no lo hemos hecho, es porque tú no has querido prestarme una noche – Me miró como nunca lo había hecho – Hola, Axel y gracias por venir por mí ¿Así está mejor?

Eso que había dicho primero, causaba cierta inquietud en mi entrepierna, siempre dejaba pasar eso que me decía, no quería pensar con la otra parte de mi anatomía. Ella estaba prohibida.

–Sí, mucho mejor. Gracias, Amaia. – Hice oídos sordos a todo lo demás.

–De nada. – Dijo volteando los ojos.

Luego de mi reclamo por su falta de modales, nos alejamos del lugar para volver al tráfico que afortunadamente, ya no estaba tan pesado como hace unos momentos. Así que nos fuimos alejando en silencio. A lo que ella no se podía quedar sin averiguar.

–Axel ¿Qué traes tú? Tienes una cara fúnebre – Me hizo reír enseguida – Algo te ha pasado para que dejes de ser, el señor optimista.

–Sí, me han pasado muchas cosas y perdón por lo de ahorita, cariño. No quise desquitarme contigo, pero tengo muchos problemas con un cliente, con tu padre, con tu hermana y para colmo de todos los males, con Cecilia – Me disculpé justificando mi actitud para con ella – Necesito un respiro, necesito no sé, desconectar de todo.

Ella me miró con sus preciosos ojos cafés, enmarcados por sus pestañas chinas y tupidas. ¡Dios mío!, se veía tan hermosa, que me provocaba en ese momento, robarle un beso. Ella me tomó de mi mano libre con la que no sujetaba el volante y me dio un beso en ella. No sabía cuál era el terreno que estaba pisando, pero me movía todo el piso.

–Vámonos lejos Axel, yo tampoco quiero estar aquí. Estoy harta del Tec, de las viejas de ahí, de mi vida, de vivir con Alejandra y con el nefasto de su marido. Ambos lo necesitamos – No soltó mi mano, ni yo lo hice – Es sano, que vayamos a desconectar.

Esta jovencita decía justo lo que no quería escuchar, era una tentación andante y con cada insinuación, me ponía muy nervioso. No me reconocía cuando ella estaba conmigo, despertaba mi lado más primitivo y no sabía que postura tomar ante tantas indirectas de su parte.

–Amaia, no me puedo ir contigo así. Tu padre me mataría y también Cecilia – El principal problema, pues yo, no era libre – Vamos mejor, por algo que sé que nos va a relajar a los dos, pero antes dime ¿Bebiste algo en esa reunión en la que estabas?

Por ningún motivo dejaría que se embriagara en mi presencia, si ya había tomado algo antes de lo que le estaba proponiendo, mejor evitar que se pusiera peor, si ya traía algunas bebidas encima.

–Sí, unas copas de ron con cola, que por cierto estaban horribles. Pero no estoy ebria ni nada que se le parezca, ¿Me vas a invitar algo de tomar?

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Tabla de contenidos de El Socio de mi padre

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