Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El silencio que habla

El silencio que habla

Alberto Díaz, un exitoso y ambicioso CEO, vive alejado de su familia y centrado solo en los negocios. Su abuelo, Don Julio, ha quedado mudo y aislado tras una operación fallida, sumido en un silencio que Alberto prefiere ignorar. Sin embargo, la llegada de Carmen, una jardinera con gran sensibilidad hacia la discapacidad, cambia todo. Ella logra conectar con el anciano, transformando la frialdad de la mansión y desafiando la desconexión emocional de Alberto.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

El sol apenas comenzaba a asomar por el horizonte, tiñendo de un suave tono dorado las altas paredes de la mansión. Marta, con su uniforme de jardinera recién puesto, se encontraba frente a la entrada de la propiedad de los Díaz, respirando profundamente. Había leído sobre la familia, había escuchado las historias que Beatriz le contó durante la entrevista, pero nada la preparó para la inmensidad de aquel lugar. El jardín, como un vasto lienzo de naturaleza, parecía extenderse hacia el infinito, con árboles de gran porte y arbustos densos que formaban caminos sinuosos, como si guardaran secretos a cada paso. La casa, imponente y antigua, estaba rodeada por una muralla de vegetación, como si el mundo exterior no existiera más allá de los altos muros de piedra.

Marta observó el reloj de su muñeca, consciente de que no podía permitirse perder más tiempo. El contrato de trabajo que había firmado la obligaba a comenzar en cuanto llegara, sin margen para dudas o vacilaciones. Con una mezcla de nerviosismo y determinación, cruzó el umbral de la entrada, el crujir de la puerta resonando en sus oídos. La casa parecía callada, como si aún estuviera dormida, pero no era así. Se podía sentir la energía contenida en el aire, la historia impregnada en cada rincón, la familia Díaz en cada rincón de la propiedad.

La puerta se cerró tras ella con suavidad, y Marta, con una ligera sonrisa, comenzó a caminar hacia el jardín.

"No puedo fallar aquí," pensó mientras recorría el empedrado del camino principal, con las plantas rebosando de vida a su alrededor. Se sentía pequeña, casi insignificante, frente a la magnitud del trabajo que tenía por delante. Cada planta, cada arbusto, cada árbol tenía un peso. Sabía que no solo estaba cuidando un espacio verde, sino que estaba preservando una parte del legado de los Díaz. Marta nunca había trabajado en una propiedad tan grande, ni mucho menos en un lugar con tanta historia.

Al llegar al jardín principal, se detuvo. La visión de la mansión desde allí era impresionante. La estructura de la casa se erguía altísima, como una fortaleza de la que no se podía escapar. Era como si la casa misma vigilara el jardín, y el jardín, a su vez, fuera el espejo del alma de la familia. En ese momento, Marta comprendió lo que realmente significaba trabajar en ese lugar. No se trataba solo de jardinería. Era un acto de conexión con la historia de los Díaz, un acto de respeto hacia el pasado, hacia algo mucho más grande que ella misma.

Se agachó y comenzó a examinar la tierra en uno de los jardines laterales. Las plantas se veían saludables, pero algunas de las flores ya estaban marchitas, las raíces de otros arbustos se estaban enredando entre sí. Marta, con las manos firmes, comenzó a trabajar. Sabía que lo primero que tenía que hacer era limpiar el terreno y darle espacio a cada planta para crecer. No era solo una cuestión de estética, sino también de funcionalidad. Tenía que hacer que el jardín volviera a respirar, como si toda la propiedad estuviera esperando por alguien que la cuidara de nuevo.

A lo lejos, escuchó el sonido de pasos. Marta levantó la cabeza y vio a Beatriz, la secretaria de Alberto, acercándose a ella con un paso decidido. Su presencia era casi imponente, y aunque sus ojos no transmitían simpatía, Marta sabía que era alguien importante en la mansión.

- "Buenos días, Marta. ¿Cómo te va en tu primer día?" Beatriz preguntó sin detenerse demasiado, como si estuviera en una misión.

- "Buenos días," respondió Marta con una ligera sonrisa. "Todo parece en orden, pero creo que hay mucho por hacer."

- "Sí, la propiedad no se mantiene sola," respondió Beatriz, cruzando los brazos. "Aquí, la perfección es lo que se espera. Nada de errores."

Marta asintió, sabiendo que las expectativas eran altas. No estaba acostumbrada a trabajar en un lugar tan exigente, pero si algo le quedaba claro, era que no iba a fallar.

Beatriz observó el jardín con una mirada crítica, como si estuviera evaluando cada rincón. "Alberto quiere que este lugar luzca impecable para su abuelo. No se le puede dar una excusa."

Marta sintió una presión adicional. Ya no se trataba solo de mantener el jardín, sino de hacerlo bien para alguien tan relevante como Don Julio, el abuelo de Alberto, cuya presencia parecía llenar la casa incluso cuando no estaba cerca.

- "Entiendo," dijo Marta. "Me aseguraré de que todo esté perfecto."

Beatriz asintió y comenzó a caminar de nuevo hacia la mansión, pero antes de irse, le lanzó una advertencia:

- "No olvides, Marta, que aquí no se permiten fallos. Este es un lugar que tiene mucha historia. Y la familia Díaz... no es cualquiera."

Marta observó cómo Beatriz se alejaba, el eco de sus palabras resonando en su mente. Sabía que las expectativas serían altas, pero también estaba decidida a cumplirlas. No se trataba solo de un trabajo, sino de algo mucho más grande. Por eso, siguió adelante con más determinación.

El día avanzó rápidamente. Marta se sumió por completo en su trabajo, podando, desmalezando, y reorganizando el jardín según las necesidades del terreno. El sudor empapaba su frente, pero no se detuvo. Cada espacio del jardín le hablaba, cada planta parecía susurrarle lo que necesitaba. A medida que avanzaba, sentía que la conexión entre ella y el jardín se volvía más profunda. Era como si el lugar estuviera aceptándola, como si la tierra misma la acogiera.

El sol comenzaba a ponerse, tiñendo el cielo de naranja y rosa. Marta se detuvo por un momento, observando el trabajo que había hecho hasta ese momento. Aunque quedaba mucho por hacer, había logrado algo importante: había logrado transformar, aunque fuera un poco, ese espacio. Las plantas se veían más organizadas, la tierra más aireada, y el jardín ya comenzaba a respirar con más fuerza.

En ese momento, vio una figura que se acercaba. Era Don Julio, el abuelo de Alberto. Marta lo observó en silencio, sin saber si debía acercarse o seguir trabajando. Él caminaba lentamente, apoyado en su bastón, pero parecía decidido a llegar hasta ella.

Don Julio se detuvo a unos metros de Marta, observándola con una mirada profunda. Aunque no podía hablar, su presencia era imponente. Marta no sabía cómo comunicarse con él, pero decidió dar un paso adelante, intentando transmitirle su respeto a través de su actitud.

- "Buenas tardes, Don Julio," dijo con voz suave, pero firme. "Espero que le guste lo que he hecho en el jardín. Estoy tratando de que todo crezca con salud."

Don Julio la miró fijamente durante unos segundos, y luego, de forma inesperada, levantó la mano y la movió lentamente, como si indicara que podía seguir trabajando. No era un gesto claro de aprobación, pero Marta lo interpretó como un signo positivo.

A pesar de no poder hablar, el simple hecho de que Don Julio hubiera reaccionado de esa manera le dio a Marta una sensación de satisfacción. No sabía si estaba haciendo bien su trabajo o no, pero sentía que estaba empezando a ganarse el respeto de la familia, o al menos, el de Don Julio.

Al final de su primer día, Marta se sentó en un banco del jardín, observando el cielo que comenzaba a oscurecerse. Había dado todo de sí misma, y aunque sabía que había mucho por hacer, no podía evitar sentirse un poco orgullosa. El trabajo que había comenzado ese día no solo era un desafío profesional, sino una oportunidad para conectarse con algo más profundo, con la historia y la vida de los Díaz.

Marta sabía que este era solo el comienzo de lo que sería un viaje largo. Pero también sabía que, pase lo que pase, ella estaría allí para mantener ese jardín vivo, como un testimonio de todo lo que representaba esa familia.

Y, tal vez, algún día, como un reflejo de su propio crecimiento.

También te puede gustar

Portada de la novela AMOR INFERNAL
7.8
Una joven de espíritu bondadoso y amante de lo esotérico cree hallar al hombre de su vida en un millonario enigmático. Ambos se conectan mediante su pasión por el arte y las matemáticas, logrando una sincronía mental casi sobrenatural. Sin embargo, la felicidad se quiebra cuando sale a la luz un secreto sombrío que él guarda celosamente. Este hallazgo abre una brecha insalvable, convirtiendo su amor en un calvario que desafía toda lógica espiritual.
Portada de la novela Cada Segundo Cuenta
7.9
En el momento en que puso sus ojos en ella, un deseo ardiente se encendió dentro de él. A Gregorio no le importaba ninguna mujer, pero una vez que su mirada se encontró con la de Chloe en su fiesta de cumpleaños, supo que la quería para él solo. Por celos, la hermana y madrastra de Chloe decidieron tenderle una trampa. Aturdida y drogada, de repente se topó con un hombre misterioso. La mujer frente a Gregorio tenía un aroma especial, que nubló su mente de deseo mientras se acercaba a ella paso a paso. Sosteniendo a su presa en sus brazos, abrió la puerta y se la llevó. Después de esa noche apasionada que pasaron juntos, se encontró atrapada en las garras de un depredador posesivo.
Portada de la novela El precio de la décima vez que me fallaste
9.5
Anna Briggs padece afasia tras un traumático secuestro. Braeden Hayes, su prometido, finge una entrega total mientras pospone su boda nueve veces. Justo antes del décimo intento, Anna descubre que su devoción es una farsa y que él planea casarse con otra mujer. Ante tal engaño, ella quema la finca y desaparece para siempre. Ahora, un Braeden destrozado y obsesionado la busca frenéticamente, implorando un perdón que parece imposible de obtener.
Portada de la novela En el corazón de la Mafia.
8.5
Olivia Martin sobrevive en una jaula de oro bajo el dominio de Esteban Bellancinni, un criminal letal conocido como el Diablo que la trata como un simple objeto. Tras la fachada de opulencia, ella oculta un profundo deseo de libertad. Su destino cambia al conocer a Jarvis Fenton, el enigmático guardaespaldas de su opresor. Movido por los ruegos de Olivia, Jarvis decide arriesgarlo todo en una peligrosa travesía de pasión y traición contra su propio jefe.
Portada de la novela Entrelazados (El hilo que nos une)
8.4
Esta historia narra el romance y la redención entre un CEO griego traicionado y una enfermera dedicada a sanar su espíritu. Mientras Leonidas anhela un hogar estable, Drew se ve obligado a mostrarse auténtico para merecer el amor. La paz se rompe cuando rivales peligrosos surgen para destruir su destino. Entre giros tecnológicos y drama profundo, ambos enfrentarán una lucha épica por segundas oportunidades donde el afecto real se protege con sacrificio.
Portada de la novela Esposa falsa del CEO Taylor
8.3
Taylor es uno de los trillizos de la familia Morotova Estrada, a sus veinticinco años de edad se ha convertido en el CEO de las empresas que su padre posee. Se ha transformado en un hombre frío y sin sentimientos para los que no forman parte de su familia, y aunque es muy codiciado por las chicas, él no está dispuesto a sacrificar su carrera empresarial por estar al pendiente de los caprichos de una mujer. Sin embargo, no cuenta con que una chiquilla llegue a su oficina y se presente como su nueva asistente personal, esa misma a la que no le permitió usar el ascensor después que tropezó con él y lo bañó de café en su primer día. Pamela es una chica que labora en un restaurante, su deseo es terminar sus estudios y trabajar para una de las grandes empresas de este país, su sueño se hace realidad cuando en su turno se encuentra con unos señores que le hacen una tentadora oferta de trabajo, ser la asistente personal del odioso CEO. Taylor está muy molesto por la decisión que ha tomado su padre, él ama ser el CEO de las empresas y lo seguirá siendo al precio que sea. Su salvación llega al saber que Pamela trabajará junto a él, y a pesar de que la detesta por alguna razón desconocida, la obliga a ser su esposa falsa. La atracción que surge entre ellos es intensa y apasionada, como dicen por ahí, "del odio al amor solo hay un paso" y este es el caso de ese par que se odian, pero al final reconocen haberse enamorado desde el primer día que sus miradas se cruzaron.