Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El secreto de las bestias

El secreto de las bestias

En los confines de una selva remota, habitan demonios ancestrales y seres de fuerza colosal. Estas criaturas poseen un poder de seducción irresistible, capaz de reclamar las almas y los sentimientos de quienes se adentran en su territorio. Ninguna mujer podrá escapar al magnetismo sobrenatural que emanan; todas terminarán rindiéndose ante sus encantos. En este oscuro juego de atracción, ellas ignorarán el peligro mortal que conlleva amarlos.
Capítulos
Compartir

Capítulo 3

Los días siguieron sucediéndose de manera rutinaria. Marian no paraba de reunirse con los líderes, dejando sola a Rebeca atendiendo la tienda.

Ella intentaba concentrarse en el trabajo para evitar salir y volver a suscitar una situación inquietante, pero cada segundo que pasaba en ese lugar sentía una poderosa necesidad por acercarse a la cultura de su padre y averiguar los motivos de su muerte.

Los aromas marinos y el sonido del mar la atraían como la abeja a la miel.

Mientras hacía un esfuerzo por controlar sus ansiedades recogía las cajas vacías que habían quedado desperdigadas después de reorganizar la mercancía, para apilarlas en la trastienda, pero al divisar a través de los cristales del negocio que una camioneta Nissan Patrol se estacionaba al frente, tuvo que detener lo que hacía.

Una creciente curiosidad la obligó a mantener la mirada en el vehículo.

Un hombre alto, de cabellos castaños y largos hasta los hombros, se bajó con una carpeta entre las manos.

Quedó fascinada con el porte varonil y el cuerpo atlético del sujeto. Jamás se había sentido atraída por tipos de anatomía musculosa, pero sin entenderlo, no podía dejar de admirarlo. Le parecía conocido.

Se inquietó al verlo avanzar en dirección a la tienda. Su corazón se propulsó por la expectativa. Él caminaba con la cabeza gacha, por eso, ella no podía verle el rostro, pero mientras más se aproximaba, más intensas se volvían las emociones en su interior.

Cerca de la puerta, él alzó la cabeza. Al posar sus ojos negros en ella, Rebeca quedó inmóvil. Aquella mirada la envolvió por completo y afectó cada uno de los sentidos.

Ese era el hombre que habían bañado en el río días atrás, quien al parecer, había tenido los ojos ensangrentados.

Con un sobresalto obligó a su cuerpo a reaccionar y apartar la mirada de él, dirigiéndose a toda prisa a la trastienda con las cajas.

Allí escuchó el sonido de la campanilla de la puerta, lo que propulsó sus palpitaciones. Él estaba adentro.

Rebeca dejó las cajas sobre una mesa, se alisó la blusa y se peinó los cabellos con las manos. Nunca en su vida se había sentido tan nerviosa.

Segundos después salió, pero al encontrarlo parado frente al mostrador, con una mirada abrasadora sobre ella, sus pasos de congelaron.

Él no movía ni un solo músculo. Su cuerpo, de hombros anchos y brazos fibrosos, tapaban por completo la visibilidad hacia el exterior.

En su rostro se notaba una mezcla exótica de facciones indígenas e italianas, que le daba una apariencia intimidante a su semblante severo.

—¿Puedo… ayudarte? —preguntó ella con inseguridad. Sentía un nudo atado en el estómago que le helaba la sangre.

Después de un momento de silencio, el hombre reaccionó.

—Busco a Marian Leiva —respondió. Su voz gruesa y vibrante le erizó la piel a Rebeca.

Ella tuvo que entrelazar sus manos para controlar el nerviosismo e intentó parecer despreocupada.

—No está. Tardará unas horas en regresar.

El hombre la miraba con una intensidad perturbadora, que la hizo sentirse como una pequeña y solitaria liebre habitando un bosque poblado por lobos.

—Entrégale esto, por favor —dijo, y colocó la carpeta sobre el mostrador antes de retroceder un par de pasos en dirección a la puerta.

Él no apartaba su atención de ella y Rebeca estaba hipnotizada, no contaba con la voluntad necesaria para alejar sus ojos de él.

Al percatarse de que se marchaba el terror la invadió.

Se acercó con rapidez, como queriendo detenerlo, sin considerar que el mostrador se interponía en su camino. De manera absurda tropezó con el mueble.

—¡Espera! —pidió con apremio. Su ansiedad era mayor a su vergüenza—. ¿Quién eres? —Al ver que el sujeto detenía sus pasos, ella se tranquilizó. Necesitaba saber algo de él. Aquel desconocido la hacía sentirse diferente—. Es para… decirle a mi madre quien le dejó la carpeta.

Con esa justificación el semblante del hombre se relajó. Él respiró hondo y se guardó las manos en los bolsillos.

—Dile que los documentos se los envía Ildemaro Veldetta, el nuevo administrador de la sociedad. Es la relación de las ventas del cacao durante el trimestre pasado. Pablo le pidió que se los hiciera llegar a tu madre.

Después de decir aquello se giró para retirarse. Rebeca volvió a angustiarse. Odiaba que él supiera quien era ella, sin que ella aún tuviera idea de quien era él.

—¿Y tú? —Su preguntar lo obligó a volver a detenerse mientras sostenía la manija de la puerta—. Aún no sé tu nombre —insistió sin dejar de detallar la espalda amplia y de músculos definidos que se apreciaba a través de la camisa.

—Gabriel Veldetta —respondió sin darle la cara y antes de marcharse.

Rebeca lo siguió con la mirada hasta que el hombre subió al auto y los vidrios polarizados le impidieron seguir observándolo.

El corazón le latía con fuerza en el pecho y un cúmulo de sensaciones se agitó en su interior.

Ahora él se notaba diferente a como lo había visto aquella tarde en el río, pero igual le seguía pareciendo intimidante.

En medio de un suspiro miró como el auto se alejaba de la tienda y sin apartar su atención apoyó los codos en el mostrador para descansar sobre sus manos la mandíbula.

Todo en esa la región estaba arropado por una sombra de misterio, pero aquello le resultaba atrayente. Anhelaba revelar cada uno de los secretos que descubría.

—Gabriel Veldetta —suspiró, esforzándose por rememorar su infancia para conseguir algo de él.

Pero los recuerdos que llegaban a su mente eran del momento en que su padre había sido asesinado.

De nuevo le parecía escuchar los gritos, los rugidos y los disparos, así como una débil voz que intentaba colarse entre el bullicio del caos.

«Quédate conmigo», le pedía el niño de la mirada intensa que la mantuvo bajo la mesa durante la masacre, «yo cuidaré de ti», le prometió, y ella confió plenamente en él.

—Es él… —farfulló en medio de un ahogo de sorpresa—. ¡Sí, es él, es su mirada! —exclamó y se irguió por el impacto del descubrimiento—. ¡Es él! ¡Es él! —gritó fuera de sí y se carcajeó por su reacción absurda.

Aquel hombre era el niño que la había tomado de la mano dieciséis años atrás y la escondió durante la matanza que no solo acabó con la existencia de su padre, sino también, con la de muchos otros miembros de la sociedad étnica.

Su gesto le había salvado la vida.

Se tapó la boca con ambas manos sin poder creerse aquello. Su corazón latía a mil por horas.

Sin embargo, su emoción se perdió al recordar un pequeño detalle: la mirada ensangrentada que él le dedicó en el río. La misma que poseía la bestia de sus pesadillas.

Con el temor aleteando de nuevo en su cuerpo, se llevó las manos al pecho y observó con aprehensión la calle desolada.

¡Sigue viendo!
¡La historia se está poniendo intensa! Cambia a la App para seguir leyendo
Desbloquear todos los episodios
Abrir el sitio web oficial

También te puede gustar

Portada de la novela Alfa Iris: Buscando mi otra mitad
9.4
Iris creció en la manada central marcada por el sufrimiento y un don prohibido por la Diosa Luna. Aunque anhela una existencia normal lejos de su esencia licántropa, el destino la obliga a encabezar el equipo más poderoso de las cinco naciones. En este camino de superación, asume su deber de proteger a los débiles, forja lazos estratégicos y perfecciona sus habilidades únicas, todo esto mientras busca con determinación a su pareja predestinada.
Portada de la novela Cuando te encuentre
8.3
Laurence es un joven intersexual que, tras sufrir la explotación de su propia familia, escapa hacia Pensilvania con la esperanza de hallar a su padre. En este viaje de autodescubrimiento conoce a Kailyn, una chica rural que aguarda el regreso de un antiguo amor. Mientras lidian con el hostigamiento de Elena y Félix, ambos deberán superar profundos traumas y dolorosas heridas del pasado para proteger su vínculo y encontrar finalmente la libertad.
Portada de la novela EL DESTINO ANUNCIADO DE LATINOAMÉRICA
7.8
Jenky Danko es un joven valiente que llega para alterar la aparente calma de San Nikolas. Después de sacrificar su libertad por el bienestar ajeno, emprende un duro entrenamiento físico junto a su aliado Edison Encarnado. Desde un plano dimensional distinto, ambos analizan el porvenir de Latinoamérica, enfrentando dilemas sobre la tecnología, la fe y la desigualdad. Ante el auge del populismo, su misión es impedir una inminente catástrofe social.
Portada de la novela EN LOS BRAZOS DEL JEQUE VOLUMEN 01
8.4
Lucy Forrester sobrevive a un destino fatal en el desierto de Ramal Hamrah gracias a la intervención del jeque Hanif. Al ser acogida en su opulento palacio, descubre una calidez y protección que le fueron ajenas anteriormente. Aunque la química entre ellos es innegable, Hanif vive consumido por un profundo sufrimiento interno. Decidida a transformar su realidad, Lucy emprende la misión de sanar el alma del príncipe y ganarse su amor para siempre.
Portada de la novela Luna sin loba: rechazada por la manada, deseada por el Alfa
8.2
Ava Grey es una joven marginada por carecer de loba y poseer una marca misteriosa. Su vida da un giro drástico en la Gala Lunar al descubrir un vínculo ineludible con Lucas Westwood, el Alfa de la facción enemiga. En medio de una tensión creciente entre manadas, Ava comprende que su aparente fragilidad oculta una fuerza codiciada por muchos. Entre conspiraciones y secretos, ella deberá enfrentar una guerra y una amenaza mayor a la que todos suponen.
Portada de la novela Oye, te amo.
8.7
Inicio un viaje profundo y nostálgico marcado por la incertidumbre, donde solo el paso de los días mostrará lo que he sacrificado por estar con él. Al relatar mis experiencias, dejaré en tus manos la decisión de si debo continuar este camino o rendirme para siempre. Mi gran anhelo es que, tras vencer las dificultades de esta travesía, pueda alcanzar la dicha prometida que aguarda al final de mi aventura. ¿Lograré hallar esa felicidad?