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Portada de la novela El roce de tu piel

El roce de tu piel

Buscando la paz entre Escocia e Inglaterra, el clan McAllen ofrece a las hijas de su Laird en matrimonio a Duncan Blair. Aunque el guerrero prefiere inicialmente la docilidad de Valoree y rechaza a Maisie por su rebeldía y una cicatriz física, las circunstancias alteran su juicio. La valentía de Maisie frente a las amenazas externas transformará el desprecio de Duncan en una pasión indomable que pondrá a prueba todas sus convicciones previas.
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Capítulo 3

A Maisie le habían asignado una habitación contigua a la de su hermana, era espaciosa y ventilada, le gustaba. Se paró por la ventana y pudo ver todo el clan, a las personas yendo de un lado a otro, a niños jugando.

Inconscientemente, sonrió, quería bajar y conocer todo de ahí. Así que no se contuvo más y salió de la habitación encontrándose con Creed, su escolta personal y mejor amigo desde niños.

—¿A dónde vas Maisie? — preguntó Creed.

—A conocer el clan Blair, ¿vienes?

—Sabes que sí — respondió él y ambos bajaron la amplia escalera de piedra hasta llegar al salón, pero antes de atravesarlo y poder salir se encontró con Duncan y dos hombres más.

Duncan la miró y luego desvió su mirada hacia Creed, para luego posarla nuevamente en Maisie.

—Pensé que te gustaría descansar — dijo Duncan seriamente, pero Maisie no se dejó intimidar por su fuerte carácter y gran tamaño.

—Al parecer se equivocó — respondió Maisie encarándolo.

Drostan y Donell no pudieron evitar reír por la respuesta de Maisie, Duncan los miró mal y respiró profundamente para no irritarse más de lo que estaba. Además, ¿qué hacía ese guerrero tras de ella?

—¿Y tú que haces? — preguntó a Creed.

—Él es mi escolta personal y viene conmigo — respondió Maisie —, solo queremos conocer tu clan.

Duncan asintió.

—Vamos, yo mismo te acompañaré en el recorrido — Maisie lo miró algo sorprendida, al igual que Donell y Drostan —, tú puedes volver a hacer otra cosa.

—¿No puede venir con nosotros?

—No.

—¿Por qué?

—Por qué lo digo yo — respondió Duncan.

—¿Y por qué no quieres que nos acompañe? — volvió a preguntar Maisie irritando a Duncan.

—¿Sabes qué? Puede hacer lo que quiera — dijo con irritación y Maisie sonrió por lograr su objetivo, no dejaría a su amigo atrás — Andando.

Duncan y Maisie salieron del castillo seguido por Creed, él iba a una distancia prudente para no incomodar más de la cuenta al futuro Laird. 

Duncan miraba de reojo a Maisie, veía como ella miraba todo con curiosidad, eso lo hizo sonreír, la recorrió con la mirada y pudo ver parte de sus hombros descubiertos como sobresalía su herida, sinceramente era fea, la piel estaba arrugada como una roca, pero tuvo curiosidad por saber cómo se sentía y hasta dónde llegaba la quemadura.

—¿Te dolió? — preguntó de pronto dejando a Maisie confundida —.  La herida.

Señaló su hombro y ella miró su herida y sonrió débilmente.

—Muchísimo, hasta el punto de desear morir, y el olor era horrible, y más sabiendo que venía de mí. Creo que lo que más me costó superar fue el momento en que trataron de quitarme el vestido pegado a la piel. En estos momentos y después de tantos años, no puedo acercarme al fuego sin entrar en pánico — confesó con verdad recordando ese horrendo momento —, en las noches solo duermo con la luz de la luna, no puedo tener el fuego cerca y estar sola.

Un escalofrío recorrió el cuerpo de Duncan de solo imaginar la escena.

—Suficiente, lo siento, no debería ser tan curioso — dijo Duncan.

—No fue agradable, no te voy a mentir, y menos siendo una niña. Lloré muchísimo, pero al menos estaba viva. Mi madre no lo logró, y es por ella por quien vivo cada día como si fuera el último.

Vio como Maisie sonreía débilmente, no pensó que detrás de todo lo que muchos creían había una historia diferente y una niña sufriendo.

—Mi hermana será una buena esposa — dijo Maisie cambiando radicalmente la conversación.

—¿A qué te refieres?

—A mi hermana y a ti, se ven bien juntos, además, mi hermana ha sido educada específicamente para ser la esposa de un Laird, sabrá hacer bien su trabajo como tu mujer.

Las palabras de Maisie hicieron que Duncan la mirara curioso, era cierto que pensaba elegir a Valoree, pero eso solo lo sabían Donell y Drostan. Creía que cuando hiciera pública su elección, Maisie se sentiría… herida, menos preciada. Pero al parecer era todo lo contrario.

Maisie resultaba ser todo una caja de sorpresas para Duncan.

—¿Y qué te hace pensar que no podrías ser tú a la que yo elija? — preguntó a forma de prueba, además de que quería saber su respuesta.

—Muchas razones — respondió mirando a unos niños jugar con espadas de maderas y recordó cuando era niña y jugaba de igual manera con Creed —.  No sé nada sobre cómo ser una buena esposa, ya escuchaste a mi tía Moira. Realmente me caes bien, pareces un buen hombre y estoy segura de que serás un buen Laird y un buen cuñado.

—¿No te quieres casar conmigo? — preguntó desconcertado.

—Suenas como si realmente te quisieras casar conmigo y acabara de rechazarte — dijo Maisie riendo —. Y respondiendo a tu pregunta, soy la mujer aquí, yo no decido con quien casarme por mucho que me oponga. 

—¿Entonces no estás de acuerdo con un casamiento arreglado? — preguntó Duncan y ella negó con la cabeza.

—No, quiero casarme con alguien que yo ame y me ame a mí también, que no me obligue a hacer cosas que no me gustan, que tenga en cuanta mi opinión como su mujer.

—Vaya, no esperaba eso de la princesa McAllen — dijo Duncan y ambos rieron.

—Se nota que no me conoces, y no soy una princesa, solo soy la hija del Laird McAllen — Maisie pensó en la última conversación con su hermana, no quería creer que tenía que casarse con Edzel —. Sé que me casaré sin amor, pero hacerme la idea no matará a nadie, ¿no?

—Entonces, si te elijo, ¿no te casarías conmigo? — preguntó Duncan.

—Claro que sí, no soy tonta, primero, una alta probabilidad de que la guerra con Inglaterra terminaría de una vez, y segundo, no tendría que regresar al castillo Duert con mi padre y mi tía.

—Interesante — dijo Duncan analizando cada palabra de Maisie y al final sonrió, le gustaba su sinceridad y soltura con las palabras, podría ser una buena esposa, pero aun así, le faltan cosas por aprender.

—¿Habrá alguna fiesta en la noche? — preguntó Maisie al ver a varias mujeres y hombres decorando las casas centrales y sacrificando animales.

—Sí, no estamos en tiempos de fiestas, pero quisimos alegrar el ambiente, y más sabiendo que nuestros clanes se unirán.

—¿Y la harán aquí? Pensé que las fiestas la hacían en el gran salón del castillo — dijo Maisie frunciendo el ceño.

—Parte de la fiesta será aquí, luego, cuando el frío aumente, pasáramos al gran salón hasta muy tarde — respondió Duncan.

—Entiendo. Entonces esta noche anunciarás tu compromiso con mi hermana.

Duncan la miró detalladamente, eso pensaba hacer, pero al conocerla un poco más y hablar con Maisie hizo replantearse su decisión, ahora quería saber cómo pensaba Valoree.

—Aún no elijo — respondió y Maisie no pudo evitar sonreír.

—Si tú lo dices — se encogió de hombros restándole importancia —. Ven, vamos a ayudar a esas personas.

Sin pensarlo tomó el brazo de Duncan y lo jaló hasta donde había tres mujeres y dos hombres recolectando leña para el fuego.

Duncan se sentía libre, alegre y no pudo negar la corriente que sintió cuando Maisie lo tocó y arrastró hasta esas personas, inconscientemente sonrió al verla tan espontánea con la gente de su clan.

Pero tenía que dejar de pensar en tonterías, tenía que prepararse para la guerra y no podía albergar ningún sentimiento por nadie más, solo por su clan.

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