Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El Repartidor De Placer

El Repartidor De Placer

Este relato de romance moderno sigue a un joven que comparte vivienda con su atractiva casera y la hermosa e inocente hija de ella. Durante una noche de intensa tormenta, mientras la madre está ausente, el protagonista se encuentra en su cama sosteniendo una prenda íntima que le ha quitado a la joven. De repente, ella irrumpe en la habitación vistiendo un camisón ligero, temerosa por los fuertes truenos. Tras pedirle pasar la noche allí, la evidente atracción física hace que él olvide cualquier temor a ser descubierto, invitándola a entrar en su cama.
Capítulos
Compartir

Capítulo 1

Mi casera, una mujer madura, todavía estaba buenísima, y su hija todavía más, con carita inocente y unos pechotes.

Vivíamos en la misma casa. Esa noche, entre truenos y relámpagos, estaba metido en la cama. Saqué las pantaletas rosas que la hija de la casera se acababa de quitar, listo para calmar las ganas.

La hija de la casera abrió la puerta de mi cuarto en un camisón finito y se quedó mirándome. Me llevé un buen susto; pensé que me había descubierto robándole las pantaletas. Pero entonces me dijo:

—Esta noche los truenos me dan mucho miedo y mi mamá no está. ¿Puedo dormir en su cuarto?

Al verle la entrepierna marcada bajo el pantalón de la pijama, ¿qué me iban a importar las pantaletas? Levanté la cobija.

—Ven para acá.

Me llamo Rubén Salgado, tengo cuarenta y tantos y sigo soltero. Sin una mujer a mi lado, vivía muerto de soledad todos los días.

Le renté el cuarto del fondo a la casera y vivía solo en la ciudad, trabajando como repartidor.

La casera era divorciada. El exesposo le había sido infiel y les dejó el departamento a ella y a su hija.

Criaba sola a la muchacha y trabajaba de empleada en una oficina, pero aun así no le alcanzaba. Sin más remedio, terminó por rentar el cuarto que le sobraba. Apenas me mudé, sentí que me había sacado la lotería.

En ese departamento no solo vivía la casera, divorciada pero muy bien conservada, sino también su tremenda hija, Dayana Ramírez.

Y para colmo, Dayana terminó la escuela técnica y dejó de estudiar; se quedó en casa, con pinta de pandillera de pies a cabeza.

Todos los días estaba dando vueltas por la casa con su uniforme de colegiala.

Parecía sacada de una película porno; se veía toda inocente y tenía un par de melones tan grandes que casi le reventaban la ropa.

Si la casera no la tuviera encerrada en casa, imagino que habría terminado de stripper.

A una chica así, que no sabe hacer nada, no le queda más que vender el cuerpo; de talento no iba a vivir.

Dayana se la pasaba en casa jugando videojuegos y de vez en cuando salía con unos vagos a jugar billar.

De día salía a repartir, y de noche volvía a vivir con ese par de florecitas, madre e hija. La ropa interior y las medias que lavaban quedaban tendidas en el balcón. Yo me daba un buen festín con la mirada, y a veces hasta me acercaba a olerlas.

Esto se sentía más rico que ser el esposo de la casera; un esposo jamás se atrevería a tener intenciones con su hija.

Yo, en cambio, podía aprovechar cualquier descuido de Dayana, agarrar sus pantaletas con osito y calmarme la calentura. Las muchachas de la ciudad sí que son tiernitas y blanquitas, y hasta la ropa sucia que usaban olía rico. La casera también se portaba bien conmigo; casi siempre comíamos en la misma mesa.

Yo limpiaba un poco a diario y lavaba los platos, como si fuéramos una familia.

Ella seguro no sabía que, frente a ellas, yo me portaba muy correcto, pero a escondidas me desahogaba con la ropa íntima de las dos.

Últimamente el clima se había puesto caluroso, y Dayana estaba en casa muy ligera de ropa. El camisón delgadito era tan transparente que hasta dejaba ver el color de lo que traía debajo. Yo, soltero desde hacía años, cuando veía algo tan provocativo, sentía que la calentura me recorría entero.

Me moría por probar a qué sabía una chica rebelde tan tiernita. Y pronto llegó la oportunidad. Ese día cayó un aguacero, las calles se inundaron y volví del trabajo antes de tiempo.

Apenas llegué a casa y me cambié de ropa, retumbó un trueno y se fue la luz. Todo el cuarto quedó a oscuras.

En ese momento sentí algo suave entre mis brazos. Dos cojincitos de carne tierna se apretaron contra mi pecho, dulces y suavecitos.

No pude evitar rodearla con los brazos. Era un cuerpo muy delicado; de inmediato supe que era Dayana. No paraba de pegarse a mí, con el vientre apretado contra el mío, y una corriente eléctrica me subió desde el coxis hasta la frente.

Sentí cosquillas y comezón en todo el cuerpo. Me daban ganas de cargarla y restregarme contra ella con fuerza. Pero me daba miedo que la casera siguiera en casa; si llegaba a vernos así, estaba perdido.

No me quedó más que aguantarme las ganas y apartar a Dayana.

—Daya, te equivocaste de persona. No soy tu mamá.

En vez de rechazarme, Dayana me abrazó más fuerte. Parecía morirse de ganas por sentir a un hombre; escondió la cabeza en mi pecho y se me pegó, suavecita y blandita. Una chica de esa edad anda muy necesitada de cariño, y más Dayana, criada por una madre soltera y sin el cariño de un padre.

Por eso se aferraba tanto a los hombres. Aunque yo lo disfrutaba mucho, también me preocupaba que la casera me viera; ¿y si después me echaba de la casa?

—No hagas eso, no vaya a ser que tu mamá te vea.

Dayana murmuró con voz suavecita:

—No, mi mamá no está en casa hoy y los truenos me dan mucho miedo.

¿La casera no estaba? Me venía de maravilla. La abrazaba con las dos manos y, a propósito, me restregaba contra su vientre suave. No saben lo rico que se sentía.

Siempre había querido probar el cuerpo de una jovencita, y esa noche por fin lo estaba disfrutando. Dayana también parecía disfrutarlo; meneó el cuerpo y acomodó la postura. Ese meneo fue mi perdición. La fricción contra su vientre me disparó la emoción.

Se me puso duro. Dayana lo notó y, en vez de echarse atrás, separó un poco las piernas. Se le escapó un gemidito suave.

—Mmm.

Por dentro me moría de gusto. Esta chamaca todavía no había probado a un hombre; seguramente era la primera vez que la rozaban ahí.

A propósito me meneé abajo, disfrutando el placer de la fricción.

También te puede gustar

Portada de la novela Adam... El heredero de la dimensión
9.4
Una administradora, marcada por la pérdida de su familia en un tiroteo, cae en las redes de la mafia. Bajo la amenaza de que su hermano de cinco años sea mutilado, debe infiltrarse como empleada del magnate Adam Douglas. Su misión es seducirlo para obtener datos sobre una herencia dimensional oculta. Entre el orgullo y la desesperación, la joven se sumerge en una red de engaños donde descubrirá oscuros secretos que cambiarán su pasado para siempre.
Portada de la novela Amor Devorado por el Fuego
9.1
En Amor Devorado por el Fuego, Luna García sobrevive a un grave accidente, pero su prometido Manuel prefiere salvar a su hermana adoptiva Susana. Desfigurada y con solo un mes de vida, Luna finge resignación mientras la familia entrega su boda y sus acciones a Susana, quien se vuelve una pintora famosa usando las obras secretas de Luna. Mientras su madre y Manuel celebran a la falsa genia, Luna los observa en silencio, habiendo planeado cada regalo como el inicio de su fría venganza.
Portada de la novela Caricias de chocolate |AFL Libro 2|
8.0
Dos reposteros apasionados y rivales viven en un conflicto constante debido a sus fuertes carácteres. Él es un hombre arrogante de bromas pesadas, mientras ella destaca por su valentía y firme determinación. Todo cambia cuando un beso imprevisto convierte su hostilidad en una atracción irresistible. Entre disputas y ternura, ambos verán que el amor es el ingrediente más vital. Una obra independiente centrada en el romance de los hermanos Díaz.
Portada de la novela De Novia a Extraña, La Suerte que Gana
7.9
Tras despertar de una pesadilla mortal, Liliana obtiene una segunda oportunidad y regresa un mes antes de su boda. Cuando su padre, Joaquim, la presiona para entregarle su prometido a Renata, ella decide no callar. En lugar de llorar ante la hipocresía familiar, propone un trato frío: romper el lazo paterno a cambio de mil millones. Al vender este matrimonio arreglado y cortar con su familia, inicia su camino de venganza y libertad como una reina indomable.
Portada de la novela El Amuleto, La Traición y El Reencuentro
9.4
Después de morir devorada por coyotes en el desierto, Sofía recobra el conocimiento en su habitación. Ha vuelto mágicamente al pasado, despertando en el Día de San Miguel. Esta es la fecha exacta en que su hermana Elena y su prometido Mateo la traicionaron para robarle un valioso amuleto familiar. Con el conocimiento de su vida pasada y un deseo de justicia, Sofía decide proteger su herencia y alterar su trágico destino para vengarse de quienes la hirieron.
Portada de la novela Él me ahogó, yo quemé su mundo.
9.4
Alejandro diseñó Aethelgard para que yo, Valkyrie, volviera a caminar. Sin embargo, su amor era un engaño: me mantenía sedada para impedir mi mejora física mientras me traicionaba con Dalia. Tras robar mis bienes y humillarme públicamente en el juego, ordenó que me ahogaran. He sobrevivido y mis piernas han sanado. Ahora, impulsada por el rencor, regresaré al mundo virtual para aniquilar el imperio y la vida del hombre que intentó destruirme por completo.