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Portada de la novela El regreso de Wendy Martí

El regreso de Wendy Martí

Wendy Martí y su equipo regresan para resolver un caso mortal. Un influyente magnate farmacéutico la contrata poco antes de fallecer por radiación. Aunque Mateo cuestiona la legalidad del trato, Wendy acepta el desafío para encontrar al culpable. La lista de sospechosos incluye a la esposa, un socio codicioso y una asistente misteriosa. Mientras buscan evidencias, surgen secretos íntimos y el vínculo entre Wendy y Germán alcanza un momento crítico.
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Capítulo 1

Sentada, detrás de su escritorio, en el privado que ocupaba en el bufete, la abogada Wendy Martí, trataba de concentrarse en aquellos escritos que debía presentar al juzgado, les daba una última revisada para que todo estuviera en orden y no tuvieran complicaciones con nada.

De pronto, la puerta de su privado se abrió y ella levantó la vista para ver quién era, Germán Domínguez, entró y cerró la puerta tras de sí, se veía más varonil y guapo que nunca, avanzó unos pasos hasta situarse frente al escritorio de la litigante.

—Necesito hablar contigo de manera urgente —le dijo Germán, viéndola a los ojos.

—Estoy con el escrito del juicio que tenemos encima… además debo revisar la apelación que vamos a presentar, así como el cambio de abogado que debemos efectuar para que…

—¡Ya basta, Wendy! Deja de escudarte tras el trabajo y enfrenta la situación como es —dijo él con un tono de voz contundente y directo— ya no eres una estudiante, ya eres toda una mujer.

—¡Yo nunca me he escudado de tras de nada! —dijo Wendy, poniéndose de pie y saliendo de su escritorio— siempre he sabido enfrentar la situación y mucho más, veces que tú.

—¿Entonces por qué me niegas el derecho a que hablemos y aclaremos las cosas?

—Porque no tiene caso volver a lo mismo… no eres consistente y…

Ella ya no pudo seguir hablando, Germán la tomó por la cintura y la jaló hacia él para besarla con toda ese amor y esa pasión que esa hermosa mujer le despertaba.

Por un momento, la abogada se quedó confundida, sin saber exactamente qué hacer, hasta que de pronto comenzó a corresponderle a la caricia, dejándose llevar por las emociones que sentía.

Las manos de él comenzaron a despojarla de su ropa, sin dejar de besarla y de acariciar sus perfectas formas, ella también intentó quitarle la ropa, amaba a ese hombre y lo deseaba más que nada en el mundo, así que ya no iba a luchar más contra ella misma.

Cuando ambos, quedaron en ropa interior, Germán la sujetó por las caderas y la levantó un poco, ella lo abrazó con sus torneadas piernas, al tiempo que, con un manotazo, Wendy, despejó su gran escritorio de madera, ya que Germán, buscaba un lugar para depositarla y continuar.

Domínguez, la acomodó de manera tierna y suave en el escritorio y luego, dejó los carnosos y sabrosos labios de ella, para comenzar a besar su cuello, sus hombros, sus mejillas, con una dulzura que hizo que la piel de Wendy, se estremeciera de pasión y deleite, luego siguió besando, lamiendo y chupando, sus hermosos y bien formados pechos.

Con la habilidad que lo caracterizaba, le desprendió el brasier y sin prisas, probó el sabor de aquellos senos deliciosos, firmes, tersos, suaves, incitantes, paladeando cada uno de sus contornos, disfrutando de su tersura y de ese aroma tan especial que ella emanaba.

Sin medir el tiempo que los disfrutaba, sin importarle repetir las mismas caricias, pasó de uno al otro, disfrutando con un profundo deleite y arrancándole gemidos de pasión a la abogada, al tiempo que notaba que su virilidad aumentaba con potencia motivada por el deseo, que sentía.

Wendy Martí, se sentía flotar, se cimbraba mientras recibía aquellas sabias caricias y se dejaba hacer recostada en aquel escritorio en el que pasaba largas horas laborando.

Ella no pudo evitar el hacerle sentir que quería que siguiera, y por eso le acarició la cabeza para motivarlo e indicarle que iba por buen camino, lo que lo enardeció más.

Germán, siguió descendiendo con sus labios por el vientre plano y firme, llegó al ombligo y le aplicó ese intenso tratamiento, mientras que el vestido caía al suelo y él, se posicionaba del resorte de las elegantes pantaletas de lencería y las bajaba.

Cuando el delicado calzón, quedó en los tobillos de ella, su boca ya había llegado al sitio preciso que buscaba, y su lengua se abría paso hacia la fuente de placer que lo esperaba anhelante, mientras sus manos acariciaban aquellos tersos y torneados muslos de marfil.

Las palmas y sus dedos, recorrían desde las rodillas hasta las carnosas y deliciosas caderas, con suavidad, sin prisas, como si buscara alguna imperfección en aquella tersa piel, para ese momento, Viridiana, ya era un volcán a punto de hacer erupción, había levantado una de sus piernas para poder abrirla, dejando en el piso su vestido y sus delicadas pantaletas.

La boca de Germán, al ver que el paraíso que buscaba abría sus puertas para facilitarle el acceso, no se detuvo un solo momento y con su anhelante boca y su inquieta lengua, comenzó a recorrer todos los ocultos rincones de su intimidad, paladeando las mieles del placer y del deleite.

Ahora las manos de Viridiana, rendidas ante aquel hermoso tributo, acariciaban la cabeza de él, para presionarlo más contra su cuerpo, contra ese punto en el que sentía la lengua y los labios, llenándola con un deleite que jamás se imaginó, con un placer sublime y enloquecedor.

Hasta que de pronto sintió que todo su cuerpo se tensaba, que todo su ser se estremecía, que en su cabeza hacía explosión un fuego que había subido desde su intimidad, pasando por su vientre, siguiendo por su pecho, recorriendo por su garganta y estallaba en su cerebro, haciéndola ver lucecitas de colores y arrancándole un profundo gemido de placer y satisfacción.

Aquella hermosa sensación que la desquició, que la hizo vibrar y estremecer, que le proporcionó un deleite que jamás soñó, duró algunos minutos y él siguió en su labor, mientras las manos de ella, oprimían con mayor fuerza su cabeza y sus gemidos aumentaban.

Martí, se estremecía con las caricias que estaba recibiendo, todo su cuerpo era un volcán esperando el momento propicio para hacer erupción, disfrutaba de manera intensa aquel momento tan especial en el que no había nada ni nadie más que su amor y su deseo.

Ese deseo que había mantenido reprimido por tanto tiempo, ese deseo que le gritaba desde el fondo de su ser que quería salir a la luz, manifestarse y convertirla en toda una mujer en esa mujer plena y temperamental que esperaba el momento para darse a conocer.

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