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Portada de la novela El Regreso de la Primera Hija

El Regreso de la Primera Hija

Tras años de abusos por parte de su padre y madrastra, Lydia Garza, legítima heredera familiar, terminó en prisión debido a una traición de su hermanastro. Ahora, tras recuperar su libertad y consolidar una inmensa riqueza, regresa con una determinación implacable. Rodeada de aliados fieles y pretendientes, Lydia inicia una misión de justicia para vengar su pasado y el de su madre. Nada frenará su furia; los culpables pagarán por cada una de sus ofensas.
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Capítulo 3

Lydia salió del edificio junto a los agentes, tantos los empleados como las personas curiosas que pasan por el curar no le quitaron la mirada de encima, preguntándose que había hecho aquella chica para esos dos agentes la llevaran como una criminal.

Pero ella no lo era, ¿O sí?

¿Exactamente de que se le acusaba? ¿Malversación de fondos? Imposible, todo se debe tratar de un malentendido. Ella ese día había descubierto la falta de dinero ¿Qué había pasado?

Los agentes subieron a Lydia al auto y la llevaron hasta la estación de policías, al llegar la bajaron y entraron al edificio. Un hombre alto se puso delante de ellos.

—Aquí está, detective —Dice uno de los agentes, refiriéndose a Lydia.

—Muchas gracias —Responde el hombre, que al parecer es detective — Llévenla a la sala de interrogatorios.

Los agentes le hicieron caso y la guiaron hasta un cuarto donde la sentaron y la esposaron a la mesa, para luego dejarla sola. Lydia sentía que habían pasado horas desde que la llevaron allí, ni siquiera había desayunado y era más del medio día, ¿Hasta cuándo planeaban tenerla allí?

Lydia tenía la cabeza recostada a la mesa, no fue hasta que escucho la puerta abrirse que se enderezo y miro en dirección a la salida, por donde entraba el detective que había visto hace unas horas.

—¿Eres Lydia Garza? —Le pregunta el hombre tomando asiento frente a ella.

Lydia asiente.

—Bien, Lydia, ¿Puedes decirme que hiciste el XX de abril del 20XX?

—¿Qué? —Dijo ella confundida, hacia lo mismo todos los días — Me preparé ir al trabajo, hice el desayuno y fui al trabajo.

El hombre asintió.

—Tú te encargas de una gran cantidad de dinero en la empresa, ¿No es así? — Le dice el hombre —Tenías un buen puesto, pero no el que te mereces.

—¿Qué?

—Querías más, tu hermano tenía la posición que tu querías, así que robaste ese dinero creyendo que no te descubrirían.

¿Eso si quiera tenía relación alguna? Lydia no sabía, ella solo quería probar su inocencia.

—¿De que habla? —Le grito Lydia, al borde del colapso —Yo no robe nada.

—Si lo hiciste, aquí están las pruebas —Dijo el hombre abriendo una carpeta que Lydia ni siquiera había notado que estaba sobre la mesa.

Lydia miro los papeles sobre la mesa, debido al estado de shock y confusión en el que se encontraba le era imposible saber de qué trataban, al parecer el detective lo noto por lo que procedió a enseñarle hoja por hoja.

—Aquí está la prueba de que se le dio 100 mil dólares para la realización de otro proyecto, pero en vez de transferirlos a la persona correspondiente, lo transfirió a su cuenta de banco, y allí lo mando a otra cuenta en Brasil, para finalmente enviarla a una cuenta de banco en Panamá. ¿A quién se lo mandaste?

—Yo no hice eso —Dice Lydia.

—¿No? ¿Y porque había un boleto de avión con destino a Panamá entre tus cosas? Que casualmente tiene tu nombre —Le dice el hombre fingiendo sorpresa.

—¿Eh? … Yo no…

Lydia no sabía que hacer, o que decir. Su rostro mostraba desconcierto y el policía lo sabía, pero, debía hacer lo que le dijeron, por lo que no tenía más opción que seguir con ello.

—Si confiesas la pena no será tan dura —Le dice —No hay manera de que escapes de esto— Le dice el hombre casi en un murmullo, pero lo suficientemente alto para que Lydia le escuchara.

Habían pasado ya unos días desde que se encontraba en esa pequeña celda, no estaba segura de cuantos, había dejado de cortar después de que pasara una semana, pero le avisan notificado que su juicio se realizaría al día siguiente, por lo que pronto saldría de allí, a un lugar peor.

—Garza —Dijo la voz del oficial — Tienes una visita.

Layla se puso de pie, esperando ver su abogado, quien podría venir con buenas noticias, pero en cambio, se llevó una gran decepción al ver Max.

—¿Por qué esa cara? —Le pregunta con burla — ¿No estás feliz de ver a tu hermanito? —Le pregunta Max entre risas.

—¿Qué haces aquí? —Le pregunta Lydia.

—Oh, no mucho, solo vine a despedirme de mi hermanita, dado que no te vere en un buen tiempo.

—Ni si quiera a pasado mi juicio, ¿Cómo estás tan seguro de eso? Mi abogado… —Lydia no pudo terminar sus palabras por Max le interrumpió con una risa que la dejo desconcertada — ¿Qué es tan gracioso?

—Tú, por supuesto —Le responde entre risas — Me parece que aún no te enteras de la película.

—¿Qué?

—Tu, ¿Quién crees que planto toda esa falsa evidencia? Solo quería deshacerme de ti, y lo logre, cuando ese viejo se muera la empresa será mía.

—¡Maldito! Esto no se quedará asi —Le grito Lydia

—¿De que hablas? —Se quedará exactamente así, después de todo no planeo solo meterte en prisión. Fue un placer verte, pequeña tonta —Le dice Max dirigiéndose a la salida.

—¡Max! ¡Vuelve aquí! ¡Desgraciado! —Grito Lydia hasta que sentía su garganta desgarrarse y quedarse sin voz.

El martillo del juez resonó en la sala lo que trajo a Lydia a la realidad e hizo que todos hicieran silencio, su juicio finalmente se estaba celebrando.

—Sea a declarado a Lydia Garza como culpable por el delito de malversación de fondos en la Empresa Garza, la sentencia es de 10 años en prisión —Dice el juez.

Dijo para luego abandonar el lugar, de reojo pudo ver como su abogado asentía en dirección a Max y este le asentía de vuelta.

Todo… absolutamente todo había sido planeado en su contra. Nadie estaba de su lado. Ni siquiera su maldito abogado por el que había pagado una fortuna, y ahora debía pasar 10 años de su vida en prisión.

Para ese punto Lydia ya había perdido cualquier esperanza, pero si de algo estaba segura era que nadie se salvaría, y haría que todas las personas involucradas pagaran. Su familia, en especial Max, quien había sido el orquestador principal de tal acto. Solo de recordar cómo se mofaba de ello la noche antes del juicio le hacía hervir la sangre.

Todos pagarían.

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