Seguir
Capítulos
Compartir
Portada de la novela El precio de un segundo

El precio de un segundo

Tras colisionar con el vehículo de Alexander Vance, el gélido líder de Vance Industries, Emma ve peligrar su negocio familiar. Sin fondos para costear el accidente, se ve obligada a aceptar una propuesta extrema para evitar la prisión: un matrimonio de tres años. Alexander necesita esta unión para desbloquear su herencia, pero entre las intrigas del poder y la vida cotidiana, lo que inició como un pacto financiero se convierte en una pasión inesperada.
Capítulos
Compartir

Capítulo 2

Las palabras de Alexander Vance flotaron en el aire frío, pesadas como el plomo. Emma sintió que el estómago se le caía a los pies. Con las manos todavía temblando, empujó la puerta de su viejo sedán, que emitió un chirrido quejumbroso debido al impacto. Al poner un pie en el asfalto, el agua helada le caló de inmediato los zapatos, pero el frío de la tormenta no era nada comparado con la rigidez que se apoderó de su cuerpo al quedar frente a frente con el magnate.

La luz parpadeante de las farolas y los faros destrozados de su coche iluminaban la escena con un tinte casi teatral. El capó de su auto se había levantado, arrugado como un trozo de papel plateado, pero la verdadera tragedia estética y financiera estaba justo delante. La parte trasera izquierda del Pagani Huayra mostraba un boquete horrible en la carrocería de fibra de carbono tejida a mano. Los fragmentos del material, que valían individualmente más que todo su salario anual, yacían esparcidos por el suelo, mezclados con el agua de la lluvia.

-Yo... lo lamento tanto -logró articular Emma, con la voz ahogada por el nudo en su garganta-. El suelo estaba resbaladizo, intenté frenar, pero el coche patinó... Fue un segundo.

Alexander Vance ni siquiera pestañeó. Permaneció inmóvil, con una mano metida con elegancia en el bolsillo de su pantalón de traje, mientras el agua de la tormenta empezaba a empapar sus hombros. Su mirada gélida recorrió a Emma de arriba abajo, evaluando su suéter desgastado, sus pantalones vaqueros mojados y la evidente desesperación reflejada en sus ojos castaños. Para él, ella no era más que una interrupción molesta en su agenda cronometrada.

-Un segundo es suficiente para causar una catástrofe, señorita -respondió Alexander, con una calma que resultaba más imponente y peligrosa que cualquier grito-. Las excusas no reparan la fibra de carbono. Tampoco me devuelven el tiempo que estoy perdiendo aquí.

-Sé que no soluciona nada, pero de verdad no fue intencional -insistió Emma, dando un paso adelante, apretando los puños a los costados para intentar detener el temblor de sus brazos-. Llamaré a mi compañía de seguros ahora mismo. Ellos se encargarán de evaluar los daños y gestionar todo. Tiene que haber una solución legal para esto.

Alexander soltó una risa seca, un sonido desprovisto de cualquier atisbo de humor que se perdió casi de inmediato contra el ruido del viento. Se acercó un paso más a ella, obligándola a levantar la mirada para sostenerle el contacto visual. Su presencia física era abrumadora; emanaba un perfume costoso mezclado con el olor a lluvia y el inconfundible aroma del poder absoluto.

-¿Su seguro? -preguntó él, enarcando una ceja con fría ironía-. Mírese, señorita. Mire el vehículo que conduce. Dudo mucho que la póliza de ese pedazo de chatarra cubra siquiera el coste de la pintura original de este coche. Estamos hablando de un vehículo de edición limitada. No se repara en el taller de la esquina.

-Tengo cobertura -replicó Emma, defendiendo su orgullo a pesar de que el pánico interno la estaba devorando viva-. Pago mis facturas a tiempo. La compañía tiene que responder.

-Responderán, por supuesto. Hasta el límite de su póliza de gama baja -sentenció Alexander, cruzándose de brazos-. ¿Y sabe qué pasará con la diferencia? El tribunal se la exigirá a usted directamente. A menos, claro, que tenga un cuarto de millón de dólares guardados bajo el colchón. ¿Los tiene?

Emma se quedó en silencio, con los labios apretados. El agua corría por su rostro, confundiéndose con las lágrimas de frustración que amenazaban con desbordarse. Pensó en la pastelería, en las facturas médicas de su madre, en la notificación de embargo que vencía en menos de dos días. No tenía ni un cuarto de millón de dólares, ni diez mil, ni siquiera mil libres en su cuenta bancaria. Estaba completamente acorralada.

-Eso pensé -concluyó Alexander al ver su reacción. De su saco, extrajo un teléfono móvil de última generación que parecía inmune al agua-. No tengo tiempo para esperar a que una grúa local resuelva esto bajo el agua.

-¿Qué va a hacer? -preguntó Emma, dando un paso atrás, asustada por la frialdad corporativa del hombre.

-Lo que un hombre de negocios hace cuando dañan su propiedad -dijo él, deslizando el dedo por la pantalla con movimientos precisos y rápidos-. Llamar a mi equipo legal y a mi servicio de transporte privado. A partir de este momento, señorita... ¿cuál es su nombre?

-Emma. Emma de la Cruz.

-A partir de este momento, señorita De la Cruz, sus explicaciones ya no me pertenecen a mí. Le pertenecen a los abogados de Vance Industries. Le sugiero que busque una buena representación, la va a necesitar cuando reciba la notificación en su puerta mañana por la mañana.

Alexander se dio la vuelta, dándole la espalda con una indiferencia absoluta, listo para regresar al interior de su dañado pero aún funcional automóvil de lujo. Emma se quedó estática bajo la lluvia torrencial, contemplando cómo el hombre que sostenía su destino financiero en un trozo de papel cerraba la puerta lateral de ala de gaviota, dejándola sola con los escombros de su vida en mitad de la noche.

También te puede gustar

Portada de la novela Atado a él: El oscuro regreso de un espíritu
8.0
Arturo ignoró el secuestro de su novia y ella pereció en una explosión. Ahora, como un alma en pena, está condenada a seguir al hombre que la abandonó. Mientras él desprecia su recuerdo y al hijo que nunca nació, ella observa en silencio su fría indiferencia. Tras un año de tormento invisible, descubre que la actual prometida de Arturo orquestó su muerte. El espíritu de la víctima, atrapado en este mundo, solo descansará cuando logre justicia.
Portada de la novela Del Odio Al Amor
8.3
Tres años después de un incidente que marcó a un poderoso magnate, ella regresa buscando clemencia. Para costear el tratamiento médico de su abuelo, debe enfrentar el rencor del hombre al que una vez dañó. Él, consumido por el deseo de venganza, le impone un matrimonio forzado diseñado para humillarla bajo la lluvia. Sin embargo, en medio de este frío vínculo basado en el castigo, el millonario descubrirá que su desprecio esconde un amor incontrolable.
Portada de la novela El secreto de Emma.
8.9
A sus veintiún años, Emma lucha por sobrevivir tras un pasado de abandono y maternidad temprana. Empleada por los poderosos gemelos Constantini, enfrenta el enigma de no saber cuál de ellos es el progenitor de sus hijos. Mientras esquiva las sombras de la mafia con el respaldo de tres amigos fieles de su infancia, resguarda un gran secreto: es la heredera del influyente Greco y está decidida a recuperar el legado y la posición que le pertenecen.
Portada de la novela Enamorado de la diosa vengativa
9.7
Tras dos décadas fuera, Sabrina vuelve y descubre la traición de su prometido con su propia hermana. Decidida a cobrarse la ofensa, seduce a Carlos, el tío de su antiguo amor, logrando que el poderoso hombre rompa su luto. Aunque él intenta alejarse, ella lo desafía hasta integrarse en su familia como su tía política. Frente a las críticas de la alta sociedad, Sabrina impacta al revelar su inmensa riqueza, probando que su éxito no depende de terceros.
Portada de la novela Me enseñaste a amar
8.8
Gaspar Davis es un CEO exitoso y padre soltero de tres niños que ha renunciado al amor, optando solo por relaciones pasajeras. Al buscar un referente femenino para su hija Aitana, conoce a la magnética Hoa Thi Smith. Pese a su resistencia inicial, la constante presencia de Hoa en su vida familiar lo lleva a aceptar lo que siente. No obstante, el inesperado retorno de su ex, Fionna, pondrá en riesgo su conexión, forzándolos a defender su futuro juntos.
Portada de la novela Miel, Ámame una vez más
9.7
La tragedia golpea a Estelle el día de su boda: un accidente fatal acaba con sus padres y suegros, destruyendo su felicidad. Cristofer, cegado por el dolor, la responsabiliza del desastre y la somete a constantes humillaciones mientras exige el divorcio. Atrapada en un matrimonio roto y rodeada de traiciones, ella enfrenta en silencio una batalla contra el cáncer. En medio del desprecio, Estelle deberá buscar valor para resistir y salvar lo poco que le queda.